{"id":13776,"date":"2017-08-05T09:05:44","date_gmt":"2017-08-05T12:05:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13776"},"modified":"2017-08-05T09:05:44","modified_gmt":"2017-08-05T12:05:44","slug":"criterio-el-agora-de-la-cultura-catolica-en-el-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13776","title":{"rendered":"CRITERIO, el \u00e1gora de la cultura cat\u00f3lica en el siglo XX"},"content":{"rendered":"<p>CRITERIO ofrece una gran ventaja a los historiadores de la cultura cat\u00f3lica argentina. Es dif\u00edcil encontrar en el pasado de partidos pol\u00edticos, organizaciones sociales o grupos intelectuales una publicaci\u00f3n que recorra casi un siglo de historia ininterrumpida jugando un papel protag\u00f3nico. Dado que tendemos, por nuestro oficio, a desconfiar de lo que observamos, a poco de andar por las p\u00e1ginas amarillas de la colecci\u00f3n nos percatamos de que detr\u00e1s de esa aparente continuidad, se percibe el cambio. A sus fundadores los interpelaban problemas similares a los de las sucesivas generaciones que condujeron la revista: las tensiones entre la rep\u00fablica y la democracia, el papel de la autoridad religiosa y la autonom\u00eda de los laicos o la necesidad del desarrollo de una cultura religiosa. Sin duda las respuestas y las soluciones que proyectar\u00edan unos y otros tambi\u00e9n ser\u00edan distintas, dado que el contexto mut\u00f3 radicalmente a lo largo de un siglo. CRITERIO no se limit\u00f3, sin embargo, a funcionar como un mero observador de esa realidad que sus redactores ve\u00edan modificarse ante sus ojos. Durante su dilatada existencia la revista se convirti\u00f3 en una tribuna que ejerci\u00f3 una indudable influencia en los debates pol\u00edticos y en particular, en los que involucraban a la propia cultura cat\u00f3lica. A lo largo de los a\u00f1os se sucedieron conflictos en el catolicismo, de los cuales CRITERIO fue un escenario privilegiado. Ser\u00eda imposible referirse a las aristas de todos los debates que transcurrieron por sus p\u00e1ginas. Me detendr\u00e9 en tres escenas que, como pilares, muestran su vertiginoso devenir en el siglo XX.<br \/>\nEn 1936 se produjo uno de los m\u00e1s recordados. La visita, a fines de ese a\u00f1o, del fil\u00f3sofo tomista Jacques Maritain, tuvo una honda repercusi\u00f3n dentro y fuera del campo cat\u00f3lico. Maritain, figura tutelar de los j\u00f3venes cat\u00f3licos nacionalistas que hab\u00edan fundado la revista, brind\u00f3 una serie de conferencias organizadas por los Cursos de Cultura Cat\u00f3lica y dict\u00f3 charlas en Rosario y C\u00f3rdoba. Su visita se produc\u00eda a pocos meses del estallido de la Guerra Civil espa\u00f1ola (1936-1939). La postura de Maritain respecto de la situaci\u00f3n pol\u00edtica en la pen\u00ednsula ib\u00e9rica era de una neutralidad incomprensible para los cat\u00f3licos nacionalistas, para los cuales no cab\u00eda duda de que el bando de Franco llevaba la raz\u00f3n y la fe de su lado. CRITERIO cumpl\u00eda en 1936 casi diez a\u00f1os de existencia. En esa d\u00e9cada de 1930 el catolicismo no hab\u00eda dejado de crecer como fuerza p\u00fablica. El laicado gan\u00f3 protagonismo a trav\u00e9s de su encuadramiento en organizaciones como Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. Y todo este fenomenal proceso tuvo su zenit durante el Congreso Eucar\u00edstico internacional de 1934. Miles y miles de hombres y mujeres se lanzaron a las calles, en una muestra de fervor inusitada. El \u201cmito de la naci\u00f3n cat\u00f3lica\u201d parec\u00eda corroborase en las multitudes que adher\u00edan a un renovado fervor religioso. Desde 1932 CRITERIO estaba gobernada por Gustavo Franceschi, el intelectual cat\u00f3lico m\u00e1s relevante del periodo de entreguerras, que operaba como un articulador de un campo heterog\u00e9neo, a trav\u00e9s de una pr\u00e9dica que pretend\u00eda, ante todo, hablar en nombre de la Iglesia, pero a su vez contener los argumentos de las distintas vertientes con las que se fue identificando el catolicismo (nacionalismo, socialcristianismo, humanismo cristiano). Por su parte, Jacques Maritain era para esos a\u00f1os un referente de la cultura francesa, un tomista que hab\u00eda inspirado a una generaci\u00f3n de j\u00f3venes en una filosof\u00eda que parec\u00eda desencajada en el marco de la modernidad cartesiana. Y era, junto a su esposa Ra\u00efssa Oumansoff, un modelo de intelectual cat\u00f3lico, al que muchos de los j\u00f3venes que vest\u00edan ropajes de cruzados quer\u00edan emular. En contraste con el resto de la intelectualidad cat\u00f3lica francesa y europea, Maritain desconfiaba de las fuerzas que rodeaban a Franco y en el fondo, se opon\u00edan a la \u201crestauraci\u00f3n\u201d cat\u00f3lica que propon\u00edan sus partidarios. Pocos meses antes de su arribo a la Argentina hab\u00eda esbozado lo que poco tiempo despu\u00e9s se convertir\u00eda en el pilar de su filosof\u00eda pol\u00edtica, el Humanismo integral. Para sus adherentes \u2013que empezaban a llamarse <em>maritainianos<\/em>\u2013 el texto se convirti\u00f3 en una nueva revelaci\u00f3n. Este nuevo credo de los cat\u00f3licos antifascistas \u2013identificados con el humanismo cristiano\u2013 denunciaba las falencias del orden liberal \u2013su individualismo y materialismo\u2013 sin proponer una salida reaccionaria o tradicionalista, sino un nuevo tipo de sociedad \u201cinspirada\u201d en los valores cristianos. Para sus opositores \u2013distribuidos a lo largo de todo el mundo\u2013 no era m\u00e1s que una declaraci\u00f3n formal de apostas\u00eda. Renegar de la cristiandad medieval, declararla muerta, renunciar a combatir a la modernidad para adaptarse a las libertades de una sociedad democr\u00e1tica, aceptar el pluralismo religioso \u2013no de hecho, sino de derecho \u2013 era demasiado.<br \/>\nDurante los casi dos meses que dur\u00f3 su estad\u00eda en la Argentina, Maritain protagoniz\u00f3 una serie de gestos que evidenciaban la emergencia de una nueva sensibilidad, que abrir\u00eda una profunda grieta en el catolicismo. Particip\u00f3 en la reuni\u00f3n del PEN Club y conden\u00f3 a los reg\u00edmenes racistas. En las conferencias dictadas en el marco de los Cursos de Cultura Cat\u00f3lica destac\u00f3 los valores positivos de la modernidad, en especial, la conciencia de los derechos individuales. Finalmente acept\u00f3 la invitaci\u00f3n para dictar una charla sobre el antisemitismo en la Asociaci\u00f3n Hebraica de Buenos Aires, lo que colm\u00f3 la paciencia de sus hu\u00e9spedes. La prensa nacionalista m\u00e1s radicalizada carg\u00f3 contra Maritain, desde las mismas p\u00e1ginas que hab\u00eda celebrado su arribo. La pol\u00e9mica se extendi\u00f3 a CRITERIO, que se convirti\u00f3 en el escenario de un extenso debate en el que participaron figuras del catolicismo local y donde el mismo Maritain escribi\u00f3 sus r\u00e9plicas. El centro de la discusi\u00f3n era el papel que los cat\u00f3licos, carentes de un programa pol\u00edtico propio, deb\u00edan jugar respecto de las organizaciones fascistas. Eso inclu\u00eda, en forma urgente, el caso espa\u00f1ol. Los cat\u00f3licos nacionalistas sosten\u00edan que, si efectivamente las cr\u00edticas al liberalismo y al estado \u201cateo\u201d que \u00e9ste hab\u00eda creado a fines del siglo XIX eran leg\u00edtimas, tambi\u00e9n era leg\u00edtimo emplear todas las herramientas disponibles para derrotarlo. Eso habilitaba la colaboraci\u00f3n con las fuerzas de la nueva derecha europea, que eran, en palabras del joven sacerdote Julio Meinvielle, una fuerza, como un martillo o una piedra. Luego le corresponder\u00eda al catolicismo domar a ese potro desbocado que ser\u00eda un instrumento \u00fatil para destruir, y se ver\u00eda si seguir\u00eda siendo funcional a la hora de construir una sociedad integralmente cristiana.<br \/>\nMaritain se inclinaba, seg\u00fan Meinvielle, por la Espa\u00f1a \u201ccomunoide\u201d, era \u201cdemasiado escrupuloso\u201d y cre\u00eda que era lo mismo el \u201cterror rojo\u201d que \u201ccierto terror impuesto por la autoridad p\u00fablica contra los perturbadores del orden social a fin de impedir los actos de traici\u00f3n, o el terror de los bombardeos militares que si destruyen una ciudad es por una necesidad de orden militar en vista del bien com\u00fan de la naci\u00f3n\u201d (1).<br \/>\nUn grupo de figuras del catolicismo argentino y uruguayo defendieron a Maritain. Entre ellas se destacaba su disc\u00edpulo dilecto, Rafael Pividal, y el joven Manuel Ordo\u00f1ez, as\u00ed como los uruguayos Dardo Regules, Ignacio Zorrilla de San Mart\u00edn y Horacio Terra Aroncena. Quien tambi\u00e9n defendi\u00f3 a Maritain fue el padre Leonardo Castellani, alineado, en otros aspectos, con los nacionalistas. La posici\u00f3n de Franceschi fue ambigua. Si bien no adher\u00eda a las cr\u00edticas de Meinvielle, tampoco compart\u00eda la neutralidad de Maritain. Para el sacerdote, Franco era menos fascista de los que Maritain supon\u00eda y, en definitiva, el modelo de sociedad que construir\u00eda si ganaba la guerra era bastante similar al que Maritain estaba proponiendo. O por lo menos eso cre\u00eda Franceschi.<br \/>\nUn segundo debate se produjo en 1949, en plena posguerra. El catolicismo argentino hab\u00eda recorrido un largo camino. Durante la Segunda Guerra mundial, sus filas se dividieron respecto del bando que hab\u00eda que apoyar. Siguiendo la neutralidad papal, los nacionalistas que simpatizaban con el Eje consideraban anticristiano apoyar a una alianza entre el imperialismo protestante \u2013representando por los Estados Unidos e Inglaterra\u2013 y el mal encarnado, es decir, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Del otro lado, los seguidores de Maritain apoyaron a los aliados, con duras consecuencias debido a la r\u00edgida oposici\u00f3n de la jerarqu\u00eda local a tomar posici\u00f3n publica a favor de algunos de los bandos.<br \/>\nCuando la guerra termin\u00f3, una ola democratizadora recorri\u00f3 Occidente. El papa P\u00edo XII debi\u00f3 reconocer en su famoso discurso de Navidad de 1944 que \u201cno est\u00e1 prohibido el preferir gobiernos moderados de forma popular\u201d. Tan tibia declaraci\u00f3n fue suficiente para que Franceschi comprendiera la nueva direcci\u00f3n de Roma. La figura de Maritain \u2013tan vilipendiada durante la guerra, por su oposici\u00f3n al r\u00e9gimen de Vichy\u2013 se agrandaba en la posguerra. Sin embargo, el apoyo que el fil\u00f3sofo franc\u00e9s brindaba a una sociedad pluralista y democr\u00e1tica iba a contramano de la teolog\u00eda maniquea del padre Meinvielle, figura consagrada entre los cat\u00f3licos nacionalistas. En 1945 el sacerdote argentino public\u00f3 <em>De Lamennais a Maritain<\/em>. El t\u00edtulo era significativo, aunque no original: desde sus primeros cuestionamientos, Meinvielle intent\u00f3 inscribir la filosof\u00eda de Maritain en el recorrido de la \u201cherej\u00eda\u201d del catolicismo liberal, que tendr\u00eda como padre a Lamennais en el siglo XIX. El libro de Meinvielle fue profusamente distribuido en el Vaticano, en donde Maritain fung\u00eda como embajador de la Rep\u00fablica francesa. A diferencia de sus detractores, Franceschi asum\u00eda que el nombramiento de Maritain implicaba necesariamente, si no una aceptaci\u00f3n por parte del Vaticano de las ideas del fil\u00f3sofo, por lo menos un \u201cno rechazo\u201d de sus propuestas. \u201cJefe intelectual de un grupo important\u00edsimo. Discutido en p\u00fablico por quienes no piensan como \u00e9l, sea considerado persona grata por la Santa Sede, lo que implica no s\u00f3lo aceptaci\u00f3n de la persona, sino tambi\u00e9n al menos la no reprobaci\u00f3n de su actitud\u201d (2).<br \/>\nLa pol\u00e9mica se instal\u00f3 nuevamente en las p\u00e1ginas de CRITERIO, pero a diferencia de 1936, Franceschi y Meinvielle se enfrentaron en torno a Maritain. En 1945, cuando Meinvielle dirig\u00eda la revista Nuestro Tiempo, mostr\u00f3 sus diferencias con el director de CRITERIO por la excesiva algarab\u00eda con que celebr\u00f3 la ca\u00edda de Mussolini. Para los hombres de la revista nacionalista, el principio de la igualdad, como tambi\u00e9n \u201clos derechos de la persona humana\u201d, eran enarbolados \u201cpor los hombres pusil\u00e1nimes asociados en ese fen\u00f3meno social monstruoso que se denomina democracia liberal\u201d. Por eso, \u201cEl derrumbe de ese \u2018magn\u00e1nimo\u2019, de este hombre con misi\u00f3n creadora, de este elegido de la natura, para gobernar hombres, ha provocado el regocijo euf\u00f3rico de los pusil\u00e1nimes\u201d. Necesariamente Franceschi estaba entre \u201caquellos para quienes vivir es seguir la corriente y estar bien\u201d ya que era citado por haber afirmado que el fascismo hab\u00eda ca\u00eddo \u201cpor su propia consubstancial insuficiencia\u201d. \u201cLa historia dir\u00e1\u201d, supon\u00eda el articulista, \u201cqui\u00e9n ten\u00eda raz\u00f3n\u201d, si ese \u201cgran ca\u00eddo\u201d o \u201cesas manadas de pusil\u00e1nimes embriagados hoy por una euforia insensata\u201d (3).<br \/>\nPero la pol\u00e9mica a campo abierto no estallar\u00eda sino hasta 1949. El primer art\u00edculo apareci\u00f3 en la revista <em>Presencia<\/em>, que dirig\u00eda Meinvielle, y all\u00ed se comentaba el \u00faltimo libro del padre Julio Jim\u00e9nez, sacerdote jesuita seguidor de Maritain. En la rese\u00f1a, Meinvielle se despachaba afirmando que el peor error doctrinario de Maritain (defendido por Jim\u00e9nez) era salirse de la tradici\u00f3n de tolerancia de la Iglesia, afirmando que el derecho \u201cal error\u201d era \u201cnatural e inalienable\u201d (4). En su contestaci\u00f3n, Jim\u00e9nez utiliz\u00f3 a CRITERIO como grada. Defend\u00eda las afirmaciones de Maritain mostrando que Meinvielle era un \u201cintegrista\u201d, incapaz de comprender (por sus limitaciones) la sutileza de su pensamiento. Sosten\u00eda que Maritain hablaba de un derecho natural \u201cno respecto de Dios, sino respecto a la autoridad civil\u201d, y en ese caso \u201cel hombre es libre de decidir su actitud religiosa bajo su propia responsabilidad, y que su libertad de conciencia [\u2026] es un derecho natural\u201d. Tomando en cuenta las \u201csituaciones reales\u201d, afirmaba que si bien la Iglesia no hab\u00eda cambiado su doctrina respecto a la tolerancia, la hab\u00eda iluminado con el paso del tiempo: \u201cLa Iglesia no es s\u00f3lo conservadora, tambi\u00e9n progresa\u201d afirmaba el jesuita (5). CRITERIO, dirigida circunstancialmente por el presb\u00edtero Luis Capriotti en los n\u00fameros en que se desarroll\u00f3 la pol\u00e9mica, se mostr\u00f3 en extremo solidaria con el defensor de Maritain. Las aclaraciones que acompa\u00f1aban las cartas respectivas rebosaban de reconocimientos para el fil\u00f3sofo franc\u00e9s, y por si esto fuera poco, se insertaron r\u00e9plicas indirectas al argumento de Meinvielle.<br \/>\nLa \u00faltima escena se produjo casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s. En 1966 el gobierno dictatorial de Juan Carlos Ongan\u00eda intervino las universidades nacionales, incluida la de Buenos Aires, a pesar de que su rector, Hilario Fern\u00e1ndez Long, hab\u00eda llegado a su cargo gracias al apoyo del humanismo universitario, una agrupaci\u00f3n fundada por seguidores de Maritain a principios de los a\u00f1os cincuenta. En 1965 hab\u00eda concluido la \u00faltima sesi\u00f3n del Concilio Vaticano II. A partir de all\u00ed se abrieron los a\u00f1os m\u00e1s conflictivos en la cultura cat\u00f3lica. Una serie de batallas \u2013en las que se enfrentaron laicos, sacerdotes y obispos, con reclamos que llegaron al mismo Paulo VI\u2013cruzaron el firmamento religioso, y llegaron a la primera plana de los semanarios de actualidad. Estos debates, en CRITERIO, ten\u00edan un sabor distinto. La para ese entonces cuarentona revista estaba dirigida por Jorge Mej\u00eda, uno de los impulsores de la reforma conciliar, que particip\u00f3 como perito en sus sesiones. CRITERIO se convirti\u00f3, en esos a\u00f1os, en el medio de difusi\u00f3n de las l\u00edneas renovadoras, impulsora de un cambio que ten\u00eda a los laicos como protagonistas.<br \/>\nEn julio de 1966, luego de la \u201cnoche de los bastones largos\u201d, distintos miembros de la carrera de Sociolog\u00eda de la Universidad Cat\u00f3lica Argentina, encabezados por su director, Jos\u00e9 Enrique Miguens, se solidarizaron con la UBA y repudiaron \u201cla violencia que fue utilizada contra la Universidad Nacional de Buenos Aires, violencia que niega los derechos fundamentales de la persona y dignidad humana\u201d (6). La respuesta de su rector, el fil\u00f3sofo Octavio Nicol\u00e1s Derisi, no se hizo esperar. Frente a la intervenci\u00f3n de las universidades nacionales, el Consejo Superior de la UCA hac\u00eda \u201cvotos para que la nueva organizaci\u00f3n de la Universidad les permita el reencuentro con la gran tradici\u00f3n nacional y cristiana\u201d. Al mismo tiempo, Derisi intent\u00f3 que los docentes y alumnos que se hab\u00edan declarado en contra de la intervenci\u00f3n se retractasen. Al no lograrlo, el rectorado decidi\u00f3 suspender por cinco d\u00edas a los alumnos y amonestar a los docentes. Posteriormente, la tensa y conflictiva relaci\u00f3n entre el rector y los alumnos llev\u00f3 a la expulsi\u00f3n de Eduardo Saguier, Enrique Amadasi y Juan Jos\u00e9 Llach. La renuncia de 24 docentes de Sociolog\u00eda y del director del departamento, Jos\u00e9 Enrique Miguens, fue la respuesta a las sanciones impuestas a los alumnos, y al clima de hostilidad y persecuci\u00f3n estimulado por el rectorado. La sede donde funcionaba la carrera lleg\u00f3 a ser rodeada por fuerzas de la polic\u00eda para evitar \u201cactos de vandalismo\u201d. La crisis lleg\u00f3 a las p\u00e1ginas de CRITERIO. En el primer n\u00famero de 1967, el padre Rafael Braun sosten\u00eda:<\/p>\n<p><em>Es sumamente doloroso comprobar la ignorancia que reina en ciertos medios acerca de lo que es la sociolog\u00eda como ciencia experimental -sus principios, sus m\u00e9todos, su valor y sus l\u00edmites-. La ignorancia siempre ha sido fuente de pasiones y prejuicios, y v\u00edctimas de ellos han sucumbido en los \u00faltimos seis meses dos departamentos de Sociolog\u00eda -en la Universidad nacional de Buenos Aires y en la UCA- &#8230; (7)<\/em><\/p>\n<p>Derisi y el profesor Roberto Devoto, a trav\u00e9s de una carta de lectores en la revista, rechazaban las acusaciones. El primero afirmaba que \u201cel padre Braun no tiene autoridad para tratar de ignorantes en materia sociol\u00f3gica a m\u00e1s de quince profesores eminentes que forman el Consejo Superior\u201d (&#8230;). \u201cLa libertad de los profesores en cuanto profesores es para sus c\u00e1tedras, no para manifestaciones de \u00edndole pol\u00edtica o de otra especie&#8230;\u201d. Apoyando expl\u00edcitamente la obra del gobierno de Ongan\u00eda en materia universitaria, Derisi conclu\u00eda:<\/p>\n<p><em>Es lamentable que, mientras gobiernos de Am\u00e9rica Latina -despu\u00e9s de la dolorosa experiencia de 50 a\u00f1os- buscan liberar sus Universidades de la &#8216;pol\u00edtica universitaria&#8217;, para orientarla a sus fines espec\u00edficos de investigaci\u00f3n y docencia, haya quienes quieran conducir a la Universidad Cat\u00f3lica [&#8230;] por caminos que conducen inevitablemente a ella. (8)<\/em><br \/>\nMuchos de los docentes de Sociolog\u00eda renunciantes de la UCA se trasladaron a la Universidad del Salvador. All\u00ed, un clima m\u00e1s distendido y un \u00e1mbito m\u00e1s permeable a las innovaciones cient\u00edficas permitir\u00eda en los siguientes a\u00f1os el acelerado progreso de la sociolog\u00eda religiosa, as\u00ed como la r\u00e1pida politizaci\u00f3n, por distintas v\u00edas, del discurso de los intelectuales cat\u00f3licos.<br \/>\nEstas tres estampas, relatadas en forma sucinta, muestran que la cultura cat\u00f3lica del siglo XX \u2013al igual que otras\u2013 estuvo marcada por el conflicto. Exhiben tres momentos sintom\u00e1ticos de su transformaci\u00f3n: el catolicismo \u201ctriunfante\u201d de la entreguerras; el surgimiento del humanismo cristiano en los a\u00f1os de 1940 y 1950; y la convulsionada etapa conciliar y posconciliar. En cada caso, lejos de una idealizada homogeneidad, el laicado y los sacerdotes encontraron en las p\u00e1ginas de CRITERIO una tribuna de debate. Jug\u00f3 un destacado papel en el proceso de transformaci\u00f3n de la cultura cat\u00f3lica, convirti\u00e9ndose en una pieza central en la constituci\u00f3n de una opini\u00f3n p\u00fablica. La esencia de la democracia moderna \u2013a decir de Claude Lefort\u2013, la ausencia de una verdad, se filtr\u00f3 tambi\u00e9n a trav\u00e9s de los debates en la cultura cat\u00f3lica. En cada una de estas disputas se cuestionaba indirectamente el monopolio sobre la verdad. \u00bfQui\u00e9n ten\u00eda derecho a fijar la posici\u00f3n de los cristianos frente a los diferentes reg\u00edmenes pol\u00edticos? \u00bfQui\u00e9n interpretaba m\u00e1s fielmente la doctrina, qui\u00e9n la teolog\u00eda? \u00bfQu\u00e9 filosof\u00eda se apartaba menos de la ortodoxia? \u00bf<em>Qui\u00e9n<\/em> era la iglesia y <em>qui\u00e9n<\/em> hablaba en su nombre? Que existieran estos debates era s\u00edntoma de que la respuesta no era un\u00e1nime. Al igual que otras monarqu\u00edas, la de la Iglesia tambi\u00e9n deb\u00eda abrirse a la democratizaci\u00f3n. Si ese proyecto se concret\u00f3 o no, si las estructuras verticalistas fueron apuntaladas o abandonadas por los laicos, ser\u00e1 tema de otra discusi\u00f3n. Lo cierto es que la forma en que ese poder se ejerc\u00eda debi\u00f3 cambiar para seguir siendo eficiente. En t\u00e9rminos de la soci\u00f3loga Dani\u00e8lle Hervieu-L\u00e9ger, se produjo un cambio en la forma de la validaci\u00f3n religiosa que dej\u00f3 de apoyarse exclusivamente en una instancia de autoridad. Las pol\u00e9micas en CRITERIO fueron expresi\u00f3n de ese proceso, en un siglo en que los cristianos buscaron desesperadamente comprender al hombre moderno, y que, tal vez sin quererlo, se modernizaron al hacerlo.<\/p>\n<p><em>El autor es Doctor en Historia e investigador de CONICET, especializado en cultura intelectual cat\u00f3lica.<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>[1] Julio Meinvielle, \u201cLos desvar\u00edos de Maritain\u201d, <em>Criterio<\/em>, N\u00ba 488, 8 de julio de 1937, p. 227-228.<\/p>\n<p>[2] Gustavo Franceschi, \u201cJacques Maritain, embajador ante la Santa Sede\u201d, <em>Criterio<\/em>, N\u00ba 885, 1 de marzo de 1945, pp. 161-169.<\/p>\n<p>[3] \u201cEuforia de pusil\u00e1nimes\u201d, <em>Nuestro Tiempo<\/em>, N\u00ba 33, mayo de 1945, p. 66.<\/p>\n<p>[4] Julio Meinvielle, \u201cRespuesta al P. Jim\u00e9nez\u201d, <em>Criterio<\/em>, N\u00ba 1092, 26 de mayo de 1949, p. 269.<\/p>\n<p>[5] Julio Jim\u00e9nez, \u201cNueva rectificaci\u00f3n al Sr. Meinvielle\u201d, <em>Criterio<\/em>, N\u00ba 1092, 26 de mayo de 1949, pp.<\/p>\n<p>295-304.<\/p>\n<p>[6] Gregorio Selser, <em>El Onganiato<\/em>, Buenos Aires, Hispamerica, 1973, Vol. I, p. 249.<\/p>\n<p>[7] Rafael Braun, \u00abCrisis en la Universidad Cat\u00f3lica Argentina\u00bb, Criterio, N\u00ba1515-16, 19 de enero de 1967, p. 43.<\/p>\n<p>[8] Carta de Octavio N. Derisi, <em>Criterio<\/em>, N\u00ba 1517, 9 de febrero de 1967, p. 93.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRITERIO ofrece una gran ventaja a los historiadores de la cultura cat\u00f3lica argentina. 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