{"id":13788,"date":"2017-08-08T09:46:19","date_gmt":"2017-08-08T12:46:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13788"},"modified":"2017-08-08T09:46:20","modified_gmt":"2017-08-08T12:46:20","slug":"la-eucaristia-una-union-profunda-e-intima-con-la-persona-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13788","title":{"rendered":"La Eucarist\u00eda, una uni\u00f3n profunda e \u00edntima con la persona de Cristo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLa Eucarist\u00eda, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los d\u00e9biles\u201d (EG 47)<\/em><\/p>\n<p>Dios es un misterio, incomprensible, insondable, ininteligible, porque est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo que la mente puede percibir. Va m\u00e1s all\u00e1 de las palabras y de cualquier imagen del pensamiento.<br \/>\nLas palabras y los pensamientos son maravillosos para describir personas, animales, paisajes, situaciones, pero ocurre que Dios no se parece a nada que podamos expresar con palabras, ni tiene nada que ver con lo que podamos imaginar o pensar que es. Si no se puede describir verbalmente algo tan simple como el perfume de una flor, c\u00f3mo pensar que puede hacerse con la experiencia de Dios. Sin embargo, podemos aproximarnos de alg\u00fan modo a la idea de Dios, al concepto de Dios, con las palabras de Juan: \u201cDios consiste en estar amando\u201d (1 Jn 4: 8-16). Estamos saliendo permanentemente de las manos de Dios porque \u00c9l nos crea am\u00e1ndonos en cada segundo. Si dejara de hacerlo un momento, desaparecer\u00edamos inmediatamente; dejar\u00edamos de ser. Esa es una imagen muy linda que, aunque imperfecta, permite asomarnos al maravilloso misterio del Creador.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cY el verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros\u2026\u201d (Juan 1:14)<\/em><\/p>\n<p>Dios se hizo hombre para que crey\u00e9ramos en \u00c9l. Y fue precisamente Jes\u00fas quien nos dej\u00f3 la Eucarist\u00eda, es decir, el Pan de Vida; nos dej\u00f3 su cuerpo y su sangre bajo la apariencia de pan y vino.<br \/>\nCuerpo y Sangre del Se\u00f1or, el sacramento por excelencia. Jes\u00fas quiso quedarse entre nosotros de ese modo especial, de una manera viva y real como presencia de Dios que est\u00e1 en medio de nosotros permanentemente, pero all\u00ed, en el Pan consagrado, de una forma diferente. Ni mejor, ni peor. Distinta.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cDonde haya dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u201d (Mt. 18:20)<\/em><\/p>\n<p>No hay un Jes\u00fas que est\u00e1 aqu\u00ed en medio de nosotros y otro que est\u00e1 en la Eucarist\u00eda. Es el mismo, s\u00f3lo que en distintos modos de presencia, aunque la presencia es una sola. Como dos personas que se quieren, cada una siempre siente la presencia de la otra, pero no es lo mismo estar presentes cuando ambas est\u00e1n comiendo sentadas a la mesa que cuando una est\u00e1 en la casa pensando en la otra y \u00e9sta est\u00e1 trabajando lejos, o de viaje, o cuando est\u00e1n am\u00e1ndose: todos son distintos modos de estar presentes, pero en cada presencia est\u00e1 la misma persona. All\u00ed donde Jes\u00fas est\u00e1, lo est\u00e1 con su cuerpo, con su sangre, con su alma, con su divinidad: con todo lo que \u00c9l es. Y cuando est\u00e1 presente en la Eucarist\u00eda, tambi\u00e9n.<br \/>\nSin embargo, al reunirnos para celebrar \u2013la Eucarist\u00eda\u2013, la presencia de Jes\u00fas entre nosotros tiene caracter\u00edsticas muy especiales; y nosotros nos abrimos m\u00e1s a ella que cuando estamos distra\u00eddos en las actividades y los quehaceres diarios, compartiendo un almuerzo, charlando en familia o en grupo de amigos. Congregados en torno de la Mesa del Se\u00f1or, reunidos para celebrar la Eucarist\u00eda, autom\u00e1ticamente nos sentimos m\u00e1s en presencia de \u00c9l, pero el cambio no est\u00e1 en Jes\u00fas, est\u00e1 en nosotros. Y lo que ya era una verdadera presencia se transforma, entonces, en un encuentro \u00edntimo con \u00c9l. Cuando comulgo, el pan ya no es pan, no lo como para alimentarme sino como s\u00edmbolo real para hacer m\u00e1s presente a Cristo en m\u00ed.<br \/>\nComulgar es todo lo contrario a abrir pasivamente, \u201cconsum\u00edsticamente\u201d la boca para recibir algo. Es abrir la propia existencia para acoger a alguien en el deseo intenso de poder corresponder a su amor con una entrega semejante. La Eucarist\u00eda, entonces, no es hacer presente a Dios, sino un modo de comprender, creer y animarse a acoger su presencia y a hacerla viva en nosotros.<br \/>\nSe trata de una situaci\u00f3n muy importante aunque en general no lo pensamos. Muchas veces o\u00edmos decir que a un enfermo, por ejemplo, \u201cle van a llevar a Jes\u00fas\u201d, por decir que van a llevarle la comuni\u00f3n. En realidad, a Dios no se lo lleva ni se lo trae. Dios est\u00e1 siempre, al lado del enfermo, del que sufre y tambi\u00e9n del que r\u00ede, del que goza y de cada uno de nosotros, sus hijos amados, en todo momento. Lo que ocurre con la comuni\u00f3n llevada al enfermo es que le ayuda, con los signos, a darse cuenta y a asegurarse de que Dios est\u00e1 con \u00e9l, para que se deje consolar y confortar por la presencia del Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201c\u2026 y mi carne descansa serena\u201d (Salmo 15, 9)<\/em><\/p>\n<p>En lenguaje b\u00edblico, carne y sangre significan \u201cpersona\u201d. La Eucarist\u00eda nos permite entrar en com\u00fan uni\u00f3n con la persona misma de Cristo. Por eso comulgar no es una actividad ni una acci\u00f3n, es una experiencia vivida y celebrada, y cada domingo, por ejemplo, es un modo de vivir intensamente la cotidianeidad de la semana: me abro a dar, a recibir; s\u00e9 pedir y ofrecer; vivo en comuni\u00f3n y entonces lo celebro all\u00ed, en el ritual sacramental de recibir el pan consagrado, que siempre es carne y sangre: carne entregada, sangre derramada, Persona (de Cristo) ofrendada. S\u00f3lo la recibo si a mi vez estoy decidido y dispuesto a ofrendar la m\u00eda \u2013mi persona\u2013 a los dem\u00e1s.<br \/>\nTodo esto lleva a que, antes de una celebraci\u00f3n lit\u00fargica, en el templo, nos preparemos con el silencio, con la disposici\u00f3n interior, abriendo el coraz\u00f3n. \u00bfDe lo contrario Dios se ofende? No. Los fallos nunca vienen de Dios. Dios no tiene necesidades, nosotros las tenemos. Somos nosotros quienes necesitamos un espacio distinto y as\u00ed cambiamos el tono de voz, hablamos m\u00e1s bajo e ingresamos en un espacio de recogimiento intenso. La preparaci\u00f3n y disposici\u00f3n ayuda e invita a acoger la presencia del Padre en nuestra realidad, en nuestra finitud, en el ahora de ese momento y nos permite hacernos m\u00e1s conscientes de ello.<br \/>\nSin embargo, no podemos recibir ni percibir m\u00e1s amor que aquel que estemos dispuestos a entregar. Las puertas del coraz\u00f3n para que ingrese el amor son las mismas que las de salida hacia afuera, cuando amamos a los dem\u00e1s y al mismo Dios. Cuando retaceo mi entrega porque no soy generoso, porque soy c\u00f3modo o ego\u00edsta, temeroso o vanidoso, porque estoy en m\u00ed, en mi mundo, en mi metro cuadrado, cuando estoy cerrado \u201cal amar\u201d, me clausuro al \u201cser amado\u201d; no puedo ser amado si no experimento lo que es darse al otro.<br \/>\nLa Eucarist\u00eda es entonces el modo por excelencia de percibir la presencia del mismo Dios, que siempre est\u00e1 presente y nunca, jam\u00e1s, nos abandona, para descubrirlo de una manera diferente. Dispongamos nuestro coraz\u00f3n para celebrar cada misa con la m\u00e1xima fe, convirtiendo nuestras luchas, fatigas y desvelos, nuestras preocupaciones, logros y fracasos cotidianos, en una ofrenda al Se\u00f1or, dici\u00e9ndole \u201cAqu\u00ed estoy yo con toda mi vida y te la quiero entregar\u201d. Escucharemos, en lo profundo del coraz\u00f3n, que \u00c9l nos dice: \u201cAqu\u00ed estoy yo con toda mi vida y te la estoy entregando\u201d.<br \/>\nQue nuestra vida sea eucar\u00edstica: esto es, una entrega y una ofrenda permanentes para poder acoger la que Jes\u00fas quiere darnos en la Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p><em>El autor es di\u00e1cono permanente.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa Eucarist\u00eda, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[496,14,2103,1517],"class_list":["post-13788","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-eucaristia","tag-iglesia","tag-presencia-de-dios","tag-sacramento"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3Ao","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13788","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=13788"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13788\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13791,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/13788\/revisions\/13791"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=13788"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=13788"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=13788"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}