{"id":13893,"date":"2017-09-08T11:15:42","date_gmt":"2017-09-08T14:15:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13893"},"modified":"2017-09-08T19:25:33","modified_gmt":"2017-09-08T22:25:33","slug":"darwin-dios-y-la-icneumonida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=13893","title":{"rendered":"Darwin, Dios y la icneum\u00f3nida"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cMi teolog\u00eda es una verdadera confusi\u00f3n. No logro considerar al Universo como un producto del mero azar aunque tampoco consigo encontrar en los detalles la m\u00ednima prueba de un dise\u00f1o cualquiera\u201d.<br \/>\nCharles Darwin<br \/>\nCarta a James Hutton del 12 de julio de 1870.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El rol casi fundacional que vino a ocupar Darwin en la biolog\u00eda moderna hizo que su nombre estuviese rodeado desde el comienzo de una fama pocas veces alcanzada en vida por un hombre de ciencia. Esta circunstancia tambi\u00e9n gener\u00f3 que muchos quisieran apropiarse de su prestigio para una causa extra-cient\u00edfica. Basta recordar que Marx emprendi\u00f3 alguna vez gestiones para dedicarle El Capital a Darwin porque ve\u00eda en la lucha de clases un caso de esa famosa struggle for life que hab\u00eda popularizado Spencer. Mucho m\u00e1s ambicioso fue Freud, quien no dud\u00f3 en presentarse como el hombre que estaba llamado a completar la obra tanto de Cop\u00e9rnico como de Darwin, porque se hab\u00eda atrevido a quitarle al Hombre sus \u00faltimos privilegios.<br \/>\nDe la conjunci\u00f3n entre la selecci\u00f3n natural de Darwin y Wallace, la gen\u00e9tica y la biolog\u00eda molecular nacer\u00eda esa s\u00edntesis que hoy conocemos como \u201cneo-darwiniana\u201d. Para el tiempo en que el paradigma neo-darwiniano acab\u00f3 de consolidarse, la figura de Darwin ya gozaba de una proyecci\u00f3n filos\u00f3fica envidiable en un cient\u00edfico. Con \u00e9l, parec\u00eda reeditarse ese proceso de canonizaci\u00f3n laica a la cual Newton hab\u00eda sido sometido un siglo antes.<br \/>\nCharles Darwin eclips\u00f3 a cuantos hab\u00edan hablado de evoluci\u00f3n antes que \u00e9l, empezando por su abuelo Erasmus. La selecci\u00f3n natural pas\u00f3 a ser, m\u00e1s que un principio cient\u00edfico, una suerte de dogma filos\u00f3fico. A comienzos del presente siglo, Richard Dawkins culmin\u00f3 este proceso de apropiaci\u00f3n y se empe\u00f1\u00f3 en convertir al naturalista en el mes\u00edas de un fundamentalismo ateo que acabar\u00eda de una vez con todas las religiones.<br \/>\nEn las ciencias de la vida, el principio de la selecci\u00f3n natural cumpli\u00f3 un rol similar al que hab\u00eda desempe\u00f1ado la gravitaci\u00f3n newtoniana en la f\u00edsica. La gravitaci\u00f3n le hab\u00eda permitido a Newton explicarlo todo mediante una fuerza universal. Por m\u00e1s que \u00e9sta result\u00f3 luego ser apenas una de las cuatro fuerzas b\u00e1sicas, qued\u00f3 consagrada como la Ley fundamental y le dio a su descubridor una estatura sobrehumana.<br \/>\nDel mismo modo, la selecci\u00f3n natural darwiniana parec\u00eda haber venido a liberar a las ciencias biol\u00f3gicas de cualquier finalismo, tanto teol\u00f3gico como filos\u00f3fico, puesto que lograba explicarlo todo por medio del azar. Pese a ser el vocero de la Ilustraci\u00f3n, Kant hab\u00eda considerado imposible la aparici\u00f3n de un Newton que lograra explicar algo tan simple como una brizna de hierba. La selecci\u00f3n natural promet\u00eda hacer eso y mucho m\u00e1s, sin recurrir a la inteligencia divina.<br \/>\nAntes de Darwin, la \u201cteolog\u00eda natural\u201d brit\u00e1nica se hab\u00eda empe\u00f1ado en buscar en el libro de la Naturaleza las pruebas de la intervenci\u00f3n divina. Para sus cultores, Dios hab\u00eda creado las especies de manera discontinua y hab\u00eda puesto a cada una de ellas en el h\u00e1bitat adecuado. Pero ahora la selecci\u00f3n natural permit\u00eda prescindir de la mente divina, porque estaba en condiciones de explicarlo todo por un destino ciego e ineludible. Tal como lo expres\u00f3 Wallace, la naturaleza actuaba del mismo modo que las m\u00e1quinas autom\u00e1ticas, como ese regulador que ten\u00edan las calderas de vapor.<br \/>\nUn siglo m\u00e1s tarde, el desciframiento del c\u00f3digo gen\u00e9tico pareci\u00f3 haber develado los \u00faltimos misterios. Pero el origen de la vida, as\u00ed como el de los phyla originarios, segu\u00eda siendo tan enigm\u00e1tico como lo era para Darwin. Ahora se les sumaba otra cuesti\u00f3n: el origen del c\u00f3digo gen\u00e9tico mismo.<br \/>\nDe la mano del darwinismo la biolog\u00eda comenz\u00f3 a consolidarse como una ciencia rigurosa, que daba cuenta de los fen\u00f3menos de la vida y formaba un sistema coherente con la f\u00edsica de Newton y la qu\u00edmica de Lavoisier. Tal como hab\u00eda ocurrido con la \u201cfilosof\u00eda mec\u00e1nica\u201d de Descartes y Newton, el darwinismo se prestaba para ser apropiado por el materialismo filos\u00f3fico.<br \/>\nCon todo, esto no justifica el \u00e9nfasis que se ha dado en poner sobre el ate\u00edsmo de Darwin, en un debate que contrasta con el silencio que anta\u00f1o sol\u00edan guardar los historiadores positivistas sobre la vida de los cient\u00edficos. Por el contrario, se recurre a los sentimientos del gran naturalista buscando respaldo para una tesis filos\u00f3fica.<br \/>\nEmpe\u00f1ados en hacer de un cient\u00edfico riguroso y cauto como Darwin el profeta del azar y la necesidad, los divulgadores suelen darle una resonancia inusitada a sus creencias y conflictos de conciencia. Newton tambi\u00e9n hab\u00eda sido canonizado por Brewster y Voltaire, pero su vida estuvo en penumbras hasta mediados del siglo XX. Sus creencias \u00edntimas s\u00f3lo parec\u00edan importarles a los bi\u00f3grafos, de modo que nos sorprendimos al descubrir los v\u00ednculos que un\u00edan sus conceptos fundamentales con los de la alquimia, por m\u00e1s que \u00e9sta a\u00fan formaba parte de la ciencia de su tiempo.<br \/>\nPor el contrario, la insistencia con que se suele indagar la vida de Darwin pretende que veamos al proceso que lo llev\u00f3 a renegar de la religi\u00f3n como una consecuencia directa de sus tesis cient\u00edficas.<br \/>\nDarwin s\u00f3lo confes\u00f3 su inclinaci\u00f3n filos\u00f3fica por el materialismo en su correspondencia privada. P\u00fablicamente dec\u00eda ser te\u00edsta y s\u00f3lo alguna vez lleg\u00f3 a declararse agn\u00f3stico.<br \/>\nNo pareciera que el descubrimiento de la selecci\u00f3n natural hubiera sido la causa principal de que Darwin perdiera la fe. Para perder la fe, primero es preciso haberla tenido, y cabe preguntarse si ese era el caso de Darwin. La selecci\u00f3n natural hab\u00eda venido a minar al finalismo, introduciendo la causalidad mec\u00e1nica en el mundo de la vida, pero aun as\u00ed segu\u00eda siendo compatible con alguna visi\u00f3n te\u00edsta.<br \/>\nDe la importancia que se le dio al ate\u00edsmo de Darwin da cuenta el \u00e9xito de \u201cLady Hope\u201d (Elizabeth Cotton), quien ech\u00f3 a rodar la leyenda de que el sabio se hab\u00eda convertido al cristianismo en su lecho de muerte. Con esta versi\u00f3n espuria la evangelista quiso confortar a los creyentes, pero lo \u00fanico que logr\u00f3 fue confundir un poco m\u00e1s la cuesti\u00f3n.<br \/>\nLa familia de Darwin adher\u00eda a esa Iglesia Unitaria cerca de la cual tambi\u00e9n hab\u00eda estado Newton. Los unitarios ten\u00edan un credo arriano\/sociniano que negaba la Trinidad, los milagros y la inmortalidad del alma, lo cual los hac\u00eda proclives al naturalismo.<br \/>\nEl joven Charles, que se embarc\u00f3 en el Beagle para su gran viaje, todav\u00eda pensaba llegar a ordenarse como ministro. En su tiempo, era muy com\u00fan que los p\u00e1rrocos rurales dedicaran sus ocios a las ciencias naturales. De hecho, la mayor\u00eda de los corresponsales que sigui\u00f3 teniendo Darwin a lo largo de toda su carrera cient\u00edfica eran bot\u00e1nicos y zo\u00f3logos procedentes del clero anglicano.<br \/>\nDarwin dec\u00eda haber aprendido casi de memoria la Teolog\u00eda natural de William Paley, el fil\u00f3sofo que cre\u00eda encontrar en la naturaleza las pruebas del dise\u00f1o divino. El Dios de Paley era un art\u00edfice que creaba seg\u00fan el bien y la belleza, lo cual bien pod\u00eda haberlo hecho compatible con la fe de los unitarios, que pr\u00e1cticamente identificaban a Dios con la naturaleza.<br \/>\nSin embargo, lo que estaba en cuesti\u00f3n era el finalismo y con \u00e9l el dise\u00f1o inteligente. Cuando Darwin se encontr\u00f3 con las transiciones entre una y otra especie, comenz\u00f3 a dudar de que cada una de ellas fuera producto de una creaci\u00f3n especial, como ense\u00f1aba Paley. Cuestionar el finalismo en la g\u00e9nesis de las especies fue el primer paso. El segundo fue dudar del Dios del Antiguo Testamento, cuyos rasgos desp\u00f3ticos irritaban su aguda sensibilidad moral.<br \/>\nLos cuatro a\u00f1os que Darwin pas\u00f3 a bordo del Beagle estuvieron llenos de agrias disputas con el capit\u00e1n Fitz Roy, un conservador bastante obtuso con el cual estaba obligado a convivir. Estas discusiones sin duda contribuyeron a que ese joven que en Brasil a\u00fan se admiraba de la obra divina regresara a Inglaterra como un convencido materialista.<br \/>\nEl factor decisivo para que Darwin \u201cperdiera la fe\u201d y abrazara el materialismo no fueron las dudas teol\u00f3gicas ni las objeciones cient\u00edficas. Como ocurre en la mayor\u00eda de los casos fue el problema del mal, que es tan antiguo como el monote\u00edsmo y ya est\u00e1 planteado en el G\u00e9nesis. El origen de la crisis espiritual de Darwin es de car\u00e1cter moral y hay que buscarlo en las circunstancias que lo enfrentaron con el problema del mal.<br \/>\nAl parecer, Darwin entr\u00f3 en conflicto cuando se vio obligado a contrastar el optimismo de la teolog\u00eda natural de Paley con el sufrimiento, que abunda en el mundo animal. Mil a\u00f1os antes, San Agust\u00edn se hab\u00eda propuesto resolver el problema cuando puso el origen del mal moral en el pecado original y lo vincul\u00f3 con el libre arbitrio. Pero a un naturalista como Darwin lo que m\u00e1s le preocupaba no era el mal moral sino el f\u00edsico. \u00bfC\u00f3mo era posible que un Dios benigno permitiera todas las crueldades que hay en el mundo animal, sin hablar de aquellas que comet\u00eda el hombre, creado a su imagen y semejanza?<br \/>\nAlgunas penosas experiencias que Darwin recogi\u00f3 en su viaje no hicieron m\u00e1s que acentuar ese contraste. Una de las cosas que m\u00e1s lo impresionaron fue la precariedad de la vida de los abor\u00edgenes de Tierra del Fuego. La otra, los desastres que hab\u00eda causado el terremoto de Concepci\u00f3n, en Chile.<br \/>\nSin embargo, a la hora de transmutar esos sentimientos en argumentos antite\u00edstas, Darwin a\u00fan parec\u00eda increpar a un Dios antropom\u00f3rfico o bien a una Naturaleza personificada. Es com\u00fan que quien sufre alguna calamidad, m\u00e1s all\u00e1 de que profese alguna fe, se tiente de reprochar a Dios o a la Naturaleza por lo que siente como una injusticia. Aun as\u00ed, no cab\u00eda esperar que la reacci\u00f3n de un riguroso naturalista como Darwin fuera tan visceral como la de ese pobre hombre que insulta al tornado o la crecida que se ha llevado su casa.<br \/>\nAl descubrir esa crueldad que es el inevitable correlato de la lucha por la vida, Darwin acusa a la Naturaleza\/Dios de ser injusto, como si se dirigiera a una persona dispuesta a responderle. En una carta confiesa que su intenci\u00f3n no era la de promover al ate\u00edsmo, pero hab\u00eda acabado de sentirse ateo el d\u00eda que atin\u00f3 a reflexionar sobre la conducta de las icneum\u00f3nidas.<br \/>\nLa historia es bastante conocida y en el mundo animal abundan los casos similares. Para alimentar a sus cr\u00edas, la avispa icneum\u00f3nida captura una oruga y la paraliza, permitiendo as\u00ed que sus larvas se la vayan comiendo viva. Este caso, que el entom\u00f3logo Kirby caprichosamente hab\u00eda puesto como ejemplo de amor maternal, desde el Essay de 1844 se vuelve para Darwin un emblema de la crueldad de la naturaleza: \u201cNo puedo convencerme de que un Dios magn\u00edfico y omnipotente haya creado las icneum\u00f3nidas con la expresa intenci\u00f3n de comerse vivas a las orugas, o para que el gato juegue con el rat\u00f3n\u201d.<br \/>\nNo conforme con ponerse a interpretar los sentimientos del insecto, Darwin llega a condenarlo moralmente, cuando afirma que \u201calgunos animales viven en la crueldad y hasta se deleitan con ella\u201d. Esto parecer\u00eda una suerte de reca\u00edda en el viejo finalismo moralizante, que confunde las categor\u00edas \u00e9ticas con las epistemol\u00f3gicas, aunque ahora con signo inverso. En un famoso pasaje Darwin lleva mucho m\u00e1s lejos su moralismo, cuando exclama indignado: \u201c\u00bfQu\u00e9 libro podr\u00eda escribir un capell\u00e1n del diablo, sobre las torpes obras, el derroche, la grosera bajeza, la chapucer\u00eda y la horrenda crueldad de la naturaleza?\u201d.<br \/>\nPara entender esta actitud, hay que recordar que en los a\u00f1os de madurez, Darwin no s\u00f3lo se hab\u00eda topado con el sadismo de las avispas; hab\u00eda visto al sufrimiento invadir su propia vida. La muerte de su padre (era hu\u00e9rfano de madre desde los ocho a\u00f1os) lo llev\u00f3 a renegar abiertamente de \u201cesa condenable doctrina de la Iglesia\u201d que arrojaba a los tormentos del infierno a varios de sus seres queridos, por haber sido ateos. Pero a\u00fan le faltaba vivir lo peor, la p\u00e9rdida de tres hijos; sobre todo la de Annie, que pereci\u00f3 de tuberculosis cuando ten\u00eda apenas diez a\u00f1os.<br \/>\nLa p\u00e9sima salud de Darwin (sufr\u00eda del mal de Chagas y de una severa cardiopat\u00eda, padec\u00eda de depresi\u00f3n y ansiedad cr\u00f3nicas) contribuy\u00f3 a acabar con la poca fe que le quedaba. En 1880 admiti\u00f3 que ya no adher\u00eda ni siquiera al Evangelio, y hab\u00eda dejado de creer \u201cen la revelaci\u00f3n y en Jesucristo\u201d. S\u00f3lo hab\u00eda optado, como le dec\u00eda a sus corresponsales, por no atacar frontalmente a la religi\u00f3n, considerando que hacerlo era in\u00fatil. Entend\u00eda que la acci\u00f3n de socavar sus creencias pod\u00eda ser m\u00e1s efectiva en el largo plazo.<br \/>\nDe cualquier modo, poner los conflictos de conciencia de Darwin en el mismo plano que sus aportes a la ciencia es tan poco atinente como cualquier otro argumento ad hominem. M\u00e1s all\u00e1 de la actitud de distanciamiento objetivo que parece sugerir le lectura de su obra cient\u00edfica, la radicalidad de sus reacciones ante las vicisitudes de su vida se entiende como un choque entre su sensibilidad moral y los avatares de la enfermedad, contra la cual en su tiempo hab\u00eda pocas defensas. Era casi inevitable que una personalidad tan sensible y brillante como la suya cayera en esa clase de conflicto entre ideas y valores que ha dado en llamarse disonancia cognitiva.<br \/>\nHaber hecho de la selecci\u00f3n natural un principio tan universal como la gravitaci\u00f3n quiz\u00e1s le sirviera a Darwin para reducir esa disonancia. Asumir la ineludibilidad de las leyes naturales con amor fati es algo que siempre ha servido de consuelo. Quiz\u00e1s fuese ese el esp\u00edritu que inspir\u00f3 las \u00faltimas palabras de El origen de las especies: \u201cPodemos consolarnos con la idea de que en la naturaleza la guerra no es incesante; no hay miedo, la muerte es generalmente s\u00fabita y los que sobreviven y se multiplican son los vigorosos, los sanos y los felices\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cMi teolog\u00eda es una verdadera confusi\u00f3n. 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