{"id":14026,"date":"2017-10-03T18:10:20","date_gmt":"2017-10-03T21:10:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14026"},"modified":"2017-10-03T18:10:20","modified_gmt":"2017-10-03T21:10:20","slug":"un-marx-para-los-catolicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14026","title":{"rendered":"Un Marx para los cat\u00f3licos"},"content":{"rendered":"<p>Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Frisinga desde 2007, fue creado cardenal por el papa Benedicto XVI en 2010, y es uno de los ocho purpurados elegidos por el papa Francisco para conformar el Consejo de Cardenales que lo asesora en el gobierno de la Iglesia y para reformar la Curia romana.<br \/>\nTal vez es conocido entre nosotros por sus posiciones pol\u00e9micas en el campo de la sexualidad y la familia. Pero merece mucho m\u00e1s serlo como destacado especialista en Doctrina Social de la Iglesia. Su competencia y originalidad en este campo han quedado reflejadas en un libro publicado en 2010, y que \u00e9l titul\u00f3, con picard\u00eda, <em>Das Kapital<\/em>. <em>Ein Pl\u00e4doyer f\u00fcr den Menschen<\/em> (en la edici\u00f3n espa\u00f1ola: <em>El Capital. Un alegato a favor de la Humanidad<\/em>, Barcelona, Planeta, 2011).<br \/>\nEl marco de esta obra es una carta imaginaria dirigida a su \u201ctocayo\u201d, Karl, en la cual plantea una pregunta inquietante: a la luz de las disfunciones del capitalismo actual, que parece agrandar d\u00eda a d\u00eda la brecha de la desigualdad entre los seres humanos, \u00bfhabr\u00e1 que reconocer que, a fin de cuentas, Marx ten\u00eda raz\u00f3n? Con profundo respeto, humor, y a la vez un agudo sentido cr\u00edtico, el autor ir\u00e1 construyendo paso a paso una respuesta a ese interrogante.<br \/>\nReinhard Marx no duda en adherir a la convicci\u00f3n del papa Juan Pablo II, quien en su \u00faltimo libro (<em>Memoria e identidad<\/em>, 2005) calific\u00f3 la idea de libertad como la clave de b\u00f3veda de su mensaje social, condensado principalmente en las tres grandes enc\u00edclicas sociales <em>Laborem exercens<\/em> (1981), <em>Sollicitudo rei socialis<\/em> (1987) y <em>Centesimus annus<\/em> (1991). Como escribe este pont\u00edfice literalmente: \u201cPuede decirse que en la ra\u00edz de todos estos documentos doctrinales est\u00e1 el tema de la libertad del hombre\u201d (42). Claro que no se trata s\u00f3lo de la libertad formal (libertad ante la ley), sino tambi\u00e9n de la igualdad de oportunidades que hagan posible a cada persona el logro de una vida digna.<br \/>\nEsta opci\u00f3n por la libertad no es un simple juego con las palabras, sino que se traduce en concretas tomas de posici\u00f3n. Ante todo, frente a una tendencia todav\u00eda prevaleciente en diferentes sectores de la Iglesia, el cardenal Marx rechaza la idea de la Doctrina Social como una Tercera V\u00eda, sim\u00e9tricamente equidistante tanto del individualismo liberal como del colectivismo socialista. Es cierto que la Doctrina Social toma distancia de ambos extremos, pero \u201cescor\u00e1ndose\u201d, por as\u00ed decirlo, hacia el liberalismo. Y la raz\u00f3n de esto no debe buscarse en alg\u00fan \u201ccoqueteo\u201d con la Modernidad sino en las ra\u00edces m\u00e1s profundas del cristianismo, sin las cuales la filosof\u00eda moderna de la Ilustraci\u00f3n y la misma idea de la autonom\u00eda del sujeto no habr\u00edan sido posibles (46).<br \/>\nEn efecto, el cristianismo ha contribuido a liberar a la persona de la subordinaci\u00f3n total a la \u201cpolis\u201d, la comunidad pol\u00edtica, abriendo un espacio para su propia responsabilidad ante Dios. Y esto constituye un vigoroso \u201cindividualismo\u201d, que desde el punto de vista hist\u00f3rico-cultural, hizo posible que en la Edad Moderna se desarrollaran ideas como la libertad, los derechos humanos, la democracia, y tambi\u00e9n la econom\u00eda de mercado (47).<br \/>\nCon respecto a esto \u00faltimo, Reinhard Marx sostiene que es err\u00f3neo achacar la miseria social y la pobreza de los primeros tiempos de la industrializaci\u00f3n exclusivamente a la econom\u00eda de mercado, porque si bien es cierto que el capitalismo incipiente trajo miseria, la pobreza y la escasez tambi\u00e9n exist\u00edan en el siglo XIX y en mayor medida incluso en los pa\u00edses no industrializados y no capitalistas: \u201cA la larga, la econom\u00eda de mercado gener\u00f3 las condiciones para una riqueza de amplias capas de la poblaci\u00f3n como nunca antes en la historia se hab\u00eda conocido\u201d (82). En este fen\u00f3meno se puso de manifiesto la ventaja decisiva de la econom\u00eda de mercado: en ella se coordinan todas las necesidades materiales y todos los recursos disponibles. As\u00ed fluye hacia el mercado mucho m\u00e1s conocimiento del que un gobierno o una autoridad planificadora podr\u00eda tener jam\u00e1s. Esto permite que los distintos intereses econ\u00f3micos de los individuos liberen una multiplicidad de fuerzas y recursos, y que los resultados de esa actividad econ\u00f3mica no s\u00f3lo beneficien a los actores individuales sino a toda la colectividad (84).<br \/>\nEs cierto que la Iglesia se mostr\u00f3 durante mucho tiempo extraordinariamente reticente frente al liberalismo econ\u00f3mico, m\u00e1s tiempo en todo caso que frente al liberalismo pol\u00edtico (84), pero tambi\u00e9n lo es que jam\u00e1s neg\u00f3 de plano que para la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica, la econom\u00eda de mercado sea el sistema m\u00e1s eficiente y que permita alcanzar una amplia y, por lo tanto, tendencialmente justa distribuci\u00f3n de bienes y servicios. Por eso la Iglesia nunca rechaz\u00f3 la competencia, aunque dejando muy claro que se trata s\u00f3lo de un instrumento que debe utilizarse para el bien de todas las personas, y no de un principio regulador intocable; lo cual en \u00faltima instancia amenazar\u00eda la personalidad del hombre (ibid.).<br \/>\nEsta es precisamente la premisa fundamental de la denominada \u201ceconom\u00eda social de mercado\u201d, tambi\u00e9n conocida como \u201cordoliberalismo\u201d, para la cual \u2212como afirma J. H\u00f6ffner\u2212 \u201cla supresi\u00f3n de todos los medios de la pol\u00edtica econ\u00f3mica no conformes con el mercado no constituye un valor absoluto. Es el bien com\u00fan el que debe decidir qu\u00e9 medios de pol\u00edtica econ\u00f3mica son necesarios, y el bien com\u00fan puede requerir y sin duda requerir\u00e1 en el futuro intervenciones en el proceso econ\u00f3mico ajenas al mercado\u201d (95). Pero tales excepciones deben evaluarse con prudencia, ya que ciertas medidas adoptadas con una finalidad social (el autor cita el ejemplo del salario m\u00ednimo, 81-82) podr\u00eda tener efectos contraproducentes.<br \/>\nLa justicia social significa en primer lugar y ante todo respeto \u2013y respeto reflejado tambi\u00e9n en las instituciones y estructuras sociales\u2212 de la dignidad de todas las personas en nuestra sociedad: todos los hombres y mujeres tienen derecho a una oportunidad de participaci\u00f3n, de formaci\u00f3n y de trabajo. La justicia social es, ante todo, justicia participativa (173), entendida \u00e9sta de acuerdo con el principio de subsidiariedad, que implica fomentar no la dependencia sino la autonom\u00eda y la responsabilidad (173). El modelo de la justicia participativa debe tender no a una mayor redistribuci\u00f3n, que por otra parte suele afectar siempre a los ingresos de las capas medias, sino a tomarse en serio la mayor\u00eda de edad de los ciudadanos (174).<br \/>\nConforme a este concepto de justicia social como justicia participativa, deber\u00eda revisarse una idea demasiado estrecha que durante mucho tiempo se ha tenido de la pol\u00edtica social como pol\u00edtica de redistribuci\u00f3n. En primer lugar, porque una pol\u00edtica social concentrada en la redistribuci\u00f3n degrada a las personas a las que hay que ayudar, convirti\u00e9ndolas en receptoras pasivas de asistencia social. En segundo lugar, porque hasta ahora la pol\u00edtica social concentrada en la redistribuci\u00f3n ha desde\u00f1ado temas muy importantes, como las familias y la pol\u00edtica educativa, que son \u00e1mbitos especialmente orientados al futuro. Finalmente, porque el Estado ha llegado ya al l\u00edmite de sus posibilidades en lo que a su pol\u00edtica redistributiva tradicional se refiere. Por todas estas razones debemos replantearnos las prioridades: la justicia distributiva \u2013que sigue teniendo su raz\u00f3n de ser\u2212 ya no puede seguir siendo el \u00fanico criterio. Hay que dar prioridad a la justicia participativa (176-8).<br \/>\nEn lo que se refiere de modo m\u00e1s directo al progreso econ\u00f3mico, es indispensable el esp\u00edritu pionero de los empresarios individuales, que una y otra vez abren caminos y con ello ofrecen nuevas posibilidades a sus conciudadanos. Uno de los motivos por los cuales fracas\u00f3 la econom\u00eda centralmente planificada fue que ahog\u00f3 el esp\u00edritu emprendedor y dej\u00f3 la econom\u00eda en manos de tecn\u00f3cratas y bur\u00f3cratas (230). Al decir de W. R\u00f6pke, el empresario \u2212en la medida en que cumple responsablemente su funci\u00f3n y renuncia a las muletas de las subvenciones estatales como a las del monopolio\u2212 \u201cdeber\u00eda ser preservado de cualquier ataque de un anticapitalismo vulgar\u201d.<br \/>\nFinalmente, abordando la delicada cuesti\u00f3n de la globalizaci\u00f3n y tomando pie en la crisis del sudeste asi\u00e1tico de fines de los \u201990, el cardenal Marx sostiene que las organizaciones internacionales, que muchos militantes antiglobalizaci\u00f3n odian irracionalmente, m\u00e1s que ser combatidas deben ser reforzadas. Quienes quieran defender los intereses de los pobres en el mundo deben abogar por instituciones globales m\u00e1s fuertes y por una mejor regulaci\u00f3n a nivel mundial (270).<br \/>\nSer\u00eda simplista atribuir al mercado los problemas de la actual globalizaci\u00f3n. Esto es verdad s\u00f3lo cuando el mercado global est\u00e1 totalmente desregulado y cuando las condiciones no equitativas de la competencia no ofrecen a los pobres ninguna oportunidad. Pero los pobres sufren muchas veces porque son los pa\u00edses ricos los que anulan el mercado global. Es el caso, por ejemplo, de los pa\u00edses industrializados que impiden la exportaci\u00f3n de los pa\u00edses en desarrollo estableciendo barreras arancelarias y poniendo trabas de todo tipo (271-272). Es claro que los pa\u00edses en desarrollo deben abrir gradualmente sus mercados. De lo contrario, les faltar\u00e1 el capital y el conocimiento tecnol\u00f3gico necesarios para seguir progresando econ\u00f3micamente. Pero tambi\u00e9n deben abrir sus mercados los pa\u00edses desarrollados.<br \/>\nEl autor concluye expresando su convicci\u00f3n de que la Doctrina Social est\u00e1 espiritual y teol\u00f3gicamente fundamentada, y es razonable. S\u00f3lo si nos mostramos a la altura del desaf\u00edo actual de unir libertad de mercado y justicia social, evitaremos que el fantasma de Karl Marx salga de la tumba para perseguirnos. Y cierra: \u201cYo le deseo a mi tocayo que descanse en paz\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Frisinga desde 2007, fue creado cardenal por el papa Benedicto XVI en 2010, y es uno de los ocho&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[972,6],"tags":[1865,270,585,21,49],"class_list":["post-14026","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-economia","category-nota-tapa","tag-capital","tag-economia","tag-globalizacion","tag-liberalismo","tag-marx"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3Ee","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14026"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14026\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14029,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14026\/revisions\/14029"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}