{"id":14069,"date":"2017-10-05T11:11:54","date_gmt":"2017-10-05T14:11:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14069"},"modified":"2017-10-05T11:11:54","modified_gmt":"2017-10-05T14:11:54","slug":"dostoievsky-o-la-ternura-de-un-profeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14069","title":{"rendered":"Dostoievsky o la ternura de un profeta"},"content":{"rendered":"<p>Mientras el pr\u00edncipe Mischkin, protagonista de El Idiota, que acaba de regresar a San Petersburgo, espera en la casa del general Epanchine para entrevistarse con \u00e9l, habla con el dom\u00e9stico que debe presentarlo, y la conversaci\u00f3n recae sobre el tema de la pena de muerte que se aplicaba en Francia por medio del tormento de la guillotina:<\/p>\n<p>\u201c-Si se trata, por ejemplo, de un hombre al cual se somete a la tortura, existe el sufrimiento, las heridas, la agon\u00eda corporal que distrae del dolor espiritual, y as\u00ed, hasta el momento mismo de la muerte, s\u00f3lo sufre de las heridas. Porque el mayor y peor padecer quiz\u00e1 no es el que infligen las heridas, sino la certeza de que dentro de una hora, de diez minutos, de medio minuto, ahora mismo, el alma se te escapar\u00e1 del cuerpo y dejaras de ser un hombre, y saber que esto ocurrir\u00e1 irremisiblemente. En la guillotina, lo terrible se concentra en un solo instante, mientras tienes la cabeza expuesta a la cuchilla y oyes como \u00e9sta se desliza hacia tu cuello (\u2026). Cuando se mata a un hombre legalmente, se comete un crimen mucho mayor que el que cometi\u00f3 el mismo reo. El viajero a quien apu\u00f1alan unos forajidos en el bosque tiene esperanzas de salvarse hasta el \u00faltimo momento. Se han dado casos de hombres con la garganta seccionada que no perd\u00edan la esperanza de huir, o que ped\u00edan que se les perdonase la vida. Y esa \u00faltima esperanza que hace diez veces m\u00e1s f\u00e1cil morir, desaparece a causa de esa sentencia irremisible: saber que debes morir. La mayor agon\u00eda estriba entonces en el hecho de que sabes que vas a morir, y ninguna tortura peor que esa. Durante una batalla puede llevarse al soldado hasta la boca misma de los ca\u00f1ones. No perder\u00e1 la esperanza hasta el momento mismo en que disparen contra \u00e9l. Pero l\u00e9ale a ese mismo soldado su sentencia de muerte y romper\u00e1 a llorar o se volver\u00e1 loco. \u00bfC\u00f3mo es posible suponer que un hombre sea capaz de soportar una cosa as\u00ed sin volverse loco? \u00bfPor qu\u00e9 esa mofa cruel, abyecta, innecesaria? Quiz\u00e1 exista un hombre al que despu\u00e9s de haberlo sentenciado a muerte le hayan otorgado el perd\u00f3n. S\u00f3lo ese hombre podr\u00eda contarnos su agon\u00eda. De ese tormento y de ese horror nos hablo Cristo. \u00a1No, al hombre no puede trat\u00e1rselo as\u00ed!<br \/>\nAunque hubiera sido incapaz de enunciar esas ideas con los mismo t\u00e9rminos, el dom\u00e9stico comprendi\u00f3 lo esencial de ellas, como se pod\u00eda juzgar por la expresi\u00f3n enternecida de su rostro\u201d. (<em>El Idiota<\/em>, 1\u00aa Parte, II)<\/p>\n<p>Cuando le\u00ed por primera vez esta p\u00e1gina de El Idiota casi se me cae el libro de las manos. Tan clara y rotunda se me impon\u00eda. Ya me hab\u00eda pasado algo as\u00ed antes, durante un viaje de regreso, en tren, de Jun\u00edn a Buenos Aires y, en aquella ocasi\u00f3n se trataba de Los Hermanos Karam\u00e1zov. El sol se pon\u00eda a mis espaldas pero un reflejo en la ventanilla, que raramente estaba limpia, hiri\u00f3 mis ojos en aquel momento revelador y me oblig\u00f3 a cerrarlos. Protegida por los p\u00e1rpados, la mirada se convirti\u00f3 en memoria. Ten\u00eda ante m\u00ed los \u00faltimos p\u00e1rrafos le\u00eddos:<\/p>\n<p>\u201c-A ti \u00bfqu\u00e9 te pasa, hija m\u00eda?<br \/>\n-Dale alivio a mi alma, venerable padre \u2014murmur\u00f3 ella en voz baja, sin ninguna prisa; despu\u00e9s se puso de rodillas y se inclin\u00f3 a los pies del st\u00e1rets\u2014. He pecado, venerable padre, tengo miedo de mi pecado.<br \/>\nEl st\u00e1rets se sent\u00f3 en el pelda\u00f1o inferior; la mujer se le acerc\u00f3, siempre de rodillas.<br \/>\n-Soy viuda, va ya para tres a\u00f1os \u2014empez\u00f3 con un susurro; mientras, todo su cuerpo parec\u00eda estremecerse\u2014. Mi vida de casada fue muy dura, \u00e9l era viejo, me sacud\u00eda a base de bien. Cay\u00f3 enfermo; yo pensaba al mirarlo: y si se pone bien y vuelve a levantarse, \u00bfqu\u00e9 va a pasar entonces? Y en esos momentos me vino esta idea\u2026<br \/>\n-Espera \u2014dijo el st\u00e1rets, y acerc\u00f3 el o\u00eddo hasta los labios de ella.<br \/>\nLa mujer sigui\u00f3 hablando muy bajo, en un susurro, de modo que era casi imposible captar nada. Termin\u00f3 enseguida.<br \/>\n\u00bfEs ya el tercer a\u00f1o? \u2014pregunt\u00f3 el st\u00e1rets.<br \/>\n-S\u00ed, el tercer a\u00f1o. Al principio no lo pensaba, pero ahora estoy enferma, me ha entrado la angustia.<br \/>\n-\u00bfVives muy lejos?<br \/>\n-A quinientas verstas de aqu\u00ed.<br \/>\n-\u00bfLo has confesado?<br \/>\n-S\u00ed, dos veces.<br \/>\n-\u00bfTe han administrado la comuni\u00f3n?<br \/>\n-S\u00ed, me la han administrado. Tengo miedo; tengo miedo de morir.<br \/>\n-No tengas miedo, no tengas miedo nunca, ni te angusties. Persevera en tu arrepentimiento, y Dios te lo perdonar\u00e1 todo. No hay ni puede haber en toda la tierra un pecado tal que Dios no se lo perdone a quien se arrepienta de verdad. Y el hombre no es capaz de cometer un pecado tan grande que agote el infinito amor de Dios. \u00bfPuede haber acaso un pecado que supere al amor divino? T\u00fa preoc\u00fapate tan solo de arrepentirte sin descanso, y aleja el miedo de ti. Has de creer que Dios te ama de un modo que no puedes ni imaginarte; tambi\u00e9n con tu pecado y aunque est\u00e9s en pecado, \u00c9l te ama. M\u00e1s alegr\u00eda habr\u00e1 en el cielo por un solo arrepentido que por diez justos, se dijo hace ya mucho. Vete, pues, y no temas. No te aflijas por la gente, no te enojes por las ofensas. Al difunto perd\u00f3nale sus agravios de todo coraz\u00f3n, reconc\u00edliate con \u00e9l de verdad. Si te arrepientes, amas. Y, si amas, ya eres de Dios\u2026 Con amor todo se compra, todo se salva. Si yo, un pecador como t\u00fa, me he conmovido y he sentido compasi\u00f3n por ti, \u00bfno har\u00e1 mucho m\u00e1s Dios? El amor es un tesoro tan valioso que con \u00e9l puedes comprar el mundo entero, puedes redimir no solo tus propios pecados, sino tambi\u00e9n los ajenos. Vete y no temas.<br \/>\nLa persign\u00f3 tres veces, se quit\u00f3 del cuello una medalla y se la puso a la mujer. Ella, sin decir nada, hizo una reverencia hasta el suelo&#8230;\u201d (<em>Los hermanos Karam\u00e1zov<\/em>, 1\u00aa Parte, Libro II, c. III)<\/p>\n<p>As\u00ed hablaba el st\u00e1rets Z\u00f3sima consolando la culpa de una joven viuda pero hablaba en \u00e9l el Esp\u00edritu con el fuego prof\u00e9tico de Dios que anima todo consuelo para el pecador arrepentido. En cada confesi\u00f3n, en cada absoluci\u00f3n, el mismo amor, la misma ternura para que nadie desespere.<br \/>\nDostoievsky supo en s\u00ed mismo de las angustias de la condena a muerte y de la culpa. Con recurso de novelista y poeta crea el misterio y nos introduce en \u00e9l. Y ese misterio no es otro que el del Evangelio.<br \/>\nPienso que el mundo de Dostoievsky (\u00bfo todo el mundo?) se puede dividir entre los que comprenden esa ternura, que siente asco por la \u201cjusta\u201d pena de muerte, y los que no. Hay una justicia, fr\u00eda, exacta, milim\u00e9trica que no deja lugar a nada. A cada crimen su pena y su castigo. Equilibrio perfecto sin desmesuras. Pero el amor cristiano es desmesurado, no es \u201cjusto\u201d ni exacto. \u201cUstedes oyeron que se les dijo\u2026 pero yo les digo\u201d. Hay una nueva ley para corazones de carne y no de piedra.<br \/>\nEl pr\u00edncipe Mischkin conoce la compasi\u00f3n y el misterio de esos corazones. Es de la misma especie que el st\u00e1rets. En las dos p\u00e1ginas Dostoievsky nos invita a tocar el coraz\u00f3n blando y tierno de estos personajes. Uno tiene la sensaci\u00f3n de estar delante\u00a0de Jes\u00fas mismo con las llagas abiertas. Y de respirar su mismo Esp\u00edritu.<\/p>\n<p><em>El autor es sacerdote, pintor y especialista en \u00f3pera.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras el pr\u00edncipe Mischkin, protagonista de El Idiota, que acaba de regresar a San Petersburgo, espera en la casa del general Epanchine para entrevistarse con&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,2211,31],"class_list":["post-14069","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-dostoievsky","tag-libros"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3EV","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14069","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14069"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14069\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14072,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14069\/revisions\/14072"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14069"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14069"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14069"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}