{"id":14095,"date":"2017-10-10T08:46:12","date_gmt":"2017-10-10T11:46:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14095"},"modified":"2017-10-10T08:46:12","modified_gmt":"2017-10-10T11:46:12","slug":"la-ciudad-del-pecado-del-teatro-epico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14095","title":{"rendered":"La ciudad del pecado del teatro \u00e9pico"},"content":{"rendered":"<p><em>La \u00f3pera <\/em>Ascenso y ca\u00edda de la ciudad de Mahagonny<em>, con m\u00fasica de Kurt Weill y libreto de Bertolt Brecht, con puesta de Marcelo Lombardero en el Teatro Col\u00f3n, interpela y reclama una comprensi\u00f3n no conformista de la realidad humana. <\/em><\/p>\n<p>La \u00faltima semana de agosto el Teatro Col\u00f3n present\u00f3 cinco funciones de la \u00f3pera moderna, aleg\u00f3rica y did\u00e1ctica <em>Ascenso y ca\u00edda de la ciudad de Mahagonny<\/em> de Bertold Brecht (1929). Marcelo Lombardero apost\u00f3 a la innovaci\u00f3n con una puesta esc\u00e9nica audaz y acertada, que incluy\u00f3 un n\u00famero de pole dance, que no ofende la sensibilidad del espectador. La producci\u00f3n es absolutamente magistral, la escenograf\u00eda no es rica ni costosa en recursos, pero sobresale la iluminaci\u00f3n que proyecta la escena sobre una pantalla, lo cual ofrece movimiento y la ilusi\u00f3n \u00f3ptica del volumen. Excelente.<br \/>\nKurt Weil hizo m\u00fasica de la poes\u00eda de Brecht con cinco canciones populares de un drama que, contrario al elitismo tradicional del g\u00e9nero, estuvo dirigido al consumo masivo. Bertold Brecht recurri\u00f3 a los avances que la incipiente tecnolog\u00eda del siglo XX le proporcionaba al arte para revolucionar la noci\u00f3n de drama cl\u00e1sico de Arist\u00f3teles. \u00c9ste busca inducir la purificaci\u00f3n emocional suscitando la compasi\u00f3n y el miedo (\u00e9leos y phobos) en el p\u00fablico. Seg\u00fan la perspectiva cl\u00e1sica del drama, el observador padece con el actor, es decir, se con-mueve, liber\u00e1ndose de toda afectividad negativa o socialmente destructiva. No nos olvidemos que la tragedia era para los griegos antiguos un arte eminentemente pol\u00edtico. Brecht desarroll\u00f3 una nueva concepci\u00f3n no dram\u00e1tica sino \u00e9pica del teatro, que estim\u00f3 a la altura de los tiempos, en la Europa de entre-guerras. En el drama \u00e9pico, el decurso del drama es permanentemente interrumpido mediante la introducci\u00f3n intempestiva de m\u00fasica, anuncios, carteles, gestos, parlamentos cortos e iluminaci\u00f3n, que entran en conflicto con la reacci\u00f3n emocional esperada. La narrativa intermitente busca impedir la identificaci\u00f3n afectiva con la acci\u00f3n. Seg\u00fan Brecht, al arte ya no le compete interpretar y comprender, sino cambiar el mundo, es decir, la realidad humana, fomentando con sus t\u00e9cnicas un pensamiento y una reflexi\u00f3n no conformistas. El drama \u00e9pico no debe suscitar la piedad, la compasi\u00f3n o el miedo en el espectador, so pena de fracasar precisamente en lo suyo propio: la formaci\u00f3n de la conciencia cr\u00edtica en el p\u00fablico respecto de una realidad cotidiana y familiar, que es inhumana.<br \/>\nBrecht sit\u00faa la acci\u00f3n en la ciudad paradis\u00edaca de Mahagonny, en alg\u00fan lugar impreciso de California a mediados del XIX, durante la fiebre del oro. Mahagonny es una distop\u00eda, fundada junto a dos r\u00edos de donde se extrae el oro; es la \u00abla ciudad de las redes\u00bb, dice la viuda Begbick, prestas para obtener el metal, pero en la que \u00abtodos quedar\u00e1n atrapados\u00bb. Mahagonny es la ciudad de la perdici\u00f3n, en la que confluyen los perseguidos por la justicia, los obreros de reputaci\u00f3n dudosa, la escoria y el remanente de la buena sociedad, y tambi\u00e9n \u00ablas chicas de Alabama\u00bb, que abandonaron su hogar al son de <em>The moon of Alabama<\/em> para ejercer la profesi\u00f3n m\u00e1s vieja del mundo. (La canci\u00f3n fue escrita en ingl\u00e9s y as\u00ed es interpretada, aunque todo el resto de la obra es en el idioma original).<\/p>\n<p>All\u00ed llegan cuatro le\u00f1adores de Alaska en busca de la felicidad \u00abdel comer, del amar, del beber y del boxear\u00bb. El personaje principal es Jim Mahoney. El anti h\u00e9roe de Brecht de imposible redenci\u00f3n sella su suerte desde el vamos con vicios y excesos exhibidos en una trama epis\u00f3dica y err\u00e1tica, cuyo final no tiene desenlace, como en el drama tradicional, ni chivo expiatorio que carga la culpa y redime a la ciudad. Brecht no quiere redenci\u00f3n, por eso el final es la cat\u00e1strofe. Muy pocas prohibiciones (totalmente irrelevantes) reglamentan la vida de esta sin city, pero para Jim \u00ab<em>etwas fehlt, etwas fehlt, etwas fehlt<\/em>\u00ab, repite insatisfecho: \u00abalgo falta\u00bb. Todos los placeres de Mahagonny no alcanzan a colmarlo. El anuncio meteorol\u00f3gico de un hurac\u00e1n que devastar\u00e1 la ciudad quiebra la narrativa, y sin nexos, Jim proclama que el hombre es m\u00e1s destructor que cualquier tif\u00f3n. Milagrosamente, la ciudad sale ilesa, pero en lugar de deponer sus vicios, Mahagonny dobla la apuesta. Por una suma de dinero, la viuda Begbick cede la legislaci\u00f3n de Mahagonny y Jim anula todas las prohibiciones. La suma de todos los vicios no tiene consecuencias en los tribunales de justicia de Mahagonny (representados ir\u00f3nicamente con un espect\u00e1culo de vodevil), pero estos se vuelven implacables cuando el delito es la deuda. Y Jim debe tres botellas de whisky.<br \/>\nAs\u00ed, el \u00fanico crimen intolerable e imperdonable en Mahagonny es no tener dinero, y su castigo es la muerte. Ni Jenny, su amada, ni Toby, su amigo pagan su deuda, pues \u00abcon el dinero no se juega\u00bb. Las \u00faltimas palabras del acusado son las \u00fanicas en castellano: \u00abcom\u00ed y beb\u00ed hasta el hartazgo, pero no me saci\u00e9. Por favor, un vaso de agua\u00bb, y por un momento, el espectador siente un atisbo de empat\u00eda, sufre con el anti h\u00e9roe. Pero Brecht no permite emociones y el teatro \u00e9pico no se puede dar el lujo de conmover. Arist\u00f3teles, recordemos, apuntaba a la catarsis de la emociones, a la purificaci\u00f3n de la afectividad mediante la identificaci\u00f3n del espectador con el sufrimiento del h\u00e9roe. Pero Mahagonny no tiene h\u00e9roes y toda la t\u00e9cnica est\u00e1 al servicio del <em>Verfremdungseffekt<\/em>, que busca preservar la distanciaci\u00f3n, el extra\u00f1amiento y evitar padecer al un\u00edsono. Para Brecht, la compasi\u00f3n es un lujo burgu\u00e9s que alimenta el conformismo y adormece las energ\u00edas para el cambio.<br \/>\nConjugando la fiebre del oro californiana del XIX, los obreros rudos de Alaska y la ficci\u00f3n de Mahagonny, Brecht retrat\u00f3 la ruina pol\u00edtica, el malestar social y la perversi\u00f3n de las costumbres de Berl\u00edn de la d\u00e9cada del \u201820. Seg\u00fan Charles Moeller, sacerdote y cr\u00edtico literario, \u00abBerl\u00edn era la inmensa ciudad moderna que Brecht se complac\u00eda en odiar, la enorme masa de piedra, de cemento, de asfalto, [\u2026]; la caldera en que hierven la lujuria, la codicia, la corrupci\u00f3n. Berl\u00edn resum\u00eda para \u00e9l el mundo del siglo XX, la Ciudad terrible, condenada y magn\u00edfica. [\u2026] Brecht hab\u00eda dado a Berl\u00edn el sobrenombre de Mahagonny\u00bb. Como su amigo Walter Benjamin, otro gran cr\u00edtico de la Alemania de entre-guerras, Brecht denunci\u00f3 tanto el declive de la moralidad como la popularidad del fascismo en su patria. Con el recurso del arte esc\u00e9nico, anticip\u00f3 aleg\u00f3ricamente la ruina del nacionalsocialismo que coordin\u00f3 sin inconvenientes a la buena sociedad alemana, cuyas mores tradicionales, como dir\u00eda Hannah Arendt a\u00f1os despu\u00e9s, mudaron \u00abde la noche a la ma\u00f1ana, como los modales en la mesa\u00bb.<br \/>\nEn 1930, <em>Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny<\/em> se estren\u00f3 en Leipzig causando protestas y disturbios, pues todo el esc\u00e1ndalo de la obra consist\u00eda en ser un espejo para la sociedad alemana. En el \u201833 fue prohibida. Cr\u00edtico impiadoso y procaz de los convencionalismos sociales y de la hipocres\u00eda de sus coet\u00e1neos, Brecht fue un moralista radical, que habr\u00eda hecho temblar de horror al mundo con una caza de brujas si hubiera obtenido un puesto p\u00fablico de importancia. Al terminar la obra, el espectador se va con un sabor amargo en la boca. No es una experiencia cat\u00e1rtica, pero conforme pasan los d\u00edas, da que pensar. Eso es Brecht.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00f3pera Ascenso y ca\u00edda de la ciudad de Mahagonny, con m\u00fasica de Kurt Weill y libreto de Bertolt Brecht, con puesta de Marcelo Lombardero&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[2216,1462,2215,1285,857],"class_list":["post-14095","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-brecht","tag-cultura","tag-mahagonny","tag-opera","tag-teatro-colon"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3Fl","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14095","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14095"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14095\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14098,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14095\/revisions\/14098"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14095"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14095"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14095"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}