{"id":14178,"date":"2017-11-07T17:42:32","date_gmt":"2017-11-07T20:42:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14178"},"modified":"2017-11-07T17:42:32","modified_gmt":"2017-11-07T20:42:32","slug":"abusos-sexuales-en-la-iglesia-romper-el-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14178","title":{"rendered":"Abusos sexuales en la Iglesia: romper el silencio"},"content":{"rendered":"<p>La crisis de los abusos sexuales ha llegado a la Iglesia en la Argentina. Lo que parec\u00eda un problema doloroso pero lejano empieza a revelarse como una herida abierta, tambi\u00e9n entre nosotros. \u00bfEstamos preparados para vivirla evang\u00e9licamente?<br \/>\nComo ocurriera ya en otras latitudes, algunos casos concretos han sacudido a la opini\u00f3n p\u00fablica, animando a las v\u00edctimas a sacar a la luz el drama vivido. El largo proceso del Padre Grassi o las investigaciones en curso al Instituto Pr\u00f3volo de Mendoza son algunos de los m\u00e1s clamorosos. El efecto domin\u00f3 generado, seg\u00fan mi opini\u00f3n, reci\u00e9n est\u00e1 tomando impulso.<br \/>\nCuando hablo de crisis de los abusos me refiero a tres aspectos, distintos, pero vinculados entre s\u00ed: en primer lugar, al da\u00f1o sufrido por las personas abusadas que intentan sobrevivir a esa experiencia(menores, discapacitados, adultos vulnerables y sus familias). En segundo lugar, a la inadecuada respuesta de los responsables de la Iglesia (obispos y superiores), que se ha mostrado no s\u00f3lo errada sino verdaderamente fatal. Por \u00faltimo, la situaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos y consagrados que se han precipitado en estos delitos y cuyo deterioro humano, espiritual y moral nos deja punzantes interrogantes.<br \/>\nCon distinta intensidad, estos tres aspectos han sacudido fuertemente a la sociedad generando ira, desaz\u00f3n, desconfianza y rechazo hacia la Iglesia. Las v\u00edctimas, y quienes les son cercanos, suelen a\u00f1adir tambi\u00e9n una nota de fuerte escepticismo hacia las declaraciones de la Iglesia sobre el tema, incluidas las del mismo Papa. Obviamente, todo esto ha despertado el inter\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n. Su tarea de investigaci\u00f3n y difusi\u00f3n, sobre todo las m\u00e1s rigurosas y documentadas, combinada con la valent\u00eda de las v\u00edctimas en denunciar, ha sido factores decisivos para que esta crisis tomara estado p\u00fablico, obligando a la Iglesia, a las autoridades civiles y a la sociedad a hacerse cargo de este problema.<br \/>\nPero, no tenemos que minimizar tampoco el impacto de esta crisis en la misma comunidad eclesial: en los sacerdotes, en las comunidades cristianas, en los laicos. La crisis sacude fuertemente la conciencia creyente de los cat\u00f3licos. \u00bfPodr\u00eda ser para menos?Tanto sufrimiento \u00bfno tiene que convertirse en un grito de indignaci\u00f3n dirigido a Dios?Superados los primeros momentos de sorpresa y desconcierto, han comenzado a surgir inevitablemente algunas preguntas incisivas: \u00bfc\u00f3mo ha sido posible todo esto? \u00bfC\u00f3mo puede ser que un cura desbarranque de esta manera? \u00bfQu\u00e9 din\u00e1mica espiritual se ha desatado en un consagrado para llegar a semejante abuso emocional, de conciencia y finalmente sexual? \u00bfNadie vio ni dijo nada?\u00bfQu\u00e9 hicieron nuestras autoridades eclesiales? \u00bfY las casas de formaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo fue posible que perdi\u00e9ramos de vista la real gravedad del problema que no est\u00e1 en la credibilidad y buen nombre de la Iglesia, sino en la v\u00edctima agredida y en el inmenso da\u00f1o infligido?<br \/>\nEn muchos casos, la sorpresa inicial ha devenido en sana rebeld\u00eda e indignaci\u00f3n. Lo cual no es malo.Sobre todo, si los \u201cindignados\u201d son laicos. He podido observar que esa indignaci\u00f3n suele desembocar, al menos en algunos, en un compromiso de fe m\u00e1s adulto. Sienten a la Iglesia como \u201csu\u201d Iglesia, y se descubren interpelados a dar su aporte en la lucha contra los abusos. Es, a mi modo de ver, uno de los signos m\u00e1s alentadores que est\u00e1 dejando esta crisis en las Iglesias que ya la han vivido. Podemos aprender de esta experiencia.<br \/>\nEs decir: ha sido fundamental que, en todo este drama, se rompiera el silencio y comenz\u00e1ramos a discutir esta problem\u00e1tica, m\u00e1s honda de lo que hubi\u00e9ramos imaginado. Nos ha llevado a la oraci\u00f3n. S\u00f3lo el Silencio del Dios Crucificado puede arrojar luz sobre la oscuridad de este mal.Este \u201cromper el silencio\u201d ante los abusos no es s\u00f3lo condici\u00f3n indispensable para que los casos salgan a la luz y se haga justicia, sino que tambi\u00e9n es un criterio de fondo para el cap\u00edtulo fundamental de la prevenci\u00f3n.<br \/>\nEn este sentido, los hechos de abuso sexual protagonizados por cl\u00e9rigos son la punta de una trama m\u00e1s enredada que es necesario desenmara\u00f1ar. Sacan a la luz no \u00fanicamente problemas personales, sino din\u00e1micas eclesiales deformadas que necesitamos identificar para corregir. Los abusos sexuales suponen un sistema inadecuado de relaciones que los favorece y hace posibles. No es un dato menor para la comunidad eclesial. Pensemos, por ejemplo, en la docena de fundadores de nuevos institutos religiosos que est\u00e1n hoy involucrados en estos aberrantes delitos, en lo que viven los miembros de esas comunidades y la deriva de sus obras. \u00bfNo vamos a preguntarnos a fondo porqu\u00e9 pudieron prosperar durante tanto tiempo en la Iglesia? Es una pregunta que, sobre todo los pastores, no podemos eludir.<br \/>\nSi nos sobreponemos a la repulsa de pensar en un adulto violentando sexualmente a una persona vulnerable, es posible ver con mayor claridad teol\u00f3gica el n\u00facleo del problema. Aqu\u00ed, el comportamiento sexual transmite un mensaje a decodificar. Si toda forma de abuso sexual, protagonizada por c\u00e9libes y no c\u00e9libes, es b\u00e1sicamente un abuso de poder, lo que est\u00e1 en cuesti\u00f3n es, en definitiva, el modo de vincularnos de las personas, c\u00f3mo nos percibimos y que uso hacemos de la natural asimetr\u00eda que se da, por ejemplo, entre un sacerdote y un joven, entre un formador y un seminarista, entre un obispo y sus fieles.<br \/>\nEste dato, para la conciencia eclesial, es precioso. La Iglesia es sacramento de comuni\u00f3n que involucra a las Personas divinas con las personas humanas. Adem\u00e1s, el ministerio pastoral ubica al ministro ordenado en una rica trama de relaciones. La figura del pastor es esencialmente relacional y al servicio de la comuni\u00f3n. El servicio no es, primariamente, un imperativo moral. Es un rasgo cristol\u00f3gico que define la naturaleza de la Iglesia y del ministerio pastoral. \u00bfC\u00f3mo se ayuda entonces a un seminarista a asumir como forma de existencia personal la <em>forma servi<\/em> de Cristo? El pastor es signo sacramental de Cristo Cabeza. Pero, para ser cabeza y pastor de la comunidad debe vivir antes la condici\u00f3n de hermano, esposo y servidor, a imagen de Jes\u00fas. En la Iglesia, sacramento universal de salvaci\u00f3n, lo humano es esencial: es la expresi\u00f3n visible del misterio de comuni\u00f3n. Cuenta, por tanto, la buena salud del sistema de relaciones que constituye la trama de una iglesia diocesana, de una parroquia o de un seminario.<br \/>\nLos obispos argentinos tenemos la problem\u00e1tica de los abusos en nuestra agenda desde el a\u00f1o 2010. Despu\u00e9s de que Benedicto XVI mandara que cada conferencia episcopal adaptara la nueva normativa can\u00f3nica sobre los abusos, la Conferencia Episcopal Argentina prepar\u00f3 unas L\u00edneas Gu\u00eda, aprobabas en 2013. Con el visto bueno de la Congregaci\u00f3n de la Fe, constituyen el protocolo de acci\u00f3n hoy en vigencia para responder a las denuncias. Estas L\u00edneas han sido muy bien recibidas por los obispos. Dan claridad y agilidad a un proceso que antes se mostraba m\u00e1s oscuro y engorroso. Son, sin embargo, perfectibles. Entre otros, hoy se discuten estos puntos: sentido exacto del secreto pontificio, pronta colaboraci\u00f3n con la justicia secular, transparencia e informaci\u00f3n a las v\u00edctimas de los procesos en curso, informaci\u00f3n a la opini\u00f3n p\u00fablica, etc. Un cap\u00edtulo aparte es el de las penas proporcionadas a este delito. Por una parte, soy de la opini\u00f3n que el recurso a la justicia secular es indispensable: el cl\u00e9rigo abusador debe responder ante ella. Tenemos que trabajar proactivamente para mejorar nuestra colaboraci\u00f3n con la justicia del pa\u00eds. Desde un punto de vista eclesial, opino que un solo caso de abuso afecta la idoneidad del cl\u00e9rigo para ejercer el ministerio. La pena adecuada no es otra que la dimisi\u00f3n del estado clerical. De todos modos, existe hoy una saludable discusi\u00f3n en la Iglesia sobre estos temas.<br \/>\nRecientemente se ha abierto otro cap\u00edtulo en el abordaje del problema por parte de la Conferencia Episcopal Argentina. En la 113 Asamblea Plenaria del pasado mes de mayo, los obispos aprobamos la creaci\u00f3n de un \u201cConsejo pastoral para la protecci\u00f3n de Menores y Adultos vulnerables\u201d. Su finalidad fundamental es abordar la prevenci\u00f3n de los abusos. Hemos aprovechado la experiencia de otros episcopados y de la Santa Sede en esta materia. Entre sus objetivos est\u00e1 la capacitaci\u00f3n de agentes de pastoral: desde los propios obispos hasta los laicos que trabajan en parroquias y colegios cat\u00f3licos. El criterio b\u00e1sico es romper el silencio. El abuso es visto como abuso de poder que se expresa a trav\u00e9s de comportamientos sexuales. El enfoque es sist\u00e9mico, atento a todas las dimensiones de esta compleja realidad. Busca tambi\u00e9n trabajar en red con el Estado y otras organizaciones civiles que se ocupan de este problema social.Procura tambi\u00e9n que cada di\u00f3cesis constituya una comisi\u00f3n similar. Las arquidi\u00f3cesis de Paran\u00e1 y Mendoza han dado pasos en esta materia. Habr\u00e1 que observar su aprendizaje.<br \/>\n\u00bfSon suficientes estos avances? \u00bfEst\u00e1n en la buena direcci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 camino tenemos por delante en la Iglesia argentina? \u00bfQu\u00e9 decisiones y acciones deben concretarse en la Conferencia Episcopal, en cada di\u00f3cesis, pastores y comunidades?<br \/>\nAmedeo Cencini acaba de publicar una investigaci\u00f3n que lleva el sugerente t\u00edtulo: \u00bf<em>Ha cambiado algo en la Iglesia despu\u00e9s de los esc\u00e1ndalos sexuales? <\/em>(Salamanca, 2016, editorial S\u00edgueme). Repasa con realismo los pasos dados, pero tambi\u00e9n los numerosos escollos que todav\u00eda quedan por superar. En breve: hay declaraciones de los Papas y normas can\u00f3nicas muy claras. Sin embargo, la cultura que hizo posible los abusos y su encubrimiento sigue presente en demasiadas mentalidades, tanto laicales como clericales. El trabajo por delante se presenta arduo.<br \/>\nAl inicio de este art\u00edculo me he preguntado si la Iglesia en la Argentina estaba preparada para esta crisis. No tengo una respuesta sencilla y definitiva. Yo mismo me lo pregunto, una y otra vez. Puedo dar testimonio de la seriedad con que los obispos argentinos han asumido el tema. Me ha tocado guiar sus reflexiones en varias ocasiones, siempre con la sensaci\u00f3n de estar provocando mucho dolor e inquietud. He podido constatar tambi\u00e9n que esta dolorosa y dif\u00edcil problem\u00e1tica necesita tiempo para que madure la conciencia sobre las dimensiones del problema, se superen algunos enfoques parciales o equivocados y, sobre todo, se asuman con humildad los errores y, de esta forma, se est\u00e9 en condiciones de aprender a dar una respuesta no s\u00f3lo eficaz sino profundamente evang\u00e9lica a los desaf\u00edos que esta crisis ha sacado a la luz. Experimento en todo este proceso un fuerte sentido penitencial como camino de una Iglesia en estado de purificaci\u00f3n. O de conversi\u00f3n pastoral, como se\u00f1ala Francisco.<br \/>\nEl punto clave, desde el Evangelio, es enfocar esta crisis con la mirada de Jes\u00fas, el buen samaritano, que es la mirada de las v\u00edctimas. En algunas di\u00f3cesis del pa\u00eds se han dado pasos en esta direcci\u00f3n. No es f\u00e1cil, pues en esta fase de la crisis, las v\u00edctimas desconf\u00edan de nosotros, de nuestras reales intenciones y de la capacidad que tengamos de cambiar realmente. Sin embargo, hasta tanto no se d\u00e9 esta apertura a las v\u00edctimas \u2013 como ya lo han experimentado otras Iglesias hermanas y los mismos papas Benedicto y Francisco \u2013 no vamos a estar en condiciones de procurar una respuesta a fondo a este drama humano que sacude a la Iglesia. Porque la Iglesia ha sido herida: las v\u00edctimas de los cl\u00e9rigos abusadores son, en su inmensa mayor\u00eda, bautizados que nos fueron confiados y a quienes no supimos proteger. Como creyente y como pastor escucho aqu\u00ed la llamada del Se\u00f1or. <\/p>\n<p><em>El autor es Obispo de San Francisco y Presidente de la Comisi\u00f3n Episcopal de Ministerios.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La crisis de los abusos sexuales ha llegado a la Iglesia en la Argentina. 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