{"id":14195,"date":"2017-11-12T12:33:00","date_gmt":"2017-11-12T15:33:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14195"},"modified":"2017-11-12T12:33:00","modified_gmt":"2017-11-12T15:33:00","slug":"el-perfil-religioso-de-la-rusia-de-putin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14195","title":{"rendered":"El perfil religioso de la Rusia de Putin"},"content":{"rendered":"<p>Para muchos analistas, el 11S, es decir, el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, signific\u00f3 \u201cel regreso de la religi\u00f3n\u201d al primer plano de las relaciones internacionales. Sin embargo, desde un \u00e1ngulo del propio pensamiento occidental, Samuel P. Huntington advert\u00eda a mediados de los \u201990, en plena euforia \u2013ingenua\u2013 neoliberal, que los choques en el presente y futuro ser\u00edan intercivilizatorios y, como tales, contendr\u00edan viejas fracturas religiosas, incluso en el mundo de la cristiandad, tan amplio como el musulm\u00e1n. Desde otro v\u00e9rtice del mismo pensamiento, enrolados en una l\u00ednea postestructuralista, la religi\u00f3n \u201cnunca se hab\u00eda ido\u201d, pues estuvo presente en la Paz de Westfalia, con su orden estatal y moderno posterior, aunque representando s\u00f3lo a los Estados cristianos, invisibilizando a los Estados e imperios contempor\u00e1neos, como el chino, el egipcio, el turco-otomano y algunos m\u00e1s, no creyentes en Cristo.<br \/>\nEn una l\u00ednea coherente con la occidentalista, toda vez que se la considera un \u201cproducto importado\u201d de Occidente \u2013no olvidemos que el tren blindado que llevaba a Lenin parti\u00f3, financiado por los alemanes, desde Suiza\u2013, la Revoluci\u00f3n bolchevique \u2013hace 100 a\u00f1os, en la lejana y supuestamente \u201catrasada\u201d y \u201cb\u00e1rbara\u201d Rusia\u2013 prefiri\u00f3 intentar anular la condici\u00f3n religiosa del pueblo, imponiendo a sangre y fuego el ate\u00edsmo.<br \/>\nLa religi\u00f3n fue enemiga de la modernidad racionalista y a\u00fan hoy, mucho m\u00e1s, de la postmodernidad, que ha hegemonizado el discurso y las pr\u00e1cticas sociales europeas desde los a\u00f1os \u201890. La excepci\u00f3n son dos pa\u00edses: fuera de Europa, los Estados Unidos de Trump; y dentro de Europa, aunque a\u00fan hoy cueste reconoc\u00e9rsela como tal, la Rusia de Putin. En estas l\u00edneas analizaremos su car\u00e1cter no revolucionario en tres planos: el discursivo, el hist\u00f3rico y el pol\u00edtico.<br \/>\nSi el lector se toma el trabajo de leer el discurso del Presidente ruso con motivo de un reciente festejo oficial que coincidi\u00f3 con el d\u00eda posterior al atentado terrorista de la Rambla de Catalu\u00f1a, Putin expuso de manera elocuente, a prop\u00f3sito de la inmigraci\u00f3n ilegal, la postmodernidad y sus \u201cmales\u201d (feminismo radicalizado y culto a la homosexualidad), y el car\u00e1cter timorato de los liderazgos europeos, una especie de conservadorismo moralista, muy distante de los est\u00e1ndares a los que hoy nos tiene habituados el discurso \u201coficial\u201d o \u201cpol\u00edticamente correcto\u201d de Occidente.<br \/>\nEn efecto, all\u00ed Putin replic\u00f3 el testimonio habitual de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, que a trav\u00e9s de su principal vocero, el Patriarca Kirill, suele denunciar el ataque de Occidente a la diferencia o desigualdad \u201cnatural\u201d de sexos; el avance pol\u00edtico de la sonora minor\u00eda \u201cgay\u201d, con la imposici\u00f3n de sus pol\u00edticas sectoriales; el retroceso de la familia tradicional; las graves consecuencias de tales acciones p\u00fablicas, es decir, el aumento de la soledad, el decrecimiento o estancamiento demogr\u00e1fico frente a otras civilizaciones; el intento de reemplazo de la religi\u00f3n por otro \u201cplacebos\u201d postmodernos, algunos \u201cpac\u00edficos\u201d pero igualmente destructivos en el largo plazo, como el uso indiscriminado de drogas; otros violentos, como el terrorismo, etc. El vac\u00edo existencial nos conduce lenta pero inexorablemente al autoexterminio de la especie humana (1).<br \/>\nTodo ello explica por qu\u00e9 la Revoluci\u00f3n bolchevique se celebra en su centenario, en todo el mundo, incluso en algunos lugares de los Estados Unidos, menos en Rusia, donde se vive un momento hist\u00f3rico absolutamente antirrevolucionario o postrrevolucionario (2).<br \/>\nClaramente, la Iglesia Ortodoxa Rusa tiene el monopolio estatal y, como tal, bastante ayuda oficial, particularmente en el per\u00edodo Yeltsin, donde, sin embargo, a trav\u00e9s del Patriarca Alexei II, no cuestion\u00f3 p\u00fablicamente al l\u00edder ruso, por su acendrado pro-occidentalismo en aquellos a\u00f1os \u201990 (3 y 4).<br \/>\nVale la pena recordar el interregno bolchevique de casi siete d\u00e9cadas, donde, imitando el modelo racionalista y jacobino de la Revoluci\u00f3n Francesa, algunas de las pr\u00e1cticas m\u00e1s coercitivas fueron implementadas en nombre de la racionalidad y la \u201cguerra al oscurantismo\u201d, y en contra de la cultura y la religi\u00f3n rusas. Se estuvo a punto de popularizar el alfabeto cir\u00edlico y hasta de reemplazarlo por el latino. El calendario juliano que usaban la Iglesia Ortodoxa y los Romanov fue reajustado al europeo para exhibir el atraso en el que se viv\u00eda en la era presovi\u00e9tica. Se separ\u00f3 dr\u00e1sticamente la Iglesia del Estado, se public\u00f3 una Biblia \u201ccient\u00edfica\u201d, hubo adoctrinamiento en contra de los templos y el incienso, en favor del humo de las f\u00e1bricas y hasta se impusieron nombres revolucionarios a los beb\u00e9s reci\u00e9n nacidos (Ba\u00f1a y Stefanoni, 2017).<br \/>\nLa represi\u00f3n fue feroz: se calcula que, antes de la Revoluci\u00f3n bolchevique, en 1917, hab\u00eda 150 templos cat\u00f3licos tan s\u00f3lo en la parte europea de Rusia, pero en 1939, con Stalin en el poder, todos ellos fueron aniquilados (L\u00f3pez, 1997) (5).<br \/>\nLa Rusia postsovi\u00e9tica revirti\u00f3 dram\u00e1ticamente este proceso. Boris Yeltsin pas\u00f3 a depender de los poderes f\u00e1cticos hist\u00f3ricos rusos, entre otros, la Iglesia Cristiana Ortodoxa. La controvertida Ley sobre la Libertad de Conciencia y las Asociaciones Religiosas, de septiembre de 1997, fue denunciada por los lobbies cat\u00f3licos \u2013el propio Vaticano liderado por Juan Pablo II y protestantes (el Senado norteamericano)\u2013, quienes consideraban que amenazaba gravemente su libertad de acci\u00f3n en Rusia y colocaba a la Iglesia Ortodoxa en una injusta situaci\u00f3n de privilegio. All\u00ed se inclu\u00eda al \u00abcristianismo\u00bb \u2013un t\u00e9rmino deliberadamente global\u2013 entre las religiones tradicionales, junto al juda\u00edsmo, el Islam y el budismo. La norma generaba una manifiesta inequidad: mientras reconoc\u00eda \u00abel rol especial jugado por la Iglesia Ortodoxa en la historia espiritual y cultural de Rusia\u201d, establec\u00eda que los otros \u00abgrupos\u00bb religiosos deb\u00edan demostrar su existencia legal en Rusia durante al menos 15 a\u00f1os para convertirse en \u00aborganizaciones\u00bb, con plenos derechos (L\u00f3pez, 1997) (L\u00f3pez, 1998)(6 y 7).<br \/>\nSin embargo, cabe subrayar que la Iglesia Ortodoxa tampoco es tan homog\u00e9nea como asoma a primera vista. El entierro oficial de los restos de la familia imperial Romanov, asesinada en Ekaterimburgo (Sverdlovsk) el 17 de julio de 1918, gener\u00f3 fuerte controversia entre los miembros de la nobleza y sobre todo en el seno de la Iglesia, cuando el Patriarca evit\u00f3 discutir con la rama de la Iglesia en el exilio, con la que intentaba reconciliarse, que ya hab\u00eda canonizado a Nicol\u00e1s II por la autenticidad de los restos exhumados (L\u00f3pez, 1997) y (L\u00f3pez, 1998) (8).<br \/>\nNo conforme con esta primac\u00eda pol\u00edtica dom\u00e9stica, la Iglesia Ortodoxa Rusa desempe\u00f1a adicionalmente un rol fundamental en el softpower ruso de la era putinista. Concretamente, se dedica tanto a la protecci\u00f3n de las minor\u00edas nacionales rusas en los pa\u00edses postsovi\u00e9ticos, influyendo sobre el gobierno federal, en aras de utilizar los mecanismos de Derecho Internacional, como acuerdos y tratados internacionales, v\u00eda organismos multilaterales europeos, el Consejo Mundial de Iglesias y la Conferencia de Iglesias Europeas, y tambi\u00e9n a repeler \u201cla agresiva infiltraci\u00f3n\u201d de confesiones extranjeras como el catolicismo y el protestantismo m\u00e1s algunas sectas, que usan pr\u00e1cticas \u201csubversivas\u201d, manipulando la doctrina y los s\u00edmbolos ortodoxos, para enga\u00f1ar a los nuevos creyentes (Sergunin, 2008 :87-88) (9).<br \/>\nPutin como Presidente y Medvedev como Primer Ministro suelen acompa\u00f1ar las ceremonias del Patriarca Kirill como devotos cristianos ortodoxos, m\u00e1s all\u00e1 del estado civil de divorciado del propio Putin. Tambi\u00e9n los curas ortodoxos est\u00e1n presentes, cada vez que hay desfiles militares como el de los 9 de mayo, recordando el \u201cD\u00eda de la Victoria\u201d sobre los nazis en la Plaza Roja de Mosc\u00fa, o cada vez que es necesaria la bendici\u00f3n a los aviones rusos que parten a Siria o las tropas terrestres para defender el basti\u00f3n de Crimea del Ej\u00e9rcito de Kiev. As\u00ed, la Iglesia Cristiana Ortodoxa, una de las instituciones m\u00e1s conservadoras del mundo, est\u00e1 permanentemente presente al lado del Estado ruso, como en los viejos tiempos de los zares, generando una simbiosis muy dif\u00edcil de entender seg\u00fan los c\u00e1nones postmodernos occidentales.<br \/>\nComo corolario, la religi\u00f3n, a pesar de tantos embates, est\u00e1 m\u00e1s presente y viva que nunca en la Rusia contrarrevolucionaria de Putin y \u00e9ste la ampara desde el Kremlin, porque la retroalimentaci\u00f3n les conviene a ambos: a la elite pol\u00edtica rusa y al patriarcado moscovita. La paradoja es que Putin naci\u00f3 en San Petersburgo, la ciudad m\u00e1s europea y moderna que su admirado Pedro El Grande hab\u00eda so\u00f1ado se erigiese como contracara cultural y pol\u00edtica progresista de Mosc\u00fa, la ciudad militar y clerical por antonomasia.<\/p>\n<p><em>El autor es polit\u00f3logo, profesor universitario, consultor y analista pol\u00edtico en medios de comunicaci\u00f3n.<\/em><br \/>\nmarcelomontes.com<br \/>\nconsultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar<br \/>\nTwitter (@marceloomontes), Linked In y Google +.<\/p>\n<p><strong>Fuentes de consulta<\/strong>:<br \/>\nBA\u00d1A, Mart\u00edn, STEFANONI, Pablo, Todo lo que necesit\u00e1s saber de la Revoluci\u00f3n Rusa, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2017.<br \/>\nLOPEZ, Luis Mat\u00edas, \u201cEl presidente ruso firma la pol\u00e9mica ley de religi\u00f3n\u201d, en Diario <em>El Pa\u00eds<\/em>, Madrid, Espa\u00f1a, s\u00e1bado 27 de setiembre de 1997.<br \/>\nLOPEZ, Luis Mat\u00edas, \u201cBoris Yeltsin viaja a Roma con un trasfondo de fricciones entre las Iglesias Cat\u00f3lica y Ortodoxa\u201d, en Diario <em>El Pa\u00eds<\/em>, Madrid, Espa\u00f1a,  lunes 9 de febrero de 1998.<br \/>\nSERGUNIN, Alexander, \u201cRussian Foreign Policy Decision Making on Europe\u201d, Palgrave Macmillan, New York, Estados Unidos, 2008.<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1. Hay que recordar que Rusia adopt\u00f3 la cristiandad ortodoxa en el a\u00f1o 988 y, eventualmente se convirti\u00f3 en el \u201cbasti\u00f3n de la ortodoxia\u201d despu\u00e9s de la ca\u00edda de Constantinopla a manos de los turcos en 1453.  Iv\u00e1n III, quien se convirti\u00f3 en Zar de Mosc\u00fa en 1462, unific\u00f3 al grueso de las comunidades eslavas y su matrimonio con la nieta del \u00faltimo Emperador de Bizancio -la \u201cSegunda Roma\u201d, le dio el derecho a ser el sucesor de los C\u00e9sares romanos-. Mosc\u00fa as\u00ed, se convirti\u00f3 en la \u201cTercera Roma\u201d, lo cual es exhibido por los cristianos ortodoxos, como el \u00faltimo reducto de la verdadera civilizaci\u00f3n cristiana. Luego, Iv\u00e1n IV, se convertir\u00eda en el primer Zar de los Rus en 1547, empezando la expansi\u00f3n imperial rusa hacia el este, logrando que Rusia arribe al Pac\u00edfico, en el siglo XVII. En los siglos XVII y XVIII, Rusia por fin, avanzar\u00eda hacia el norte y el oeste de Europa, para constituirse as\u00ed en un actor europeo y asi\u00e1tico de enorme relevancia geopol\u00edtica, algo que hoy se suele olvidar en las capitales europeas.<br \/>\n 2. A ello puede agregarse una dimensi\u00f3n pol\u00edtica. En los \u00faltimos 15 a\u00f1os, se han producido varias \u201crevoluciones de colores\u201d, tanto en el mundo postsovi\u00e9tico (la \u201cNaranja\u201d y el \u201cEuromaid\u00e1n\u201d en Ucrania, otras m\u00e1s en Georgia, Kirguist\u00e1n, Bielorrusia, etc.) como en musulm\u00e1n (la \u201cPrimavera Arabe\u201d), en todas las cuales, Putin advierte cierta intervenci\u00f3n americana, de una u otra forma, por lo que cualquier revoluci\u00f3n, sobre todo, si se produjese en la propia Rusia, tendr\u00eda un componente claramente de intervenci\u00f3n norteamericana. La estabilidad se ha convertido en el valor supremo preferencial del r\u00e9gimen putinista y as\u00ed tambi\u00e9n lo revelan, las encuestas: una abrumadora mayor\u00eda rusa quiere \u201corden\u201d.<br \/>\n3. De todos modos, fue Yeltsin quien reconoci\u00f3 p\u00fablicamente los muchos cr\u00edmenes de la URSS y entre otros, el magnicidio de la familia imperial Romanov, a quienes se dio cristiana sepultura finalmente, luego de un prolongado, engorroso y discutido proceso.<br \/>\n4. Respecto a los musulmanes, constituyen el 15 % de la poblaci\u00f3n rusa y el ritmo de construcci\u00f3n de mezquitas en las principales ciudades, es incesante.<br \/>\n5. Aun as\u00ed, en otra muestra de la ineficacia e inutilidad de estas pr\u00e1cticas desde el poder, en contra de las tradiciones, hasta el d\u00eda de hoy, en muchos hogares rusos, casi por inercia, no se festeja la Navidad el 25 de diciembre, sino el 7 de enero y la fiesta tradicional por antonomasia, es el 31 de diciembre, el A\u00f1o Nuevo, en consonancia con la tradici\u00f3n cristiana ortodoxa, previa a la Revoluci\u00f3n.<br \/>\n6. Evangelistas, bautistas, pentecostales e incluso ortodoxos disidentes, sospechan que la Iglesia Ortodoxa oficial, a la que respaldaban el Kremlin y el Parlamento, est\u00e1 dirigida por ex agentes del KGB que eran funcionales al poder sovi\u00e9tico.<br \/>\n7. Desde el Cisma de 1054, las relaciones entre la Iglesia Cat\u00f3lica y la Cristiana Ortodoxa fueron siempre tensas, por razones de pol\u00edtica y poder. El Patriarcado de Mosc\u00fa intenta garantizar la soberan\u00eda sobre su territorio tradicional, y considera que la actividad de los cat\u00f3licos es proselitista e incluso violenta, sobre todo en Ucrania. Asimismo, la Iglesia Cat\u00f3lica se queja del trato que reciben los cat\u00f3licos, tanto en territorio ruso como ucraniano, a\u00fan hoy, como bien lo plante\u00f3 Monse\u00f1or Parol\u00edn, el Secretario de Estado del Vaticano, en su \u00faltima visita a Mosc\u00fa. Juan Pablo II, a pesar de la invitaci\u00f3n formulada por el l\u00edder sovi\u00e9tico Gorbachov, jam\u00e1s pudo visitar la capital del viejo Imperio. Tampoco los dos Papas posteriores, por la presi\u00f3n en contrario del Patriarca sobre los Presidentes rusos, que s\u00ed visitaron el Vaticano, varias veces.<br \/>\n8. Resulta realmente parad\u00f3jico que, quien como Secretario regional del PCUS, ocultando pruebas como un fiel bur\u00f3crata sovi\u00e9tico, decidiese convertir en una especie de mausoleo viviente y popular, el escenario del magnicidio, fue el mismo, que como Presidente de Rusia, resolvi\u00f3 exhumar e identificar los cad\u00e1veres imperiales que hab\u00edan sido rociados con \u00e1cido sulf\u00farico, tras el crimen: Boris Yeltsin. (L\u00f3pez, 1997) (L\u00f3pez, 1998).<br \/>\n9. Si bien Putin se ha entrevistado con el Papa Francisco en un par de oportunidades, \u00e9ste \u00faltimo se ha abrazado con el Patriarca Kirill, Monse\u00f1or Parolin, el Secretario de Estado de la Santa Sede, ha visitado Mosc\u00fa recientemente, tras 19 a\u00f1os y se ha acordado la exposici\u00f3ny veneraci\u00f3n p\u00fablica de los restos de San Nicol\u00e1s de Bari en la capital rusa, estos gestos de reencuentro entre las dos Iglesias, no dejan de ser s\u00f3lo s\u00edmbolos de una cierta confraternidad ante temores y problemas mundiales comunes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para muchos analistas, el 11S, es decir, el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, signific\u00f3 \u201cel regreso de la religi\u00f3n\u201d al primer plano&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,971],"tags":[14,2259,643,1467,211,646,186,2260],"class_list":["post-14195","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-internacional","tag-iglesia","tag-iglesia-ortodoxa-rusa","tag-internacional","tag-kirill","tag-politica","tag-putin","tag-rusia","tag-yeltsin"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3GX","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14195","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14195"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14195\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14198,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14195\/revisions\/14198"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14195"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14195"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14195"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}