{"id":14216,"date":"2017-11-12T17:05:51","date_gmt":"2017-11-12T20:05:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14216"},"modified":"2017-11-12T17:05:51","modified_gmt":"2017-11-12T20:05:51","slug":"la-taumaturgia-del-arte-en-mujica-lainez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14216","title":{"rendered":"La taumaturgia del arte en Mujica L\u00e1inez"},"content":{"rendered":"<p><em>A 55 a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de <\/em>Bomarzo<em>, no s\u00f3lo implica disfrutar de una gran novela sino descubrir la cultura y el arte italianos del siglo XVI.<\/em><\/p>\n<p>En 1827 Alessandro Manzoni public\u00f3 la primera edici\u00f3n de <em>I Promessi Sposi<\/em> (Los novios), notable novela hist\u00f3rica en la que idea el turbulento romance de Fermo y Lucia en la Lombard\u00eda de mediados del siglo XVII. Si bien con esta obra alcanz\u00f3 notoria celebridad, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, parad\u00f3jicamente, escribi\u00f3 un ensayo titulado Alegato contra la novela hist\u00f3rica fustigando ese g\u00e9nero literario pues se apartaba de la realidad de los hechos en tanto introduc\u00eda \u201cen un ca\u00f1amazo hist\u00f3rico una vicisitud fant\u00e1stica\u201d; entend\u00eda el autor que este m\u00e9lange era un dem\u00e9rito ya que la fantas\u00eda abandonaba la realidad hist\u00f3rica que es lo que su ideario pol\u00edtico de entonces le obligaba a destacar.<br \/>\nLa objeci\u00f3n manzoniana de quitarle valor a la novela hist\u00f3rica ya que ese tipo de relato, al que juzgaba \u201ch\u00edbrido\u201d, no se ajustaba a lo que entendemos por historia \u2013la que, no olvidemos, es narraci\u00f3n y en consecuencia, adscrita tambi\u00e9n a la \u00f3rbita del relato\u2013 no es atendible ya que en el campo del arte esa amalgama de historia y fantas\u00eda es leg\u00edtima. Producto de ella, por ejemplo, han surgido obras celeb\u00e9rrimas como Salammb\u00f4 de Gustave Flaubert (1862) o las M\u00e9moires d\u2019 Hadriane de Marguerite Yourcenar (1951), por s\u00f3lo mencionar dos casos tan notables como conocidos.<br \/>\nLa referida objeci\u00f3n tampoco es aplicable, ciertamente, a <em>Bomarzo<\/em>, obra que Manuel Mujica L\u00e1inez public\u00f3 en 1962, constituyendo la primera de un tr\u00edptico de novelas hist\u00f3ricas; las otras dos son <em>El Unicornio<\/em> (1965), ambientada en el mundo fe\u00e9rico de la Francia del Medievo, y <em>El Laberinto<\/em> (1974), en la que, desde la mirada de un ni\u00f1o, revive el Siglo de Oro espa\u00f1ol. Con antelaci\u00f3n a estos relatos Manucho ya hab\u00eda mixturado lo hist\u00f3rico con lo fant\u00e1stico en contarios como lo son <em>Misteriosa Buenos Aires<\/em> o <em>Aqu\u00ed vivieron<\/em>, que ya forman parte de nuestros \u201ccl\u00e1sicos\u201d.<br \/>\nCuando, en 1977, lo visit\u00e9 en \u201cEl Para\u00edso\u201d le pregunt\u00e9 por cu\u00e1l de sus obras guardaba predilecci\u00f3n. Sin dudar me respondi\u00f3 \u201cpor <em>El Laberinto<\/em>\u201d, quiz\u00e1 porque entonces era la \u00faltima de sus grandes creaciones; no s\u00e9 si con los a\u00f1os mantuvo ese parecer.<br \/>\nBomarzo goz\u00f3 de inmediato de popularidad y por ella, poco tiempo despu\u00e9s, su autor recibi\u00f3 el Premio Nacional de Literatura. Se trata de una obra notable en la que el novelista, entremezclando realidad y fantas\u00eda, nos cuenta la historia de un extra\u00f1o personaje del Renacimiento italiano, Pier Francesco Orsini (familiarmente, Vicino), duque de Bomarzo. Este ser, al que Manucho \u2013con la libertad que otorga el arte\u2013 imagina \u201ccontrahecho, c\u00ednico e intrigante\u201d, encarg\u00f3 al renombrado arquitecto y paisajista Pirro Ligorio \u2013que entonces excavaba Villa Adriana, en T\u00edvoli\u2013 proyectar en lo que otrora fue villa Orsini un ex\u00f3tico parque \u2013el \u201cBosque sacro\u201d o \u201cParque de los monstruos\u201d \u2013 que deb\u00eda ser ornado por figuras fant\u00e1sticas, mayormente grotescas, en piedra volc\u00e1nica que, am\u00e9n de asombro (el tha\u00fbma de los griegos), hoy provocan fascinaci\u00f3n y, al mismo tiempo, espanto. Esta zoolog\u00eda multiforme y bestial se presenta como un enigma a descifrar, sobre el que el novelista, en el relato, sugiere algunas pistas.<br \/>\nBomarzo, en tanto localidad geogr\u00e1fica, es una comuna de la provincia de Viterbo, en la regi\u00f3n del Lacio, situada a una hora al norte de Roma en la que, pese al paso de casi tres milenios, a\u00fan se advierten ciertos vestigios etruscos. Mujica L\u00e1inez la visit\u00f3 por sugerencia de sus amigos el pintor Miguel Ocampo y el poeta \u201cWilly\u201d Whitelow, a quienes est\u00e1 dedicada la novela. Preso del hechizo que le produjo ese extra\u00f1o bosque, comenz\u00f3 a tramar el relato en el trasatl\u00e1ntico en que regres\u00f3 a Buenos Aires. Seg\u00fan declar\u00f3, lo termin\u00f3 el 7 de octubre de 1961, \u201cen el aniversario de la batalla de Lepanto\u201d, episodio clave en la vida de Vicino, seg\u00fan leemos en la novela.<br \/>\nA mediados del siglo XVII Marzio Orsini, descendiente de la familia ducal, vendi\u00f3 el feudo de Bomarzo. Los a\u00f1os y la desidia cubrieron el boscaje de maleza, con todo, una que otra estatua, descollando entre matas y arbustos, a la vez que hac\u00eda patente la decadencia, despertaba curiosidad. As\u00ed, pues, las experimentaron por ejemplo Salvador Dal\u00ec y, a\u00f1os despu\u00e9s, Manucho. En 1952 el Municipio adquiri\u00f3 el palazzo y, seguidamente, Giovanni Bettini el predio donde se hallaba el \u201cParque de los monstruos\u201d; con el nuevo propietario se inici\u00f3 la recuperaci\u00f3n de ese mundo fant\u00e1stico.<br \/>\nPier F. Orsini fue un personaje hist\u00f3rico sobre el que se discute la fecha de su nacimiento: \u00bf1512, 1523 o acaso 1528? Mujica se inclina por la primera de ellas. En cambio, sabemos con certeza que en 1535, debido a la muerte dudosa de su hermano, se convirti\u00f3 en Duque de Bomarzo, y lo fue hasta su muerte, en 1585, vale decir, cincuenta a\u00f1os al frente del ducado.<br \/>\nLas quinientas p\u00e1ginas que conforman este abigarrado friso renacentista est\u00e1n distribuidas en once cap\u00edtulos vertebrados en torno de la siniestra figura del Duque de quien, al iniciarse la novela, ficticiamente, se cuenta que el astr\u00f3logo Sandro Benedetto traz\u00f3 su hor\u00f3scopo. En esa carta natal el augur advirti\u00f3 \u201cimportantes contradicciones en la cartograf\u00eda de mi existencia\u201d \u2013dice Pier F. Orsini\u2013 donde, a la par que \u201cel mal\u00e9fico Saturno, agresivamente ubicado, me presagiaba desgracias infinitas\u201d, sorprend\u00eda la \u201cabsurda proyecci\u00f3n de mi existencia a lo largo de un espacio sin l\u00edmite\u201d, con lo que parec\u00eda vaticinarle un sitio en la eternidad. He aqu\u00ed la excusa del autor para referir que si bien el Duque, como cualquier ser humano, estaba condenado a morir, merced a una circunstancia azarosa, habr\u00eda de alcanzar la inmortalidad prenunciada por el astr\u00f3logo.<br \/>\nMagistral la descripci\u00f3n, en ocasiones grotesca, de esta creatura de ficci\u00f3n \u2013antojadiza, c\u00ednica y cruel\u2013 que, al igual que en la mayor parte de las obras de Mujica, evoca su vida en primera persona narrativa; magistrales tambi\u00e9n las im\u00e1genes que dan viso de historicidad al relato. Leer <em>Bomarzo<\/em>, am\u00e9n del placer que provoca sumergirse en esa ficci\u00f3n, es tambi\u00e9n una manera de ingresar y conocer ese deslumbrante per\u00edodo de la cultura y el arte italianos.<br \/>\nAun cuando las personas y hechos de esta galer\u00eda aparecen revestidos de un realismo sorprendente \u2013as\u00ed Julia Farnese, Lorenzo Lotto, la batalla de Lepanto\u2026\u2013 la modalidad culterana y conceptista que les da cuerpo expresivo permite entender Bomarzo como una \u201cnovela manierista\u201d seg\u00fan la defini\u00f3, con acierto, Jorge Campos (1).<br \/>\nPersonajes y circunstancias imborrables desfilan en el relato, inmersos en una atm\u00f3sfera tenebrosa, donde suceden pasiones desenfrenadas e intrigas que, muchas veces, conducen a cr\u00edmenes aberrantes. Dignos de menci\u00f3n, entre otros casos, el encuentro del Duque con Benvenuto Cellini, el descubrimiento de Ariosto, la ca\u00edda de los M\u00e9dicis, la coronaci\u00f3n imperial de Carlos V, el amor de Vicino por Julia Farnese y, entre otras estampas, la famosa batalla de Lepanto. Al evocar este combate naval, cuenta que en la lid, en una emergencia, fue socorrido por un soldado de la armada espa\u00f1ola a quien, en agradecimiento, le obsequi\u00f3 su ejemplar de la obra de Ariosto del que nunca se desprend\u00eda. \u00c9ste, en cordial retribuci\u00f3n, le entreg\u00f3 el libro de un poeta castellano entonces desconocido. \u201cSac\u00f3 de su faltriquera \u2013cuenta el Duque\u2013 un volumen muy manoseado y Horacio ley\u00f3, a la luz escasa, que se trataba de las obras de Garcilaso de la Vega, publicadas el a\u00f1o anterior (\u2026). Durante el resto del viaje, le\u00ed los poemas de Garcilaso. S\u00f3lo entonces not\u00e9 en la segunda p\u00e1gina del ejemplar, la firma de quien me lo diera. Estaba trazada en dos l\u00edneas, unidas por el dise\u00f1o de la r\u00fabrica, y en ellas se apretaba un nombre que jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo de labio alguno: Miguel de Cervantes Saavedra. \u00a1Ay, si yo hubiera sabido, si hubiera adivinado!\u201d.<br \/>\nLa muerte es inevitable, mas si a \u00e9sta sigue el olvido, es la muerte definitiva. En el caso del Duque, cumpli\u00e9ndose el hor\u00f3scopo del astr\u00f3logo, no sucedi\u00f3 tal cosa ya que Manucho, inmortaliz\u00e1ndolo en su novela, lo substrajo del olvido. La taumaturgia de su arte le otorg\u00f3 una existencia sin ocaso y, por ese hecho, Vicino Orsini vive en sus p\u00e1ginas, imperturbable ante el transcurso del tiempo y ajeno a las contradicciones de la historia.<br \/>\nComo es sabido, <em>Bomarzo<\/em> sirvi\u00f3 de base para que Alberto Ginastera, en 1967, con libreto del propio Mujica, compusiera la \u00f3pera hom\u00f3nima. Un decreto con la firma del general Ongan\u00eda declaraba \u201cde inter\u00e9s cultural\u201d su estreno anunciado en el programa del Teatro Col\u00f3n, pero sorpresivamente, recurriendo al mecanismo oscurantista de la censura, fue prohibida ya que el propio Ongan\u00eda, a la hora de la representaci\u00f3n, consider\u00f3 necesario hacerlo \u201cpara el resguardo de la moralidad p\u00fablica\u201d (2). De manera parad\u00f3jica, casi al mismo tiempo, la \u00f3pera <em>Bomarzo<\/em> era calurosamente celebrada en la Embajada argentina en los Estados Unidos \u2013siendo embajador el Ing. \u00c1lvaro Alsogaray\u2013, luego de que la Washington Opera Society la estrenara con \u00e9xito en el Lisner Auditorium; poseo el programa de mano que me obsequi\u00f3 un amigo que asisti\u00f3 a esa representaci\u00f3n. En 1972, hace 45 a\u00f1os, esta \u00f3pera fue presentada en el Col\u00f3n.<br \/>\nSorteando los caprichos de los hombres \u2013la censura, las prohibiciones, la cr\u00edtica alocada\u2013 \u00f3pera y novela, merced a sus valores art\u00edsticos, desaf\u00edan triunfantes el paso de las horas.<\/p>\n<p><em>El autor es fil\u00f3logo, profesor consulto titular en la UBA y ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1. <em>\u00cdnsula<\/em>, 292 (1971) 11.<br \/>\n2. Sobre esa cuesti\u00f3n remito al estudio de Esteban Buch, <em>The Bomarzo Affaire: \u00f3pera, perversi\u00f3n y dictadura<\/em>, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A 55 a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de Bomarzo, no s\u00f3lo implica disfrutar de una gran novela sino descubrir la cultura y el arte italianos del&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[2270,1462,2269,2268],"class_list":["post-14216","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-bomarzo","tag-cultura","tag-mujica-lainez","tag-taumaturgia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3Hi","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14216","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14216"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14216\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14219,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14216\/revisions\/14219"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14216"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14216"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14216"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}