{"id":14297,"date":"2017-12-10T16:26:53","date_gmt":"2017-12-10T19:26:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14297"},"modified":"2017-12-10T16:26:53","modified_gmt":"2017-12-10T19:26:53","slug":"entre-roma-y-jerusalem","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14297","title":{"rendered":"Entre Roma y Jerusalem"},"content":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de participar de un coloquio con un abigarrado grupo donde se dejan o\u00edr distintos acentos latinoamericanos en <em>Abu Gosh<\/em>, a 18 kil\u00f3metros de Jerusalem y en el paisaje  del camino de Ema\u00fas, resulta dif\u00edcil imaginar mejor remate para integrar una identidad cristiana que peregrinar a Roma videre Petrum. Pedro es <em>il dolce Christo in terra<\/em>, en el decir airoso y filial de Catalina de Siena. Se trata de la visi\u00f3n de un mismo cristianismo en dos instancias que parte de sus or\u00edgenes jud\u00edos para expresarse en un extraordinario despliegue cultural e hist\u00f3rico.<br \/>\nA la novedad de asentar la mirada en las ra\u00edces, se suma la de conocer hermanos en la fe de distintas regiones, lo cual permite intercambiar experiencias con quienes construyen iglesias particulares en otras geograf\u00edas, siempre en el marco de la catolicidad. Es un mismo esp\u00edritu diversamente encarnado bajo un solo pastor. Como acaba de decir el Papa, la identidad del cristiano es ante todo relacional y cada uno con la suya participa de una edificaci\u00f3n com\u00fan. El pueblo construye el reino.<br \/>\nEn Jerusalem se recoge el legado de la imbricaci\u00f3n de los misterios cristianos en la matriz veterotestamentaria, constituyendo una unidad que desmiente el rechazo del marcionismo. Si algo se percibe con claridad en esa geograf\u00eda es que el Antiguo est\u00e1 en el Nuevo y el Nuevo en el Antiguo.<br \/>\nPero aquel paisaje palestino no puede ser m\u00e1s contrastante con una Roma deslumbrante en la magnificencia del poder papal, donde reverbera todo su esplendor hist\u00f3rico. El redentor del mundo pudo decir con propiedad \u201cbienaventurados los pobres\u201d porque era uno de ellos en su mejor expresi\u00f3n.<br \/>\nSon muy de agradecer los frutos de arte y cultura que est\u00e1n a la vista. Venero estas antiguas glorias como un regalo inestimable del pasado, que bien miradas deben remitir a la verdad esencial de una salvaci\u00f3n que privilegia a los m\u00e1s peque\u00f1os. Porque ellas no agotan la fe cristiana y es verdad que siendo tan importante y venerable, la romanidad no es una nota esencial de la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica.<br \/>\nPor eso en este pasaje de ida y vuelta, de occidente a oriente y de oriente a occidente, queda el deseo de volver a recuperar un tesoro raigal que casi sin darnos cuenta acaso se oscureci\u00f3 en el camino. La encarnaci\u00f3n del cristianismo en la cultura occidental no constituye sino una contingencia hist\u00f3rica que desde luego no puede limitar ni tampoco comporta un rasgo constitutivo del mensaje evang\u00e9lico, pero no por ello es menos providencial.<br \/>\nAhora la realidad incontrastable de la historia resplandece ante mis asombrados ojos. Simplemente porque Roma es un s\u00edmbolo del axis mundi, pero en primer lugar es la sede petrina y por eso fue, es y ser\u00e1 Roma. Pedro encamin\u00f3 sus pasos por la <em>V\u00eda Appia<\/em> hacia la Ciudad Eterna. No s\u00f3lo la estola, el incienso y los cirios encendidos sino toda una estructura fue encarnada por la nueva iglesia desde la matriz romana, incluso el <em>Pontifex Maximum<\/em>. La Iglesia fue heredera de esta tradici\u00f3n, como lo fue de la \u00e9tica jud\u00eda y de la filosof\u00eda griega, aunque ninguno de estos caracteres culturales sea intr\u00ednseco a la nueva fe redentora. En este sentido Roma no ha dejado de ser <em>caput mundi<\/em>, pero la mirada vuelve a Jerusalem.<br \/>\nUn sublime texto esculpido en lo alto por el ardiente amor de un santo es expresivo de ese sentir, y por eso cada vez que vuelvo a recordarlo su plenitud me inunda y su belleza me estremece: O quam luces, Roma. <em>Quam amoeno hic rides pospectu quantis ecllis antiquitatis monumentos. Sed nobilior tua gemma atque purior Christi Vicarius de quio una cive gloriaris<\/em>. <em>A MDCCCCLI<\/em> \u00a1Oh, c\u00f3mo brillas, Roma! C\u00f3mo resplandeces desde aqu\u00ed, con un panorama espl\u00e9ndido, con tantos monumentos maravillosos de antig\u00fcedad. Pero tu joya m\u00e1s noble y m\u00e1s pura es el Vicario de Cristo, del que te glor\u00edas como ciudad \u00fanica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de participar de un coloquio con un abigarrado grupo donde se dejan o\u00edr distintos acentos latinoamericanos en Abu Gosh, a 18 kil\u00f3metros de Jerusalem&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[124],"tags":[2300,1409,2301],"class_list":["post-14297","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-religiones","tag-jerusalem","tag-religiones","tag-roma"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3IB","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14297","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14297"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14297\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14300,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14297\/revisions\/14300"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14297"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14297"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14297"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}