{"id":14423,"date":"2018-01-07T09:53:31","date_gmt":"2018-01-07T12:53:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14423"},"modified":"2018-01-07T09:53:31","modified_gmt":"2018-01-07T12:53:31","slug":"un-ineludible-de-las-letras-nordicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14423","title":{"rendered":"Un ineludible de las letras n\u00f3rdicas"},"content":{"rendered":"<p><em>Rese\u00f1a de <\/em>Solo<em>, de August Strindberg (Madrid, 2016, ediciones M\u00e1rmora).<\/em><\/p>\n<p>Obra de los \u00faltimos a\u00f1os del narrador, dramaturgo y pintor sueco August Strindberg (1849-1912), constituye una suerte de confesi\u00f3n donde el autor da cuenta del tormento de su vida y de la elegida soledad que lo alej\u00f3 de conocidos, colegas y familiares.<br \/>\nAl tiempo que escribe sobre la libertad y la paz que percibe al quedar solo, no ahorra cr\u00edticas a toda la sociedad: \u201cCuando vuelvo a pensar en la vida social, en eso que se considera educaci\u00f3n, hallo que era s\u00f3lo una escuela para el vicio. Tener que ver continuamente lo feo es, para quien posee el sentido de la belleza, una tortura que te induce a considerarte un m\u00e1rtir. Verse obligado a cerrar los ojos ante las injusticias, por pura consideraci\u00f3n, es una escuela de hipocres\u00eda. Acostumbrarse a callar el propio punto de vista, tambi\u00e9n por consideraci\u00f3n, hace de uno un cobarde\u201d.<br \/>\nEscrib\u00eda en 2012 Elsa Fern\u00e1ndez-Santos, colaboradora cultural de <em>El Pa\u00eds<\/em> de Madrid: \u201cEl miedo y la ira de August Strindberg acabaron el 15 de mayo de 1912, hace ahora un siglo. Ese d\u00eda, un c\u00e1ncer de est\u00f3mago pon\u00eda fin a la vida de un escritor que, pese a los tortuosos fuegos cruzados de su car\u00e1cter, construy\u00f3 una obra que lo convierte no s\u00f3lo en un tit\u00e1n de la literatura n\u00f3rdica sino en uno de los padres indiscutibles del teatro moderno. Temeroso de todo, y pese a no creer nunca en nada, pidi\u00f3 que lo enterraran con una Biblia sobre el pecho. \u201cSalve cruz, \u00fanica esperanza\u201d, fueron sus \u00faltimas palabras. Ten\u00eda 62 a\u00f1os y viv\u00eda recluido en su casa, sin apenas recibir visitas, acechado por la esquizofrenia que marc\u00f3 no s\u00f3lo su vida sino tambi\u00e9n su obra\u201d.<br \/>\nIngmar Bergman, que llev\u00f3 a escena sus obras numerosas veces, dijo que leerlo le gustaba tanto como escuchar m\u00fasica. \u201cSu sueco \u2013afirmaba el gran cineasta\u2013 es incomparable\u201d. En efecto, se lo considera el padre de la literatura de su pa\u00eds. Explica el traductor Jes\u00fas Pardo de Santayana: \u201cStrindberg lo cambi\u00f3 todo. Puso a Suecia en el mapa de la cultura europea. La literatura sueca cobr\u00f3 el empaque de gran literatura de su mano\u201d. Franz Kafka escribi\u00f3: \u201cMe siento mucho mejor porque he le\u00eddo a Strindberg\u201d, y afirm\u00f3 que la genialidad de sus p\u00e1ginas est\u00e1 ganada a \u201cfuerza de pu\u00f1etazos\u201d. Javier Memba, de <em>El Mundo<\/em> de Madrid, recuerda que Henrik Ibsen, \u201cen la plenitud de su gloria, augur\u00f3 que la posteridad habr\u00eda de reservar un papel m\u00e1s grande a su colega sueco\u201d, y que Eugene O\u2019Neill lo calific\u00f3 de \u201cprecursor de toda la modernidad de nuestro presente teatro\u201d.<br \/>\nEn este peque\u00f1o libro, cuando anuncia la llegada de la primavera despu\u00e9s del largo invierno n\u00f3rdico, observa el autor el cambio de los a\u00f1os: \u201cEsta vez he aceptado la primavera como un hecho consumado y sin grandes esperanzas \u2013es primavera; dentro de poco, por tanto, volver\u00e1 a ser oto\u00f1o\u2013. Me sent\u00e9 en mi balc\u00f3n y me puse a mirar las nubes. Se nota en ellas que es primavera (&#8230;) A lo lejos tengo el margen de un bosque. Casi todo son pinos y abetos; es de un color verde oscuro, dentado, y constituye para m\u00ed lo m\u00e1s peculiar de la naturaleza sueca\u201d.<br \/>\nSu reclusi\u00f3n es enfermiza y su \u00e1nimo, discriminatorio: \u201cLas tardes van haci\u00e9ndose m\u00e1s largas, pero s\u00e9 por experiencia que no debo salir, pues ahora las calles y parques est\u00e1n habitados por personas desdichadas, que no pueden viajar al campo\u201d. Hacia el final, como un d\u00e9bil rayo de sol, contemplando la felicidad de una pareja que observa desde la ventana, anota: \u201cFeliz de haber llegado hasta el punto de poder alegrarme de la dicha de otros sin resto de pesar, sensaci\u00f3n de carencia o aprensiones imaginarias (&#8230;) Me volv\u00ed a mi casa, a mi soledad, mi trabajo y mis combates\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a de Solo, de August Strindberg (Madrid, 2016, ediciones M\u00e1rmora). 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