{"id":14534,"date":"2018-04-01T11:39:56","date_gmt":"2018-04-01T14:39:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14534"},"modified":"2018-04-04T15:58:52","modified_gmt":"2018-04-04T18:58:52","slug":"el-trabajo-casi-gratuito-de-las-monjas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14534","title":{"rendered":"El trabajo (casi) gratuito de las monjas"},"content":{"rendered":"<p><em>Este art\u00edculo fue publicado originalmente el 1 de marzo en el suplemento \u201cDonna, Chiesa, Mondo\u201d de <em>L\u2019Osservatore Romano<\/em>.<\/em><\/p>\n<p>La hermana Marie \u2013los nombres de las monjas son de fantas\u00eda\u2013 lleg\u00f3 a Roma desde \u00c1frica negra hace alrededor de veinte a\u00f1os. Desde entonces encuentra a religiosas provenientes de todo el mundo y hace un tiempo decidi\u00f3 dar testimonio de lo que ve y escucha en confidencia. \u201cRecibo a menudo a religiosas en situaci\u00f3n de servicio dom\u00e9stico decididamente poco reconocido. Algunas de ellas atienden en residencias de obispos o cardenales, otras trabajan en la cocina en estructuras de Iglesia y llevan a cabo tareas de catequesis y ense\u00f1anza. Algunas son empleadas al servicio de hombres de Iglesia, se levantan al amanecer para preparar el desayuno y se van a dormir una vez que dejaron servida la cena, la casa en orden, la ropa lavada y planchada\u2026 En este tipo de \u2018servicio\u2019 las hermanas no tienen un horario preciso y reglamentado, como los laicos, y su retribuci\u00f3n es aleatoria, a menudo muy modesta\u201d.<br \/>\nPero lo que m\u00e1s entristece a Sor Marie es que a esas monjas raramente se las invita a sentarse a la mesa que sirven. Entonces pregunta: \u201cUn eclesi\u00e1stico \u00bfcree que puede hacerse servir la comida por una religiosa y luego dejarla comer sola en la cocina?  \u00bfEs normal para un consagrado ser servido as\u00ed por otra consagrada, sabiendo que las personas consagradas destinadas a los trabajos dom\u00e9sticos siguen siendo mujeres, religiosas? \u00bfNuestra consagraci\u00f3n no es igual a la de ellos?\u201d. Un periodista romano, especializado en temas religiosos, incluso lleg\u00f3 a darles el sobrenombre de \u201cmonjas pizza\u201d, refiri\u00e9ndose justamente al trabajo que se les asigna.<br \/>\nProsigue la hermana Marie: \u201cTodo esto suscita en algunas religiosas una rebeli\u00f3n interior muy fuerte. Sienten una profunda frustraci\u00f3n pero tienen miedo de hablar porque hay, detr\u00e1s, historias muy complejas. En el caso de hermanas extranjeras venidas de \u00c1frica, Asia o Am\u00e9rica latina, a veces hay una madre enferma cuyos tratamientos terap\u00e9uticos fueron pagados por la congregaci\u00f3n de la hija religiosa, un hermano mayor que pudo realizar sus estudios en Europa gracias a la superiora\u2026 Si una de estas religiosas vuelve a su pa\u00eds, la familia no lo entiende. Le dir\u00e1: Pero \u00a1qu\u00e9 caprichosa eres! Estas monjas se sienten en deuda, atadas, y entonces callan. Adem\u00e1s por lo general provienen de familias muy pobres, en donde sus mismos padres fueron empleados dom\u00e9sticos. Algunas dicen que son felices, que no advierten el problema, pero de todos modos sienten una fuerte tensi\u00f3n interior. Mecanismos de este tipo no son sanos y ciertas religiosas llegan, en algunos casos, a depender de ansiol\u00edticos para soportar esa situaci\u00f3n de frustraci\u00f3n\u201d.<br \/>\nEs dif\u00edcil evaluar la entidad del problema del trabajo gratuito o poco remunerado, y, de todos modos, poco reconocido de las religiosas. Ante todo hay que entender c\u00f3mo es la situaci\u00f3n concreta. \u201cA menudo significa que las hermanas no tienen un contrato o un acuerdo con los obispos o con las parroquias en donde trabajan\u201d, explica la hermana Paule, una religiosa con cargos importantes en la Iglesia. Entonces, se les paga poco o nada. As\u00ed sucede en las escuelas o en los dispensarios, y m\u00e1s a menudo en el trabajo pastoral o cuando se ocupan de la cocina o de los quehaceres dom\u00e9sticos en un obispado o parroquia. Es una injusticia que se da en Italia tambi\u00e9n, no s\u00f3lo en tierras lejanas\u201d.<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de la cuesti\u00f3n del reconocimiento personal y profesional, esta situaci\u00f3n plantea problemas concretos y urgentes a las hermanas y a la comunidad. \u201cEl problema mayor es simplemente c\u00f3mo vivir y hacer vivir a una comunidad \u2013prosigue\u2013. C\u00f3mo prever los fondos necesarios para la formaci\u00f3n religiosa profesional de sus miembros, qui\u00e9n paga y c\u00f3mo pagar las facturas cuando las hermanas est\u00e1n enfermas o tienen necesidad de atenci\u00f3n m\u00e9dica porque se encuentran disminuidas en su salud a causa de la edad. C\u00f3mo encontrar recursos para llevar adelante la misi\u00f3n seg\u00fan su propio carisma\u201d.<br \/>\nLa responsabilidad de una situaci\u00f3n as\u00ed no es s\u00f3lo masculina, sino que muchas veces es compartida. \u201cHabl\u00e9 de este tema con un rector universitario que me dijo haber quedado muy impresionado por las capacidades intelectuales de una monja que ten\u00eda un bachillerato en teolog\u00eda \u2013recuerda Sor Marie\u2013. \u00c9l quer\u00eda que siguiera los estudios pero la superiora se opuso. A menudo el motivo que se aduce es que las religiosas no tienen que volverse orgullosas\u201d. Sor Paule insiste en este punto: \u201cCreo que la responsabilidad es ante todo hist\u00f3rica. La religiosa vivi\u00f3 s\u00f3lo como miembro de una colectividad, sin tener necesidades propias. Como si la congregaci\u00f3n pudiera hacerse cargo de todos sus miembros sin que cada uno aportase su contribuci\u00f3n a trav\u00e9s del trabajo personal. Adem\u00e1s est\u00e1 muy difundida la idea de que las religiosas no trabajan con un contrato, que est\u00e1n all\u00ed siempre, que no deben ser estipuladas condiciones. Todo ello crea ambig\u00fcedad y consecuentemente grandes injusticias. Tambi\u00e9n es cierto que sin un contrato las monjas son m\u00e1s libres de dejar un trabajo sin demasiado preaviso. Todo eso juega sobre dos frentes, a favor y en contra de las religiosas\u201d.<br \/>\nPero no se trata s\u00f3lo de dinero. La cuesti\u00f3n de lo que les corresponde econ\u00f3micamente es m\u00e1s bien el \u00e1rbol que esconde el bosque de un problema mucho m\u00e1s grande: ser reconocidas. Las religiosas tienen la sensaci\u00f3n de que se hace mucho para valorizar las vocaciones masculinas, pero muy poco las femeninas. \u201cDetr\u00e1s de todo esto, est\u00e1 la idea de que la mujer vale menos que el hombre, sobre todo de que el sacerdote lo es todo, mientras que la monja no es nada en la Iglesia. El clericalismo mata a la Iglesia \u2013afirma Sor Paule\u2013. Conoc\u00ed religiosas que hab\u00edan estado sirviendo durante treinta a\u00f1os en una instituci\u00f3n de la Iglesia y me contaron que cuando estaban enfermas, ning\u00fan sacerdote de los que ellas atend\u00edan iba a verlas. De un d\u00eda para otro se las echaba sin una palabra. A veces sigue sucediendo: una congregaci\u00f3n pone a una religiosa a disposici\u00f3n a pedido de alguien y cuando esa monja se enferma se la devuelve a su congregaci\u00f3n\u2026 Y se env\u00eda a otra, como si fu\u00e9ramos intercambiables. Conoc\u00ed hermanas que ten\u00edan un doctorado en teolog\u00eda, que de un d\u00eda para otro fueron mandadas a la cocina o a lavar platos, misi\u00f3n carente de todo nexo con su formaci\u00f3n intelectual o sin una clara explicaci\u00f3n. Conoc\u00ed a una religiosa que hab\u00eda ense\u00f1ado durante muchos a\u00f1os en Roma y, de pronto, a los 50 a\u00f1os, le dijeron que su misi\u00f3n era abrir y cerrar la puerta de la parroquia, sin m\u00e1s explicaci\u00f3n\u201d.<br \/>\nSor C\u00e9cile, docente, desde hace a\u00f1os experimenta esta falta de consideraci\u00f3n. Seg\u00fan ella, las religiosas de vida activa son v\u00edctimas de una confusi\u00f3n respecto de los conceptos de servicio y gratuidad. \u201cSomos herederos de una larga historia, la de San Vicente de Paul, y de todas las personas que fundaron congregaciones para los pobres en un esp\u00edritu de servicio y de donaci\u00f3n. Somos religiosas para servir hasta el fondo y justamente eso provoca un deslizamiento en el inconsciente de muchas personas en la Iglesia, creando la convicci\u00f3n de que retribuirnos no condice con el orden natural de las cosas, sea cual fuere el servicio que ofrecemos. Se ve a las hermanas como voluntarias de las que uno puede servirse a voluntad, lo cual da lugar a un verdadero abuso de poder. Detr\u00e1s est\u00e1 la cuesti\u00f3n de la profesionalidad y de la competencia que a mucha gente le cuesta reconocer en las religiosas\u201d.<br \/>\nSor C\u00e9cile agrega: \u201cTrabajo en un Centro, sin contrato, a diferencia de mis hermanas laicas. Hace diez a\u00f1os, a ra\u00edz de una colaboraci\u00f3n que realic\u00e9 con los medios de comunicaci\u00f3n, me preguntaron si realmente quer\u00eda que me pagaran. Una hermana anima los cantos en la parroquia de al lado y da conferencias de cuaresma sin recibir un cent\u00e9simo\u2026. Mientras que cuando un sacerdote viene a celebrar Misa con nosotras, nos pide 15 euros. A veces la gente critica a las religiosas, su car\u00e1cter\u2026 Pero detr\u00e1s de todo esto hay muchas heridas\u201d. Para Sor Marie, se trata de violencia simb\u00f3lica: \u201cEs aceptada por todos bajo la forma de un t\u00e1cito consenso. Algunas hermanas est\u00e1n angustiadas, pero no logran hablar. Les digo: \u2018Tienen el derecho de decir la verdad acerca de lo que sienten. De decir a la superiora general lo que viven y c\u00f3mo lo viven\u2019. A veces tambi\u00e9n es responsable la superiora general que, lejos de poner en discusi\u00f3n el sistema, lo convalida y participa activamente de \u00e9l, aceptando acuerdos desalentadores para las hermanas\u201d.<br \/>\nSor C\u00e9cile cree que las religiosas tienen que tomar la palabra: \u201cPor mi parte, cuando se me invita a dar una conferencia, ya no dudo en decir que quiero que me paguen y cu\u00e1l es la compensaci\u00f3n que espero. Pero, est\u00e1 claro, me adec\u00fao a las disponibilidades de quienes me lo piden. Mis hermanas y yo vivimos muy pobremente y no apuntamos a enriquecernos, sino simplemente a vivir en condiciones decorosas y justas. Es una cuesti\u00f3n de supervivencia para nuestras comunidades\u201d. El reconocimiento de su trabajo constituye, para muchas, un reto espiritual.  \u201cJes\u00fas vino a liberarnos y delante de sus ojos somos todos hijos de Dios \u2013precisa Sor Marie\u2013. Pero en su vida concreta ciertas monjas no lo viven as\u00ed y sienten una gran confusi\u00f3n y un profundo malestar\u201d. Algunas religiosas consideran, finalmente, que sus experiencias de pobreza y sumisi\u00f3n, a veces padecidas y otras veces elegidas, podr\u00edan transformarse en una riqueza para toda la Iglesia, si las jerarqu\u00edas masculinas las considerasen una ocasi\u00f3n para una verdadera reflexi\u00f3n acerca del poder. <\/p>\n<p><em>La autora es periodista especialista en temas religiosos.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo fue publicado originalmente el 1 de marzo en el suplemento \u201cDonna, Chiesa, Mondo\u201d de L\u2019Osservatore Romano. 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