{"id":14552,"date":"2018-03-10T13:40:26","date_gmt":"2018-03-10T16:40:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14552"},"modified":"2018-04-10T13:44:08","modified_gmt":"2018-04-10T16:44:08","slug":"jesus-sudo-sangre-antes-de-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14552","title":{"rendered":"\u00bfJes\u00fas sud\u00f3 sangre antes de morir?"},"content":{"rendered":"<p><em>Dos vers\u00edculos del Evangelio de Lucas podr\u00edan haber sido incluidos por un escriba y, sin embargo, no por ello dejan de ser inspiraciones de Dios.<\/em><\/p>\n<p>De los muchos padecimientos narrados en la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, quiz\u00e1s el m\u00e1s impresionante es el sudor de sangre que experiment\u00f3 en el monte de los Olivos, horas antes de morir. El \u00fanico evangelista que lo narra es san Lucas. Seg\u00fan su relato, mientras Jes\u00fas rezaba a solas en el huerto de Getseman\u00ed, \u201cse le apareci\u00f3 un \u00e1ngel del cielo para darle fuerzas; lleno de angustia, \u00e9l oraba con m\u00e1s insistencia; y su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que ca\u00edan en tierra\u201d (Lc 22,43-44).<br \/>\nEste fen\u00f3meno es conocido en medicina como hematidrosis (del griego: haima=sangre e hydro-sis=sudoraci\u00f3n): cuando una persona sufre una tensi\u00f3n extrema, gran angustia o un temor muy fuerte, pueden romperse las fin\u00edsimas venas capilares que est\u00e1n bajo las gl\u00e1ndulas sudor\u00edparas; la sangre entonces se mezcla con el sudor y aflora sobre la piel, extendi\u00e9ndose por todo el cuerpo. Si bien se trata de un hecho cient\u00edficamente explicado, hoy los exegetas dudan de que Jes\u00fas haya sudado sangre, y de que se trate de un episodio hist\u00f3rico. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p><strong>Una antigua ausencia<\/strong><br \/>\nApenas comenzamos a leer el texto, ya nos encontramos con dos dificultades. La primera es: \u00bfqui\u00e9n vio a Jes\u00fas sudar sangre aquella noche en el huerto? Seg\u00fan el Evangelio, se hallaba rezando solo, y sus disc\u00edpulos estaban lejos y dormidos (Lc 22,41.45). \u00bfQu\u00e9 testigo ocular pudo presenciar las espesas gotas que brotaban de su cuerpo?<br \/>\nLa segunda objeci\u00f3n es que el texto afirma que el sudor de Jes\u00fas era \u201ccomo\u201d gotas de sangre, pe-ro no dice que haya \u201csudado\u201d sangre. El \u201ccomo\u201d expresa una simple comparaci\u00f3n, una manera figurada de hablar.<br \/>\nPero dejando de lado esas observaciones, hay una tercera dificultad que es la m\u00e1s importante pa-ra rechazar la historicidad del suceso. Y es que los dos vers\u00edculos que lo cuentan (Lc 22,43-44) no aparecen en los manuscritos m\u00e1s antiguos del Evangelio de Lucas (llamados Papiro69 y Papi-ro75). Tampoco aparecen en los c\u00f3dices b\u00edblicos antiguos m\u00e1s importantes, como el C\u00f3dice Vati-cano (del a\u00f1o 350), el C\u00f3dice Sina\u00edtico (del 350), y el C\u00f3dice Alejandrino (del 400). Adem\u00e1s, otros manuscritos antiguos del Nuevo Testamento citan el sudor de sangre de Jes\u00fas, pero dentro del Evangelio de Mateo (a continuaci\u00f3n de Mt 26,39). Para complicar m\u00e1s las cosas, un antiguo libro del siglo XIV llamado Historia de la Pasi\u00f3n de Cristo, dice que el sudor de sangre de Jes\u00fas est\u00e1 contado en el Evangelio de Los Nazarenos. Incluso varios escritores de los primeros siglos (como Clemente de Alejandr\u00eda, Tertuliano, Or\u00edgenes, Atanasio, Ambrosio), cuando estudian los detalles de la agon\u00eda de Jes\u00fas en el Evangelio de Lucas, no conocen el sudor de sangre, como si no figurara en sus Biblias.<\/p>\n<p><strong>Ayuda de manos an\u00f3nimas<\/strong><br \/>\nLos dos vers\u00edculos de Lucas (el del \u00e1ngel que conforta a Jes\u00fas y el del sudor de sangre) forman un peque\u00f1o bloque err\u00e1tico, es decir, un breve relato con una informaci\u00f3n que en los primeros siglos de la era cristiana no termina de ser aceptado un\u00e1nimemente por la tradici\u00f3n. Por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n, unos manuscritos lo incluyen y otros no, unos c\u00f3dices lo admiten y otros no, unos escritores lo aceptan y otros no.<br \/>\n\u00bfA qu\u00e9 se debe esta indecisi\u00f3n? Los biblistas han elaborado una hip\u00f3tesis que permite explicar el misterio: la causa por la que esos dos vers\u00edculos no aparecen en muchos manuscritos antiguos se debe a que no pertenec\u00edan al Evangelio original de Lucas. Es decir, el libro que \u00e9l compuso (alre-dedor del a\u00f1o 80) no inclu\u00eda la aparici\u00f3n del \u00e1ngel ni el sudor de sangre. Pero hacia el a\u00f1o 150 un copista an\u00f3nimo a\u00f1adi\u00f3 esos dos vers\u00edculos. De esta copia luego se hicieron otras, de modo que con el paso del tiempo algunos manuscritos circularon con ese relato y otros no. Seg\u00fan en qu\u00e9 re-giones se difund\u00edan los ejemplares, algunos lectores antiguos llegaron a conocerlo y otros lo igno-raron. Finalmente, las copias con el episodio del sudor de sangre se extendieron tanto, que todas las ediciones posteriores lo incorporaron. Pero las versiones m\u00e1s antiguas que sobrevivieron, que-daron sin contarlo.<\/p>\n<p><strong>El cuerpo como disfraz<\/strong><br \/>\nEsta hip\u00f3tesis nos lleva a una pregunta: \u00bfpor qu\u00e9 un escritor del siglo II querr\u00eda agregar esos dos vers\u00edculos al Evangelio original de Lucas? Al parecer, la causa se debi\u00f3 a la aparici\u00f3n de una extra\u00f1a herej\u00eda. A comienzos del siglo II surgi\u00f3 entre los primeros cristianos una corriente de pensamiento llamada \u201cdocetismo\u201d (del verbo griego dokein=aparentar), que negaba la humanidad de Jes\u00fas. Los docetistas sosten\u00edan que, como Jes\u00fas era Dios, no pod\u00eda tener verdadero cuerpo humano, porque \u00e9ste es un elemento perverso y ruin en las personas, y resultaba indigno. Por eso, el cuerpo que Jes\u00fas tuvo durante su vida era aparente, simulado, ficticio, pero no real. Estas afirmaciones se fundamentaban en ciertos pasajes del Evangelio. Por ejemplo, en la transfiguraci\u00f3n, donde se dice que el cuerpo de Jes\u00fas se transform\u00f3 en luminoso y radiante (Lc 9,28-29). O en la caminata sobre las aguas (Mt 14,24-25), donde el cuerpo de Jes\u00fas parece flotar sin peso alguno.<br \/>\nAl negar el aspecto f\u00edsico de Jes\u00fas, los docetistas negaban tambi\u00e9n la posibilidad de que hubiera sufrido dolor f\u00edsico durante su vida. Pretend\u00edan as\u00ed eliminar el esc\u00e1ndalo de su crucifixi\u00f3n y su muerte.<br \/>\nEl docetismo se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente entre las comunidades cristianas, predicado por figuras importantes como Cerinto (en Asia Menor, hacia el 110), Saturnino (en Antioqu\u00eda, hacia el 130), Cerd\u00f3n (en Siria, hacia el 135), Bas\u00edlides (en Alejandr\u00eda, hacia el 140) y Valent\u00edn (en Roma, ha-cia el 150).<\/p>\n<p><strong>Para reafirmar la doctrina<\/strong><br \/>\nFrente a esta herej\u00eda, muchos pensadores cristianos reaccionaron con firmeza. A trav\u00e9s de libros, escritos y sermones, explicaron que aunque Jes\u00fas era Dios, tambi\u00e9n tuvo verdadero cuerpo humano y sufrimientos f\u00edsicos.<br \/>\nEn medio de esta pol\u00e9mica, hacia el a\u00f1o 150, un escritor an\u00f3nimo, que probablemente se encontraba haciendo una copia del Evangelio de Lucas, decidi\u00f3 agregar los dos vers\u00edculos sobre el sudor de sangre, para reafirmar la doctrina oficial de la Iglesia sobre el aspecto humano de Jes\u00fas. As\u00ed, en el v. 43 cont\u00f3 que Jes\u00fas, como hombre que era, sinti\u00f3 tanto temor ante la muerte, que Dios debi\u00f3 mandarle un \u00e1ngel del cielo para que lo confortara. Y en el v. 44 relat\u00f3 que su tristeza era tan grande que le provoc\u00f3 un enorme sudor, como cuando alguien se lastima y le sale sangre que chorrea hasta el suelo (cabe apuntar que, de acuerdo con el relato, el \u00e1ngel fracas\u00f3 en su em-pe\u00f1o de animar a Jes\u00fas, porque \u00e9ste no s\u00f3lo no se consol\u00f3, sino que se puso a sudar sangre).<\/p>\n<p><strong>Las tres citas m\u00e1s antiguas<\/strong><br \/>\nPero el contenido de estos dos vers\u00edculos a\u00f1adidos no fue un invento total del escriba. Ya exist\u00eda una antigua tradici\u00f3n que narraba c\u00f3mo, durante las horas previas a su muerte, Jes\u00fas hab\u00eda experimentado angustia y aflicci\u00f3n. Esa tradici\u00f3n se encuentra hoy en la Carta a los Hebreos, donde se dice que Jes\u00fas rog\u00f3 a Dios y le suplic\u00f3 \u201ccon fuertes gritos y llorando\u201d para que lo librara de la muerte (Hb 5,7). Este dato, si bien no qued\u00f3 escrito en los Evangelios, se transmit\u00eda oralmente, de modo que nuestro escriba debi\u00f3 de haberlo conocido. Decidi\u00f3 entonces transformar aquellos gritos y l\u00e1grimas en \u201csudor de sangre\u201d, y agregarlo al Evangelio de Lucas como un argumento m\u00e1s contra los docetistas.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 lo transform\u00f3 en \u201csudor de sangre\u201d? Porque, al parecer, \u00e9ste era un t\u00f3pico literario co-nocido en la antig\u00fcedad cuando se quer\u00eda expresar una situaci\u00f3n de angustia extrema. En efecto, hay una novela jud\u00eda llamada Jos\u00e9 y Asenet, escrita hacia el a\u00f1o 100 (es decir, contempor\u00e1nea al Evangelio de Lucas), donde la hero\u00edna Asenet se ve envuelta en un trance angustioso y tambi\u00e9n suda sangre.<br \/>\nHay un hecho que puede confirmar estos dos vers\u00edculos. Y es que los tres escritores eclesi\u00e1sticos m\u00e1s antiguos que mencionan el sudor de sangre de Jes\u00fas, lo citan precisamente en pol\u00e9mica con-tra los docetistas, para defender la naturaleza humana de Jes\u00fas: san Justino, san Ireneo e Hip\u00f3lito de Roma.<br \/>\nEsos dos vers\u00edculos cumplieron su objetivo, que era el de servir de apoyo a la doctrina de la hu-manidad del hijo de Mar\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Porcentajes de anormalidad<\/strong><br \/>\nPor otro lado, \u00bfse puede demostrar que esos dos vers\u00edculos tienen un estilo que no es el de Lu-cas? S\u00ed. El an\u00e1lisis del vocabulario usado en el relato del sudor de sangre confirma esta hip\u00f3tesis. Por ejemplo, la palabra \u201cangustia\u201d (en griego, agon\u00eda) es absolutamente extra\u00f1a para Lucas, que jam\u00e1s la usa en ninguno de sus dos libros (Evangelio y Hechos de los Ap\u00f3stoles). El t\u00e9rmino \u201csudor\u201d (en griego, hidr\u00f3s), tampoco pertenece al vocabulario lucano. El vocablo \u201cgota\u201d (thr\u00f3m-bos), resulta igualmente ajeno.<br \/>\nPor si fuera poco, hay un segundo argumento interno m\u00e1s fuerte a\u00fan. Y es que no coinciden con el pensamiento de Lucas, es decir, con su \u201cteolog\u00eda\u201d. En efecto, en el sudor de sangre se cuenta que a Jes\u00fas se le apareci\u00f3 \u201cun \u00e1ngel del cielo\u201d. Pero Lucas, si bien muchas veces menciona a los \u00e1ngeles, nunca dice que vengan \u201cdel cielo\u201d. Se refiere a ellos como el \u00e1ngel \u201cdel Se\u00f1or\u201d (Lc 1,11; 2,9), o el \u00e1ngel \u201cde Dios\u201d (Lc 12,8), o el \u00e1ngel \u201csanto\u201d (Hch 10,22).<br \/>\nAdem\u00e1s \u00e9ste es un \u00e1ngel mudo, que acompa\u00f1a en silencio a Jes\u00fas pero no le dice ni una palabra. En cambio los \u00e1ngeles de Lucas siempre aparecen para transmitir alg\u00fan mensaje. As\u00ed, a Zacar\u00edas le comunica el nacimiento de Juan Bautista (Lc 1,11). A Mar\u00eda le anuncia su embarazo (Lc 1,26). A los pastores les pregona el nacimiento de Jes\u00fas (Lc 2,9). A las mujeres en el sepulcro les comu-nica la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (Lc 24,32). A los ap\u00f3stoles en la c\u00e1rcel les pide que prediquen en el Templo (Hch 5,19). A Felipe le manda evangelizar a un eunuco (Hch 8,26). A Cornelio le ordena buscar a Pedro (Hch 10,3). A Pedro en la prisi\u00f3n le ense\u00f1a c\u00f3mo escapar (Hch 12,7). Y el \u00e1ngel que se aparece a Pablo en medio de una tormenta le comunica que nadie del barco morir\u00e1 (Hch 27,23).<\/p>\n<p><strong>Los nervios que desentonan<\/strong><br \/>\nEn tercer lugar, Lucas nunca presenta a Jes\u00fas emocionalmente angustiado durante su pasi\u00f3n. Al contrario, siempre lo muestra sereno y tranquilo. Una simple comparaci\u00f3n con el Evangelio de Marcos, que Lucas us\u00f3 como fuente de su relato, bastar\u00e1 para darnos una idea.<br \/>\nPor ejemplo, Marcos cuenta que Jes\u00fas estaba \u201ctriste hasta la muerte\u201d (Mc 14,34), mientras que Lucas lo omite. Tambi\u00e9n omite que \u201ccomenz\u00f3 a sentir horror y angustia\u201d (Mc 14,33). Y en vez de decir que Jes\u00fas \u201ccay\u00f3 en tierra y suplicaba\u201d (Mc 14,35), escribe que \u201cse puso de rodillas a rezar\u201d (Lc 22,41).<br \/>\nAdem\u00e1s, Lucas nunca presenta a Jes\u00fas desbordado por las circunstancias, sino manteniendo el dominio de la situaci\u00f3n y de sus emociones durante la pasi\u00f3n: no permite que Judas lo bese (Lc 22,47), cura tranquilamente la oreja del soldado que lo quer\u00eda arrestar (Lc 22,51), conversa sin prisa con las mujeres en el camino al calvario (Lc 23,28-31), perdona serenamente a los verdugos que lo crucificaron (Lc 23,34), dialoga con los dos ladrones mientras est\u00e1 en la cruz (Lc 23,39-43), y antes de morir, en vez de dar un tremendo alarido (como dice Mc 15,37), reza una oraci\u00f3n encomendando su alma al Padre (Lc 23,46) como si controlara hasta la hora de su muerte.<br \/>\nEl \u00fanico pasaje que desentona con esta visi\u00f3n es justamente el del sudor de sangre, pues describe a un Jes\u00fas aterrorizado, sudando de miedo, y necesitando que baje un \u00e1ngel del cielo para ayu-darlo a enfrentar su turbaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Un sudor elocuente<\/strong><br \/>\nJes\u00fas no sud\u00f3 sangre durante las horas previas a la pasi\u00f3n. Eso no significa que el relato no forme parte de la Biblia. Es parte integrante de las Sagradas Escrituras, y est\u00e1 tan inspirado por Dios como el resto del Evangelio, aunque no lo haya escrito Lucas. Algo similar ocurre con otros pasa-jes evang\u00e9licos, como el relato de la ad\u00faltera (Jn 8,1-11) que no pertenece a san Juan, o las apariciones de Jes\u00fas resucitado (Mc 16,9-20) que no las escribi\u00f3 san Marcos, y sin embargo est\u00e1n inspiradas y son plenamente can\u00f3nicas.<br \/>\nPero la imagen de Jes\u00fas que resulta de este breve a\u00f1adido es de extraordinaria importancia para los lectores. No por el fen\u00f3meno patol\u00f3gico, sino por la intenci\u00f3n del autor. Quer\u00eda subrayar su cabal naturaleza humana. Quer\u00eda mostrar c\u00f3mo \u00e9l, siendo el Hijo de Dios, se hizo plenamente hombre para salvar a los hombres.<br \/>\nEl mensaje es grandioso: para ayudar a salvar a alguien, primero hay que rebajarse, achicarse, apocarse y descender a la pobreza. Desde arriba, desde la comodidad de un escritorio o desde la distancia que da a veces la autoridad, es muy dif\u00edcil auxiliar a nadie. Quien quiere ayudar a otro a salir del barro, debe estar dispuesto a embarrarse. Y Jes\u00fas lo estuvo. Asumi\u00f3 nuestra condici\u00f3n humana, y as\u00ed nos salv\u00f3. Un programa de vida para quienes siguen dando recetas te\u00f3ricas desde arriba, sin compartir nunca la condici\u00f3n dolorosa y pobre de los dem\u00e1s.<br \/>\n<em><br \/>\nEl autor es Doctor en Teolog\u00eda b\u00edblica.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos vers\u00edculos del Evangelio de Lucas podr\u00edan haber sido incluidos por un escriba y, sin embargo, no por ello dejan de ser inspiraciones de Dios&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[1788,2391,14,2390,2389,171],"class_list":["post-14552","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-crucifixion","tag-docetistas","tag-iglesia","tag-lucas","tag-sudor-de-sangre","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3MI","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14552"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14553,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14552\/revisions\/14553"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}