{"id":14554,"date":"2018-03-10T13:44:36","date_gmt":"2018-03-10T16:44:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14554"},"modified":"2018-04-10T13:55:09","modified_gmt":"2018-04-10T16:55:09","slug":"martin-benvenuto-y-el-peninsula-womens-chorus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14554","title":{"rendered":"Mart\u00edn Benvenuto y el Peninsula Women\u2019s Chorus"},"content":{"rendered":"<p><em>Un coro de mujeres capaz de dar cuenta del poder de la m\u00fasica para elevar el esp\u00edritu en las circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles.<\/em><\/p>\n<p>El 15 y 16 de diciembre de 2017, el Peninsula Women\u2019s Chorus (PWC) dio su \u00faltimo concierto del a\u00f1o en la iglesia episcopal St. Mark\u2019s, en Palo Alto, Estados Unidos, bajo la direcci\u00f3n art\u00edstica del argentino Mart\u00edn Benvenuto. El PWC, oriundo de la ciudad californiana, es uno de los coros m\u00e1s prominentes de la bay area, que designa todas las localidades y pueblos de la Bah\u00eda de San Francisco. Pero su renombre no es s\u00f3lo local, pues ha sido premiado con importantes distinciones a nivel nacional e internacional. Desde sus or\u00edgenes en 1966 tuvo s\u00f3lo tres directores art\u00edsticos: Marjorie Rawlins, Patricia Hennings, y Mart\u00edn Benvenuto desde 2003. Se ha caracterizado por la extraordinaria variedad del repertorio, que sin despreciar lo cl\u00e1sico, acoge muy especialmente la producci\u00f3n novedosa e inusual de artistas j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Parte de la misi\u00f3n del PWC es encomendar poes\u00edas y composiciones a nuevos talentos y a artistas prometedores nacionales y extranjeros, haciendo girar la rueda de la econom\u00eda \u2013por as\u00ed decirlo\u2013 en la dif\u00edcil regi\u00f3n de las artes liberales. El lector podr\u00e1 desconfiar de este modus operandi, aduciendo que poema y m\u00fasica no son mercanc\u00eda y que, propiamente, no se les puede poner precio. O, tambi\u00e9n, que m\u00fasicos y poetas crean cosas valiosas u objetos bellos, cuya producci\u00f3n no puede concebirse a cambio de un salario. Puede ser\u2026, pero tal vez podamos hablar de honorarios, t\u00e9rmino que alude a la desproporci\u00f3n ente la actividad, la producci\u00f3n y el pago. Lo cierto es que m\u00fasicos, poetas y compositores tambi\u00e9n pueden vivir de la m\u00fasica, de la poes\u00eda o de sus talentos, sin pasarse ocho horas en una oficina para \u201cpagar la olla\u201d. Adem\u00e1s, se insertan en una sociedad que cree que vale la pena invertir, contribuir y fomentar las humanidades, las artes y la m\u00fasica, es decir, las actividades menos rentables y \u00fatiles imaginables (y en eso reside su grandeza). Aunque no coincidan con el valor en un mercado de cambio, las obras valen por s\u00ed mismas, embellecen y mejoran el mundo, la sociedad y a todas las personas. Suele ser dif\u00edcil comprender esta apreciaci\u00f3n, que heredamos de la antigua Grecia y que persiste penosamente en nuestro mundo, que erige como \u00fanicos valores la productividad y el rendimiento.<\/p>\n<p>Pero la grandeza del PWC no yace s\u00f3lo en su m\u00fasica y su performance, sino en el particular origen fundacional, que merece recordarse y contarse en una historia. En 1982, el responsable del departamento de m\u00fasica de la Universidad de Stanford convoc\u00f3 a la entonces directora, Patricia Hennings, para evaluar unos manuscritos que le hab\u00edan sido entregados por una sobreviviente de un campo para enemigos de guerra en la isla de Sumatra, durante la Segunda Guerra Mundial. El campo hab\u00eda concentrado mujeres de los pa\u00edses aliados, misioneras, enfermeras, maestras, monjas y funcionarias brit\u00e1nicas, australianas, holandesas, francesas, entre otras nacionalidades, que estaban asentadas en territorio del Imperio japon\u00e9s cuando este pa\u00eds bombarde\u00f3 Pearl Harbor en diciembre de 1941. En ese momento, Jap\u00f3n tom\u00f3 prisioneros a todos los habitantes de pa\u00edses aliados que estaban en sus dominios. Para sobrellevar la penurias de la reclusi\u00f3n, dos mujeres con formaci\u00f3n musical y memoria prodigiosa, incumpliendo las reglas del campo que prohib\u00edan congregarse, organizaron un coro femenino de diversas lenguas y nacionalidades, que interpretaban vocalmente (sin letra), obras maestras de la m\u00fasica cl\u00e1sica escritas de memoria en cuadernos pentagramados a mano. La Universidad de Stanford quiso grabar estas partituras vocales memorizadas, designadas como \u201corquesta vocal\u201d, y el PWC se embarc\u00f3 en este ambicioso proyecto que lleg\u00f3, inclusive, a Europa en 1984.<\/p>\n<p>El documental que las recuerda, <em>Song of Survival<\/em>, da muestras de la poderosa funci\u00f3n pacificadora y sanadora de la m\u00fasica, por ejemplo, cuando los oficiales japoneses deponen sus armas al escucharlas en su primer concierto en cautiverio. La \u201cSinfon\u00eda del Nuevo Mundo\u201d, de A. Dvor\u00e1k, abri\u00f3 todas las representaciones hasta su liberaci\u00f3n, cuando termin\u00f3 la guerra, tres a\u00f1os y medio despu\u00e9s. En memoria de esas mujeres y honrando su origen, el coro contin\u00faa hoy cantando sin partituras. De su exclusiva autor\u00eda es <em>The Captive\u2019s Hymn<\/em> (el Himno de los cautivos), que las nueve sobrevivientes del campo escucharon solemnemente de pie cuando, en 1983, asistieron al Concierto Conmemorativo del PWC, que recre\u00f3 su propia m\u00fasica de cautiverio. All\u00ed, entre las l\u00e1grimas del recuerdo, cuando agente y espectador (o sea, el agente y paciente, quien padece) coinciden, acaece la catarsis de las emociones, que purifica la mente y hace las paces con la realidad. Cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, lejos de evocar memorias dolorosas, las sobrevivientes eran el testimonio vivo de que a trav\u00e9s de la m\u00fasica la esperanza puede nacer de la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El PWC acaba de ganar un concurso de la Silicon Valley Creates (organizaci\u00f3n que promueve la cultura y la creatividad en la regi\u00f3n), que premi\u00f3 con 10 mil d\u00f3lares su proyecto a tres a\u00f1os, titulado Trailblazers, es decir, \u201cPioneras\u201d. Fiel a su origen y pauta identitaria, el coro busca salvar del olvido y enaltecer debidamente a mujeres valerosas, segregadas u oprimidas, y que lucharon por cambiar esa situaci\u00f3n. El proyecto Trailblazers propone honrar la memoria y poner en valor la historia de vida de tres mujeres destacadas en su lucha por el derecho a la igualdad. Una de ellas escap\u00f3 de la esclavitud, trabaj\u00f3 como cocinera y enfermera, y luego como esp\u00eda y soldado de los ej\u00e9rcitos de la Uni\u00f3n durante la Guerra de Secesi\u00f3n. Otra, l\u00edder y precursora de los derechos de mujeres transg\u00e9nero, proporcion\u00f3 asistencia y acompa\u00f1amiento personal a mujeres trans encarceladas, que sufren adicciones o que no tienen hogar. La tercera, sufragista, perteneci\u00f3 al grupo de mujeres que lograron la decimonovena enmienda que sancion\u00f3 el voto femenino, en 1920.<\/p>\n<p>Unas pocas palabras sobre Harriet Tubman (1820-1913), activista y pionera de los civil rights, la esclava que escap\u00f3 del cautiverio en 1849 y volvi\u00f3 a las plantaciones de Maryland para liberar a su familia y a otros esclavos durante los a\u00f1os previos a la Guerra de Secesi\u00f3n. A trav\u00e9s del Underground Railroad, el \u201cferrocarril subterr\u00e1neo\u201d, f\u00f3rmula que design\u00f3 una red de hogares seguros y salvoconductos, Tubman traz\u00f3 la ruta de la libertad hacia Philadelphia. Fue la primera mujer en comandar una expedici\u00f3n armada \u2013the Combahee River Raid\u2013 que liber\u00f3 a m\u00e1s de 700 en Carolina del Sur. Su bi\u00f3grafa, Beverly Lowry, recab\u00f3 testimonios e historias relatadas por la propia Harriet, transmitidos oralmente y luego por escrito (ya que Harriet no sab\u00eda leer ni escribir). En <em>Harriet Tubman<\/em>,<em>Imagining a Life<\/em>, Lowry presenta una suerte de Juana de Arco del siglo XIX. Una mujer soldado, devota cristiana, que rechaz\u00f3 la interpretaci\u00f3n b\u00edblica de los blancos de su tiempo que avalaba la esclavitud, comand\u00f3 su propio regimiento y predijo a trav\u00e9s de premoniciones el triunfo del abolicionismo y el final de la segregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No solamente la excelencia sino tambi\u00e9n la impronta comprometida del PWC se deben a su director art\u00edstico. Mart\u00edn Benvenuto naci\u00f3 en Buenos Aires y se form\u00f3 en la Universidad Cat\u00f3lica Argentina, cuando la Facultad de Artes y Ciencias Musicales estaba dirigida por el maestro Roberto Caama\u00f1o. Viaj\u00f3 a los Estados Unidos con una beca y complet\u00f3 dos Master en direcci\u00f3n coral y en pedagog\u00eda vocal en el Westminster Choir College, Princeton. En 2009, obtuvo su doctorado en direcci\u00f3n coral en la Universidad de Boston, bajo la supervisi\u00f3n de los renombrados Ann Howard Jones y del ya fallecido Robert Shaw. En varias oportunidades, de gira por Sudam\u00e9rica, el PWC ofreci\u00f3 conciertos en Buenos Aires, Mendoza y San Juan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un coro de mujeres capaz de dar cuenta del poder de la m\u00fasica para elevar el esp\u00edritu en las circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles. 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