{"id":14658,"date":"2018-06-29T18:53:20","date_gmt":"2018-06-29T21:53:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14658"},"modified":"2018-06-29T18:53:41","modified_gmt":"2018-06-29T21:53:41","slug":"japon-una-sociedad-singular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14658","title":{"rendered":"Jap\u00f3n, una sociedad singular"},"content":{"rendered":"<p>Cuando decidimos viajar a Jap\u00f3n junto con un colega con quien llevamos una amistad de muchos a\u00f1os, \u00e9l decidi\u00f3 hacer un curso del idioma japon\u00e9s y comenz\u00f3 a buscar al mismo tiempo en la red m\u00faltiples informaciones en torno de la vida y las costumbres de ese pa\u00eds. Hay que decir que, poco despu\u00e9s, abandon\u00f3 aquellos estudios por advertir que eran demasiado complejos como para emprender un breve aprendizaje parcial.<br \/>\nNuestra idea fructific\u00f3 y al final fuimos diez los viajeros (nueve arquitectos y un empresario, esposo de una de las colegas). Es sin duda dif\u00edcil condensar en pocas l\u00edneas una cr\u00f3nica detallada de ese viaje, pero voy a tratar de resumir algunas reflexiones que nos hicimos los viajeros como conclusi\u00f3n, con la idea de que resulten \u00fatiles para aquellos interesados en conocer ese pa\u00eds y esa cultura a la vez milenaria y contempor\u00e1nea.<br \/>\nHubo una imagen que sobrevol\u00f3 durante todas las jornadas, y es la arraigada noci\u00f3n de respeto que revela la vida en la sociedad nipona. Una noci\u00f3n que se siembra en la m\u00e1s tierna infancia y que se percibe en todo lugar y todo momento.<br \/>\nDesde el principio, cuando el grupo lleg\u00f3 al hotel de Tokio directamente desde la estaci\u00f3n a\u00e9rea, el gu\u00eda nos reuni\u00f3 en el foyer y nos advirti\u00f3: \u201cEn este pa\u00eds \u2013dijo- no existe eso que ustedes llaman \u2018la propina\u2019, de modo que no se les ocurra dejar dinero de m\u00e1s porque van a humillar al empleado y se va a sentir ofendido\u201d. Esta regla se cumple en todos los comercios de comida y afines, los bares, los hoteles y los taxis. Se respeta a rajatabla.<br \/>\nOtro signo de respeto rec\u00edproco es el muy bajo nivel de ruido que impera en todos los lugares p\u00fablicos. No est\u00e1 prohibido gritar, lo cierto es que nadie grita. Tampoco se escuchan los motores de los autom\u00f3viles ni los buses, pero lo m\u00e1s notable es la ausencia de las motos, notorias productoras de ruido en nuestras ciudades.<br \/>\nEn los restaurantes, y esto vale cualquiera fuere el nivel de los mismos, los comensales hablan en voz baja y no hay resonancia ni reverberaci\u00f3n, algo tan com\u00fan entre nosotros. Este tema del sonido puede inducir a pensar en una sociedad sometida por un Gran Hermano, y a fe que no es as\u00ed.<br \/>\nRecuerdo que en Singapur, donde los pisos de los lugares p\u00fablicos lucen siempre pulcros y brillantes, hab\u00eda carteles que anunciaban una multa de 400 d\u00f3lares a quien arrojara un papel o una colilla o un chicle al piso.<br \/>\nEn Jap\u00f3n la situaci\u00f3n es distinta: un peat\u00f3n no arroja nada a la calle porque le parece una falta de respeto hacia su ciudad y hacia sus cong\u00e9neres. Esto vale en los andenes de los trenes o en el hall de las grandes estaciones, que lucen inmaculadas y bellas.<br \/>\nAcaso sea ilustrativo un episodio que me ocurri\u00f3 al cabo de una semana en Tokio: en los desayunos del hotel, muy variados y abundantes, se serv\u00eda fruta \u2013algo que para m\u00ed es lo primero al desayunar- y entre ellas hab\u00eda uvas. Al bajar a la calle con un compa\u00f1ero, caminando por la vereda not\u00e9 que hab\u00eda quedado entre los dientes y la enc\u00eda algo duro que era la semilla de una uva. Cuando la tuve en la mano vacil\u00e9, y por fin la puse en el bolsillo por respeto a esta gente que cuida tanto la higiene de su calle.<br \/>\nEs curioso, en la capital de Jap\u00f3n, que en ning\u00fan momento uno perciba que est\u00e1 en una ciudad de m\u00e1s de 37 millones de habitantes.<br \/>\nCuando nos toc\u00f3 viajar en un subterr\u00e1neo de Tokio o Kioto, vimos primero ceder el asiento de inmediato a los que peinan canas; luego, ya sentado, pude ver que a mi alrededor hab\u00eda cinco personas leyendo libros. No pude documentar esto porque me parec\u00eda una falta de respeto fotografiarlos. Mi amigo, que es m\u00e1s audaz, registr\u00f3 ese momento; lo mismo hizo con un personaje muy atildado que viajaba de pie, por la singular elegancia de ese gal\u00e1n maduro, una especie de Humphrey Bogart de Tokio. Es habitual ver gente muy bien ataviada y prolija.<br \/>\nHay una circunstancia que todav\u00eda nos parece un espejismo, dada su rareza. Pero en esto coincidimos los cuatro varones viajeros: en las dos ciudades donde permanecimos m\u00e1s tiempo (Tokio y Kioto) no vimos, detenida o en movimiento ni una sola moto. Esto, en el pa\u00eds que debe ser el proveedor de los miles de motos que son la pesadilla de los habitantes de Buenos Aires \u2013por el ruido que provocan, por la imprevisibilidad de sus maniobras y por la delincuencia que las utiliza como medio preferido- no hemos visto este veh\u00edculo sino en alguna ruta, mientras viaj\u00e1bamos en el tren bala. Y recuerdo que comentamos la prudencia y cuidado de esos motociclistas en la autopista.<br \/>\nAunque todav\u00eda no encontramos respuesta para este enigma, algunos consultados nos dijeron que se deb\u00edan dejar las motos en sitios destinados al efecto, y seguir luego, seg\u00fan el caso, en transporte colectivo. Pero no pueden ingresar en una amplia zona de la ciudad. Es \u00e9ste, a mi modo de ver, un ejemplo m\u00e1s del respeto puesto en acci\u00f3n para que los ciudadanos dispongan de una mejor calidad de vida.<br \/>\nEsta calidad de vida comienza en el hogar japon\u00e9s, donde existe un lugar (por lo general es un rinc\u00f3n) llamado Tokonoma. Mi amigo ya desaparecido, Leopoldo Torres Ag\u00fcero, gran pintor y dibujante, era riojano pero vivi\u00f3 en Jap\u00f3n muchos a\u00f1os con su pareja, una bella japonesa. Fue \u00e9l quien me defini\u00f3 Tokonoma como \u201cel rinc\u00f3n de la belleza y la meditaci\u00f3n\u201d. La esposa, antes de preparar la raci\u00f3n matinal, y de acuerdo al clima de esa jornada, elige entre muchos rollos el kakemono (el cuadro) del d\u00eday lo cuelga en reemplazo del de ayer. Cuando el marido se acerca, se sienta frente al cuadro elegido y medita. Genial. Recuerdo que otro amigo, Carlos M\u00e9ndez Mosquera, un eximio dise\u00f1ador gr\u00e1fico y arquitecto, dec\u00eda que uno podr\u00eda dejar de ver hasta un Picasso colgado en la misma pared de la misma casa. Esto nunca ocurrir\u00e1 en un hogar japon\u00e9s.<br \/>\nA esta altura, y habida cuenta de que coincidimos en esta recorrida nueve colegas, voy a aludir a la arquitectura que conforma el paisaje urbano del Jap\u00f3n: es de una pareja calidad y una inusual armon\u00eda. Ya cuando estudiantes conocimos al que llamar\u00edamos el Le Corbusier japon\u00e9s: KenzoTange, arquitecto y urbanista, autor de la Catedral de Santa Mar\u00eda en Tokio, a la vez austera y de gran audacia formal; es suyo tambi\u00e9n el proyecto del Museo Memorial de la Paz en Hiroshima, al que visitamos, aunque me pareci\u00f3 un edificio correcto pero inexpresivo de la tragedia sucedida en esa ciudad, no recorr\u00ed ese museo por dentro por un sentimiento personal. Pudimos ver y admirar la obra de ToyoIto \u2013quiz\u00e1 uno de los mayores arquitectos vivientes en Jap\u00f3n, autor de una de las m\u00e1s notables obras: la Mediateca de Sendai, que lamento no haber alcanzado a ver por la distancia, pero que no tuvo da\u00f1o alguno cuando acaeci\u00f3 el fat\u00eddico tsunami y sismo que tuvo su epicentro en esa ciudad.<br \/>\nFuimos afortunados por coincidir con nuestra llegada la muestra retrospectiva de un arquitecto \u00fanico: Tadao Ando, autor de piezas tambi\u00e9n \u00fanicas, como la capilla a la que pudimos ingresar gracias a una maqueta en tama\u00f1o natural exhibida en la exposici\u00f3n. Que se hizo en el Museo de Tokio dise\u00f1ado por el maestro KishoKurokawa, responsable tambi\u00e9n del aeropuerto que, seg\u00fan mi opini\u00f3n, es el m\u00e1s admirable de los muchos que conoc\u00ed, en Kuala Lumpur, Malasia. Todos los arquitectos mencionados tienen un peculiar cuidado por la inserci\u00f3n de su obra en su entorno natural. Son contemplativos.<br \/>\nLa contemplaci\u00f3n de la Naturaleza y el desarrollo espiritual tiene, entre otros, una expresi\u00f3n po\u00e9tica proverbial que es el haiku, o jaik\u00fa, un poema de 3 versos que resume el respeto ritual hacia la Naturaleza y que en su brevedad exalta el valor de la palabra. Los versos se componen de moras, lo que puede definirse como una unidad ling\u00fc\u00edstica comparable con una s\u00edlaba. Un poema, as\u00ed, puede componerse de 17 hasta 31 moras, y el menor contiene 3 versos de 5, 7 y 5 moras. Y escribo los n\u00fameros as\u00ed para destacar algo que me sedujo a\u00fan m\u00e1s, porque todas las cifras citadas son n\u00fameros primos,un guarismo singular que me fascina desde la infancia.<br \/>\nSe dice que el haiku expresa el asombro del japon\u00e9s primitivo por lo que encontraba en la Naturaleza, y como resultado de esa contemplaci\u00f3n, la muerte no podr\u00eda estar ausente. Por eso me conmovi\u00f3 saber que existe el jisei, el haiju de despedida de la vida. Y nunca olvidar\u00e9 uno que le\u00ed hace ya mucho tiempo:<\/p>\n<p>el agua se cristaliza<br \/>\nlas luci\u00e9rnagas se apagan<br \/>\nnada existe<\/p>\n<p>Aqu\u00ed deber\u00eda concluir este escrito, pero no quiero dejar de aconsejar a quienes puedan hacerlo, que vayan a Jap\u00f3n. Yo lo hice poco antes de cumplir los 86 a\u00f1os y lo disfrut\u00e9 con grandes momentos inolvidables. Y qu\u00e9 es la vida sino una sucesi\u00f3n de momentos, cuanto m\u00e1s emotivos y placenteros, mejor.<br \/>\nPor eso, al regresar me propuse advertir a quien me escuche \u2013o lea, en este caso- que nunca es tarde para deslumbrarse con la visi\u00f3n de la belleza que le hace marco a esa sociedad tan peculiar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando decidimos viajar a Jap\u00f3n junto con un colega con quien llevamos una amistad de muchos a\u00f1os, \u00e9l decidi\u00f3 hacer un curso del idioma japon\u00e9s&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[971,6,5],"tags":[521,643,44,758,1100],"class_list":["post-14658","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-internacional","category-nota-tapa","category-sociedad","tag-arquitectura","tag-internacional","tag-japon","tag-sociedad","tag-tokio"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3Oq","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14658","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14658"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14658\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14661,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14658\/revisions\/14661"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14658"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14658"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14658"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}