{"id":14670,"date":"2018-06-29T19:52:11","date_gmt":"2018-06-29T22:52:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14670"},"modified":"2018-06-29T19:52:11","modified_gmt":"2018-06-29T22:52:11","slug":"3000-anos-de-sumision-de-la-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14670","title":{"rendered":"3000 a\u00f1os de sumisi\u00f3n de la mujer"},"content":{"rendered":"<p>La escena podr\u00eda pertenecer a una novela del Marques de Sade o de alg\u00fan otro autor \u201cmaldito\u201d: dos aventureros temibles han secuestrado a una bell\u00edsima ni\u00f1a de apenas 10 a\u00f1os, con el \u00fanico prop\u00f3sito de poseerla. Hab\u00edan acordado que exclusivamente uno de ellos acceder\u00eda a ella, por lo que concluyen su haza\u00f1a jug\u00e1ndosela a los dados. Tal vez nombrando a los personajes podamos reconocer esta historia con m\u00e1s facilidad. La princesa ni\u00f1a es Helena, el truhan que la pierde es Pir\u00edtoo y el vencedor es Teseo. Este suceso es relatado con inigualable arte por Roberto Calasso en su libro Las bodas de Cadmo y Harmon\u00eda. Para apaciguar el horror de la situaci\u00f3n puede argumentarse que es un hecho anacr\u00f3nico, que no cabe juzgarlo con una mirada actual y que adem\u00e1s es tan s\u00f3lo un mito.<br \/>\nEl valor de los mitos radica en su capacidad de explicar los or\u00edgenes de un pueblo \u2013la historia es la articulaci\u00f3n cient\u00edfica que vino a sustituirlos\u2013 y en su fuerza normativa. Los mitos eran necesarios para entender el mundo y saber c\u00f3mo moverse en \u00e9l. En el caso que nos ocupa, la figura central es Teseo. El h\u00e9roe fundador de Atenas. Ciudad que solemos nombrar orgullosamente como cuna de nuestra cultura occidental. Ciertamente, como mito antiguo, carece de vigencia y cuesta relacionarlo con la realidad actual, pero sin duda cuestiona nuestras ra\u00edces. Ineludiblemente toda explicaci\u00f3n de lo que hoy somos es consecuencia de nuestros or\u00edgenes, cosa que de ninguna manera justifica una resignada orientaci\u00f3n determinista. Tambi\u00e9n nuestra formar de luchar y mejorar tiene que ver con lo que nos antecede. Son estos los motivos por los que resulta \u00fatil revisar los no menos de 30 siglos de sometimiento de la mujer en la cultura occidental.<br \/>\nPero digamos, parafraseando a Calasso, \u00bfc\u00f3mo hab\u00eda comenzado todo? Para intentar una respuesta habr\u00e1 que ir m\u00e1s lejos en el tiempo. Cuando el Homo era n\u00f3made, cazador y recolector y se mov\u00eda en grupos peque\u00f1os. Cuando sus herramientas eran todav\u00eda de piedra sin pulir.<br \/>\nToda la corriente de la antropolog\u00eda moderna, con Claude L\u00e9vi-Strauss a la cabeza, descarta de plano la posibilidad de un matriarcado en aquellas lejanas \u00e9pocas, pero hay opiniones autorizadas, como la del genetista Luigi Luca Cavalli-Sforza que, sin discordar, sostienen que en las primeras villas los hombres y las mujeres se relacionaban en un pie de igualdad cumpliendo diferentes roles. Los temas en com\u00fan se discut\u00edan entre todos alrededor del fuego. Seg\u00fan L\u00e9vi-Strauss, \u201ces asombroso que casi todas las sociedades calificadas de primitivas rechacen la idea de una votaci\u00f3n decidida por mayor\u00eda. Para ellas, la coherencia social y el buen entendimiento en el seno del grupo resultan preferibles a cualquier innovaci\u00f3n. De tal forma, la cuesti\u00f3n litigiosa se posterga tantas veces como sea necesario para alcanzar una decisi\u00f3n un\u00e1nime\u201d. Muchas de estas sociedades consideraban a los hijos como un bien com\u00fan y la villa en su conjunto era responsable de su crianza.<br \/>\nSin duda eran sociedades donde la fuerza f\u00edsica y la habilidad jugaban un rol sustancial para su supervivencia. Esto hac\u00eda que la preponderancia masculina se diera naturalmente, pero no implicaba descalificar a la mujer, minimizar su rol, enmudecerla o reducirla a la condici\u00f3n de mero objeto como s\u00ed suceder\u00eda despu\u00e9s en la Grecia cl\u00e1sica. En aquellas sociedades las mujeres constitu\u00edan el puente de comunicaci\u00f3n entre familias y tribus. Las uniones matrimoniales eran ex\u00f3gamas y este intercambio garantizaba la paz y el respeto por los l\u00edmites de los terrenos de caza o apacentamiento.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo sucedi\u00f3 que esta situaci\u00f3n casi id\u00edlica se degener\u00f3 en sociedades que practicaron \u2013y a\u00fan subsisten hoy varias que siguen practicando\u2013 el cautiverio, el envilecimiento y la esclavitud de la mujer?<br \/>\nLa etn\u00f3grafa Germaine Tillion explica que hasta el Neol\u00edtico la dependencia de recursos naturales escasos, el nomadismo y la necesidad de establecer un statu quo pac\u00edfico entre las diferentes poblaciones determinaron que las pr\u00e1cticas conyugales fueran exog\u00e1micas y monog\u00e1micas. Pero cierto d\u00eda del Neol\u00edtico todo cambi\u00f3. El Homo descubri\u00f3 la revoluci\u00f3n agr\u00edcola. El mundo dej\u00f3 de ser escaso y hostil. Naci\u00f3 la ciudad y la propiedad privada \u2013con la posesi\u00f3n de la tierra se da origen a la propiedad privada\u2013 y con ella la guerra. El guerrero y el labrador pasaron a ser las figuras dominantes. Los nacimientos que antes eran limitados de acuerdo al precario equilibrio de los medios existentes y las restricciones propias del nomadismo, en la abundancia pasaron a ser absolutamente necesarios, tanto para hacer la guerra como para arar los campos. La mujer, como proveedora de brazos, se transform\u00f3 en un bien capital que no pod\u00eda ser entregado a extra\u00f1os. Nace as\u00ed su reclusi\u00f3n en el hogar familiar y la endogamia hasta el l\u00edmite del incesto, junto con el control obsesivo de la virginidad femenina. Podemos ver que las relaciones de Lot con sus hijas o de Abraham con su hermana Sara no eran tan at\u00edpicas. Estas sociedades expansionistas, racistas y guerreras prohib\u00edan firmemente el control de la natalidad. \u201cY es un hecho que ellos engendraron nuestra civilizaci\u00f3n\u201d (Germaine Tillion). En este nuevo orden end\u00f3gamo, tal como con la tierra, la casa y el ganado, la mujer pas\u00f3 a ser s\u00f3lo un objeto m\u00e1s dentro del patrimonio del hombre.<br \/>\nJunto con las carencias de la vida n\u00f3made tambi\u00e9n se marcharon de estas sociedades las viejas libertades y la igualdad. Comenzaron a trabajar de sol a sol (como bueyes \u2013 con los bueyes), a ganarse el pan con el sudor de la frente y percibir el diario traj\u00edn como un castigo divino. Con la ciudad y los cereales llegaron las murallas, la propiedad privada y las guerras. En este enorme cambio las mujeres perdieron sus derechos pol\u00edticos, c\u00edvicos, sociales, familiares y personales.<br \/>\nEl caso extremo fue el ateniense. Las sociedades minoica y mic\u00e9nica reconocen a las mujeres m\u00e1s derechos, excluy\u00e9ndolas s\u00f3lo del poder pol\u00edtico. Una de las leyendas que rodean a la guerra de Troya es que Helena huye con Paris (llev\u00e1ndose de paso su dote \u2013 dif\u00edcil saber si a Menelao lo enfureci\u00f3 m\u00e1s el rapto de su esposa o el hurto del tesoro), porque sab\u00eda que all\u00ed ser\u00eda tratada m\u00e1s dignamente que donde, si bien era reina, estaba sometida como mujer. Homero, voz autorizada de la Grecia cl\u00e1sica, el \u00fanico atributo que destaca en las mujeres es su belleza. En la Odisea, Tel\u00e9maco, un joven apenas salido de la pubertad, hace callar a su madre, Pen\u00e9lope, y le ordena que se retire a sus habitaciones. Ella, por supuesto, obedece, y callada se marcha. \u201cLa mujer hom\u00e9rica no es s\u00f3lo una persona subalterna sino tambi\u00e9n v\u00edctima de una ideolog\u00eda inexorablemente mis\u00f3gina\u201d (Eva Cantarella). Ideolog\u00eda que la defin\u00eda como d\u00e9bil, interesada, estructuralmente infiel e incapaz de sentimientos duraderos. Raz\u00f3n por la cual deb\u00eda ser permanentemente controlada. Ni amorosa fuente de consuelo o consejo, es s\u00f3lo el instrumento necesario para la reproducci\u00f3n y conservaci\u00f3n del oikos.<br \/>\nAtenas y la ciudad griega representan la realizaci\u00f3n de un proyecto pol\u00edtico y social que excluye a la mujer. La educaci\u00f3n estaba totalmente diferenciada de acuerdo al sexo. Los muchachos eran educados en ciencias y artes, adem\u00e1s del ejercicio f\u00edsico. La joven griega no aprend\u00eda a leer y escribir y se la instru\u00eda exclusivamente para el rol al que estaba destinada, madre y responsable de la casa.<br \/>\nEn caso de adulterio, s\u00f3lo estaba legislado el castigo al hombre infiel, que pod\u00eda ser multado, exiliado, torturado o ajusticiado por el familiar ofendido. Pero con respecto a la mujer el c\u00f3digo nada dec\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9 este silencio? Porque la mujer era considerada una incapaz, una ni\u00f1a que hab\u00eda sido seducida. S\u00f3lo a su marido o a su padre o, en caso de que faltasen, a sus hermanos o t\u00edos les compet\u00eda castigarla como creyeran m\u00e1s conveniente, pero era un castigo dentro de la \u00f3rbita de lo privado. En cambio, el delito del seductor era un delito p\u00fablico, porque hab\u00eda atacado y vulnerado la propiedad del marido. No se castigaba la infidelidad sino el da\u00f1o patrimonial.<br \/>\nEl jefe de familia era el propietario de todos los componentes del oikos, incluso de las vidas, por lo que la pr\u00e1ctica del abandono (\u201cexposici\u00f3n\u201d) de los neonatos era usual; generalmente los dejaban en una bandeja en la calle cerca del hogar donde hab\u00edan nacido. Las v\u00edctimas mayoritarias de la exposici\u00f3n (de ah\u00ed deriva el apellido Esp\u00f3sito) eran las neonatas. Al decir de Posidipo, \u201cun hijo lo cr\u00eda hasta el pobre, pero una hija la expone hasta el rico\u201d. Expresi\u00f3n que no hace m\u00e1s que ratificar el hecho de que las mujeres sufr\u00edan en mayor medida esta costumbre cruel. Por este medio las familias regulaban la cantidad de hijas mujeres, ya que eran siempre una carga. Se las deb\u00eda dotar para casarlas y si no se casaban hab\u00eda que mantenerlas. En Grecia la exposici\u00f3n cumpl\u00eda tambi\u00e9n una funci\u00f3n social, as\u00ed se controlaba el n\u00famero de mujeres de la ciudad de modo que la cantidad de solteras fuera la menor posible.<br \/>\nLos matrimonios consangu\u00edneos (la forma m\u00e1s eficiente de proteger el patrimonio familiar) se realizaban hasta entre hermanos, no eran socialmente objetados y eran siempre arreglados por el padre de la ni\u00f1a desde su m\u00e1s temprana edad. Ellas permanec\u00edan confinadas en la parte interna de la casa, el gynaiokonitis, donde no pod\u00edan ver a nadie ajeno a la familia. De hecho, no les era permitido ir al mercado ni estar presentes en los banquetes. S\u00f3lo el marido pod\u00eda ejercer el derecho de repudio. Todo el \u201cderecho\u201d material que les era reconocido consist\u00eda en la dote que se entregaba al marido, pero inhib\u00eda sus futuros derechos sucesorios. Esta funci\u00f3n de la dote se mantuvo casi sin cambios hasta el Bajo Medioevo. La condici\u00f3n de la mujer era (desde el punto de vista masculino) insatisfactoria en lo personal, inexistente en el plano social y jur\u00eddicamente regulada por una serie de normas que determinaban su inferioridad y la perpetua subordinaci\u00f3n a un hombre (padre, marido o tutor).<br \/>\nEsta misoginia extrema llev\u00f3 a que los \u00fanicos interlocutores v\u00e1lidos de los hombres fueran otros hombres, misoginia que inhib\u00eda en forma casi completa el di\u00e1logo amoroso heterosexual. No es necesariamente \u00e9sta la \u00fanica causa, pero se puede especular con un grado aceptable de razonabilidad que tuvo un peso decisivo sobre la amplia difusi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de la homosexualidad masculina en la sociedad griega.<br \/>\nDurante el helenismo (300 a.c. a 20 a.c.) se experimentaron fuertes mejoras en lo que hace al reconocimiento de derechos y mejora social de las mujeres. En primer lugar, se increment\u00f3 la estima hacia ellas, se ampliaron las posibilidades de participaci\u00f3n social y mejoraron sustancialmente sus capacidades jur\u00eddicas. Pod\u00edan ejercer la materna potestas sobre sus hijos en caso de viudez o de no haberse desposado. Salvo algunas excepciones, la capacidad jur\u00eddica era casi completa. Con respecto a las posibilidades pol\u00edticas, pudieron ejercer el poder como representantes de un soberano difunto. Nos encontramos con una mujer m\u00e1s libre y educada y con mayor participaci\u00f3n, por ejemplo, en la literatura de aquel momento.<br \/>\nEn el transcurso del periodo romano la condici\u00f3n femenina tuvo avances y retrasos, sin una tendencia definida. Seg\u00fan Eva Cantarella, \u201cuno de los aspectos m\u00e1s instructivos de esta historia es el hecho que \u00e9sta muestra c\u00f3mo el camino hacia la emancipaci\u00f3n no es de ninguna manera irreversible\u201d.<br \/>\nDentro de la pen\u00ednsula, las mujeres etruscas, igual que antes la cretenses, gozaron de derechos y libertades impensables para los romanos. Ten\u00edan absoluta libertad de movimientos, cumpl\u00edan un importante rol social, participaban en los banquetes y eran educadas a la par de los hombres. Su \u00fanica limitaci\u00f3n estaba referida a lo pol\u00edtico, ya que no pod\u00edan acceder a cargos p\u00fablicos.<br \/>\nDurante la \u00e9poca de los reyes, en Roma s\u00f3lo los hombres eran considerados sujetos de derecho. La organizaci\u00f3n familiar era s\u00f3lidamente patriarcal. Las mujeres, cuando no eran \u201cexpuestas\u201d apenas nacidas (pr\u00e1ctica com\u00fan tambi\u00e9n entre los romanos), estaban destinadas a un matrimonio arreglado desde su infancia. De esta forma pasaban de ser sometidas por su padre a serlo por su marido. Sin derechos civiles, s\u00f3lo pod\u00edan ejercerlos por medio de un tutor. El pater era el se\u00f1or absoluto, con poder ilimitado y aut\u00f3nomo sobre las vidas de todos los miembros de su familia (mujer, hijos, esclavos).<br \/>\nLas dos faltas m\u00e1s graves que pod\u00eda cometer una mujer eran el adulterio y beber vino. En ambos casos el precio a pagar pod\u00eda ser el de su propia vida. Tambi\u00e9n ten\u00edan prohibida la interrupci\u00f3n voluntaria del embarazo, esto se aplicaba para todas las mujeres de la casa incluso las esclavas. Pero no por motivos morales o religiosos, sino porque el aborto era un atentado al patrimonio del pater familias: el embarazo tambi\u00e9n integraba su propiedad. S\u00f3lo a \u00e9l le cab\u00eda disponer.<br \/>\nLa pr\u00e1ctica de \u201cexponer\u201d los neonatos era aceptada y se verifica una vez m\u00e1s que son las bebas las v\u00edctimas mayoritarias. Es de notar que en el caso de que un neonato fuese recogido por alg\u00fan particular, \u00e9ste no sol\u00eda hacerlo por motivos filantr\u00f3picos sino meramente econ\u00f3micos, ya que los beb\u00e9s rescatados sol\u00edan ser luego vendidos como esclavos, explotados para la prostituci\u00f3n o deformados y mutilados para hacerlos limosneros.<br \/>\nA tal punto las mujeres eran consideradas objetos del patrimonio familiar que carec\u00edan de nombre individual. Los romanos utilizaban tres nombres: el primero, praenomen, era el individual; el segundo, el nomen, era el gentilicio; y el tercero, cognomen, indicaba el grupo de pertenencia familiar. Pero las mujeres carec\u00edan de nombre individual, eran llamadas s\u00f3lo con el gentilicio y el de familia. Cornelia, Cecilia, Tullia no son de hecho nombres individuales, sino gentilicios. Para diferenciarlas cuando hab\u00eda m\u00e1s de una se le agregaba a este nombre la part\u00edcula Maior, Minor, Prima, Secunda, Tertia, etc.<br \/>\nCon el advenimiento de la Rep\u00fablica comenzaron a ganar derechos, pero reci\u00e9n con el Imperio puede decirse que alcanzaron el m\u00e1ximo punto de emancipaci\u00f3n e igualdad. La instituci\u00f3n que experiment\u00f3 el cambio m\u00e1s profundo fue el matrimonio. Se transform\u00f3 en una relaci\u00f3n de paridad donde lo que cobr\u00f3 importancia fue el affectio maritalis. El divorcio pas\u00f3 a ser una potestad que pod\u00eda ser ejercida por cualquiera de los c\u00f3nyuges. Es en esa \u00e9poca de nuevas libertades, civiles, patrimoniales, sociales, cuando hace su entrada el cristianismo. En un principio reforz\u00f3 la igualdad y dignidad de todas las personas, pero no sin evidentes contradicciones, ya que Pablo afirm\u00f3 en diversas ep\u00edstolas la sumisi\u00f3n de la mujer al hombre. Sin embargo, se instal\u00f3 la idea del matrimonio monog\u00e1mico e indisoluble.<br \/>\nPero sigui\u00f3 un nuevo detrimento de las libertades y los derechos adquiridos a lo largo de los siglos anteriores. Seg\u00fan algunos autores, una de las principales causas de la decadencia y ca\u00edda del Imperio Romano fue la crisis demogr\u00e1fica. Y la principal raz\u00f3n que se esgrime, m\u00e1s que el posible envenenamiento por plomo provocado por el revestimiento de los acueductos que alimentaban a Roma, fue la conducta disoluta de las damas romanas, quienes, al efecto de no ver menoscabada su libertad sexual, se negaban a la procreaci\u00f3n. Lo cierto fue que la clase dirigente romana se vio diezmada frente a una masa siempre en crecimiento de nuevos ciudadanos, muchos de ellos esclavos liberados u hombres libres nacidos fuera de los muros de la ciudad. Esta justificaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de su improbable verosimilitud, se\u00f1ala una actitud significativa que vemos repetirse en diferentes oportunidades: frente a las crisis de un sistema pol\u00edtico creado por los hombres, estos creen poder ubicar las causas en las elecciones y \u201cdebilidades\u201d de las mujeres, como si la sociedad estuviera regida s\u00f3lo por ellas o fueran ellas el \u00fanico factor de decisi\u00f3n.<br \/>\nCon el cambio de las condiciones pol\u00edticas, econ\u00f3micas y sociales, la burocratizaci\u00f3n y militarizaci\u00f3n del Estado, se perdieron inevitablemente las circunstancias que hab\u00edan favorecido la emancipaci\u00f3n.<br \/>\nAl principio del cristianismo el rol de la mujer como difusora de la nueva religi\u00f3n fue ampliamente reconocido, pero luego, con el culto de Mar\u00eda, se comienza a exaltar la castidad y se caracteriza al matrimonio como el mal menor cuando no es posible optar por la abstinencia. Adem\u00e1s, toda la patr\u00edstica demoniz\u00f3 cruelmente a la mujer, caracterizaci\u00f3n terrible, de sobra conocida por todos, y que perdur\u00f3 en muchos pa\u00edses hasta despu\u00e9s de la Ilustraci\u00f3n.<br \/>\nEn efecto, durante todo el Medioevo la mujer fue vista como la fuente del pecado y la perdici\u00f3n, la personificaci\u00f3n demon\u00edaca de la tentaci\u00f3n. Nuevamente \u201ccosificada\u201d, deshumanizada, no educada, tomada como moneda de cambio entre familias, damnificada en decisiones en las que no era escuchada, v\u00edctima preferida de la \u201cexposici\u00f3n\u201d hasta el siglo XVII. Simple objeto, bien inventariable para el beneficio exclusivo del hombre.<br \/>\nMuchos de los derechos de las mujeres son de adquisici\u00f3n reciente: s\u00f3lo desde 1882 una mujer puede en el Reino Unido ser independiente econ\u00f3micamente y manejar directamente su patrimonio personal. Hasta la d\u00e9cada de los \u201860 (con el auge de la beatleman\u00eda y la liberaci\u00f3n sexual) existi\u00f3 una legislaci\u00f3n especial y expiatoria para los \u201ccr\u00edmenes de honor\u201d (adulterio) en muchos pa\u00edses europeos del Mediterr\u00e1neo (tal vez sea oportuno, para refrescar la memoria, recordar la pel\u00edcula Divorcio a la italiana). Si hablamos del sufragio, son pocos los pa\u00edses en que este derecho tiene m\u00e1s de cien a\u00f1os y en muchos ni siquiera llega a la mitad.<br \/>\nPero la fuerza de la opresi\u00f3n masculina excede el marco de la norma escrita. Los h\u00e1bitos del machismo son sordamente pervasivos y no dependen del derecho positivo. Por otra parte, es sabido que dif\u00edcilmente las leyes modifiquen costumbres instaladas firmemente dentro de una cultura. \u201cUna de las primeras cosas que deben comprenderse es que el poder no est\u00e1 localizado en el aparato de Estado, y que nada cambiar\u00e1 en la sociedad si no se transforman los mecanismos de poder que funcionan fuera de los aparatos de Estado, por debajo de ellos, a su lado, de una manera mucho m\u00e1s minuciosa, cotidiana\u201d (Michel Foucault). En efecto, estamos frente a una sociedad \u201cdisciplinada\u201d y es por eso que no debemos olvidar que son mujeres las que est\u00e1n educando a sus hijos, son ellas las que forman su mirada: \u201cya que si son los hombres los que mantienen a las mujeres en esta situaci\u00f3n envilecida, son las mujeres las que educan a los ni\u00f1os y las que les transmiten los viejos virus prehist\u00f3ricos\u201d (Germaine Tillion).<br \/>\nUna mayor concentraci\u00f3n de testosterona ha dejado de ser una necesidad imprescindible en el mundo occidental actual; es casi un bien suntuario que ha perdido la significaci\u00f3n de siglos pasados. Como alguna vez lo resalt\u00f3 la sabidur\u00eda de la calle: los guapos se acabaron cuando se invent\u00f3 la p\u00f3lvora. Nuestra sociedad ex\u00f3gama y multicultural brinda una nueva instancia de emancipaci\u00f3n femenina, que, valiente y oportunamente, las mujeres no est\u00e1n dejando pasar. No es relevante que algunos de estos grupos reivindicatorios caiga en posiciones extremas, lo que s\u00ed es importante es que gracias a su acci\u00f3n estamos todos m\u00e1s alerta ante cualquier eventual retroceso. Claramente no se trata de un problema femenino, tal como el racismo no es una lacra que afecta s\u00f3lo a la raza segregada, sino de una situaci\u00f3n que nos ata\u00f1e a todos y que nos obliga a replantear la definici\u00f3n de la sociedad en que decidimos vivir. La emancipaci\u00f3n femenina es tambi\u00e9n una causa masculina porque enriquece a la sociedad en su conjunto. Los hombres no debieran sentirse excluidos ni tampoco dejar que los excluyan.<br \/>\nTermino con una aguda cita de Virginia Woolf: \u201cLa historia de la oposici\u00f3n de los hombres a la emancipaci\u00f3n de las mujeres es tal vez m\u00e1s interesante que la emancipaci\u00f3n propiamente dicha\u201d.<\/p>\n<p><strong>Lecturas recomendadas<\/strong><br \/>\nTillion, G. La condici\u00f3n de la mujer en el \u00e1rea mediterr\u00e1nea.<br \/>\nCantarella, E. L\u2019ambiguo malanno.<br \/>\nCavalli-Sforza, L.L.The Great human diasporas.<br \/>\nEco, U. (rec) La Edad Media, Valerio, A. El poder de las Mujeres.<br \/>\nLe Goff, J. (rec) L\u2019uomo medievale, Klapisch-Zuberg, C. La donna e la famiglia.<br \/>\nL\u00e9vi-Strauss, C. La antropolog\u00eda frente a losproblemas del mundo moderno.<br \/>\nL\u00e9vi-Strauss, C. Todos somos can\u00edbales.<br \/>\nFoucault, M. Historia de la sexualidad.<br \/>\nFoucault, M. El poder, una bestia magn\u00edfica.<br \/>\nFoucault, M. Microf\u00edsica del poder.<br \/>\nCampagna, A. Abbandono e infanticidio nell\u2019antica Grecia, nell\u2019antica Roma e nel Medioevo.<br \/>\nSemprini, A. Storia dell\u2019abbandono e dell\u2019infanticidio.<br \/>\nWoolf, V. Un cuarto propio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escena podr\u00eda pertenecer a una novela del Marques de Sade o de alg\u00fan otro autor \u201cmaldito\u201d: dos aventureros temibles han secuestrado a una bell\u00edsima&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[370,126,2423,218,187,1759,758],"class_list":["post-14670","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nota-tapa","category-sociedad","tag-derechos","tag-familia","tag-feminismo","tag-historia","tag-libertad","tag-mujer","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3OC","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14670","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14670"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14670\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14673,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14670\/revisions\/14673"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14670"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14670"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14670"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}