{"id":14678,"date":"2018-07-03T16:38:12","date_gmt":"2018-07-03T19:38:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14678"},"modified":"2018-07-03T16:38:12","modified_gmt":"2018-07-03T19:38:12","slug":"10-analogias-entre-un-mundial-de-futbol-y-la-vida-creyente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=14678","title":{"rendered":"10 analog\u00edas entre un Mundial de F\u00fatbol y la vida (creyente)"},"content":{"rendered":"<p>Un Mundial de F\u00fatbol permite pensar por analog\u00eda la vida creyente desde varios puntos de vista.<br \/>\n1) Es un acontecimiento celebrativo cuasi-lit\u00fargico, que convoca a esperanzadas personas de todos los rincones de la tierra: de diferentes naciones y culturas, con sus atuendos, colores y cantos propios.<br \/>\n2) Existe una preparaci\u00f3n remota, un acontecimiento celebrativo que va desarroll\u00e1ndose en diferentes estadios a modo de templos, pero que en su conjunto convergen en la gran final, una y \u00fanica: la gran fiesta y combate escatol\u00f3gico a la vez.<br \/>\n3) En cada partido va teniendo lugar el mismo drama del f\u00fatbol, analog\u00eda de la vida (creyente), en donde el gran rival son los propios l\u00edmites, tentaciones, temores y vicios. En el f\u00fatbol hay reglas, y como en la vida, hay que \u201cjugar siempre para adelante\u201d, y adem\u00e1s tener astucia para saber \u201cprimerear\u201d (Papa Francisco). Hay que avanzar buscando lo nuevo (m\u00e1s goles), que es lo propio de la juventud, pero sin descuidar lo adquirido (el propio arco), sabidur\u00eda m\u00e1s propia del anciano: solo as\u00ed hay sano y fecundo desarrollo del juego.<br \/>\n4) En el f\u00fatbol como en la vida (creyente), lo importante es dar lo mejor de s\u00ed, \u201cestar en el partido\u201d en el instante presente sin lamentar lo que no sali\u00f3 bien minutos atr\u00e1s (el sombrerito de Caballero) ni anticiparse a la etapa siguiente. Tambi\u00e9n es importante mirar a los compa\u00f1eros y jugar en equipo, no perder de vista los objetivos (el goal) y de ese modo autotrascenderse, avanzar en el campeonatobuscando participar en la final.<br \/>\n5) El modo de juego de cada equipo da que pensar. En cada uno de ellos se ponen de manifiesto idiosincrasias culturales diversas, estrategias y t\u00e1cticas de juego que convierten al f\u00fatbol en algo siempre nuevo. Como en la celebraci\u00f3n pascual de los ciclos lit\u00fargicos a\u00f1o tras a\u00f1o, existe el desaf\u00edo de descubrir y vivir un novedoso y estimulante \u201csiempre m\u00e1s\u201d.<br \/>\n6) Cuando funcionan bien, equipos y jugadores convergen en la unidad desde la diversidad de condiciones y puestos. En cambio, cuando hay divisiones o diferentes criterios, el juego no se armoniza, los jugadores no juegan y los equipos fracasan. Tampoco funcionan bien cuando no han sabido hacer una buena lectura del partido: una acertada hermen\u00e9utica de la vida, una creativa lectura de los \u201csignos de los tiempos\u201d son indispensables para el bien vivir [=teodrama], el bien jugar[=teoest\u00e9tica] y el bien creer [=teol\u00f3gica].<br \/>\n7) Hay virtudes habituales a cultivar, como la fortaleza, la esperanza, la paciencia, la solidaridad, y dones extraordinarios que de tanto en tanto se manifiestan \u201cgratuitamente\u201d en jugadores y jugadas excepcionales (\u201cmesi\u00e1nicas\u201d). Pero por lo general no hay magia: los buenos equipos han debido trabajar arduo y bien, durante mucho tiempo. Redit\u00faa m\u00e1s el trabajo conjunto que el fugaz brillo de la individualidad (que por otra parte puede ser inhibidamediante la persistente marca del Adversario). Tambi\u00e9n hay vicios a evitar: el peor de todo es el de bajar los brazos y claudicar resignadamente, no ponerle garra al partido.<br \/>\n8) Como en la vida (creyente), los errores se pagan caros, o tienen sus consecuencias a futuro: las tarjetas pueden ir desangrando a los equipos a medida que el campeonato avanza. Redimir un camino mal comenzado implica esfuerzo penitencial: se sufre una especie de Cuaresma. Incluso la iniciativa para esta sanaci\u00f3n, como para la propia conversi\u00f3n,en ocasionesno depende ya de nosotros mismos sino de otros.<br \/>\n9) En las actitudes, el predominio \u00e9tico de lo emotivo por sobre lo razonable juega muy en contra: la ira incontrolada es sancionada, la concupiscencia de goles puede dar lugar a contra ataques fulminantes del adversario. La presunci\u00f3n de victoria porque se va ganando puede conducir a la desesperaci\u00f3n de la derrota. En cambio la fidelidad creativa, paciente y esperanzada ante la adversidad, puede conducir a una anhelada y m\u00e1s que satisfactoria victoria.<br \/>\n10) En el jugar existe una preeminencia de la intuici\u00f3n por encima de la reflexi\u00f3n, una especie de \u201c<em>sensus fidei<\/em>\u201d [=sentido de fe]. En cierto modo, el \u201cesp\u00edritu\u201d del juego conduce a sus actores de un modo siempre inesperado y misterioso. Hay en esto una cierta belleza: el f\u00fatbol y la vida (creyente) est\u00e1n llamados a convertirse en \u201cobra de arte\u201d.<br \/>\nPienso que tal vez por todas estas analog\u00edas, el f\u00fatbol se haya convertido en los albores del siglo XXI en el ritual cultural y \u201cpagano\u201d m\u00e1s exitoso. En las antiguas Grecia y Roma, los juegos se celebraron siempre en honor de los dioses. Juego, culto y disfrute iban juntos.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Cuando tu selecci\u00f3n participa en un mundial, acontece como durante la juventud: miramos el juego con intencionalidad posesiva [=buscamos ganar]. Cuando es eliminada, acontece como con la crisis de la mitad de la vida [=nos resignamos porque hasta ah\u00ed llegamos]. Pero luego descubrimos que podemos disfrutar del juego m\u00e1s libres y desinteresadamente, como acontece con las cosas importantes de la vida en la madurez [=contemplamos la vida como don].<br \/>\nDesde una perspectiva creyente, estos tres momentos enlazan los tres momentos del dinamismo de la fe: la \u00ab<em>via affirmationis<\/em>\u00bb [=experiencia fundante], la \u00ab<em>via negationis<\/em>\u00bb [=experiencia l\u00edmite], y la \u00ab<em>via eminentiae<\/em>\u00bb [=experiencia teof\u00e1nica]. Desde una perspectiva \u00e9tico-teol\u00f3gica, cada una de estas etapas tiende a ser acompa\u00f1ada por actitudes de \u00abpresunci\u00f3n\u00bb [=el \u00abpara\u00edso ya\u00bb de quien por anticipado se considera ya campe\u00f3n], \u00abdesilusi\u00f3n\u00bb [=el \u00abpara\u00edso nunca\u00bb de quien acaba de ser eliminado], y \u00abesperanza teologal\u00bb [=el \u00abpara\u00edso ya pero todav\u00eda no, o ya pero todav\u00eda m\u00e1s\u00bb de quien valora como don de Dios, con coraz\u00f3n libre, todo lo que la vida (o el f\u00fatbol) ofrece(n) de bueno y bello.<br \/>\nComo en el f\u00fatbol, el gran desaf\u00edo de la vida (creyente) es ir pasando de la \u00abeuforia idol\u00e1trica\u00bb al \u00abentusiasmo ic\u00f3nico\u00bb. Pero normalmente esto no resulta posible sin una experiencia pascual de muerte [=la amarga eliminaci\u00f3n] y resurrecci\u00f3n [=el gozo sereno de disfrutar un buen f\u00fatbol].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un Mundial de F\u00fatbol permite pensar por analog\u00eda la vida creyente desde varios puntos de vista. 1) Es un acontecimiento celebrativo cuasi-lit\u00fargico, que convoca a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[959,8],"tags":[2244,774,41,14,779,758],"class_list":["post-14678","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criterio-digital","category-iglesia","tag-creyente","tag-fe","tag-futbol","tag-iglesia","tag-mundial","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-3OK","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14678","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14678"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14678\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14679,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14678\/revisions\/14679"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14678"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14678"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14678"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}