{"id":15436,"date":"2018-11-06T20:24:02","date_gmt":"2018-11-06T23:24:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15436"},"modified":"2018-11-06T20:45:54","modified_gmt":"2018-11-06T23:45:54","slug":"george-steiner-maestro-de-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15436","title":{"rendered":"George Steiner, maestro de la palabra"},"content":{"rendered":"<p>Bajar del tren y estar a orillas del r\u00edo Cam trae la emoci\u00f3n de estar frente a otro r\u00edo, el de la vasta tradici\u00f3n anglosajona. Escritores, artistas y pensadores de Cambridge riegan las tierras de nuestras bibliotecas. Nos han ense\u00f1ado a imaginar y pensar, a rezar y a cantar. George Steiner es uno de sus m\u00e1s grandes exponentes todav\u00eda vivos. Su formaci\u00f3n excede los l\u00edmites de Inglaterra: su patria, como dir\u00eda S\u00e9neca, \u201ces todo el mundo\u201d. Por lo menos, el mundo occidental. Nacido en Par\u00eds en 1929 en el seno de una familia jud\u00eda de origen austr\u00edaco, exiliado en Nueva York durante su adolescencia y graduado en Oxford, conoce y habita dentro de las tradiciones jud\u00eda y hel\u00e9nica, alemana, rusa y anglosajona. Tambi\u00e9n dentro de la de Cervantes y la de nuestro Borges.<br \/>\nViaj\u00e9 hasta Cambridge para conocerlo. Toqu\u00e9 el timbre y me present\u00e9 como un estudiante de la Argentina que quer\u00eda hablar con el profesor. Me recibi\u00f3 Zara Steiner, su esposa, historiadora de la British Academy. Con delicadeza, me invit\u00f3 a pasar. Tiempo despu\u00e9s, mirando en Internet un encuentro de Steiner con Antonio Lobo Antunes, me enter\u00e9 de que por la misma puerta y guiado por la misma mujer, hab\u00eda entrado Borges. Tambi\u00e9n el poeta argentino hab\u00eda querido conocer al maestro y dialogar con \u00e9l. Justamente, en mis manos yo llevaba dos libros: <em>El Hacedor<\/em>, obra de madurez (acaso teol\u00f3gica) de Borges, y <em>Errata<\/em>, autobiograf\u00eda y confesi\u00f3n de Steiner. El primero para regalar y el segundo para firmar. Steiner estaba vestido con ropa de deporte y creo que mi llegada, al principio, lo incomod\u00f3 un poco. A sus 87 a\u00f1os, las <em>morning-walks<\/em> \u2013como \u00e9l mismo me dijo\u2013 son m\u00e1s una necesidad imperiosa que un placer. Y ni \u00e9l ni su mujer esperaban la llegada de un estudiante argentino. Sin embargo, no dej\u00f3 de sorprenderme su hospitalidad: me ofreci\u00f3 un t\u00e9 y una silla. Un t\u00e9 propiamente ingl\u00e9s, como no pod\u00eda ser de otra manera.<br \/>\nUna an\u00e9cdota de Errata lo describe bien. Cuando a\u00fan era estudiante, unos compa\u00f1eros le pidieron que los ayudara a leer a Henry James y a James Joyce. Sin darse cuenta, se encontr\u00f3 a s\u00ed mismo conduciendo un seminario no autorizado sobre estos autores, cada noche, en un rinc\u00f3n oscuro del campus de la universidad. Cuenta, con emoci\u00f3n, que nunca podr\u00e1 olvidar \u201cla arremetida de silencio en el cuarto y el asombro en los rostros\u201d de sus compa\u00f1eros mientras le\u00edan con \u00e9l (1). Los ve\u00eda tomando notas, subrayando y llenando los m\u00e1rgenes con marcas y signos. Esa experiencia fue el fundamento de su vocaci\u00f3n: \u201cSe hab\u00eda hecho tarde y el aire del cuarto estaba viciado. Intent\u00e9 bloquear las l\u00e1grimas absurdas. Hasta que las vi en algunos de sus rostros sin afeitar. En ese momento supe que yo pod\u00eda invitar a otros al sentido. Fue un descubrimiento del destino. Desde esa noche en adelante cantaron para m\u00ed las Sirenas de la ense\u00f1anza y de la interpretaci\u00f3n\u201d (2).<br \/>\nEse es George Steiner. Ese es el profesor que, antes de dejarme entrar en alguna cuesti\u00f3n acad\u00e9mica, me pregunt\u00f3 a qu\u00e9 me dedicaba y si conoc\u00eda al papa Francisco. Pude sentir el respeto y la valoraci\u00f3n hacia el Papa; despu\u00e9s de todo, aun siendo parte de mundos distintos, ambos son hombres consagrados a la palabra. Una cosa llev\u00f3 a la otra y llegamos a un deleite com\u00fan: Borges. \u201cEs un profeta para este siglo\u201d, dijo. Y destac\u00f3 su gusto por <em>La Biblioteca de Babel<\/em>, cuento que ley\u00f3 en la colecci\u00f3n inglesa Labyrinths a mediados de los a\u00f1os sesenta (3). Al pasar, y como si la cuesti\u00f3n no fuera demasiado importante, coment\u00f3 que hab\u00eda escrito un art\u00edculo sobre nuestro poeta: <em>Los tigres en el espejo <\/em>(4). Promet\u00ed leerlo cuando volviera a orillas del Plata. \u201cEn Buenos Aires, mejor segu\u00ed leyendo al profeta\u201d, propuso no sin cierta picard\u00eda.<br \/>\nAdem\u00e1s de tener una vasta formaci\u00f3n, o mejor dicho, con toda esa erudici\u00f3n, Steiner es un maestro de la lectura y de la interpretaci\u00f3n. Un hombre que percibe el hecho est\u00e9tico y habita en \u00e9l. En el libro <em>Presencias reales <\/em>(5) (puerta de entrada a su forma <em>mentis<\/em>) nos ense\u00f1a a percibir el acontecimiento de lo bello. La alusi\u00f3n eucar\u00edstica del t\u00edtulo es evidente y la analog\u00eda no carece de osad\u00eda. Una obra de arte s\u00f3lo puede llamarse as\u00ed si hay en ella una presencia, un algo o un alguien que es m\u00e1s que su autor ym\u00e1s que la suma de sus partes. Lo bello es aquello que irrumpe en lo real trayendo una novedad imposible de deducir e irreductible. Percibirlo con cortes\u00eda es el primer imperativo: estar en su presencia, dejarlo pasar y disponerse para que pueda desplegarse. Una vez acontecido el encuentro entre el que percibe y la presencia real del hecho est\u00e9tico, el arte transforma la vida, la hace cambiar de figura (transfigurarse) seg\u00fan la forma en ella impresa. Parafraseando a Kafka, el profesor del Churchill College, dice que un texto mayor, una pieza de arte o una composici\u00f3n musical, no s\u00f3lo exige una recepci\u00f3n que entienda; exige mucho m\u00e1s: demanda una reacci\u00f3n (6). No pod\u00eda decirlo en otro lado que no fuera su autobiograf\u00eda, porque su vida ha sido alimentada y transformada por el encuentro con lo bello.<br \/>\nS\u00f3lo una vez dado ese paso (haber experimentado la pascua de la belleza), puede llegar a decirse algo sobre el hecho est\u00e9tico. <em>Gram\u00e1ticas de la creaci\u00f3n (7)<\/em>, una edici\u00f3n de las Grifford Lectures dadas por Steiner en Glasgow en 1990, es quiz\u00e1 la mejor s\u00edntesis del autor sobre este tema. Cuando uno sale del teatro despu\u00e9s de haber visto una obra de envergadura, por referirse s\u00f3lo a una de las artes, necesita hablar sobre ella y pronunciar el logos que all\u00ed se ha manifestado. El hecho est\u00e9tico exige esa palabra. Para decirlo con von Balthasar: en la dram\u00e1tica \u2013que mira el ser transfigurado por la acci\u00f3n de la figura\u2013, impera el logos. Esta palabra acerca de la obra de arte no puede sino ser una prolongaci\u00f3n de la misma. No reduce la \u201cpresencia\u201d a un concepto y no lo vuelve una idea. Es una prolongaci\u00f3n en el tiempo de lo contemplado. Una palabra que, habiendo sido iluminada por una palabra mayor, ayuda a iluminar. Algo que s\u00f3lo logran hacer los poetas y aquellos que tienen el pathos po\u00e9tico, es decir, los que se dejaron tocar por el hecho est\u00e9tico.<br \/>\nNo es necesario detenerse demasiado en las implicaciones teol\u00f3gicas que esta est\u00e9tica conlleva. Consecuencias que el mismo Steiner sugiere y explicita, por ejemplo, en <em>Los log\u00f3cratas <\/em>(8). Basta con mostrar, dando lugar aqu\u00ed tambi\u00e9n a von Balthasar, que el modo del encuentro con la Revelaci\u00f3n, y por ende, con Dios mismo, se compone de estos mismos movimientos: la percepci\u00f3n y recepci\u00f3n de la figura revelada, el involucramiento activo con lo revelado y la formulaci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nUna vez sentado frente a Steiner y a su mujer, y habiendo experimentado en carne propia la cortes\u00eda de la que habla en <em>Presencias reales<\/em> como si yo mismo fuera la obra de arte a la cual se recibe, quise darle las gracias. Le agradec\u00ed por sus libros, porque me ense\u00f1aron a leer. \u201c\u00bfQu\u00e9 le\u00edste?\u201d me pregunt\u00f3. Con orgullo empec\u00e9 a enumerar los libros de su autor\u00eda que hab\u00eda le\u00eddo: los ya citados, y tambi\u00e9n <em>Nostalgia del absoluto <\/em>(9), <em>El prefacio a la biblia hebrea<\/em> (10)y <em>La muerte de la tragedia\u00a0(11)<\/em>, entre otros. Fren\u00f3 mi exposici\u00f3n y volvi\u00f3 a inquirir: \u201c\u00bfQu\u00e9 le\u00edste?\u201d. Se refer\u00eda a las lecturas que \u00e9l llama \u201cde primera mano\u201d, se refer\u00eda no al comentario sino a la lectura, no a la glosa sino a la palabra original. \u201cEn serio te pregunto, \u00bfle\u00edste algo?\u201d. Me cost\u00f3 responder. Balbuce\u00e9 algunos nombres que brillan en mi biblioteca (Rilke, Camus, los tr\u00e1gicos, alg\u00fan te\u00f3logo), pero mientras hablaba me di cuenta\u2026 Supe que Steiner hab\u00eda se\u00f1alado qu\u00e9 hab\u00eda que leer y c\u00f3mo; ca\u00ed en la cuenta de que yo hab\u00eda le\u00eddo en verdad poco y que menos a\u00fan me hab\u00eda dejado transfigurar por ello. Al verlo sentado frente a m\u00ed, con una pipa y el libro de Borges que yo le regal\u00e9 entre sus manos, supe tambi\u00e9n que todav\u00eda tengo tiempo y que la lectura \u201cen esp\u00edritu y en verdad\u201d es posible. Est\u00e1 ah\u00ed, en la distancia que media entre m\u00ed y la biblioteca de mi habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>El autor es seminarista de la arquidi\u00f3cesis de Buenos Aires y miembro del Consejo de redacci\u00f3n de la revista Communio.\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>[1]G. Steiner,<em>Errata: el examen de una vida<\/em>, Madrid, Ed. Siruela, 1998. He utilizado la edici\u00f3n original inglesa: <em>Errata: an examined life<\/em>, U.S., Yale University Press, 1998, 51.<\/p>\n<p>[2] Ib\u00edd. 52<\/p>\n<p>[3] J. L. Borges, <em>Labyrinths<\/em>, U.S., New directions, 1962<\/p>\n<p>[4]Art\u00edculo publicado en Extraterritorial: <em>Ensayos sobre literatura y la revoluci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica<\/em>, Madrid, Ed. Siruela, 2002<\/p>\n<p>[5]<em>Presencias reales: \u00bfhay algo en lo que decimos?<\/em>, Barcelona, Ed. Destino, 1992<\/p>\n<p>[6]<em>Errata,<\/em> 27<\/p>\n<p>[7]<em>Gram\u00e1ticas de la creaci\u00f3n,<\/em> Madrid, Ed. Siruela, 2001<\/p>\n<p>[8]<em>Los log\u00f3cratas<\/em>, Madrid. Ed. Siruela, 2006<\/p>\n<p>[9]<em>Nostalgia del absoluto<\/em>, Madrid, Ed. Siruela, 2001<\/p>\n<p>[10]<em>Un prefacio a la biblia hebrea<\/em>, Madrid, Ed. Siruela, 2004<\/p>\n<p>[11]<em>La muerte de la tragedia<\/em>, Caracas, Monte Olivia, 1991<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bajar del tren y estar a orillas del r\u00edo Cam trae la emoci\u00f3n de estar frente a otro r\u00edo, el de la vasta tradici\u00f3n anglosajona&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4,6],"tags":[1462,425,1722],"class_list":["post-15436","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-nota-tapa","tag-cultura","tag-literatura","tag-steiner"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-40Y","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15436","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15436"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15436\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15446,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15436\/revisions\/15446"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15436"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15436"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15436"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}