{"id":15675,"date":"2019-09-03T18:26:13","date_gmt":"2019-09-03T21:26:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15675"},"modified":"2019-10-03T18:43:57","modified_gmt":"2019-10-03T21:43:57","slug":"la-ultima-docencia-de-ortega-y-gasset-en-la-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15675","title":{"rendered":"La \u00faltima docencia de Ortega y Gasset en la Argentina"},"content":{"rendered":"<p>En agosto de este a\u00f1o se cumplieron ochenta a\u00f1os de la tercera llegada de Ortega y Gasset a la Argentina. Durante aquella estancia, que se extendi\u00f3 hasta 1942, el fil\u00f3sofo insisti\u00f3 en su llamada a la autenticidad de la naci\u00f3n que hab\u00eda ya realizado en sus dos viajes anteriores. Convencido de encontrar en la Argentina una naci\u00f3n con gran potencial \u2013y que contaba a\u00fan con la posibilidad de desarrollarlo\u2013, Ortega vio con preocupaci\u00f3n el hecho de que el argentino no se adscribiera a la tarea de llevar aquel proyecto adelante.<br \/>\nOrtega percibi\u00f3 esto desde su primer viaje a la Argentina, en 1916. En aquella ocasi\u00f3n, invitado por la Instituci\u00f3n Cultural Espa\u00f1ola en Buenos Aires, Ortega lleg\u00f3 con un programa de actividades ya establecido. Sin embargo, ten\u00eda la firme intenci\u00f3n de conocer a fondo el alma y la intimidad de esta joven naci\u00f3n. Y si bien qued\u00f3 maravillado por \u201cla potencialidad enorme de cultura que yace en esta tierra inmensa y en esta raza ascendente\u201d, le llam\u00f3 la atenci\u00f3n, sin embargo, el enorme desequilibrio que advirti\u00f3 entre la preocupaci\u00f3n econ\u00f3mica de esta sociedad y el resto de sus actividades. A\u00fan as\u00ed, Ortega sinti\u00f3 una gran esperanza por el pa\u00eds, y, en ese sentido, a la hora de emprender su regreso a Espa\u00f1a, manifest\u00f3 estar \u201cseguro de hallar realizado a la vuelta de algunos a\u00f1os lo que hoy echo de menos\u201d.<br \/>\nTranscurrieron doce a\u00f1os hasta que regres\u00f3 y, sin embargo, la situaci\u00f3n aqu\u00ed no le result\u00f3 muy distinta a la que hab\u00eda hallado en 1916. Ortega lleg\u00f3 en esa oportunidad como una figura consagrada, con un pensamiento m\u00e1s maduro y, como \u00e9l mismo manifest\u00f3, consider\u00e1ndose ya un poco argentino. Probablemente todo esto lo anim\u00f3 a escribir su famoso ensayo Intimidades \u2013publicado en 1929, ya de regreso en Espa\u00f1a\u2013, donde analiz\u00f3 el perfil del hombre argentino desde la perspectiva de su raciovitalismo. Ortega afirm\u00f3 all\u00ed que el rasgo esencial de la vida argentina es el de ser promesa. El argentino nunca siente estar donde realmente est\u00e1 sino siempre por delante de s\u00ed mismo y, desde ese futuro a\u00fan no cumplido, lleva adelante su vida presente. Cuando aquellas promesas no se cumplen, este hombre queda sumido en la melancol\u00eda; siente su existencia como mutilada y no se explica la m\u00edsera y vac\u00eda realidad que lo rodea. La explicaci\u00f3n, sin embargo, es sencilla: este hombre no se adscribe a su propia circunstancia y no se esfuerza por alcanzar aquel futuro que desde siempre crey\u00f3 cumplido. En ese mismo ensayo, Ortega llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la falta de autenticidad del hombre medio argentino, un individuo que vive de lo externo, del puro gesto, y a quien, por lo mismo, la vida se le escapa de las manos.<br \/>\nComo era de esperar, este ensayo no pas\u00f3 desapercibido. El caudal de reacciones que desat\u00f3 entre intelectuales, periodistas y personalidades del \u00e1mbito cultural dej\u00f3 en evidencia la gran perturbaci\u00f3n que provoc\u00f3 en la opini\u00f3n p\u00fablica argentina. Ortega estaba ya de regreso en Espa\u00f1a, pero continuaba desde all\u00ed sus intervenciones en la prensa de este pa\u00eds. Y, si bien planeaba regresar pronto, por diversos motivos su viaje se retras\u00f3 hasta 1939. Ahora, a ochenta a\u00f1os del inicio de aquel tercer viaje, conviene detenerse de manera particular en \u00e9l.<br \/>\nA diferencia de los dos primeros viajes, en la tercera oportunidad Ortega fue marginado de muchos de los c\u00edrculos intelectuales y acad\u00e9micos de la Argentina, y lleg\u00f3 incluso a tener serias dificultades econ\u00f3micas.<br \/>\nAun as\u00ed, el fil\u00f3sofo no perdi\u00f3 la oportunidad de llamar nuevamente la atenci\u00f3n de los argentinos en un momento que consideraba clave para su historia. Evidentemente, a\u00fan estaba convencido de la gran naci\u00f3n que la Argentina pod\u00eda ser si asum\u00eda sinceramente la tarea y el esfuerzo de su construcci\u00f3n. En ese sentido, en su conocido curso sobre El hombre y la gente que dict\u00f3 en la Sociedad Amigos del Arte durante esta estancia, afirm\u00f3: \u201cEs este un momento, en la vida de este pa\u00eds (\u2026) en que tiene que resolver nuevas v\u00edas; y para resolver nuevas v\u00edas hay que echar la mirada a lo alto y a lo lejos, y mirar puntos cardinales. Es, pues, menester, a fuerza de reflexi\u00f3n, de estudio y de perspicacia, crearse una visi\u00f3n clara del momento en que este pa\u00eds existe\u201d.<br \/>\nTambi\u00e9n de esta \u00e9poca es su \u201cMeditaci\u00f3n de la criolla\u201d, texto que se emiti\u00f3 por primera vez en Radio Splendid; su conferencia sobre Juan Luis Vives que imparti\u00f3 en el aula magna del Colegio Nacional de Buenos Aires; su curso sobre La raz\u00f3n hist\u00f3rica que dict\u00f3 en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la Universidad de Buenos Aires; y la serie de art\u00edculos reunidos bajo el t\u00edtulo \u201cDel Imperio romano\u201d que public\u00f3 en La Naci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, quiz\u00e1s una de sus intervenciones m\u00e1s recordadas de este tercer viaje sea su conferencia \u201cMeditaci\u00f3n del pueblo joven\u201d que brind\u00f3 en la Universidad de La Plata y que gener\u00f3 bastante malestar entre los argentinos. En aquella oportunidad, Ortega se refiri\u00f3 a la Argentina como un pueblo joven, categor\u00eda que buena parte del auditorio sinti\u00f3 como una descalificaci\u00f3n. Pero la intenci\u00f3n del fil\u00f3sofo no era la de herir sino la de despertar al argentino de su sue\u00f1o narcisista para que entonces s\u00ed pudiera llegar a ser un pueblo adulto con una base s\u00f3lida. Mientras no se aceptara la circunstancia propia, ser\u00edan imposibles el crecimiento y el progreso. Ortega insisti\u00f3, entonces, en que las instituciones y formas de organizaci\u00f3n social estaban desprendidas de la aut\u00e9ntica realidad del pa\u00eds. Las nuevas generaciones no se ocupaban de encontrar las formas en las cuales se expresara la propia vida, aquella acorde a la etapa que se atravesaba y, as\u00ed, la Argentina se alejaba cada vez m\u00e1s de esa gran naci\u00f3n que ten\u00eda capacidad de ser. \u201cHay que apurarse, argentinos. El tiempo corre y la vida colonial, probablemente, termina ahora, aun en sus formas m\u00e1s avanzadas, para Am\u00e9rica\u201d, advirti\u00f3 entonces.<br \/>\nEl descontento hacia la figura de Ortega aument\u00f3 a\u00fan m\u00e1s durante estos a\u00f1os por cuestiones pol\u00edticas. La Guerra Civil Espa\u00f1ola y el inicio de la Segunda Guerra Mundial hab\u00edan enfrentado a buena parte de los intelectuales argentinos y no parec\u00eda haber lugar para la neutralidad. El silencio de Ortega, entonces, no s\u00f3lo llam\u00f3 la atenci\u00f3n sino que adem\u00e1s gener\u00f3 fuertes cr\u00edticas en el ambiente acad\u00e9mico local. En este contexto se dio tambi\u00e9n el fin de la colaboraci\u00f3n de Ortega con el grupo Sur, aunque su amistad con Victoria Ocampo perdur\u00f3 en el tiempo. As\u00ed, tras sentir el fracaso en varias de sus iniciativas en Buenos Aires, y de lidiar con una mala situaci\u00f3n econ\u00f3mica que lo desgastaba, Ortega regres\u00f3 a Espa\u00f1a el 9 de febrero de 1942. A pesar de seguir en contacto con la Argentina, ya no volvi\u00f3 a visitarla.<br \/>\nSin embargo, de aquella \u201cMeditaci\u00f3n del Pueblo joven\u201d a\u00fan se recuerdan sus palabras: \u201c\u00a1Argentinos, a las cosas, a las cosas! D\u00e9jense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magn\u00edfico que dar\u00e1 este pa\u00eds el d\u00eda que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas, directamente y sin m\u00e1s, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal\u201d. Es probable que hoy, ochenta a\u00f1os despu\u00e9s, puedan sacarse diversas conclusiones sobre los rasgos de la vida argentina que el fil\u00f3sofo percibi\u00f3 entonces y a lo largo de sus tres viajes a este pa\u00eds. Sin embargo, resulta claro que sus palabras no pierden actualidad y su llamada a la autenticidad de la naci\u00f3n sigue resonando vigente entre nosotros.<\/p>\n<p><em>La autora es Doctora en Filosof\u00eda (Salamanca) y profesora de la UCA<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En agosto de este a\u00f1o se cumplieron ochenta a\u00f1os de la tercera llegada de Ortega y Gasset a la Argentina. 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