{"id":15684,"date":"2019-09-03T19:36:20","date_gmt":"2019-09-03T22:36:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15684"},"modified":"2019-10-03T19:43:58","modified_gmt":"2019-10-03T22:43:58","slug":"el-riesgo-de-creer-en-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15684","title":{"rendered":"El riesgo de creer en Dios"},"content":{"rendered":"<p>\u00a1Dios ha muerto! exclam\u00f3 Nietzsche en 1882. Sobre el sentido de esta frase contin\u00faa la discusi\u00f3n en el mundo cultural. Recordemos la pel\u00edcula estadounidense <em>Dios no est\u00e1 muerto<\/em>, de hace cinco a\u00f1os, donde un estudiante creyente enfrenta a su profesor de filosof\u00eda, que es ateo. Lo indudable es que el tema de Dios y la existencia de la religi\u00f3n gozan de una cierta inmortalidad. La fe es un sentimiento del m\u00e1s all\u00e1 que implica una conciencia \u00e9tica y se exterioriza en pr\u00e1cticas religiosas. Observando \u00e9stas nos preguntamos cu\u00e1ntos son los creyentes, para apreciar su importancia. El n\u00famero no es un dato fr\u00edo sino un pulso cultural. Cuando nuestro Padre General Kolvenbach visit\u00f3 la isla de Cuba en el a\u00f1o 2007, Fidel Castro, entonces gobernante, le pregunt\u00f3:<br \/>\n-Padre, \u00bfcu\u00e1ntos son los cat\u00f3licos en el L\u00edbano?- pa\u00eds donde hab\u00eda trabajado el jesuita.<br \/>\n-Es un secreto de Estado-, le respondi\u00f3.<br \/>\nAnte la sorpresa de Fidel, le explic\u00f3 que en el L\u00edbano, pa\u00eds multirreligioso, los cargos de gobierno est\u00e1n repartidos seg\u00fan el n\u00famero de creyentes de cada iglesia o religi\u00f3n. La alteraci\u00f3n del porcentaje llevar\u00eda a cambios en las alianzas gubernamentales. En Europa, en general, el creciente n\u00famero de musulmanes presagia el surgimiento de una nueva cultura y una nueva civilizaci\u00f3n que convivir\u00e1 con la actual, sin llegar al matrimonio. En la Argentina se estima que los cat\u00f3licos somos m\u00e1s del 75%. En Brasil una cuarta parte de la poblaci\u00f3n son evang\u00e9licos, es decir unos 50 millones, cuyo voto fue decisivo para la elecci\u00f3n de Bolsonaro como presidente. Como vemos, la fe desborda el terreno de la intimidad. En los creyentes hay grados de convicci\u00f3n y fervor. Algunos comentadores establecen una escala de valores, al distinguir entre cristianos por tradici\u00f3n familiar y cristianos por decisi\u00f3n personal. La diferencia es real, pero no nos permite catalogar a unos como mejor creyentes que otros. Todos somos creyentes, con limitaciones y dudas, a\u00fan los agn\u00f3sticos que se gu\u00edan por valores superiores.<\/p>\n<p><strong>Detr\u00e1s del confiar<\/strong><br \/>\nLa fe es una actitud de confianza en otro. Cuando ese Otro emerge de lo divino, hablamos de fe religiosa. En realidad toda fe est\u00e1 vinculada a lo religioso, ya que nuestra confianza en los amigos y compa\u00f1eros busca la seguridad y presentimos que esa paz s\u00f3lo puede provenir de un Absoluto. Aun as\u00ed, no tenemos garantizada la seguridad de nuestra fe. Al creer o confiar en otros, corremos un riesgo porque nuestra confianza puede quedar defraudada, como ocurre algunas veces. El padre Jos\u00e9 Antonio Pagola afirma que \u201camar es siempre aventurarse en el otro\u201d. El aventurarse implica un riesgo, como los navegantes cuando hay tormenta. La fe, entonces, \u00bfno nos proporciona seguridad? S\u00ed, la seguridad de que continuar\u00e9 arriesg\u00e1ndome para encontrar al otro. Los que se casan o se juntan, se arriesgan, a veces con muchos interrogantes. Ni los santos est\u00e1n libres de las dudas y angustias. Ignacio de Loyola, reci\u00e9n \u201cconvertido\u201d, mientras hac\u00eda oraci\u00f3n en la cueva de Manresa, comenz\u00f3 a sentir terribles escr\u00fapulos porque le parec\u00eda que en la confesi\u00f3n no hab\u00eda mencionado al sacerdote todos sus pecados e imperfecciones. Volv\u00eda a confesarse y los escr\u00fapulos aumentaban. Esas dudas lo atormentaron a tal punto que sinti\u00f3 la tentaci\u00f3n de tirarse al precipicio para librarse de ellas. Corri\u00f3 el riesgo de dedicarse a Dios y experiment\u00f3 el sufrimiento del misterio divino, que es inefable. Finalmente un director espiritual lo calm\u00f3 y orient\u00f3. Nadie puede arriesgase solo, ni siquiera los santos; todos nos necesitamos mutuamente.<br \/>\nEstamos concluyendo un a\u00f1o electoral. Unos conf\u00edan en Macri como futuro presidente, otros en Fern\u00e1ndez. Pero no todos conf\u00edan realmente en Mauricio o en Cristina. Muchos los votan por desconfiar o temer al otro. Unos para sacarlo a Macri, otros para que no vuelva Cristina. Como vemos, la confianza en unos puede venir apuntalada por la desconfianza en otros, como la chica que se casa por amor y para escapar del control materno. Ahora bien, el confiar en Dios, \u00bfqu\u00e9 desconfianza oculta detr\u00e1s? Siglos antes eran el temor al infierno, al diablo, al purgatorio. Hoy nadie pierde el sue\u00f1o por esos planteos. Lo que nos asecha detr\u00e1s de la fe en Dios, es el misterio. \u00bfQu\u00e9 nos aguarda despu\u00e9s de la muerte? La fe cristiana incluye la resurrecci\u00f3n de los muertos, pero no podemos imaginarnos un cuerpo resucitado; un est\u00f3mago que no requiere alimentos carece de finalidad. Si no funciona, se atrofia, como los m\u00fasculos, el cerebro, todos los \u00f3rganos. Tendr\u00edamos un cuerpo de adorno. Creemos que Dios nos va a resucitar, pero no nos imaginamos c\u00f3mo ser\u00e1 esa vida ni c\u00f3mo ser\u00e1 una felicidad que no se tambalee nunca. Nos envuelve el sentimiento del misterio, terrible y fascinante al mismo tiempo, como expres\u00f3 el te\u00f3logo alem\u00e1n Rudolf Otto.<br \/>\nLa famosa apuesta de Pascal, del siglo XVII, analiza la creencia en Dios en t\u00e9rminos de apuesta sobre su existencia: creyendo en Dios y observando una conducta virtuosa, podemos ganar la vida eterna. Si el hombre cree y finalmente Dios no existe, nada se pierde en realidad. En este esquema, con la fe en Dios se corre un riesgo tan calculado, que deja de ser riesgo. Pero, por m\u00e1s que razonemos, s\u00f3lo se llega a la fe trav\u00e9s del coraz\u00f3n, del sentimiento, para algunos en una iluminaci\u00f3n s\u00fabita que escapa a cualquier intento de elucidaci\u00f3n l\u00f3gica: \u201cEl coraz\u00f3n tiene razones que la raz\u00f3n desconoce\u201d es sin duda la m\u00e1s conocida frase de Blas Pascal. Con todo, la hip\u00f3tesis \u201csi Dios no existe nada se pierde\u201d, no es real. Quien confi\u00f3 apasionadamente en otro y descubre que ese otro no existi\u00f3 como verdadero amigo sino como embaucador, siente una amargura y una frustraci\u00f3n muy grande, incluso contra s\u00ed mismo por no haber advertido el enga\u00f1o. La famosa \u201capuesta de Pascal\u201d posee un valor te\u00f3rico, pero no humanista.<br \/>\n<strong>Qui\u00e9n se arriesg\u00f3 primero<\/strong><br \/>\nDebemos imitar a Dios en el amor, pero tambi\u00e9n, como integrante de ese amor, en el saber arriesgarnos. Dios se arriesg\u00f3 primero al hacerse presente entre nosotros en Jes\u00fas de Nazaret. No corri\u00f3 simplemente el riesgo de fracasar, lo que de hecho ocurri\u00f3 al morir en la cruz. Fue el riesgo de un rechazo por parte de la humanidad. En su cl\u00e1sico soneto, Lope de Vega exclama: \u201c\u00bfQu\u00e9 tengo yo que mi amistad procuras \/ qu\u00e9 inter\u00e9s se te sigue Jes\u00fas m\u00edo \/que a mi puerta, cubierto de roc\u00edo \/ pasas las noches del invierno oscuras?\u201d. Dios se arriesga a que no le abramos la puerta de nuestro coraz\u00f3n, no una vez sino de forma prolongada. Lo hacemos sufrir. Nosotros inventamos el infierno y ah\u00ed lo torturamos. \u00c9l se estremece con nuestro silencio. La oraci\u00f3n es una ayuda para nosotros y un consuelo para Dios, cuyo Esp\u00edritu Santo es llamado el consolador.<br \/>\nEn el Evangelio vemos que los creyentes se arriesgan en forma instintiva. Cuando van a prender a Jes\u00fas en el Huerto de los Olivos, Sim\u00f3n Pedro tom\u00f3 una espada y le dio un golpe en la cabeza al que ten\u00eda delante, cort\u00e1ndole una oreja. Una locura. Si no interven\u00eda Jes\u00fas, lo mol\u00edan a palos. Y cuando llevan al Se\u00f1or al palacio del Sumo Sacerdote, Pedro se arriesga ingresando al patio, donde los soldados estar\u00edan tomando unos mates porque hac\u00eda fr\u00edo. Pero lo reconocen y \u00e9l niega tres veces ser uno de los disc\u00edpulos. En ese momento siente la mirada de Jes\u00fas y, saliendo, llora amargamente. Nosotros tambi\u00e9n lloramos cuando hemos fallado a un amigo, as\u00ed sea por descuido. El riesgo de confiar supone una actitud comunitaria, tanto para animarnos como para perdonarnos. Cuando nos arriesgamos, sea para iniciar un negocio, para mudarnos de casa o para emprender un viaje, arrancamos con cierto entusiasmo, al menos con la esperanza de salir adelante. Pero al avanzar, sentimos en alg\u00fan momento las dificultades y somos tentados de volver atr\u00e1s, lo cual a veces es lo m\u00e1s sensato. El riesgo de ser creyentes, viviendo en esta Iglesia tan cuestionada, es grande. Los curas ped\u00f3filos, la corrupci\u00f3n en el Vaticano, la secularizaci\u00f3n de lo religioso y otras llagas, alejan a algunos de la Iglesia y dejan a muchos con una fe vacilante.<br \/>\nEn el siglo XVI, dos hombres profundamente religiosos, Mart\u00edn Lutero e Ignacio de Loyola, buscaban el modo de reformar la Iglesia de acuerdo al Evangelio. Ambos pon\u00edan el acento en el ministerio de la Palabra, con predicaciones, escritos, visitas a los enfermos, y no quedar limitados al ritualismo. Loyola corri\u00f3 el riesgo de apoyar al Papa, que no era un modelo de santidad. Lutero corri\u00f3 el riesgo de oponerse a esos Papas, para poder reformar la Iglesia. Ambos ten\u00edan raz\u00f3n, aunque la imagen de Lutero ha quedado desfigurada para los cat\u00f3licos, tanto por su estilo violento como por ser considerado un \u201chereje\u201d. Hoy tenemos otra imagen de Lutero. Como dijo Juan Pablo II, era un hombre profundamente religioso. Sus limitaciones son reconocidas por los luteranos mismos, como la actitud antisemita, al decir, por ejemplo, \u201cque los jud\u00edos ganen el pan con el sudor de su sucia nariz\u201d.<\/p>\n<p><strong>Pedagog\u00eda del riesgo<\/strong><\/p>\n<p>La fe es algo muy personal, aunque no individual. Los que se arriesgan sienten que no est\u00e1n solos. Est\u00e1n siempre acompa\u00f1ados o rodeados por familiares y conocidos. Los ni\u00f1os asimilan el sentimiento de confianza al convivir con sus pap\u00e1s. \u00c9stos son los encargados por Dios para darles de comer pero sobre todo para ense\u00f1arles a confiar. Hay una educaci\u00f3n para la confianza. A los peque\u00f1os les advierten que no hablen con extra\u00f1os, que no anden solos, que no abran la puerta a nadie. A medida que van creciendo les dan signos para saber en qui\u00e9nes confiar, adem\u00e1s de los familiares. Los adolescentes se resisten al control, en la primavera de su libertad, que puede convertirse en invierno. Pero no s\u00f3lo los ni\u00f1os necesitan confiar. Toda la humanidad siente que su porvenir depende de la fe en un ideal com\u00fan, expresado fundamentalmente en la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos, de las Naciones Unidas, en 1948. Pero muchos no llegan a adquirir esa fe o confianza. Unos se sienten protegidos por su armamento, pero los que tenemos fe, confiamos en que la paz es posible con el empe\u00f1o de todos. Otros se sienten seguros por los d\u00f3lares bajo el colch\u00f3n, hasta que llega una crisis y comprenden que nadie puede vivir seguro apart\u00e1ndose de los dem\u00e1s.<br \/>\nLo que da sentido a nuestra vida es convertirnos en servidores de la comunidad, en particular de los m\u00e1s necesitados, siguiendo cada uno su tradici\u00f3n religiosa o simplemente humanista. Nos arriesgamos a fracasar, lo que a veces ocurre. Perdemos la fe en la bondad del hombre y en la de su Creador. La \u00fanica soluci\u00f3n es imitar a Dios en el saber arriesgarse. El descendi\u00f3 a la tierra, en el m\u00e1s grande de los riesgos. Pero no estuvo solo. Sus familiares y amigos eran sus disc\u00edpulos y al mismo tiempo sus compa\u00f1eros, como en la \u00daltima Cena. Cuando qued\u00f3 solo para llevar la cruz no pudo continuar y tuvo que ser ayudado por el Cireneo. En realidad quien le permiti\u00f3 llegar hasta el final fue la mirada de Mar\u00eda, la mirada de todas las madres del mundo.<\/p>\n<p>La humanidad se enfrenta a tremendos desaf\u00edos, como el de la inteligencia artificial, el de las modificaciones incontroladas en el ADN o el agotamiento de los recursos de la Tierra. Como advirti\u00f3 el f\u00edsico Stephen Hawking, dentro de 400 a\u00f1os no ser\u00e1 posible vivir en este planeta y el hombre tendr\u00e1 que buscar otro alojamiento. Los que creemos en la Providencia no esperamos milagros. Porque confiamos en Dios, nos arriesgamos a seguir luchando para dejar a nuestros descendientes un mundo m\u00e1s humano, con gestos solidarios de ternura. Adem\u00e1s de arriesgarnos aprendamos de Dios a so\u00f1ar. Unamuno, fil\u00f3sofo espa\u00f1ol de hace un siglo, imagina que en un momento de su eternidad Dios se durmi\u00f3 y comenz\u00f3 a so\u00f1ar, que creaba el universo y la familia humana. Las religiones ser\u00edan las canciones de cuna para que no se despierte, en cuyo caso desaparecer\u00edamos todos. A esto a\u00f1ado que los cat\u00f3licos imaginamos a la Virgen Mar\u00eda cant\u00e1ndole al ni\u00f1o en Bel\u00e9n, para alegr\u00eda de los pastores y los magos, de los pobres y los m\u00e1s cultos. Y que se despierte reci\u00e9n cuando resucite y nos conduzca al banquete final.<\/p>\n<p><em>El autor es Profesor em\u00e9rito de Teolog\u00eda<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a1Dios ha muerto! exclam\u00f3 Nietzsche en 1882. Sobre el sentido de esta frase contin\u00faa la discusi\u00f3n en el mundo cultural. 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