{"id":15756,"date":"2020-02-04T16:26:52","date_gmt":"2020-02-04T19:26:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15756"},"modified":"2020-02-04T16:26:56","modified_gmt":"2020-02-04T19:26:56","slug":"miguel-esteban-hesayne-padre-obispo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15756","title":{"rendered":"Miguel Esteban Hesayne, padre obispo"},"content":{"rendered":"<p>Desde el a\u00f1o 1980 (la fecha no es un dato menor) y por unos cuantos a\u00f1os, tuve la gracia de pasar parte de los veranos misionando en la provincia de R\u00edo Negro, que por entonces formaba, toda entera, la di\u00f3cesis de Viedma. Esa circunstancia me permiti\u00f3 conocer, tratar y querer al padre obispo Miguel Hesayne (1922-2019). A su fallecimiento muchos han recordado que fue uno de los muy pocos obispos de su tiempo que enfrent\u00f3 y denunci\u00f3 las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura militar de ese tiempo, lo que le vali\u00f3 la cr\u00edtica y el desprecio de muchos de sus hermanos, mayormente sumisos cuando no complacientes y hasta entusiastas con ella. El recuerdo de ese valiente rol prof\u00e9tico es muy justo, porque las figuras de Hesayne, de Nevares, Novak, Zazpe o Angelelli permiten hacer presente que nunca todas son luces ni son sombras en la historia y en la Iglesia.<br \/>\nSin embargo, creo que es bueno testimoniar que el padre obispo Hesayne fue m\u00e1s que eso. Fue ante todo un hombre de Dios, de una profunda espiritualidad, en cierto modo un m\u00edstico. M\u00edstico y profeta, una combinaci\u00f3n necesaria y luminosa. Lo recuerdo muy bien llegando a celebrar misa en un rinc\u00f3n perdido de la cordillera: despu\u00e9s de saludar cari\u00f1osamente a todos, y enterado de una situaci\u00f3n bastante dram\u00e1tica que acababa de ocurrir, pidi\u00f3 apartarse para tener un rato de oraci\u00f3n personal. Luego celebr\u00f3 misa con enorme sencillez y dignidad. Y despu\u00e9s de la misa, acudi\u00f3 a ver y acompa\u00f1ar a una familia cuya casa incendiada todav\u00eda humeaba, para organizar la asistencia y estar con ellos.<br \/>\nEn \u00e9l conoc\u00ed una forma distinta de ser obispo, tan contrastante con el acartonamiento y solemnidad a los que est\u00e1bamos acostumbrados. Desde su cordial pero firme resistencia al t\u00edtulo de \u201cmonse\u00f1or\u201d, cambiado por el de \u201cpadre obispo\u201d. En esos a\u00f1os convoc\u00f3 y presidi\u00f3 algo tremendamente novedoso entre nosotros: un s\u00ednodo diocesano que moviliz\u00f3 a toda la di\u00f3cesis, y tambi\u00e9n a quienes colabor\u00e1bamos con ella desde lejos, que termin\u00f3 en un documento del que quiso hacer una versi\u00f3n popular para que todos pudieran entenderlo. Puso a la iglesia bajo la protecci\u00f3n de la Virgen Misionera de R\u00edo Negro, advocaci\u00f3n mariana inventada por \u00e9l con una imagen sencilla, de una mujer con ponchito y rasgos ind\u00edgenas apretando al Ni\u00f1o contra su pecho.<br \/>\nA su retiro la di\u00f3cesis fue dividida en tres. Su enorme territorio era imposible de abarcar por un solo obispo. Sigui\u00f3 por muchos a\u00f1os dedicado a la espiritualidad y a la formaci\u00f3n de laicos: al morir era el obispo argentino m\u00e1s anciano y m\u00e1s antiguo. Fue, ante todo, un hombre bueno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde el a\u00f1o 1980 (la fecha no es un dato menor) y por unos cuantos a\u00f1os, tuve la gracia de pasar parte de los veranos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-15756","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-468","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15756"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15756\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15758,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15756\/revisions\/15758"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15756"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}