{"id":15846,"date":"2020-03-26T11:25:14","date_gmt":"2020-03-26T14:25:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15846"},"modified":"2020-03-26T11:25:18","modified_gmt":"2020-03-26T14:25:18","slug":"la-rebelion-de-las-mujeres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15846","title":{"rendered":"La rebeli\u00f3n de las mujeres"},"content":{"rendered":"<p>Algunos historiadores, interpelados en los \u00faltimos meses por la crisis que atraviesa la Iglesia cat\u00f3lica, recordaron que en su milenaria historia esta instituci\u00f3n se renov\u00f3 profundamente cada 500 a\u00f1os, reencontrando cada vez una nueva capacidad para difundir su mensaje e incidir en el tejido social de ese tiempo y de los siglos sucesivos. Parece que precisamente en estos a\u00f1os hemos alcanzado el momento propicio para un nuevo cambio, cinco siglos despu\u00e9s de aquel momento clave de la fractura del cristianismo occidental entre cat\u00f3licos y reformados, fractura que contribuy\u00f3 a generar grandes flujos de renovaci\u00f3n en ambas partes. Al examinar las condiciones actuales, y al identificar y proponer corrientes de cambio activas y creativas hacia el interior de la instituci\u00f3n, curiosamente se toma en cuenta a las mujeres, presencia esencial pero silenciosa en la comunidad cat\u00f3lica.<br \/>\nSi bien los historiadores consultados se\u00f1alan precisamente en las corrientes provenientes de las bases, y no de las \u00e9lites clericales e intelectuales, la posibilidad de un impulso innovador, hoy todos hablan de j\u00f3venes, de inmigrantes, de pueblos evangelizados recientemente, pero sin distinciones de g\u00e9nero. En otras palabras, estos intelectuales parecen no ser conscientes de la gran crisis que est\u00e1 sacudiendo la instituci\u00f3n en los pa\u00edses occidentales, es decir, la enorme distancia entre una sociedad donde las mujeres han alcanzado la igualdad con los hombres y una comunidad \u2013la de la Iglesia cat\u00f3lica\u2013 donde no se las respeta, donde su palabra no es escuchada y sus capacidades son destinadas s\u00f3lo para ocupaciones simples; en definitiva, una comunidad donde las mujeres viven en un estado de inferioridad que abarca principalmente, como es obvio, a las religiosas.<br \/>\nLa ausencia de mujeres en lugares relevantes es considerada tan consustancial al mundo cat\u00f3lico que incluso desde el exterior casi nadie ya lo cuestiona: se da por descontada esta situaci\u00f3n no s\u00f3lo en el presente sino tambi\u00e9n para el futuro.<br \/>\nSin embargo, se trata de un grave error: dentro de la Iglesia, las mujeres est\u00e1n reaccionando de diferentes maneras, tomando conciencia de su situaci\u00f3n de marginaci\u00f3n y sobre todo de la profunda injusticia por el lugar de inferioridad al que han sido relegadas. Una injusticia respecto de lo que ense\u00f1a Jes\u00fas en los evangelios.<br \/>\nLa primera rebeli\u00f3n de las mujeres, en efecto, fue la intelectual, es decir, contra su exclusi\u00f3n del estudio y del comentario de los textos sagrados. El acceso a la ex\u00e9gesis, que se remonta a los a\u00f1os \u201870 del siglo pasado como efecto del Concilio Vaticano II, signific\u00f3 el descubrimiento de la numerosa presencia femenina en la narraci\u00f3n evang\u00e9lica: si bien transmitida por hombres, la vida de Jes\u00fas revelaba su atenci\u00f3n revolucionaria para con las mujeres que lo segu\u00edan, con las que se encontraba (por ejemplo, la samaritana) y hasta la frecuencia con que pon\u00eda a mujeres pobres y marginadas (viudas y prostitutas) como ejemplo para los hombres poderosos y cultos. Eran aspectos evidentes, a los ojos de todos, pero que no hab\u00edan sido le\u00eddos como lo que eran, es decir, prueba de la mirada renovadora que Jes\u00fas demostr\u00f3 con respecto a las mujeres en una sociedad r\u00edgidamente patriarcal. Fueron las acad\u00e9micas quienes descubrieron estos aspectos, otorgando fuerza a las cristianas para reivindicar, en definitiva, un rol respetado y reconocido en la Iglesia.<br \/>\nLa batalla interna, llevada adelante por minor\u00edas combativas y tenaces, tiene como objetivos, en primer lugar, el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y de poder, y casi siempre el pedido de la ordenaci\u00f3n sacerdotal donde reside, efectivamente, el poder clerical. Demanda a la cual la instituci\u00f3n siempre tuvo una firme respuesta negativa. \u00bfEstamos acaso seguros de que esa exigencia es el camino correcto para cambiar las cosas? El acceso de las mujeres al sacerdocio, en una estructura fuertemente clerical, corre el riesgo de clericalizarlas tambi\u00e9n a ellas, de cancelar su carga innovadora; en s\u00edntesis, de perpetuar un sistema que ya no funciona.<br \/>\nLos caminos a recorrer son otros, todos por ser inventados.<br \/>\nEn estos a\u00f1os de fermento intelectual muchas congregaciones religiosas se emanciparon de la tutela eclesi\u00e1stica, creando as\u00ed espacios de autonom\u00eda y, de alguna manera, tomando distancia \u2013si bien t\u00e1citamente\u2013 de las jerarqu\u00edas eclesiales. Abrieron as\u00ed caminos innovadores muy interesantes, pero que quedaron en los m\u00e1rgenes, ignorados por la vida oficial de la Iglesia. Un da\u00f1o a toda la comunidad cat\u00f3lica.<br \/>\nEste malestar subterr\u00e1neo pero real va acompa\u00f1ado por la ca\u00edda creciente de las vocaciones femeninas \u2013sobre todo de las religiosas de vida activa, consideradas por las j\u00f3venes de hoy como \u201csirvientas de los curas\u201d \u2013y este fen\u00f3meno en los pr\u00f3ximos a\u00f1os vaciar\u00e1 a la Iglesia de una reserva indispensable de trabajo, de compromiso humilde y tenaz, sobre todo de ejemplos tangibles de conducta cristiana. Sin embargo, no parece que las jerarqu\u00edas eclesi\u00e1sticas se den cuenta, tan acostumbradas como est\u00e1n a no ver a las mujeres, consideradas un ej\u00e9rcito silencioso de humildes ayudantes que siempre estar\u00e1n.<br \/>\nPor el contrario, se advierte una profunda transformaci\u00f3n. Las religiosas j\u00f3venes ya no est\u00e1n disponibles, en general, para llevar a cabo trabajos dom\u00e9sticos gratuitos, sin horario ni vacaciones, sirviendo a sacerdotes o a organismos eclesi\u00e1sticos. Sobre todo no quieren aceptar una vida de mortificaciones frente a un clero poderoso que se considera con derecho a explotarlas, y no s\u00f3lo como trabajadoras sino tambi\u00e9n y no pocas veces como objetos sexuales. La aparici\u00f3n por primera vez de denuncias claras sobre estos abusos se revel\u00f3 como la punta de un iceberg, es decir, un fen\u00f3meno estructural difundido no s\u00f3lo en los pa\u00edses m\u00e1s pobres, sino tambi\u00e9n en los m\u00e1s avanzados, situaci\u00f3n permitida por la condici\u00f3n de marginalidad en la que viven las religiosas. Denunciar estas situaciones es el primer paso para que todas las mujeres en la Iglesia encuentren dignidad y respeto.<br \/>\nAlgo hoy est\u00e1 cambiando en el mundo de las religiosas, y en profundidad: por un lado, la rebeli\u00f3n frente a una condici\u00f3n de opresi\u00f3n y de desprecio; y por otro, el surgimiento de capacidades femeninas de evangelizaci\u00f3n, de intervenci\u00f3n activa contra ciertas realidades espantosas como la trata de seres humanos; tambi\u00e9n una nueva ex\u00e9gesis b\u00edblica que enriquece la manera tradicional y banal con la que el clero difunde el esp\u00edritu evang\u00e9lico.<br \/>\nDe las mujeres, de las que trabajan en la Iglesia como laicas, puede surgir un profundo cambio capaz de poner fin a un esclerotizado poder clerical con tendencias hip\u00f3critas, que se est\u00e1 renovando s\u00f3lo superficialmente.<br \/>\nEn la Iglesia, pero tambi\u00e9n fuera de ella, pocos se dan cuenta. En efecto, est\u00e1 muy difundida la opini\u00f3n de que son suficientes grandes gestos simb\u00f3licos del papa Francisco en favor de las mujeres \u2013como la proclamaci\u00f3n de Magdalena ap\u00f3stol, igual que los ap\u00f3stoles, o la finalizaci\u00f3n de graves injusticias que hac\u00edan que el aborto fuera un pecado que s\u00f3lo pod\u00edan absolver los obispos\u2013 para satisfacer las necesidades de cambio. Ha sido tambi\u00e9n valorada positivamente la hermosa homil\u00eda que el Papa realiz\u00f3 el primer d\u00eda de 2020, centrada en Mar\u00eda, cuando afirm\u00f3 que el cuerpo de la mujer es sagrado porque all\u00ed acontece, con la maternidad, el encuentro entre Dios y el hombre. Sin duda una manera positiva de rehabilitar el cuerpo de las mujeres, tan a menudo considerado en la tradici\u00f3n cat\u00f3lica como fuente de tentaci\u00f3n y de pecado.<br \/>\nBellas y oportunas palabras que ciertamente \u2013as\u00ed lo esperamos\u2013 podr\u00e1n influir en un deseado cambio de la mentalidad machista que prevalece en la Iglesia. Pero son siempre palabras, s\u00f3lo palabras. Las mujeres concretas, con sus exigencias, con su inteligencia y su deseo de participaci\u00f3n y de respeto, que quieren ser escuchadas y no mediadas por los hombres de poder, no est\u00e1n presentes. Un ejemplo me ha impresionado: pocas horas antes de su homil\u00eda sobre Mar\u00eda, el Papa hab\u00eda reaccionado de manera brusca al intento, claramente inoportuno, de una mujer asi\u00e1tica que pretendi\u00f3 detenerlo para hablarle mientras \u00e9l saludaba a los fieles despu\u00e9s de la visita al pesebre de la plaza de San Pedro. El video dio la vuelta al mundo y el Papa, humildemente, se disculp\u00f3 despu\u00e9s del Angelus del primer d\u00eda del a\u00f1o, pero sin pedirle disculpas a la mujer. Pidi\u00f3 perd\u00f3n, en general, por haber perdido la paciencia y dado un mal ejemplo. Se comprende, nos sucede a todos. Pero esa mujer que llegaba de muy lejos y que seguramente estaba all\u00ed desde hac\u00eda horas para hablarle no tuvo una palabra de disculpas. Las mujeres concretas no existen.<br \/>\nPor otra parte, el anatema que el Papa pronunci\u00f3 contra quien profana el cuerpo de una mujer someti\u00e9ndola a un abuso sexual sigue siendo una invocaci\u00f3n vac\u00eda cuando no est\u00e1 seguida por una intervenci\u00f3n de control, incluso dentro de la Iglesia, cuando en definitiva no se inician investigaciones ni se establecen puniciones para los culpables de abuso sexual a las religiosas.<br \/>\nAlgunos d\u00edas despu\u00e9s, al finalizar el discurso a los diplom\u00e1ticos, el Papa cit\u00f3 la cuarta conferencia mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer, que tuvo lugar en Pek\u00edn en 1995, con la esperanza de que pudiera terminar toda forma de injusticia para con ellas. \u201cEjercer violencia contra una mujer o aprovecharse de ella no es un simple delito, es un crimen que destruye la armon\u00eda\u201d, dijo. Pero la Santa Sede fue la \u00fanica naci\u00f3n que no firm\u00f3 la Convenci\u00f3n del Consejo de Europa sobre la prevenci\u00f3n y la lucha contra la violencia para con las mujeres y en contra de la violencia dom\u00e9stica. Un documento en el que deben inspirarse los Estados para un nuevo camino de respeto entre los sexos y contrarrestar la discriminaci\u00f3n femenina.<br \/>\nSolamente una intervenci\u00f3n valiente de las mujeres puede inducir a que la Iglesia pase de las palabras a los hechos. Y a poner as\u00ed fin a una posici\u00f3n que en teor\u00eda es elevada, pero que en la pr\u00e1ctica revela precisamente lo contrario.<\/p>\n<p><em>La autora es historiadora y periodista italiana, ex directora del suplemento femenino de L\u2019Osservatore Romano<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunos historiadores, interpelados en los \u00faltimos meses por la crisis que atraviesa la Iglesia cat\u00f3lica, recordaron que en su milenaria historia esta instituci\u00f3n se renov\u00f3&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,6],"tags":[14],"class_list":["post-15846","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-nota-tapa","tag-iglesia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-47A","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15846","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15846"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15846\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15848,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15846\/revisions\/15848"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15846"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15846"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15846"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}