{"id":15909,"date":"2020-03-30T15:39:00","date_gmt":"2020-03-30T18:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15909"},"modified":"2020-03-30T15:44:29","modified_gmt":"2020-03-30T18:44:29","slug":"eric-rohmer-entre-comedias-estaciones-y-proverbios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15909","title":{"rendered":"Eric Rohmer, entre comedias, estaciones y proverbios"},"content":{"rendered":"<p>Tenemos debilidad por los aniversarios. El pasado 20 de enero, con merecida resonancia, celebramos el centenario de Federico Fellini (dicho sea de paso, el 15 de junio ser\u00e1 el de Alberto Sordi, int\u00e9rprete de inolvidables obras fellinianas). El 13 de febrero, con mucho menos ruido, se cumplieron 125 a\u00f1os del d\u00eda en que los hermanos Lumi\u00e8re registraron la patente del cinemat\u00f3grafo. Desde esa fecha lo mostrar\u00edan ante diversas sociedades cient\u00edficas y fotogr\u00e1ficas, hasta hacer, el 28 de diciembre de 1895, la primera exhibici\u00f3n p\u00fablica (y con entrada paga). Y el 20 de marzo, pero de 1920, a unos 350 kil\u00f3metros de la casa de los Lumi\u00e8re, naci\u00f3 Eric Rohmer.<br \/>\nEn verdad, no naci\u00f3 Rohmer, sino Maurice Henri Joseph Sch\u00e9rer. Se rebautiz\u00f3 a s\u00ed mismo muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando, ya siendo profesor de secundaria, empez\u00f3 a moverse en el mundo del cine. Pero no nos adelantemos. Naci\u00f3, seg\u00fan dicen, en Tulle, una agradable ciudad que a\u00fan conserva casas medievales. Otros dicen que naci\u00f3 en Nancy, el 4 de abril. Quiz\u00e1s haya por ah\u00ed otro Sch\u00e9rer, o un Rohmer aut\u00e9ntico, no lo sabemos. Esto de tener que elegir una opci\u00f3n entre ambas ciudades ya parece un chiste rohmeriano. Los de Nancy alegan que, por algo, \u00e9l fund\u00f3 all\u00ed, y no en Tulle, una granja de ciervos, pero no hemos encontrado informaci\u00f3n alguna que corrobore siquiera la existencia de esa granja. S\u00ed, en cambio, la de ciervos sueltos en los alrededores de la ciudad condal. Y la de Rohmer en la Ciudad Luz.<br \/>\nProfesor de literatura, colaborador de un diario, en 1946 public\u00f3 una novela, <em>Elizabeth ou les vacances<\/em>. Lo hizo con seud\u00f3nimo: Gilbert Cordier. Pronto vendr\u00edan las noches en la Cinemateca Francesa, las colaboraciones en <em>Les temps modernes<\/em>, <em>Quartier Latin<\/em> y otras publicaciones culturales, la amistad con Jacques Rivette, Truffaut y Godard, unos cortos amateurs, una peque\u00f1a revista, <em>Gazette du cin\u00e9ma<\/em>, el honroso cargo de jefe de redacci\u00f3n de la naciente <em>Cahiers du cin\u00e9ma<\/em>, el libro coescrito con Claude Chabrol sobre Hitchcock y el matrimonio con Th\u00e9rese Barbet, para toda la vida. \u00c9l era cat\u00f3lico, el \u00fanico en ese ambiente, y el de conversaci\u00f3n m\u00e1s profunda, seg\u00fan sus propios compa\u00f1eros. Ya para entonces firmaba con su nombre definitivo. A veces dec\u00eda que era un anagrama de su nombre original (pero sobrar\u00edan letras), o un homenaje al creador de las historias de Fu Manch\u00fa, el ingl\u00e9s Sax Rohmer (que tampoco se llamaba as\u00ed). Como sea, el seud\u00f3nimo le permiti\u00f3 disimular ante su familia conservadora y las autoridades del colegio donde era profesor, y diferenciarse del hermano, Ren\u00e9 Sch\u00e9rer, profesor de filosof\u00eda con marcada actividad p\u00fablica. A\u00f1os despu\u00e9s uno de los dos hijos de Eric se hizo militante trotskista con el seud\u00f3nimo Ren\u00e9 Monzat. Del otro hijo no hemos encontrado referencia alguna (\u201cSali\u00f3 normal\u201d, como dir\u00eda una t\u00eda).<br \/>\nEn 1959 Rohmer hizo su primera pel\u00edcula, <em>El signo del le\u00f3n<\/em>, peque\u00f1a historia de un bohemio que no puede pedir dinero a sus amigos porque est\u00e1n todos de vacaciones, y se queda en la calle hasta que, azarosamente, la suerte le sonr\u00ede. Sigui\u00f3 con algunos cortos que ya evidencian su inclinaci\u00f3n tem\u00e1tica, varios documentales televisivos y un largo de poca repercusi\u00f3n, hasta hacer, diez a\u00f1os despu\u00e9s, su obra m\u00e1s famosa: <em>Mi noche con Maud<\/em>, singular relato de un hombre puesto a decidir entre la mujer que se le ofrece y con quien conversa toda la noche, y la mujer que ha visto en la iglesia y que no sabe si ver\u00e1 de nuevo en la ma\u00f1ana. Es tambi\u00e9n la \u00fanica de sus obras donde lo religioso, y la confianza en la Gracia, se manifiestan abiertamente.<br \/>\n<em>Mi noche con Maud<\/em> integra, con <em>La coleccionista<\/em>, <em>La rodilla de Clara<\/em>, <em>El amor a la hora de la siesta<\/em> y los cortos tempranos <em>La panadera de Monceau<\/em> y <em>La carrera de Suzanne<\/em>, un cuerpo de obras que el autor llam\u00f3 \u201cCuentos morales\u201d. Vendr\u00eda m\u00e1s tarde el de \u201cComedias y proverbios\u201d, con <em>La mujer del aviador<\/em>, <em>Paulina en la playa<\/em>, <em>El rayo verde<\/em> (acaso su \u00faltimo gran \u00e9xito internacional) y otras. Por \u00faltimo, cuatro films agrupados como \u201cCuatro estaciones\u201d. El azar, muchas veces las vacaciones, las charlas extensas, afables y agudas, la circunstancia de tener que elegir entre dos opciones, los ambientes naturales, los equipos reducidos y largamente mantenidos de colaboradores, el sentido de lo moral que subyace en las an\u00e9cdotas, el refinado humorismo con que asoman los asuntos m\u00e1s serios, las reflexiones y decisiones alrededor de los sentimientos amorosos, y, en particular, el protagonismo femenino en la mayor\u00eda de las obras, la sencillez de estilo y la frescura de sus int\u00e9rpretes, son caracter\u00edsticas deliciosas de todo ese cine.<br \/>\nEso se advierte asimismo en otras pel\u00edculas suyas, \u201csueltas\u201d, en apariencia, como las deliciosas <em>La marquesa de O<\/em>, <em>Perceval el galo<\/em>, <em>El \u00e1rbol, el alcalde y la mediateca<\/em>. Los dramas de asunto hist\u00f3rico <em>La inglesa y el duque<\/em> y <em>Triple agente<\/em> son algo excepcional: carecen de humorismo, lo que es l\u00f3gico, pero mantienen las dem\u00e1s caracter\u00edsticas, y, filmadas en estudios, suman calidad formal.<br \/>\nEn 2007, con la comedia <em>Les amours d\u2019Astr\u00e9e et de Celadon<\/em>, Rohmer firm\u00f3 su despedida. Muri\u00f3 en enero de 2010, dejando una empresa productora de cine de arte, Les Films du Losange, m\u00e1s de 50 t\u00edtulos, entre cortos y largos, un buen pu\u00f1ado de libros, algunos por suerte ya traducidos al castellano, y el recuerdo de una buena persona.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tenemos debilidad por los aniversarios. 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