{"id":15939,"date":"2020-04-07T12:58:26","date_gmt":"2020-04-07T15:58:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15939"},"modified":"2020-04-07T12:58:28","modified_gmt":"2020-04-07T15:58:28","slug":"barrabas-o-lo-cristiano-donde-aparentemente-no-esta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15939","title":{"rendered":"Barrab\u00e1s, o lo cristiano donde aparentemente no est\u00e1"},"content":{"rendered":"<p>P\u00e4r Lagerkvist, escritor sueco que recibi\u00f3 el Premio Nobel de Literatura en 1951, estremeci\u00f3 a muchos lectores con el final de su novela <em>Barrab\u00e1s<\/em>, donde el protagonista muere crucificado: \u201cA la hora del crep\u00fasculo los espectadores ya se hab\u00edan marchado, fatigados de estar all\u00ed, de pie. Y, por otra parte, todos los condenados hab\u00edan muerto. S\u00f3lo Barrab\u00e1s segu\u00eda colgado, con vida a\u00fan. Cuando sinti\u00f3 llegar la muerte, a la que siempre hab\u00eda tenido tanto miedo, dijo en las tinieblas, como si a ellas hablase: \u2018A ti encomiendo mi esp\u00edritu.\u2019 Y entreg\u00f3 su alma\u201d.<br \/>Como siempre, la cr\u00edtica tuvo muchas opiniones. Pero prevaleci\u00f3 la idea de que esa escena era algo horrendo y escandaloso.<br \/>Emec\u00e9 Editores public\u00f3 <em>Barrab\u00e1s<\/em> en 1952, tomando como fuente la versi\u00f3n francesa, pero revis\u00e1ndola con el original sueco. Con el tiempo, Emec\u00e9 editar\u00eda m\u00e1s de ciento veinte mil ejemplares.<br \/>El entusiasmo por la versi\u00f3n francesa ten\u00eda un motivo: contaba con un pr\u00f3logo de otro Premio Nobel de Literatura, de 1947, Andr\u00e9 Gide. Emec\u00e9 incluy\u00f3 en su edici\u00f3n el texto de este escritor franc\u00e9s, que dice, entre otras cosas, al comenzar: \u201cNo dudemos: el <em>Barrab\u00e1s<\/em> de P\u00e4r Lagerkvist es un libro extraordinario\u201d. Y termina expresando este curioso entusiasmo: \u201cEl idioma sueco nos ha dado, nos sigue dando obras tan notables que pronto habr\u00e1 de ser indispensable conocerlo para el hombre que desee cultivarse, a fin de poder apreciar debidamente el importante papel que Suecia se dispone a desempe\u00f1ar en el concierto europeo\u201d.<br \/>No obstante la inclusi\u00f3n del texto de Gide en la edici\u00f3n de Barrab\u00e1s, Emec\u00e9 public\u00f3 adem\u00e1s una introducci\u00f3n del sacerdote Juan Sepich. All\u00ed se hacen algunas advertencias acerca de afirmaciones contenidas en la novela que, seg\u00fan el autor de esta nota introductoria, son rechazadas por la doctrina de la Iglesia. Esas apostillas se refieren, sobre todo, al aspecto f\u00edsico de Jes\u00fas y a algunas actitudes de la Virgen. Sepich, que ha dicho al comienzo de su nota que <em>Barrab\u00e1s<\/em> es una \u201cobra de arte eximia\u201d, concluye expresando que ha querido prevenir a los lectores \u201cacerca del verdadero car\u00e1cter del libro <em>Barrab\u00e1s<\/em>, considerado desde el punto de vista de la ortodoxia cristiana\u201d. Por supuesto que se puede decir que era otra \u00e9poca\u2026 Sin embargo, hoy no es tan infrecuente que algunos lectores confundan las voces de un personaje de ficci\u00f3n con una declaraci\u00f3n voluntaria del autor acerca de (en contra de) cosas reales. As\u00ed, volviendo a la nota de Sepich, puede ocurrir que, m\u00e1s all\u00e1 de lo que est\u00e1 en el texto, se postule una conclusi\u00f3n moral adivinada en el personaje: \u201cBarrab\u00e1s es un hombre que asiste al espect\u00e1culo de la redenci\u00f3n y no se redime; ve la luz y permanece ciego. Sus ojos y su mirar son un motivo permanente en la descripci\u00f3n de Lagerkvist. Conoce a Dios y no cree en \u00c9l. Vive, sufre, trabaja y muere con los cristianos y por ellos, y sin embargo entrega su alma en la m\u00e1s terrible tiniebla\u201d. Pero esto ya es un texto de Sepich, y no de Lagerkvist, acerca de Barrab\u00e1s; y son dos textos diferentes, que presentan a dos personajes distintos y con destinos desiguales. Por lo dem\u00e1s, lo importante, lo fundamental, es el texto tal y como ha quedado en su versi\u00f3n definitiva, y es eso lo que se debe leer y tratar de comprender en su forma real, con total independencia de intenciones previas u opiniones posteriores, incluyendo a las del autor. Lo que no est\u00e1 en la forma no est\u00e1.<br \/>Para Sepich, como para una muchedumbre de cr\u00edticos y de lectores, Barrab\u00e1s revela la situaci\u00f3n terrible y tr\u00e1gica de un incr\u00e9dulo que se entrega a la nada despu\u00e9s de haber recorrido un camino a lo largo del cual la posibilidad de comprender o de creer resulta completamente inimaginable.<br \/>Andr\u00e9 Gide, m\u00e1s cuidadoso y preciso, se atiene al texto de Lagerkvist y su conclusi\u00f3n es totalmente distinta que la de Sepich. Para \u00e9l, el m\u00e9rito de P\u00e4r Lagerkvist consiste en \u201chaberse mantenido sin desfallecimiento en la cuerda floja tendida a trav\u00e9s de las tinieblas\u201d. Y agrega: \u201cLa \u00faltima frase del libro permanece ambigua, sin duda voluntariamente: \u2018\u2026cuando sinti\u00f3 llegar la muerte, a la que siempre hab\u00eda tenido tanto miedo, dijo en las tinieblas, como si a ellas hablase: \u0336 A ti encomiendo mi esp\u00edritu.\u2019 [\u2026] Este \u2018como si\u2026\u2019.\u201d Andr\u00e9 Gide no pasa de ah\u00ed, de se\u00f1alar un final deliberadamente ambiguo. Pero si uno se inclina con mayor atenci\u00f3n sobre el texto de Lagerkvist, lo que se manifiesta es algo m\u00e1s que una pura ambig\u00fcedad. En realidad, de lo que se trata es de una llamada de atenci\u00f3n: si Barrab\u00e1s habla a las tinieblas, o si resulta que es \u201ccomo si\u201d a ellas hablara, \u00bfen qu\u00e9 sentido pueden esas tinieblas ser un interlocutor, y de qu\u00e9 clase? \u00bfQu\u00e9 o qui\u00e9n hay en esas tinieblas, capaz de o\u00edr y de escuchar? \u00bfQu\u00e9 ve Barrab\u00e1s ah\u00ed?<br \/>En los evangelios, si bien es verdad que \u201clas tinieblas\u201d tienen un aspecto negativo, y hasta maligno, tambi\u00e9n es verdad que es un lugar donde Dios puede manifestarse. As\u00ed, por un lado, podemos ver esta afirmaci\u00f3n dura y melanc\u00f3lica de Jes\u00fas, ya cercana su pasi\u00f3n, en Lucas 22, 53: \u201c\u2026esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas\u201d. Pero muy otro es el sentido de lo que leemos en Juan 1, 5: \u201c\u2026la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron\u201d. En todo caso, la menci\u00f3n m\u00e1s importante y reiterada es la que est\u00e1 asociada al momento supremo de la ofrenda que Jes\u00fas hace de su vida. Leemos en Mateo 27, 45: \u201cDesde la hora sexta la oscuridad cay\u00f3 sobre toda la tierra\u2026\u201d Y en Marcos 15, 33: \u201cLlegada la hora sexta, la oscuridad cay\u00f3 sobre toda la tierra\u2026\u201d Y en Lucas 23, 44: \u201cEra ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, la oscuridad cay\u00f3 sobre toda la tierra\u2026\u201d. Todas estas citas, sea que se traduzcan al castellano usando la palabra \u201ctinieblas\u201d o la palabra \u201coscuridad\u201d, usan en griego la misma palabra: <em>skot\u00eda<\/em>, que, precisamente, puede ser traducida de las dos maneras.<br \/>Y P\u00e4r Lagerkvist, que no es ingenuo de ninguna manera respecto de estos temas, comienza su Barrab\u00e1s por ah\u00ed: \u201cDesde que lo vio en el pretorio del palacio, sinti\u00f3 que hab\u00eda en \u00e9l algo extraordinario. No hubiera podido decir qu\u00e9 era: simplemente lo sent\u00eda. No cre\u00eda haber encontrado jam\u00e1s un ser semejante. Lo hab\u00eda visto como envuelto en una claridad deslumbrante, sin duda porque acababa de salir del calabozo y sus ojos no estaban a\u00fan acostumbrados a la luz. Al cabo de un breve instante, por cierto, la claridad se hab\u00eda desvanecido y su vista, de nuevo normal, percibi\u00f3 todo\u201d. Esta primera p\u00e1gina, que nos presenta la percepci\u00f3n inicial que Barrab\u00e1s tiene de Jes\u00fas, aclara que \u201csus ojos no estaban acostumbrados a la luz\u2026 a\u00fan\u201d. Antes de ser \u201cde nuevo normal\u201d, ha podido, por un momento, percibir algo deslumbrante. Luego, Barrab\u00e1s queda libre y sigue a Jes\u00fas por el camino del Calvario. Constantemente se nos hace referencia a su mirada, a c\u00f3mo intenta ver lo que est\u00e1 pasando delante de \u00e9l para tratar de captar un significado que no termina de aferrar. Sin embargo, Lagerkvist, como al pasar, va anotando detalles, mientras desarrolla la an\u00e9cdota, de manera que la narraci\u00f3n nos vaya permitiendo advertir el itinerario profundo de Barrab\u00e1s, la acci\u00f3n interior de la historia. Por ejemplo, en este \u201ccomo al pasar\u201d, el novelista apunta, llegados a la escena del G\u00f3lgota, que Barrab\u00e1s se interroga por ese hombre que \u201csufr\u00eda la crucifixi\u00f3n en su lugar\u201d. Por supuesto que se refiere al hecho de haber salido en libertad gracias a que el pueblo lo eligi\u00f3 a Jes\u00fas para que fuera crucificado. Pero tambi\u00e9n es claro que Lagerkvist ya ha introducido, a trav\u00e9s de esa formulaci\u00f3n, un tema evang\u00e9lico importante y central: la entrega de Jes\u00fas en favor de los hombres. Pocas p\u00e1ginas m\u00e1s adelante, Barrab\u00e1s se encuentra con un hombre que, por la descripci\u00f3n que se hace de \u00e9l, deducimos que es Pedro. No se conocen. Entablan un di\u00e1logo y, en un momento, Pedro dice: \u201cMuchas veces repiti\u00f3 que deb\u00eda sufrir y morir por nosotros\u201d. Y sigue el texto: \u201cBarrab\u00e1s le clav\u00f3 la mirada. \u2018\u00a1Morir por nosotros!\u2019\u201d Y Pedro le contesta: \u201cS\u00ed, en nuestro lugar\u201d. Mientras dialogan, unas personas se acercan \u201ccon profundo respeto\u201d a Pedro y le dicen: \u201c\u00bfNo sabes qui\u00e9n es ese individuo?\u201d. Pedro les responde que no, y ellos le aclaran: \u201c\u00bfNo sabes acaso que el Maestro ha sido crucificado en su lugar?\u201d. Antes de este di\u00e1logo, Barrab\u00e1s se ha encontrado con unos amigos y algunas mujeres que lo felicitan y lo invitan a beber: \u201cLe hicieron r\u00e1pidamente lugar alrededor de la mesa, le sirvieron vino y se pusieron a charlar. \u00a1Pensar que hab\u00eda salido de la c\u00e1rcel y que hab\u00eda sido indultado! Mayor suerte, imposible: \u00a1hab\u00edan crucificado a otro en su lugar!\u201d. Y tambi\u00e9n: \u201cEn el \u00ednterin, una de las mujeres hablaba del hombre a quien hab\u00edan crucificado en lugar de Barrab\u00e1s\u201d. As\u00ed, mientras se nos narra la historia, se nos va acostumbrando tambi\u00e9n, mediante formulaciones evocadoras, a otra dimensi\u00f3n, que es donde se jugar\u00e1 lo decisivo del relato.<br \/>Pero volvamos al G\u00f3lgota y a nuestro tema central: \u201cDe repente la colina entera se ensombreci\u00f3, como si el sol hubiera perdido su brillo, y en la oscuridad el crucificado clam\u00f3 con voz potente: \u2018Dios, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u2019 Las palabras resonaron en forma l\u00fagubre. \u00bfQu\u00e9 significaban? \u00bfY por qu\u00e9 semejante oscuridad? Era pleno d\u00eda\u201d. Ya est\u00e1n hechas las dos afirmaciones: que era pleno d\u00eda, pero que lo que se percib\u00eda era oscuridad. Es la representaci\u00f3n f\u00edsica, anecd\u00f3tica, de otra realidad: una luz desolada que habla, en lugar de otros (\u201cpor nosotros\u201d, al decir de Pedro), desde la oscuridad. A partir de aqu\u00ed, a lo largo de toda la novela, y hasta el final, Barrab\u00e1s tendr\u00e1 puesta all\u00ed su mirada, en esa oscuridad misteriosamente reveladora o habitada.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone  wp-image-15941\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0-725x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"282\" height=\"398\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0-725x1024.jpg 725w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0-212x300.jpg 212w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0-768x1085.jpg 768w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0-100x140.jpg 100w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/GEORGES-ROUAULT-Ecce-homo.-1937.-0.jpg 846w\" sizes=\"auto, (max-width: 282px) 100vw, 282px\" \/><\/a><br \/>P\u00e4r Lagerkvist se valdr\u00e1 varias veces de este recurso para hacernos entender la importancia espiritual de esa oscuridad, y har\u00e1 que su personaje est\u00e9 obsesionado por ella. Inmediatamente despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, se ve c\u00f3mo la luz surge, a la manera de un nuevo d\u00eda, desde esa tiniebla: \u201cLa luz llegaba lentamente, como al amanecer. Se expand\u00eda por la colina y por los olivos vecinos; los p\u00e1jaros, que hab\u00edan enmudecido, volvieron a gorjear. S\u00ed, aquello recordaba realmente el amanecer. [\u2026] La noche hab\u00eda durado s\u00f3lo un momento, durante la muerte del Hombre\u201d.<br \/>Luego, cuando participa de aquella reuni\u00f3n con algunos amigos, \u201cpregunt\u00f3 a sus compa\u00f1eros qu\u00e9 pensaban de las tinieblas de ese d\u00eda y del hecho de que el sol, durante algunos momentos, se hab\u00eda oscurecido\u201d. Ac\u00e1 Lagerkvist da un paso curioso: nadie ha visto esas tinieblas. Anota: \u201cBarrab\u00e1s se sinti\u00f3 desconcertado y mir\u00f3 con desconfianza a uno y otro [los dos amigos que le dicen que no han visto nada]. Afirmaban todos que no hab\u00edan visto tinieblas, como tampoco las hab\u00edan visto los dem\u00e1s habitantes de Jerusal\u00e9n\u201d. Pero Barrab\u00e1s seguir\u00e1 interrog\u00e1ndose acerca de ese suceso, e inquiriendo por \u00e9l. Hab\u00eda sido un hecho.<br \/>Luego de la reuni\u00f3n con los amigos, Barrab\u00e1s se retira para estar a solas con una de las mujeres, y yace con ella. Es una mujer corpulenta, que vive en una caba\u00f1a precaria, techada con hojas que dejan algunos huecos y espacios abiertos. Luego, ya dormida la mujer, \u201cse devan\u00f3 los sesos esforz\u00e1ndose por hallar una explicaci\u00f3n plausible al misterio de las tinieblas\u201d. En ese momento, Lagerkvist describe algo importante, sugerente m\u00e1s bien: \u201cBarrab\u00e1s pens\u00f3 de nuevo en el crucificado. Acostado, con los ojos abiertos y sin poder dormir, sent\u00eda contra su persona las gruesas espaldas de la mujer. A trav\u00e9s de las hojas marchitas del techo ve\u00eda el cielo \u2013pues era indudablemente el cielo\u2013, aunque no se distinguieran estrellas ni nada. Solamente la oscuridad\u201d. Ya es casi un desaf\u00edo al lector: tambi\u00e9n en la oscuridad puede estar el cielo, al menos el de Barrab\u00e1s, que de alguna manera logra vislumbrar la enormidad de lo que ha ocurrido en la oscuridad que \u00e9l ha percibido: \u201cS\u00ed, ya todo estaba sumido en las tinieblas: el G\u00f3lgota y el resto del mundo\u201d.<br \/>En medio de una miop\u00eda o indiferencia generalizada ante ese fen\u00f3meno, Barrab\u00e1s recibe una confirmaci\u00f3n importante acerca de su visi\u00f3n de las tinieblas, y es durante su encuentro y di\u00e1logo con Pedro, que le pregunta: \u201cY de los prodigios que se\u00f1alaron su muerte, \u00bfqu\u00e9 piensas?\u201d. Barrab\u00e1s le dice: \u201c\u00bfQu\u00e9 prodigios?\u201d. Y Pedro le contesta: \u201cSe oscureci\u00f3 todo en el momento en que mor\u00eda\u201d. Y agrega que la tierra tembl\u00f3 y que el G\u00f3lgota \u201cse parti\u00f3 en el lugar preciso en que se alzaba la cruz\u201d. Barrab\u00e1s no dice en ning\u00fan momento nada acerca de estas otras cosas. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de lo importante que es para \u00e9l haber encontrado a alguien (y nada menos que a Pedro) que le confirma lo de las tinieblas, se enoja porque sabe que Pedro no ha estado all\u00ed en ese momento. \u00c9l s\u00ed. De modo que Barrab\u00e1s permanece, en buena medida, solo con su visi\u00f3n.<br \/>M\u00e1s adelante (ya pasados muchos a\u00f1os) ocurre algo muy singular. Barrab\u00e1s, ahora esclavo en una mina de cobre, conoce a un hombre convertido al cristianismo, otro esclavo, un armenio llamado Sahak que, cuando sabe que su compa\u00f1ero ha estado en el G\u00f3lgota, lo interroga incansablemente, incluso acerca de las tinieblas surgidas en el momento de la muerte de Jes\u00fas. Lagerkvist crea aqu\u00ed un clima muy curioso: ambos parecen \u201cevangelizarse\u201d el uno al otro, ya que Barrab\u00e1s, que constantemente busca creer, se contagia en alguna medida de la fe simple y entusiasta de Sahak, y \u00e9ste recibe, \u00e1vido, el inapreciable testimonio de alguien que ha asistido al suceso, un verdadero testigo. En un momento, Sahak, que est\u00e1 escondido con Barrab\u00e1s en la honda oscuridad de la profunda mina, es descrito as\u00ed: \u201cAquel esclavo tan singular le rezaba a un dios cuya presencia en las tinieblas parec\u00eda no poner en duda, y le hablaba como a un ser vivo que se hubiera ocupado de \u00e9l\u201d.<br \/>As\u00ed ha comenzado la novela: \u201cUn hombre observ\u00f3 fijamente a Aquel que se hallaba clavado en la cruz y sigui\u00f3 la agon\u00eda del principio al fin. Se llamaba Barrab\u00e1s\u201d. Y en el camino que all\u00ed comienza, no es la nada el lugar hacia el que se dirige. Hay algo en las tinieblas, acaso una respuesta; y \u201cel liberado\u201d (que as\u00ed se lo llama varias veces) la busca. El que m\u00e1s lo acercar\u00e1, con su testimonio y convicci\u00f3n inquebrantable, ser\u00e1 Sahak, su compa\u00f1ero de esclavitud, que le hablar\u00e1 del amor y de la vida que anunciaba y predicaba \u201csu Maestro\u201d. Pero siempre en las tinieblas: \u201cSahak explicaba lo mejor que pod\u00eda. Dec\u00eda que su dios estaba en todas partes, aun en la oscuridad\u201d.<br \/>En un momento dado, Barrab\u00e1s y Sahak, acusados de profesar la fe cristiana, son apresados para ser crucificados. Entonces, el procurador que los juzga ve que Barrab\u00e1s tiene una inscripci\u00f3n hecha en su placa de esclavo: \u201cChristos Jesus\u201d. Lo interroga al respecto y Barrab\u00e1s responde que la lleva \u201cporque quisiera creer\u201d. Pero como no reniega del emperador, su sentencia queda diferida. No as\u00ed la de Sahak, que es inmediatamente crucificado. Como antes en el G\u00f3lgota, \u201cel liberado\u201d asisti\u00f3 aqu\u00ed a toda la agon\u00eda de su amigo, de principio a fin. Acto seguido, Lagerkvist escribe: \u201cAquella noche so\u00f1\u00f3 que se hallaba encadenado a un esclavo que rezaba a su lado, pero a quien no pod\u00eda ver. \u2018\u00bfPor qu\u00e9 rezas? \u2013pregunt\u00f3\u2013 \u00bfPara qu\u00e9 sirve rezar?\u2019 \u2018Rezo por ti\u2019 \u2013contest\u00f3 el esclavo con una voz muy conocida, que sal\u00eda de las tinieblas\u201d. Luego de esto, llevado por su curiosidad y por su constante necesidad de comprender, Barrab\u00e1s acude a reunirse con un grupo de cristianos, justo en el momento en el que est\u00e1n siendo arrestados, ya que se los responsabiliza del incendio de Roma. Barrab\u00e1s es detenido con ellos y con esto llega al final de su camino: la crucifixi\u00f3n. Solo, incomprendido, abandonado y humillado, incluso por los mismos cristianos, se entrega (ciertamente no a la nada) a unas tinieblas que, a esta altura, se han cargado de una valencia singular y profunda, y aparecen como el lugar en el que es posible esperar un sentido, una presencia y hasta una voz. Son las tinieblas del G\u00f3lgota, las que lo han acompa\u00f1ado toda la vida, las tinieblas que esconden una claridad que un d\u00eda Barrab\u00e1s crey\u00f3 percibir cuando lo liberaban, la oscuridad en la que \u00e9l ha visto a alguien \u201cen lugar de \u00e9l\u201d.<br \/>Al final de la novela, Barrab\u00e1s est\u00e1 \u201cen\u201d las tinieblas y habla \u201ca\u201d las tinieblas. \u00c9l est\u00e1 all\u00ed, y algo o alguien tambi\u00e9n est\u00e1 all\u00ed. Sin saber muy bien c\u00f3mo ni por qu\u00e9, sin terminar de comprender, Barrab\u00e1s no ha dejado de dirigir hacia ese lugar su mirada. \u00c9l vive una vida envuelta en una tiniebla que ya envolvi\u00f3 a otro y, acaso, envuelve a todos sin que lo noten.<br \/>Hay, en el rudo Barrab\u00e1s de P\u00e4r Lagerkvist, de cuyo pasado nada se nos dice, un futuro que se le insin\u00faa diferente, como un camino a trav\u00e9s de una bruma a la que se deber\u00e1 ir acostumbrando, al punto de instalarse \u00e9l en ese lugar, como con una suerte de misericordia por las tinieblas, una confianza por lo oscuro. Todo lo que all\u00ed ha visto y o\u00eddo lo lleva hasta ese punto. Por eso puede decir: \u201cA ti encomiendo mi esp\u00edritu\u201d. Y esa confianza no deja de tener una fuente evang\u00e9lica: se habla a los que est\u00e1n en tinieblas no para decirles que est\u00e1n condenados sino para anunciarles que est\u00e1n redimidos. Barrab\u00e1s, en medio de una oscuridad que se le ha ido haciendo m\u00e1s n\u00edtida que las luces de este mundo, espera esa palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Anotamos, al pasar y como conclusi\u00f3n, que ser\u00eda interesante (hermoso m\u00e1s bien) que la Iglesia tuviera cada vez m\u00e1s clara esa palabra, y tambi\u00e9n ese modo de la mirada de fe cuando se dirige a tanta gente que expresa su dificultad para ver. Ella debiera poder mirar con misericordia y piedad dentro de la tiniebla de cada uno para se\u00f1alar, aun en los m\u00e1s empedernidos, y en vez de polemizar con ellos, lo m\u00e1s humano, la imagen de Dios, la respuesta escrita en cada coraz\u00f3n desde siempre, la piedra blanca (Apocalipsis 2, 17). Y, a partir de all\u00ed, esa Iglesia, desde la claridad custodiada en su propia tiniebla, pronunciar sobre sus hijos esa palabra que, como el Barrab\u00e1s de Lagerkvist, todos, a sabiendas o no, esperan.<br \/>Parte del t\u00edtulo de esta nota dice: \u201clo cristiano donde aparentemente no est\u00e1\u201d. El problema de la Iglesia cuando dialoga con la cultura de hoy no es tanto que carezca del instrumental, del lenguaje o de los c\u00f3digos de las disciplinas actuales. Eso se soluciona con una simple decisi\u00f3n y un poco de esfuerzo. Lo insalvable es cuando Ella no es consciente de que tambi\u00e9n es una cultura que debe ser constantemente rectificada. El problema es que carezca de su instrumental propio, de la mirada pascual que ve, en la tiniebla, el amanecer.<br \/>El hermoso rito de la Vigilia, la luz tenue del cirio que se hace brillante porque surge en la tiniebla, expresa el centro de nuestra fe: que s\u00f3lo el amor de Dios es capaz de hacer surgir la luz de la vida desde la oscuridad de la muerte. Y esto no es otra cosa que el correlato lit\u00fargico y ritual de la Palabra del domingo de Pascua: Pedro y el disc\u00edpulo amado corren hasta el sepulcro y, ante unos pocos signos, ven y creen. (Juan 20, 3-8). Pero no se puede pasar por alto que esa visi\u00f3n creyente de la Iglesia est\u00e1 apoyada en el inmenso y genial testimonio de Magdalena que, \u201ccuando todav\u00eda estaba oscuro, vio\u201d. (Juan 20, 1. <em>Skot\u00edas<\/em>).<\/p>\n<p><em>El autor es sacerdote y poeta.<\/em><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>P\u00e4r Lagerkvist, escritor sueco que recibi\u00f3 el Premio Nobel de Literatura en 1951, estremeci\u00f3 a muchos lectores con el final de su novela Barrab\u00e1s, donde&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,6],"tags":[2536,1788,171],"class_list":["post-15939","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-nota-tapa","tag-barrabas","tag-crucifixion","tag-teologia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-495","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15939"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15939\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15942,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15939\/revisions\/15942"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}