{"id":15954,"date":"2019-11-10T20:45:59","date_gmt":"2019-11-10T23:45:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15954"},"modified":"2020-04-27T20:58:27","modified_gmt":"2020-04-27T23:58:27","slug":"hebe-uhart-en-las-zonas-aledanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15954","title":{"rendered":"Hebe Uhart en las zonas aleda\u00f1as"},"content":{"rendered":"<p>Hebe Uhart era de 1936 y de Moreno, una geograf\u00eda del conurbano que se parece (o se parec\u00eda) a muchas que eran en realidad zonas semirurales. En ese \u00e1mbito se abri\u00f3 paso con sus ojos, sus o\u00eddos y sus manos, h\u00e1biles para los oficios de maestra y escritora. Su primer libro de cuentos fue <em>Dios, San Pedro y las almas<\/em> (1962) y sus primeras novelas, <em>Leonor<\/em> (1986) y <em>Camilo asciende<\/em> (1987). En la Feria del Libro de Buenos Aires de 2011 recibi\u00f3 el Premio al Mejor Libro Argentino de Creaci\u00f3n Literaria por la antolog\u00eda <em>Relatos reunidos<\/em> (2010). La editorial Adriana Hidalgo le dio un nuevo impulso con los cuentos publicados en <em>Turistas<\/em> (2008) y las cr\u00f3nicas de <em>Viajera cr\u00f3nica<\/em> (2011), y luego public\u00f3 sus obras completas. Hebe muri\u00f3 en octubre de 2018.<br \/>\nDe origen italiano eran su madre y su abuela. Muy rezadora, \u201cpon\u00eda las estampitas en fila como en un solitario\u201d. A Hebe le dec\u00eda que ten\u00eda la nariz muy alta y que probara con apretarla con un broche. El padre y el apellido eran de origen vasco-franc\u00e9s. A toda la familia le gustaba contar historias de vecinos como la del \u201cBebe\u201d Lavalle, que ten\u00eda 70 a\u00f1os y quer\u00eda ser joven permanentemente, y a su mujer y a su cu\u00f1ada les dec\u00eda \u201cmi mama y mi t\u00eda\u201d. Tambi\u00e9n estaban los Lamadrid en una quinta vieja <em>cachivacheada<\/em>; hab\u00edan deca\u00eddo y estaban ah\u00ed. A los Uhart los visitaban regularmente: el t\u00edo Domingo una vez por semana llegaba con un kilo de masas; dec\u00eda \u201cS\u00ed, s\u00ed\u201d y a la hora se iba.<br \/>\nAl dejar Europa los hermanos de la abuela italiana se inclinaron por Lima y les fue mejor. Para Hebe influy\u00f3 la tez blanca europea en sus nuevos lazos sociales: \u201cA los diez a\u00f1os de haber llegado mandaban unas fotos con relojes de cadena, ellas con sus vestidos y rodetes. Mi t\u00edo segundo se hab\u00eda podido casar con una mestiza criolla de belleza fina. Muri\u00f3 como a los cien a\u00f1os y una vez vino a buscar a mi abuela con una delegaci\u00f3n de remo\u201d. Los Uhart sacaron la manteler\u00eda y las copas para el primo de Lima. Y despu\u00e9s de comer recuerda Hebe que el t\u00edo se puso a conferenciar con la abuela. Fue \u00e9l quien le dio la noticia de la muerte de uno de sus hermanos. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s. Hebe qued\u00f3 impactada: \u201cEsa vieja que era dura como una piedra le grit\u00f3 a mi mam\u00e1: \u2018Emilia, ha morto Caet\u00e1n\u2019. Y llor\u00f3. Llor\u00f3 una p\u00e9rdida que no vivi\u00f3\u201d. A\u00f1os despu\u00e9s Hebe viaj\u00f3 a Lima a buscar a los primos pero no los hall\u00f3. Entonces escribi\u00f3 el cuento \u201cMi t\u00edo de Lima\u201d y tambi\u00e9n las l\u00edneas que dicen \u201cvaya este cuento como una botella al mar\u201d. Y tiempo despu\u00e9s se reencontraron, gracias a la literatura.<br \/>\nQuiz\u00e1s algo del amor de Uhart por las voces y los tonos latinoamericanos sea una herencia de familia. Por ejemplo, el gusto por los diminutivos de los pueblos quechuas, \u201cdonde uno puede darse un ba\u00f1o de cari\u00f1o\u201d, cuando los vendedores en la calle le dec\u00edan queridita, compa\u00f1erita\u2026 Quinientos a\u00f1os de dominaci\u00f3n marcaron los modos de hablar: \u201cTen\u00edan que ser amables y prepararse para rajar. Eso es bueno para uno; para ellos, no\u201d.<br \/>\nEn un momento de su vida Hebe Uhart decidi\u00f3 viajar para escribir. Le costaba mucho publicar en Buenos Aires. En Montevideo visit\u00f3 a Homero Alsina Thevenet, prestigioso cr\u00edtico cinematogr\u00e1fico y editor del suplemento cultural del diario <em>El Pa\u00eds<\/em>, que le propuso recorrer los pueblos del interior de Uruguay y contarlos, casi una evocaci\u00f3n de Filisberto Hern\u00e1ndez. Lo describe a Alsina: \u201cEra de esos maestros que parecen severos pero no lo son. Hay gente que se enoja y es maligna y otra que es bondadosa y aunque se enoje no pasa nada\u201d. Para ella la cr\u00f3nica \u201ces un g\u00e9nero muy c\u00f3modo, da menos trabajo que un cuento. No hay que armar personajes, me puedo poner a m\u00ed. Y es muy laxo porque permite todo\u201d. Empez\u00f3 por los viajes en el interior del Uruguay, despu\u00e9s siguieron Entre R\u00edos y algunos otros lugares emblem\u00e1ticos de la Argentina. Luego public\u00f3 tambi\u00e9n sobre lo visto y o\u00eddo en el sur de Italia.<br \/>\nLos pueblos a la hora de la siesta, <em>qu\u00e9 chatura<\/em>. Pero sal\u00eda a la calle y encontraba su premio. \u201cHay que caminar, mirar y escuchar\u201d, insist\u00eda. De los pueblos uruguayos aprendi\u00f3 que cuanto m\u00e1s desarrollado son, m\u00e1s complejos son sus intelectuales. Le pas\u00f3 en Santa Rosa, a una hora y media de Montevideo. Como casi siempre, lleg\u00f3 al mediod\u00eda. Si hubiera habido un caf\u00e9 se conformaba. Pero no hab\u00eda. Pregunt\u00f3 por alg\u00fan referente, el sabio del pueblo. Era un profesor de geograf\u00eda. Hac\u00eda calor y Hebe no pas\u00f3 de la entrada. El profesor despleg\u00f3 un gran mapa de Montevideo y zonas aleda\u00f1as. Y le dijo: \u201c\u00bfUsted conoce el criterio de lo urbano? Todo esto es el \u00e1rea de influencia de Santa Rosa. Nosotros estamos buscando nuestra identidad\u201d. Todo esto sin ofrecerle ni un vaso de agua. \u201c\u00bfQu\u00e9 identidad buscaran estos de Santa Rosa?\u201d, se fue pensando Hebe.<br \/>\nEstudi\u00f3 Filosof\u00eda por influencia de un profesor que tuvo en quinto a\u00f1o, pero cuando empez\u00f3 la carrera cada vez le fue interesando menos. Despu\u00e9s de la escritura, su segunda vocaci\u00f3n fue claramente la docencia en escuelas primarias y en la universidad; dar clases en el secundario no le result\u00f3. Tuvo alumnos particulares de castellano y de lat\u00edn. En un momento estaba algo necesitada y tom\u00f3 alumnos de cultura general. Una mujer, esposa de un suboficial que hab\u00eda ascendido y empezaba a tener otros roces sociales, quer\u00eda aprender. \u201cElla era como un aditamento de \u00e9l en la casa y cotejaba lo que yo le dec\u00eda con lo que ve\u00eda en la televisi\u00f3n\u201d, recordaba.<br \/>\n-\u00bfDe qu\u00e9 le gustar\u00eda escribir?<br \/>\n-Del pase de Maradona\u2026<\/p>\n<p>Otra alumna particular era una cosmet\u00f3loga que sab\u00eda redactar bien. Ten\u00eda un pretendiente que era como una ilusi\u00f3n, porque entraba en cualquier momento en su casa.<br \/>\n-\u00bfPor qu\u00e9 no lo deja?<br \/>\n-No s\u00e9\u2026 es un recuerdo de familia.<\/p>\n<p>A Hebe Uhart le gustaba seguir el consejo de Chejov, no atender al contenido de lo que alguien dice sino la forma en que lo dice. Y tambi\u00e9n c\u00f3mo camina, c\u00f3mo se mueve. Puede buscarse lejos o cerca. Le pas\u00f3 con una se\u00f1ora que trabajaba en su casa, exact\u00edsima. Le contaba de los hijos y a Hebe le gustaba meterse con el tercero:<br \/>\n-\u00bfY \u00e9se?<br \/>\n-A \u00e9se nunca le pude tomar el punto.Por su parte, la se\u00f1ora a veces la aconsejaba cuando Hebe ten\u00eda alg\u00fan novio.<br \/>\n-A \u00e9ste delo ya por perimido.<\/p>\n<p>Para buscar historias viaj\u00f3 un 9 de julio a Tilcara. Hac\u00eda mucho fr\u00edo, todo estaba cubierto de nieve. \u201c\u00bfQu\u00e9 har\u00e1n \u00e9stos?\u201d, se pregunt\u00f3. A las 12 empezaba el acto en la escuela primaria y aparecieron las nenas vestidas de lagarteranas con trajes de papel. Pens\u00f3 Hebe: \u201cLas maestras suelen ser locas en todos lados\u201d. Para congraciarse con un se\u00f1or de la cooperadora, se acerc\u00f3:<br \/>\n-Qu\u00e9 bien que bailan.<br \/>\n-Y\u2026 se calientan.<br \/>\n\u201cLa pensaban distinto, deb\u00edan tener fr\u00edo y bailando entraban en calor\u201d, concluy\u00f3 la viajera. Y as\u00ed iba siempre encontrando voces para tomar nota. Como la de Bel\u00e9n, que era vegetariana y andaba por con su perro flaco por Buenos Aires, ciudad que no la convenc\u00eda \u201cpor sus lentejuelas\u201d. Alguien le compr\u00f3 un alimento para mascotas y ella se quej\u00f3: \u201cNo me lo urbanices\u201d.<br \/>\nEn El Bols\u00f3n encontr\u00f3 excelentes artesanos y otros que eran el colmo de la insensatez. Como los que hac\u00edan unos sombreros con materiales reciclados de dudoso origen: \u201c\u00bfQui\u00e9n se va a poner un sombrero pesad\u00edsimo y duro como un casco?\u201d, se pregunt\u00f3. Los del Uritorco le parec\u00edan un poco terribles con esos trajes incorporados al cuerpo desde hac\u00eda treinta a\u00f1os. Pero una vez se atrevi\u00f3 a hablarle a uno.<br \/>\n-\u00bfY vos c\u00f3mo viniste ac\u00e1?<br \/>\n-Yo no vine, el cerro me llam\u00f3.<br \/>\n-\u00bfY el gato?<br \/>\n-Ac\u00e1 no compramos ni conseguimos. Aparecen.<\/p>\n<p>Si no pod\u00eda viajar lejos, Hebe se conformaba con trasladarse unos cien kil\u00f3metros de Buenos Aires, pod\u00eda ser Roque P\u00e9rez, Lobos u otro destino. Le daba igual porque siempre encontraba grandes alegr\u00edas, cosas sorprendentes. Como el paisano que le dijo: \u201cUn caballo visto de frente es propiamente un cristiano\u201d.<br \/>\nDe todas maneras, escribir, para Hebe, era un proceso laborioso. Una vez hab\u00eda llevado doce cuentos a una editorial y le aceptaron seis; tendr\u00eda que escribir otros tantos. \u201cSi me deprimo pierdo un tiempo considerable, no se me ocurre pasar un verano lament\u00e1ndome\u201d, dec\u00eda. Le propusieron que escribiera sobre un turista en la gran ciudad, y fue el punto de partida de su cuento \u201cStephan en Buenos Aires\u201d, publicado en <em>Turistas<\/em>. \u00bfPor qu\u00e9 un alem\u00e1n? \u201cPorque conozco a los alemanes, estudi\u00e9 filosof\u00eda en la facultad y s\u00e9 que la cabeza les va por dos vertientes, Kant y Schopenhauer, la ley y la animalidad universal. Tambi\u00e9n le\u00ed cuentos de autores alemanes, no eran extraordinarios, solamente para ver. A veces hay que leer algo que no sea tan bueno para entender por d\u00f3nde les va la cabeza\u201d.<br \/>\nDespu\u00e9s fue a la calle Florida para pensar qu\u00e9 ven un par de ojos alemanes. Se sent\u00f3 en un caf\u00e9 y mir\u00f3 pasar a la gente. \u201cPara un alem\u00e1n ac\u00e1 las chicas son \u2018Mirame y no me toques\u2019. Van muy arregladas para causar una impresi\u00f3n. Pero no se usa mucho color en la ropa. Si ves una campera roja, es un caribe\u00f1o. Por eso Stephan considera que todas est\u00e1n vestidas de color gorri\u00f3n. En Buenos aires, alguien te dice \u2018Est\u00e1s m\u00e1s flaca\u2019 y parece un m\u00e9rito moral\u201d.<br \/>\nPara el cuento \u201cBernardita\u201d aprendi\u00f3 a querer mucho a los paraguayos: \u201cLa base de todas las cosas es el entusiasmo y el de los paraguayos se me contagia. Son optimistas, alegres, trabajadores\u201d. Ley\u00f3 mucho a Roa Bastos, que para Uhart es el lenguaje m\u00e1s potente de Am\u00e9rica Latina, si bien no entr\u00f3 en el boom latinoamericano, supone que por provenir de un pa\u00eds perif\u00e9rico y encerrado. Tambi\u00e9n ley\u00f3 mucho los diarios paraguayos, que le resultaban muy divertidos. \u201cEl lenguaje est\u00e1 calcado de la construcci\u00f3n guaran\u00ed, es acople de sustantivos \u2013intu\u00eda\u2013. No dicen \u2018plata enterrada\u2019 sino \u2018plata entierro\u2019. Me apropi\u00e9 de un acople que me encant\u00f3, \u2018mujer tiniebla\u2019, y tambi\u00e9n de la abuela con ojos cataratudos\u201d.<br \/>\nCon vocaci\u00f3n docente llevaba adelante reconocidos talleres literarios en su \u00faltimo barrio, Almagro. Con los alumnos le\u00eda a Alicia Steimberg, Isidoro Blaistein, los cuentos del riojano Daniel Moyano, y entre los j\u00f3venes a F\u00e9lix Bruzzone, Federico Falco, In\u00e9s Acevedo\u2026 \u201cUn escritor es escritor cuando escribe, despu\u00e9s hace un mont\u00f3n de cosas. Escribir tiene los gajes de cualquier oficio, un poco te divert\u00eds y a las ganas hay que ayudarlas. En las dificultades hay que esperar y ver \u2013opinaba\u2013. Los m\u00e1s jovencitos se aburren a cada momento. Yo les explico, mir\u00e1 si el carpintero hace una mesa y dice \u2018A m\u00ed las patas me postran, lo de abajo me aburre\u2019 y no termina. Las cosas hay que terminarlas. Y como cualquier oficio, se aprende con el tiempo\u201d. Otros problemas que aparec\u00edan en los talleres eran la idealizaci\u00f3n \u2013\u201cQuiero escribir algo muy lindo, muy bueno\u201d \u2013; la planificaci\u00f3n de la vida \u2013\u201cAntes de los 32 tengo que escribir una novela\u201d; o la idolatr\u00eda, como el que quer\u00eda escribir como Borges: \u201cA cincuenta kil\u00f3metros se ve a Borges. Ni una frase se le puede robar\u201d, le dijo. Y se ofendi\u00f3.<br \/>\nHebe abr\u00eda una ronda y se apretujaba el p\u00fablico. Como en un concierto, en sus cuentos hay que buscar la nota. Aquella vez, cuando cont\u00f3 todas estas cosas, alguien le propuso:<br \/>\n-Hebe, \u00bfqu\u00e9res leer algo tuyo?<br \/>\n-No s\u00e9 leer, no estoy en vena hoy. Yo no como torta, yo me voy a ir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hebe Uhart era de 1936 y de Moreno, una geograf\u00eda del conurbano que se parece (o se parec\u00eda) a muchas que eran en realidad zonas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[425],"class_list":["post-15954","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-literatura"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-49k","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15954","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15954"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15954\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15956,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15954\/revisions\/15956"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15954"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15954"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15954"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}