{"id":15978,"date":"2020-05-18T16:11:14","date_gmt":"2020-05-18T19:11:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15978"},"modified":"2020-05-18T16:11:19","modified_gmt":"2020-05-18T19:11:19","slug":"la-pandemia-y-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15978","title":{"rendered":"La pandemia y la fe"},"content":{"rendered":"<p>Como era previsible, la pandemia del COVID-19 ha suscitado en no pocos creyentes opiniones variadas sobre las supuestas intenciones de Dios, que tienden a interpretar este acontecimiento tan doloroso como el castigo de alguna trasgresi\u00f3n de la humanidad (contra la fe, contra la naturaleza, contra la moral&#8230;). Lamentablemente, los creyentes no tenemos ninguna capacidad especial para inferir las intenciones de Dios. Sin embargo, la fe ilumina nuestra interpretaci\u00f3n de la realidad de otra manera: nos dice que lo que sucede no es absurdo, y que aun en las experiencias m\u00e1s dif\u00edciles podemos encontrar un sentido que nos permita afrontarlas de un modo positivo y fecundo. Afirma san Pablo: \u201cDios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman\u201d (Romanos 8,28).<br \/>\nEn muy pocos d\u00edas, la difusi\u00f3n de esta enfermedad con sus devastadoras consecuencias ha cuestionado la ilusi\u00f3n de omnipotencia a la que nos expone constantemente el progreso cient\u00edfico-tecnol\u00f3gico. La pretensi\u00f3n de dominio sobre la naturaleza y sobre la vida se vio dr\u00e1sticamente desmentida cuando nos encontramos frente a un virus contra el cual no tenemos vacuna, ni datos suficientes para fundamentar las estrategias de prevenci\u00f3n y contenci\u00f3n, ni proyecciones confiables sobre su futuro desarrollo (lo que impulsa comprensiblemente a optar por el camino m\u00e1s seguro, aunque los costos humanos y materiales sean descomunales). En el orden personal, se ha apoderado de nosotros la sensaci\u00f3n de caos, el miedo ante un enemigo invisible e insidioso y la suspensi\u00f3n sine die de todos nuestros planes y proyectos. Si en lo ordinario solemos ejercitar cierto control sobre nuestras vidas, la presente situaci\u00f3n nos reduce a la impotencia, nos fuerza a esperar inm\u00f3viles en una condici\u00f3n de total dependencia.<br \/>\nEn el fondo, la pandemia vuelve a ponernos cara a cara con un misterio que de mil maneras buscamos olvidar: el misterio de la muerte. Mario Vargas Llosa en un art\u00edculo reciente ha se\u00f1alado con acierto el resurgir del temor irracional a la muerte, que despu\u00e9s de todo es la condici\u00f3n de posibilidad de la vida en este mundo con toda su belleza. Pero esta visi\u00f3n parte de un presupuesto que da por evidente sin argumentar: que nuestro deseo de vivir para siempre es algo irracional, y que la \u00fanica vida posible es aquella que conocemos. Sin embargo, existe otra posibilidad: que nuestros anhelos de vida sin fin manifiesten una racionalidad m\u00e1s profunda, y que nuestra dignidad como personas exprese y reclame un v\u00ednculo con lo trascendente. El Medioevo puede ense\u00f1arnos algo que olvidamos con facilidad: que nuestras vidas est\u00e1n en manos de Dios, y que confiar en \u00e9l como la respuesta final a nuestras aspiraciones m\u00e1s \u00edntimas no tiene nada de irracional. Se llama fe.<br \/>\nEl Papa nos ha recordado estas verdades el viernes 27 de marzo rezando en medio de una Plaza de San Pedro desierta ante el \u00edcono de la Virgen de la Salud y la Cruz de San Marcello, que en el pasado han encabezado procesiones de los habitantes de Roma ante las amenazas de distintas epidemias. Y en su meditaci\u00f3n sobre el Evangelio de la tormenta en el lago, Francisco expres\u00f3 la esencia de la mirada del creyente. Jes\u00fas est\u00e1 en la barca con sus ap\u00f3stoles y duerme. Cuando la tormenta estalla, \u00e9stos recurren al Maestro, angustiados: \u201c\u00bfNo te importa que muramos?\u201d. Es la queja de una fe inmadura, a la que Jes\u00fas responde con un reproche: \u201c\u00bfPor qu\u00e9\u0301 tienen miedo? \u00bfA\u00fan no tienen fe?\u201d. Es que la fe, lejos de ser una mera invenci\u00f3n tranquilizadora, es un llamado exigente, un gran desaf\u00edo. Porque ser creyentes significa tener la certeza, aun en medio de la tormenta, de que no estamos a merced de fuerzas ciegas, sino en manos de un Dios que nos ama. Muchas cosas pueden suceder, pero s\u00f3lo Dios tiene la \u00faltima palabra.<\/p>\n<p><strong>Tiempo de preguntas<\/strong><br \/>\nEl impacto inicial de la pandemia es una interrogaci\u00f3n: \u00bfPor qu\u00e9 me ocurre esto? Casi nadie se hab\u00eda detenido a pensar en la posibilidad de que la vida contuviera un da\u00f1o universal, un mal capaz de alcanzar a todos. Hubo siempre muchos males, pero no uno que nivelara a la poblaci\u00f3n mundial, que amenazara equitativamente, que igualara, que pusiera todo en riesgo. Quiz\u00e1s, de la experiencia de cuarentena surjan muchas cosas buenas si abrimos el coraz\u00f3n en estos d\u00edas. Se puede recuperar la costumbre de las lecturas extensas, esas a las que uno no se atreve en el v\u00e9rtigo de la vida hacia afuera. D\u00edgase lo mismo de la m\u00fasica y el gran cine. No hay que desde\u00f1ar que esta situaci\u00f3n nos lleve a planteos de introspecci\u00f3n, de oraci\u00f3n. Todo esto puede desembocar en una liberaci\u00f3n de muchas ataduras y preocupaciones, a valorar la paciencia y a saber estar m\u00e1s en paz.<br \/>\nSin menoscabar la verdad profunda de la angustia y la grav\u00edsima realidad de algunos dramas que llevan a interrogantes, desesperanzas y esc\u00e1ndalos, podr\u00eda Dios tambi\u00e9n hacernos ciertas preguntas a nosotros: \u00bfC\u00f3mo permiten ustedes que mueran ni\u00f1os de hambre en el mundo? \u00bfC\u00f3mo permiten que haya lepra en \u00c1frica, cuando se podr\u00eda erradicar con el precio de uno o dos aviones de combate? \u00bfPor qu\u00e9 gastan la mayor parte del dinero en guerras y tr\u00e1fico de armas y drogas en lugar de curar las enfermedades e investigar? \u00bfPor qu\u00e9 destruyen la belleza? \u00bfPor qu\u00e9 no aman? \u00bfPor qu\u00e9 no son buenos?<br \/>\nLa fe cristiana convive con el inmenso misterio del mal, que nunca termina de ser comprendido en su profundidad \u00faltima, algo que todo hombre debe meditar para saber c\u00f3mo situarse frente a ese drama que forma parte de la vida, junto con sus cosas hermosas.<br \/>\nRespecto de este misterio, la fe cristiana acepta que el Padre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el Dios que predic\u00f3 Jes\u00fas, no castiga con el mal. Pueden recordarse algunos episodios evang\u00e9licos. Los jud\u00edos, en la \u00e9poca de Jes\u00fas (como tanta gente hoy en d\u00eda), cre\u00edan que cada desgracia personal era un castigo directo de Dios por una culpa individual. Cristo va a corregir esto varias veces. En el cap\u00edtulo 9 del evangelio de Juan cura a un ciego de nacimiento. Los disc\u00edpulos, presos de esa superstici\u00f3n del castigo de Dios, le hacen al Maestro una pregunta francamente blasfema: \u201cMaestro, \u00bfqui\u00e9n pec\u00f3, \u00e9l o sus padres, para que haya nacido ciego?\u201d. La l\u00f3gica que siguen los disc\u00edpulos sostiene: \u00bfes posible que se pueda pecar de alguna manera en el seno materno, y por eso Dios lo castig\u00f3 quit\u00e1ndole la vista desde el nacimiento; o puede ser que Dios pueda castigar a una pareja que ha pecado d\u00e1ndole un hijo ciego? De inmediato Jes\u00fas contesta, sencillamente: \u201cNi \u00e9l pec\u00f3 ni sus padres\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u00bfSobrevivir lo es todo?<\/strong><br \/>\nEn nuestro mundo se le otorga una importancia supina a la mera vida: la \u201cnuda vita\u201d de Giorgio Agamben, cuyos textos publicados en marzo suscitaron tanto rechazo e indignaci\u00f3n (en ellos consider\u00f3 que la generalizaci\u00f3n del \u201cestado de excepci\u00f3n\u201d despolitiza la relaci\u00f3n de los ciudadanos con gobiernos casi todopoderosos). Si lo pensamos un poco, s\u00f3lo en nuestro tiempo, heredero de los ideales de la Modernidad, y con el triunfo de los estados de bienestar, la mera vida (el s\u00f3lo hecho de la supervivencia) es tenido como el valor supremo que debe resguardarse a cualquier precio. Mantener y fomentar la nuda vita es el m\u00e1s alto fin de las sociedades modernas. \u00bfQui\u00e9n discute esto? Nadie. Pero la mera vida humana es s\u00f3lo una versi\u00f3n refinada de la antigua zoe animal, cuyo fomento era para Arist\u00f3teles, por ejemplo, propio de alguien con mentalidad de esclavo.<br \/>\nHoy se habla del homo consumens y del homo laborans. La vida se alimenta con el consumo, la digesti\u00f3n y el entretenimiento. Consumimos arte, cultura, religi\u00f3n, tecnolog\u00eda&#8230; La sofisticaci\u00f3n del consumo no cambia la naturaleza del mismo. Tampoco cambia la naturaleza del consumidor.<br \/>\nEn otras \u00e9pocas se enarbolaron valores, actividades y preocupaciones enteramente superiores a la mera vida: gestas, haza\u00f1as (la bios politik\u00f3s griega) valerosas en pos de la inmortalidad; la devoci\u00f3n y la entrega de una vida religiosa; el vivir civile y la Rep\u00fablica perdurable de los romanos, que Maquiavelo enaltece. Estos ejemplos muestran que el desd\u00e9n por la vida y la entrega a valores que trascienden la propia seguridad o salud personal era una realidad tangible en otros tiempos.<br \/>\nHoy damos tanta importancia a la perpetuaci\u00f3n de la nuda vita que el temor a perderla nos vuelve inmunes al crecimiento del control y del poder disciplinar de los gobiernos. No tomamos conciencia que en estas circunstancias excepcionales (la pandemia) cedemos derechos y perdemos libertades y garant\u00edas que pueden no volver. Desde el 9-11 somos testigos de c\u00f3mo el aumento de la vigilancia y del control limitan nuestra libertad. No percibimos la libertad como un valor, para el individuo y para proyectos comunes. La prioridad es la vida y en el nombre de la vida naturalizamos restricciones y cedemos libertades, que seguramente no le ser\u00e1n restituidas al depositario natural: el ciudadano com\u00fan y corriente.<\/p>\n<p><strong>Signo de los tiempos<\/strong><br \/>\nUna advertencia, dirigida por el hombre al hombre del delirio tecnocr\u00e1tico, al de la carrera enloquecida hacia el abismo, al fan\u00e1tico del trans- o del post-humanismo: hay l\u00edmites que no nos conviene ignorar, porque esa ignorancia, unida a la hybris, a la desmesura, genera muerte, nihilismo, tristeza, locura. El hombre con su libertad y su poder se ha erigido en dios. Mentira del hombre. Dios nos dir\u00eda, como al inicio de la historia, la conveniencia de respetar el l\u00edmite: \u201cNo comas eso, porque te va a hacer mal, te va a poner bajo el poder de la Muerte, que es m\u00e1s fuerte que vos. La vas a sufrir y la vas a propagar\u201d. Invitaci\u00f3n a amar la humildad, la sobriedad, la moderaci\u00f3n.<br \/>\nEn este contexto cabe otra pregunta, quiz\u00e1 m\u00e1s audaz, a los hombres consumistas, dominadores, obsesionados por el poder y la econom\u00eda, fascinados por las luces del espect\u00e1culo, ser\u00eda: \u00bfSi redescubrimos y saboreamos juntos lo que significan la paz, el silencio, tener un alma, una interioridad, gozar de la amistad, de la verdadera alegr\u00eda, del compartir, de la posibilidad de extasiarnos con la belleza de un paisaje, de una m\u00fasica, de un poema, de un cuadro, de un rostro? Dios nos dir\u00eda: \u201cPueden hacerlo, porque ustedes est\u00e1n creados a imagen y semejanza m\u00eda: b\u00fasquenme, busquen primero el Reino y su justicia, y lo dem\u00e1s se les dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u201d.<br \/>\nUna promesa y una esperanza: si florece nuestra vida interior, sentimos que nuestro deseo m\u00e1s profundo, el deseo de Dios, no va a quedar insatisfecho. Es m\u00e1s, ya comienza, ac\u00e1, cuando somos capaces de amarnos como hermanos, porque el amor fraterno no s\u00f3lo proviene de Dios sino que, como nos ense\u00f1a san Agust\u00edn, es Dios. Es hermoso querer y poder vivir juntos, en el amor. Crear juntos un \u201cnosotros\u201d nuevo, in\u00e9dito. El COVID-19 nos ha puesto como nunca ante el hecho irrefutable de que estamos todos juntos, para bien o para mal. Lo subray\u00f3 Francisco en su oraci\u00f3n solitaria ante el Sant\u00edsimo Sacramento: en una misma barca. Pero en ella tambi\u00e9n est\u00e1 Jes\u00fas, Dios-con-nosotros. En la revelaci\u00f3n a Mois\u00e9s, Dios ha dicho su Nombre: el \u201cYo soy\u201d (\u00c9xodo 3,14), Nombre divino que, en Jes\u00fas, nos incluye entra\u00f1able y amorosamente: \u201cYo \u2013con ustedes\u2013 soy\u201d (Mateo 28, 20). Podemos encarnar el mismo deseo inclusivo de Jes\u00fas afirmando con nuestras vidas: \u201cYo quiero ser con ustedes, no sin ustedes\u201d. Eso cambia el mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como era previsible, la pandemia del COVID-19 ha suscitado en no pocos creyentes opiniones variadas sobre las supuestas intenciones de Dios, que tienden a interpretar&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[7,6],"tags":[1123,14,2540],"class_list":["post-15978","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editoriales","category-nota-tapa","tag-editorial","tag-iglesia","tag-pandemia"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-49I","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15978","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15978"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15978\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15980,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15978\/revisions\/15980"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15978"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15978"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15978"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}