{"id":15985,"date":"2020-05-18T20:15:54","date_gmt":"2020-05-18T23:15:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15985"},"modified":"2020-05-18T20:24:05","modified_gmt":"2020-05-18T23:24:05","slug":"la-pandemia-en-clave-teologica-no-antropocentrica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15985","title":{"rendered":"La pandemia en clave teol\u00f3gica no antropoc\u00e9ntrica"},"content":{"rendered":"<p><em>Los creyentes tenemos el h\u00e1bito prof\u00e9tico de intentar leer los acontecimientos desde la fe. La aparici\u00f3n de la pandemia nos interpela. \u00bfEstamos en condiciones de interpretarla teol\u00f3gicamente? Al menos se puede desbrozar el terreno a fin de lograr preguntas menos inadecuadas a un hecho tan complejo e imprevisible en sus efectos.<\/em><\/p>\n<p>En primer lugar, hay que despejar del imaginario b\u00edblico ciertas im\u00e1genes retransmitidas inter-generacionalmente y que est\u00e1n ligadas a \u00e9pocas antiguas en las que la ciencia y la hermen\u00e9utica eran muy diferentes a las actuales. En efecto, las im\u00e1genes punitivas de las plagas en Egipto (\u00c9xodo 7,1-11,10); las referencias a la lepra (2 Reyes 7,3; Lucas 17,12-15; etc. ) o la idea de que el mal personal est\u00e1 relacionado con el pecado, es contrastada por el entero libro de Job y por el mismo Jes\u00fas en los evangelios. En particular, hay que evitar el abuso generalizador de las im\u00e1genes del Apocalipsis, cuya intencionalidad inicial era la de hablar de la escatolog\u00eda y no de los episodios hist\u00f3ricos. Toda esta simbolog\u00eda contin\u00faa m\u00e1s o menos vigente en la memoria colectiva actual que, aun desinformada o secularizada, las retiene y las hace circular en situaciones cr\u00edticas. Y lo hace incluso en una fusi\u00f3n con interpretaciones del medioevo, en los que el temor a las enfermedades infecto-contagiosas llevaba a respuestas colectivas que hoy leemos como desalmadas.<br \/>De todos modos, se trata de revisar las im\u00e1genes, no su contenido teol\u00f3gico. Las im\u00e1genes sirven, al menos, para mantener abierta las preguntas que las situaciones cr\u00edticas, como las pestes, presentan reiteradamente a la humanidad.<\/p>\n<p><strong>De la mano de Camus<\/strong><br \/>Una buena dosis de esa memoria sigue vigente en el arte. \u201cLa peste\u201d de Albert Camus \u2013quiz\u00e1s la obra literaria m\u00e1s mencionada en estos d\u00edas\u2013 es incomprensible sin el trasfondo judeo-cristiano que el autor explicita en los sermones del padre Paneloux o en la reflexiones del santo m\u00e9dico agn\u00f3stico Rieux.<br \/>Precisamente esas dos figuras nos introducen de plano en el modo de abordar el tema en la segunda mitad del siglo XX, de la cuyas fuentes a\u00fan bebemos. La interpretaci\u00f3n del jesuita, quien ve\u00eda en la peste un castigo divino, resulta insostenible: el ni\u00f1o que muere \u2013al menos \u00e9l, le recrimina Rieux\u2013 era inocente. Todas las im\u00e1genes del pecado y sus consecuencias y, especialmente, toda idea de Dios castigador, se desintegran delante de la imagen de un ni\u00f1o que muere bajo grandes dolores. El sufrimiento del inocente no resiste el an\u00e1lisis de la conciencia humana de post-guerra, y quiz\u00e1s menos la del siglo XXI, m\u00e1s delgada y fr\u00e1gil delante de las cat\u00e1strofes. Pero tambi\u00e9n el Dr. Rieux exhibe otra dimensi\u00f3n de nuestro tiempo: el m\u00e9dico que busca curar con la ciencia refleja una dimensi\u00f3n del modo de abordar las pestes. Las ciencias \u2013aliadas con la tecnolog\u00eda\u2013 nos permiten manejar el fen\u00f3meno sanitario como aut\u00f3nomo: vemos los virus, antes imperceptibles, su estructura, su identidad gen\u00e9tica, etc. Es cierto que ya Tom\u00e1s de Aquino, durante \u2013para la tambi\u00e9n selectiva memoria actual\u2013 el oscuro medioevo, hab\u00eda sostenido claramente la autonom\u00eda del orden temporal. Ello significaba que las cosas f\u00edsicas, y por tanto las biol\u00f3gicas tambi\u00e9n, deb\u00edan ser resueltas en ese campo, no en el teol\u00f3gico. Sin embargo, es adem\u00e1s evidente que ha sido el vertiginoso desarrollo de las ciencias el que ha permitido un tratamiento propio del fen\u00f3meno. Hoy le pedimos explicaciones y ayuda a los m\u00e9dicos e investigadores, no a Dios. Sin embargo, esta nueva situaci\u00f3n es tambi\u00e9n ambigua: la peste se comunica por los medios de transporte, se difunde la informaci\u00f3n instant\u00e1neamente, se buscan vacunas de manera global. Y, sin embargo, subsiste el temor, porque en definitiva nadie controla absolutamente las fuerzas naturales.<\/p>\n<p><strong>El virus, parte de la creaci\u00f3n y de la historia de la salvaci\u00f3n<\/strong><br \/>Pero volvamos a la pregunta inicial. Se trata de una cuesti\u00f3n que increpa al pensador religioso. La ciencia actual impide apelar a soluciones simplistas: no se puede responsabilizar a Dios por la peste. Algo as\u00ed sucedi\u00f3 despu\u00e9s del \u201cGran terremoto de Lisboa\u201d de 1755, cuando se puso en cuesti\u00f3n la \u201cteodicea\u201d o defensa de Dios tal como hab\u00eda bautizado Leibnitz a la teolog\u00eda natural en 1710, postulando en clave optimista que Dios hab\u00eda creado el mejor de los mundos posibles. El terremoto, que dej\u00f3 casi 100.000 muertos, sacudi\u00f3 al pensamiento creyente de la \u00e9poca. Pero las cosas han cambiado desde el punto epistemol\u00f3gico. Las preguntas son formuladas primariamente al mundo cient\u00edfico, no al teol\u00f3gico.<br \/>Las ciencias son hoy las investigan el origen de la difusi\u00f3n del virus, su naturaleza, sus efectos, su posible terapia. En esto, nada tiene que ver Dios ni la teolog\u00eda. Sin embargo, las ciencias tambi\u00e9n nos recuerdan otra cuesti\u00f3n, menos tangible en tiempos de emergencia: que la biosfera est\u00e1 compuesta no s\u00f3lo por el ser humano, el Homo sapiens, sino tambi\u00e9n por millones de especies de seres vivos o con conductas cercanas o an\u00e1logas a lo que entendemos por \u201cvida\u201d \u2013como es el caso de los virus\u2013. Hemos evolucionado \u201cde\u201d y \u201ccon\u201d ellos. Adem\u00e1s, convivimos de manera \u00edntima con muchos de ellos, y en forma interrelacionada con el resto. Desde ese punto de vista, es claro que no somos los \u00fanicos seres vivos, y que la coexistencia (\u00a1Darwin dixit!) es parcialmente violenta: la selecci\u00f3n natural es parte esencial, aunque no \u00fanica, del proceso de la vida. En ese contexto, resulta innegable que los virus (cualquiera de ellos) tienen el mismo derecho a la lucha por la subsistencia que otros seres, como el humano. Aun trat\u00e1ndose de seres cuya naturaleza no es exactamente vital, sino de seres dependientes de las formas vitales para subsistir, los virus est\u00e1n dentro de la \u00fanica biosfera. La biodiversidad evolutiva del planeta recuerda que no estamos solos sino que coexistimos, din\u00e1mica y por momentos violentamente, con otras especies, tambi\u00e9n ellas originadas en la historia evolutiva de la biosfera.<br \/>Curiosamente, la teolog\u00eda nos dice algo parecido. La lectura de G\u00e9nesis 1,1- 4\u00aa, propiamente la \u00fanica cosmogon\u00eda b\u00edblica completa, indica que los seres vivientes fueron creados como distintos del hombre, siendo considerados, ellos tambi\u00e9n, buenos o valiosos. El panorama de la creaci\u00f3n, pues, incluye muchos seres en s\u00ed. Por otra parte, la teolog\u00eda de los \u00faltimos siglos ha moderado su visi\u00f3n antropoc\u00e9ntrica: el heliocentrismo descentr\u00f3 al hombre del cosmos; el evolucionismo, de la vida; el psicoan\u00e1lisis le sac\u00f3 a la conciencia una parcela de manejo; la gen\u00e9tica lo equipar\u00f3 con muchos seres vivientes; etc. Por a\u00f1adidura, la presente crisis ecol\u00f3gica no hace sino reforzar la visi\u00f3n no antropoc\u00e9ntrica del planeta, precisamente cuando una especie \u2013la humana\u2013 est\u00e1 en proceso de aniquilaci\u00f3n de gran parte de las otras y, probablemente, de ella misma.<br \/>De all\u00ed que su lugar en la creaci\u00f3n haya quedado m\u00e1s focalizado en su relaci\u00f3n con Dios que en su ontolog\u00eda. Para la Biblia, es un \u201ct\u00fa\u201d muy particular, con el que Dios entabla una Alianza y en quien se encarna. Pero el resto de los seres vivientes no quedan excluidos del plan creador y tampoco del recreador. En efecto, toda la creaci\u00f3n est\u00e1 expectante (Romanos 8,18-23) y ser\u00e1 llamada a participar de los cielos nuevos y la tierra nueva (2 Pedro 3,2; Apocalipsis 21,1).<br \/>Esta convergencia entre ciencia y teolog\u00eda no hace sino m\u00e1s dif\u00edcil el interrogante inicialmente postulado, el cual necesita ser reformulado: \u00bfc\u00f3mo podemos pensar el avance del universo viral sobre una especie, el Homo sapiens, igual y a la vez privilegiado en el plan b\u00edblico de salvaci\u00f3n?<\/p>\n<p><strong>La expresividad de la naturaleza, el silencio de Dios y la pandemia como signo<\/strong><br \/>En el tomo I de Literatura del siglo XX y Cristianismo, Charles Moeller estudia a Camus bajo el t\u00edtulo com\u00fan a diversos autores de \u201cEl silencio de Dios\u201d. Las pestes son una expresi\u00f3n de este aparente silencio. Nuestra mirada, ciertamente, no es la b\u00edblica ni la medieval europea. Sin embargo, aun en su \u00edndole tecno-cient\u00edfica, global y en gran medida secularizada, remite a un temor ancestral de car\u00e1cter personal, aunque tambi\u00e9n colectivo: \u00bfsobreviviremos? No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de esta expresi\u00f3n reflexiva del principio de supervivencia de todos los vivientes, sobrevuela otra cuesti\u00f3n que el creyente puede tematizar as\u00ed: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Dios? Y con todos los matices de descentramiento antropoc\u00e9ntrico que acumulamos (Galilei, Darwin, Freud, guerras, crisis ecol\u00f3gica, etc.), el foco perceptivo del cristiano est\u00e1 orientado en la cruz de Cristo. Y, aunque no encuentre una respuesta para cada episodio generacional, el crucificado (y resucitado) afina las cuerdas de una visi\u00f3n esperanzada en las circunstancias hist\u00f3ricas diversas.<br \/>Adem\u00e1s, algo fundamental emerge de esta situaci\u00f3n: las pestes no son sino un episodio m\u00e1s en una historia de la biosfera. Desde el punto de vista de su larga historia, son parte del entramado din\u00e1mico de los seres vivientes y no-vivientes. Pero nosotros no nos consideramos una especie m\u00e1s. Nos comprendemos como originales en la biosfera, como seres con conciencia, reflexivos. Aunque la mirada crudamente biologicista intente invalidar tal lectura, muchos seguimos convencidos de una cierta originalidad humana. Asimismo, los creyentes, particularmente quienes sustentamos la fe en el terreno b\u00edblico, apelamos a la consideraci\u00f3n particular de un Dios que crea distinguiendo a la criatura humana y que refrenda tal opci\u00f3n a trav\u00e9s de su humanizaci\u00f3n en Cristo. Desde all\u00ed miramos la amenaza de una peste en la clave providencial de un Dios que no ahorra humillaciones a nuestra pretensi\u00f3n de figura central del proceso. La predilecci\u00f3n por el t\u00fa humano de Dios no excluye su amor por el resto de los seres vivientes y del universo. El \u201cvio que toda era bueno\u201d del G\u00e9nesis contin\u00faa vigente.<br \/>Probablemente, la pandemia pueda enriquecer una fe que asuma algo menos coyuntural que una plaga como es la destrucci\u00f3n generalizada de biodiversidad por parte de la mano humana. La pandemia pasar\u00e1 probablemente, pero el radical empobrecimiento del planeta de formas de vida, que a la creaci\u00f3n evolutiva le implic\u00f3 millones de a\u00f1os, no pasar\u00e1. Desde este punto de vista, la peste es un signo que necesita ser interpretado.<\/p>\n<\/p>\n<p><em>Lucio Florio es sacerdote de la Arquidi\u00f3cesis de La Plata, miembro de la Fundaci\u00f3n \u201cDi\u00e1logo entre Ciencia y Religi\u00f3n (DeCyR) de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica Argentina y director de la revista Quaerentibus.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los creyentes tenemos el h\u00e1bito prof\u00e9tico de intentar leer los acontecimientos desde la fe. 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