{"id":15989,"date":"2020-05-18T20:45:49","date_gmt":"2020-05-18T23:45:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15989"},"modified":"2020-05-18T20:50:45","modified_gmt":"2020-05-18T23:50:45","slug":"reflexiones-acerca-del-humanismo-cristiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=15989","title":{"rendered":"Reflexiones acerca del humanismo cristiano"},"content":{"rendered":"<p><em>Publicamos parte de una ponencia presentada al Consejo Superior de la UCA en febrero pasado en la que el autor interpreta el nihilismo antropol\u00f3gico posmoderno y que puede leerse teniendo en cuenta el escenario de la pandemia por coronavirus.<\/em><\/p>\n<p>Hans Urs von Balthasar, hablando acerca del humanismo cristiano, se\u00f1al\u00f3 que ese humanismo pod\u00eda verse realizado plenamente en las pinturas del Beato Ang\u00e9lico y en la m\u00fasica de Mozart. Acerca del primero, sabemos que el gran Miguel \u00c1ngel dec\u00eda: \u201cCreo que este fraile va al Cielo a contemplar los rostros bienaventurados, para luego pintarlos en la tierra\u201d. En cuanto a Mozart, el te\u00f3logo Karl Barth dec\u00eda que su m\u00fasica hace audible \u201clo que al final de los tiempos veremos, la s\u00edntesis de todas las cosas en su ordenaci\u00f3n final\u201d. Es decir que los dos ejemplos tienen en com\u00fan el hecho de que, en ellos, <em>lo humano tiene algo (o mucho) que ver con el Cielo<\/em>. El humanismo cristiano es lo humano visitado por lo celeste, lo divino. No olvidemos estas dos evocaciones del mundo de la belleza al internarnos en nuestra reflexi\u00f3n.<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u201chumanismo\u201d se inserta en una corriente cultural occidental que puede remontarse hasta la antigua Grecia y que, a partir del siglo XIV, comenz\u00f3 a vehiculizar un renovado inter\u00e9s por lo humano que desemboc\u00f3 en el Renacimiento, donde se plasm\u00f3 de manera intensa en las artes, la filosof\u00eda, la pol\u00edtica, la educaci\u00f3n. A partir de all\u00ed, el \u201chumanismo\u201d fue recibiendo acentos que originaron diversos tipos de humanismos. Al renacentista le siguieron el humanismo secular, el humanismo religioso, el humanismo marxista, el humanismo ateo, como el que Sartre proclam\u00f3 en su c\u00e9lebre conferencia: \u201cEl existencialismo es un humanismo\u201d. Todos ellos tienen en com\u00fan una celebraci\u00f3n del hombre, de su grandeza y dignidad, reconocido y considerado como centro y sentido del mundo y la historia.<br \/>\nHoy, en la \u00e9poca posmoderna, el o los humanismos no gozan de buena salud. Y es en ese contexto, poco favorable, que me interesa la promoci\u00f3n de un humanismo cristiano. Las dos partes que configuran mi reflexi\u00f3n tienen su origen, respectivamente, en una meditaci\u00f3n muy personal y libre de los cap\u00edtulos III (<em>Ra\u00edz humana de la crisis ecol\u00f3gica<\/em>) y VI (<em>Educaci\u00f3n y espiritualidad ecol\u00f3gica<\/em>) de <em>Laudato si<\/em>\u2019.<\/p>\n<p><strong>Primera parte: situaci\u00f3n actual<\/strong><\/p>\n<p>Comienzo con una cita de Laudato si\u2019: \u201cLa humanidad posmoderna no encontr\u00f3 una nueva comprensi\u00f3n de s\u00ed misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia\u201d(1).<br \/>\nMuy cercanas por su contenido, recordemos las palabras del fil\u00f3sofo argentino Enrique Valiente Noailles, quien afirmaba que el momento actual pod\u00eda caracterizarse como \u201c\u00e9poca de errancia, incertidumbre y penuria espiritual (\u2026) sucede como si el hombre (contempor\u00e1neo) hubiese perdido la versi\u00f3n original de s\u00ed mismo. Ante ello, tiene la tentaci\u00f3n de obturar la falta, de llenar el vac\u00edo de manera artificial, de lanzarse a generar un sustituto artificial de la especie por imposibilidad de metabolizar metaf\u00edsicamente la \u00e9poca\u00bb (2)<br \/>\nSe tratar\u00eda de \u201cuna tendencia, ante lo que angustia y lo que no comprendemos, a cerrar apresuradamente la pregunta. Parad\u00f3jicamente, el riesgo de la \u00e9poca no est\u00e1 en la incertidumbre, sino en su acelerada supresi\u00f3n\u201d (3). Aqu\u00ed parece manifestarse esa angustia posmoderna de la que habla Francisco, de la que se busca salir eliminando lo m\u00e1s r\u00e1pido posible la incertidumbre, aunque el precio a pagar sea el de la sustituci\u00f3n de lo verdaderamente humano por una copia artificial, buscando una certeza apresurada que obtura la interrogaci\u00f3n profunda y empobrece o anula un verdadero proceso pensante. Por eso concluye este autor diciendo: \u201cParece que lo que definir\u00e1 el destino de la especie (humana) en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas es el modo que encuentre el hombre para procesar la evaporaci\u00f3n del sentido que se produjo en buena parte del siglo XX\u201d (4).<br \/>\nEvoco ahora a otro pensador, en este caso un humanista excepcional, fallecido recientemente: George Steiner. A este c\u00e9lebre intelectual, escritor, te\u00f3rico de la literatura comparada y de la cultura en general, le preguntaron: \u201c\u00bfNosotros, que vivimos en la \u00abera del Ep\u00edlogo\u00bb, sobre las ruinas de Auschwitz y del Goulag, debemos reaprender a ser humanos? \u00bfHay que inventar un nuevo humanismo?\u201d Su respuesta fue la siguiente: \u201cEl siglo que acaba de terminar ha mostrado suficientemente que el modelo cl\u00e1sico de un humanismo capaz de resistir a la barbarie, a lo inhumano, gracias a una cierta cultura, a una cierta educaci\u00f3n, a una cierta ret\u00f3rica, era ilusorio\u2026 He llegado a la intuici\u00f3n de que un humanismo sin fundamento teol\u00f3gico es demasiado fr\u00e1gil para satisfacer las necesidades humanas, para satisfacer a la raz\u00f3n misma\u2026\u201d (5).<br \/>\nM\u00e1s cercano a nosotros, Santiago Kovadloff afirma algo semejante al decir que: \u201cLa dimensi\u00f3n de lo teol\u00f3gico no es una dimensi\u00f3n alternativa preexistente que volver\u00eda [hoy] a ganar actualidad. La pregunta por el hombre es la pregunta por el misterio del hombre, es decir, por lo que el hombre tiene de inconmensurable para s\u00ed mismo\u201d (6)<br \/>\nAgrego a otro autor de referencia, Ghislain Lafont. En su libro <em>\u00bfQu\u00e9 nos est\u00e1 permitido esperar?<\/em> dice, en apretada s\u00edntesis, que estar\u00edamos asistiendo a la muerte de una civilizaci\u00f3n fundada sobre el primado del saber, en la que el valor supremo era el de la verdad. El mundo occidental que se inici\u00f3 con los fil\u00f3sofos presocr\u00e1ticos y que se ha mantenido durante veinticinco siglos, a pesar de las maravillas logradas en el plano del conocer y del hacer, seg\u00fan Lafont, est\u00e1 llegando a su t\u00e9rmino y el hecho nos enfrenta a cuestiones de vital importancia. Todo, dice nuestro autor, \u201cparecer\u00eda culminar hoy en la desaparici\u00f3n del hombre, al menos en la forma que \u00e9ste ha tenido hasta hoy. Que se acepte esta eventualidad o que se rechace, ella se\u00f1ala un giro epocal. El remedio, si es que lo hay y si es que hace falta, \u00bfestar\u00e1 \u2013se pregunta Lafont\u2013 en una suerte de reinyecci\u00f3n (\u2026) de humilde humanidad?\u201d (7).<br \/>\n\u00bfDe qu\u00e9 manera podr\u00e1 lograrse este objetivo? Aparece entonces la hip\u00f3tesis central de su libro: propone introducir otro paradigma, distinto a los anteriores, los de la primac\u00eda de la verdad, del saber y del hacer. Este otro paradigma tiene que ver con un rasgo esencial de la humanidad del hombre, con algo \u201cpropio del hombre\u201d, que no se ubica en el nivel de la palabra \u201cconsiderada en su contenido, en lo que se dice, que queda inmediatamente regido por el saber y la verdad, sino [la palabra] en su acto vivido cuyo primer efecto es poner en relaci\u00f3n, es el acontecimiento de la palabra que despierta la relaci\u00f3n\u201d (8).<br \/>\nCreo que estas citas nos van haciendo sentir y comprender el punto doliente de nuestra actual situaci\u00f3n como humanos. Esa herida es el resultado no deseado de algo que, arrancando en las postrimer\u00edas de la Edad Media, se acentu\u00f3 en la modernidad. \u00bfDe qu\u00e9 se trata? Del riesgo de una extinci\u00f3n de la humanidad del ser humano. Volvamos a escuchar a Lafont, que estudi\u00f3 profundamente el tr\u00e1nsito entre la Edad Media y el nacimiento de la Modernidad. Seg\u00fan \u00e9l, se puede hablar de Modernidad a partir del momento en que: \u201cel hombre y el mundo comenzaron a ser considerados en s\u00ed mismos y, en cierta medida, al margen de la condici\u00f3n de mundo ca\u00eddo y rescatado, [que estaba] definida por la oposici\u00f3n tajante entre Cristo triunfante y el Pr\u00edncipe de este mundo. Se puede decir entonces que hay \u2018modernidad\u2019 cuando las coordenadas de pecado y salvaci\u00f3n, de Satan\u00e1s y de Cristo, dejan de ser las \u00fanicas tenidas en cuenta para definir la existencia humana, o tambi\u00e9n, cuando se descubre que hay una cierta gesti\u00f3n posible de s\u00ed mismo y de los otros sin [necesidad de una] referencia inmediata a la dram\u00e1tica de la salvaci\u00f3n. Eso significa concretamente que la sexualidad, el dinero, el poder, la t\u00e9cnica conquistan un cierto derecho a la existencia aut\u00f3noma, seg\u00fan las leyes tomadas de la realidad misma de los hombres y de las cosas [\u2026] la raz\u00f3n humana, artesana del descubrimiento y del uso de esos valores, adquiere entonces una importancia desconocida\u201d (9).<\/p>\n<p>Con una mirada m\u00e1s cr\u00edtica, De Lubac sostiene que para muchos \u201cla modernidad comienza verdaderamente con la aplicaci\u00f3n exclusiva del esp\u00edritu cient\u00edfico al estudio del hombre, es decir, con el surgimiento de las ciencias humanas y el advenimiento de su monopolio, con la expulsi\u00f3n de toda reflexi\u00f3n metaf\u00edsica como tambi\u00e9n de toda religi\u00f3n\u2026 y el rechazo de ver en el hombre una aspiraci\u00f3n trascendente, y de admitir que el hombre supera infinitamente al hombre\u201d (10).<br \/>\nPuede decirse que el descubrimiento de una dimensi\u00f3n nueva del mundo, parece haberse realizado con una mentalidad y una voluntad de emancipaci\u00f3n, combativa, en parte provocada y agravada porque las instituciones propias de la precedente imagen del mundo no comprendieron ni aceptaron el advenimiento de una concepci\u00f3n diferente del hombre y del mundo, y defendieron \u00e1speramente su legitimidad pasada. Seg\u00fan Lafont, no se supo pensar la autonom\u00eda de la creaci\u00f3n manteniendo su dependencia del Creador. Habr\u00eda sido necesario \u2013pero no se logr\u00f3\u2013 poder definir r\u00e1pidamente una cierta l\u00ednea de pensamiento y de acci\u00f3n que estableciese, para el hombre y para el mundo, una autonom\u00eda mesurada, manteni\u00e9ndola dentro de la Alianza y consciente de los riesgos del pecado. All\u00ed estuvo quiz\u00e1s el drama hist\u00f3rico concreto del nacimiento de la modernidad: intervino y se desarroll\u00f3 sin ser verdaderamente pensada.<br \/>\nSe trataba de articular una afirmaci\u00f3n positiva de los valores creados, con una definici\u00f3n de las justas y necesarias prohibiciones que, limitando el deseo de absoluto que nos es propio como humanos, permitiesen a esos valores desarrollarse sin lesionar al hombre, a la sociedad o a la naturaleza, como tambi\u00e9n se deb\u00edan articular dichos valores con una conciencia clara de las heridas que impiden o hacen dif\u00edcil ese desarrollo. Pero en vez de buscar ese sano equilibrio, el hombre moderno se precipit\u00f3 cada vez m\u00e1s en un dinamismo desmesurado de expansi\u00f3n, en la extensi\u00f3n ilimitada de su poder, con los consecuentes desequilibrios negativos; mientras que la Iglesia, por su parte, fortific\u00f3 sus bastiones y se acanton\u00f3 en actitudes de rechazo y de condenaci\u00f3n, sin contribuir verdaderamente a la construcci\u00f3n de ese nuevo equilibrio. Las autoridades de la Iglesia, acostumbradas a la gesti\u00f3n de un mundo concebido de manera inmediatamente religiosa y esencialmente jer\u00e1rquica, no supieron reconocer la naciente autonom\u00eda, para guiarla discretamente, confiando en el hombre. Al contrario, parecen haberse reafirmado en su postura, alimentando as\u00ed en el hombre de la modernidad una actitud de rebeld\u00eda, de la que se sigui\u00f3 un aumento de las \u201cdistancias y rupturas\u201d entre la Iglesia y el mundo (11).<br \/>\nEstamos ahora tal vez en condiciones de responder a la pregunta acerca del punto doliente de la humanidad actual: el nihilismo. Se trata de una crisis humana que, como se\u00f1ala Francisco en el cap\u00edtulo III de Laudato si\u2019, est\u00e1 en la ra\u00edz de la crisis ecol\u00f3gica actual. En ese cap\u00edtulo se nos propone una mirada l\u00facida acerca del paradigma tecnocr\u00e1tico, se\u00f1alando que \u201cel problema fundamental\u201d de nuestro tiempo es \u201cel modo como la humanidad de hecho ha asumido la tecnolog\u00eda y su desarrollo junto con un paradigma homog\u00e9neo y unidimensional\u201d, agregando que \u201cen el origen de muchas dificultades del mundo actual est\u00e1 ante todo la tendencia, no siempre consciente, a constituir la metodolog\u00eda y los objetivos de la tecnociencia en un paradigma de comprensi\u00f3n que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad\u201d (12).<br \/>\nJunto a las innegables conquistas que la racionalidad tecnocient\u00edfica ha logrado, se ha se\u00f1alado que ella nos puede llevar tanto a la progresiva p\u00e9rdida de una familiaridad afectiva con el mundo que habitamos, como tambi\u00e9n a un empobrecimiento de nuestras experiencias humanas profundas. Esas p\u00e9rdidas \u2013la de familiaridad afectiva con el mundo, la de las experiencias humanas profundas\u2013 son heridas concretas, epocales, y no por cierto menores, puesto que lastiman la humanidad del hombre. Y as\u00ed, casi sin que lleguemos a percibirlo, es el coraz\u00f3n (b\u00edblicamente entendido como lo m\u00e1s profundo del ser humano) quien se enferma, padeciendo los devastadores efectos de la compulsi\u00f3n, del impulso irresistible a consumir, que generan depresi\u00f3n, tristeza, y, en lo m\u00e1s profundo, una inconsolable ausencia. Tal vez sea \u00e9sta \u2013ausencia\u2013 la palabra m\u00e1s adecuada para comprender el mal epocal mayor. Podemos llamarla \u201cnihilismo\u201d, pero no ya el nihilismo de Nieztsche o Heidegger, con su funci\u00f3n desenmascarante de lo inaut\u00e9ntico e idol\u00e1trico del mundo moderno. Se trata, hoy, de otra cosa: de una doble ausencia, que afecta a Dios y al hombre. En cuanto al hombre, empezamos apenas a descifrar las cuestiones con las que nos enfrentamos. Entonces \u2013afirma Maurice Bellet\u2013 la humanidad se hunde en la locura, y, finalmente, en \u201cla contradicci\u00f3n impensable de una presencia humana que se ausenta de su lugar propio\u201d (13). En cuanto a Dios el nihilismo no consiste, seg\u00fan Jean-Luc Marion, en \u201cla desaparici\u00f3n de Dios, sino en el descubrimiento de que la ausencia de lo que llamamos \u00abDios\u00bb define la forma contempor\u00e1nea de su presencia\u201d (14). Ambas ausencias est\u00e1n vinculadas entre s\u00ed, y se\u00f1alar\u00edan, seg\u00fan Marion, una crisis de la racionalidad, m\u00e1s que una crisis de la fe. Y esa crisis nihilista de la racionalidad estriba, seg\u00fan \u00e9l, en que \u201cla verdad ya no nos sostiene m\u00e1s a nosotros, sino que somos nosotros quienes la sostenemos \u2013 tal es la situaci\u00f3n insostenible del nihilismo\u201d (15).<br \/>\n\u201cNos hemos transformado en nihilistas, porque no conocemos m\u00e1s que objetos\u201d (16). Podemos preguntarnos si tambi\u00e9n Dios corre el riesgo de transformarse para nosotros, creyentes contaminados por el nihilismo actual, en objeto, un Objeto eminente, por cierto, pero \u201causente\u201d \u2013aunque hablemos de \u00c9l. Conviene ser conscientes de este posible riesgo que se\u00f1ala con lucidez un sugestivo texto de Corona: \u201cS\u00f3lo un pensamiento objetivante y separado puede preguntarse por la presencia o no de Dios. La cuesti\u00f3n no es entonces c\u00f3mo se prueba la existencia de Dios, sino m\u00e1s bien c\u00f3mo es que se ha producido su eclipse o, m\u00e1s bien, c\u00f3mo es que el hombre no ha notado su presencia y se ha visto llevado a alzarse hasta confiar en que su raz\u00f3n conceptual, l\u00f3gica, demostradora, tenida por instancia \u00faltima de juicio, prueba la existencia de algo a lo que da el nombre de Dios&#8230; Las preguntas se alzan: \u00bfaquella raz\u00f3n que prueba, es instancia \u00faltima?, \u00bfel Dios que as\u00ed aparece existiendo, es Dios, esto es lo Insuperable para el hombre en su vida?, \u00bfes ese un Dios divino?, \u00bfqui\u00e9n ha actuado el ocultamiento del Dios divino\u201d? (17)<br \/>\nDemos un \u00faltimo paso. El discernimiento de la herida epocal nihilista, como crisis antropol\u00f3gica profunda, lleva a replantearnos nuestra manera de ser humanos. De all\u00ed la importancia que adquiere la interpretaci\u00f3n que el hombre hace de s\u00ed mismo. Esta interpretaci\u00f3n se encuentra en una especie de punto muerto. Se dice que ya no sabemos qu\u00e9 es el hombre, y es evidente que se debe, en buena medida, al hecho decisivo de que el \u201csujeto\u201d moderno, ese arquetipo humano que se consider\u00f3 a s\u00ed mismo como casi omnipotente, junto con sus ilusiones m\u00e1s caras (como la del progreso indefinido) est\u00e1 en crisis y, para muchos, en v\u00edas de extinci\u00f3n. R\u00e9my Brague lo afirma de manera lapidaria: \u201cEl proyecto ateo de los tiempos modernos ha fracasado\u201d. El \u201chumanismo exclusivo\u201d en el que el hombre moderno se consider\u00f3 \u201cel ser m\u00e1s elevado, que no tolera a nadie por encima de \u00e9l\u201d, ese humanismo termina siendo imposible. Y no tanto, como pensaba De Lubac, porque har\u00eda inhumano al hombre, sino porque, simplemente, lo destruye (18). Volvemos a encontrar ese nihilismo antropol\u00f3gico. Tambi\u00e9n Fabrice Hadjadj apunta en esta direcci\u00f3n cuando se pregunta: \u201c\u00bfCu\u00e1l es la especificidad de nuestra \u00e9poca? El progresismo se ha hundido. Ya no creemos m\u00e1s en un futuro feliz. Es un hecho. Y el catastrofismo tiende a generalizarse\u2026 Se trata, pues, del fin del humanismo progresista. Y todo parece tender, hoy, hacia lo que podr\u00eda llamarse lo anti-humano o lo post-humano\u201d (19).<br \/>\nLas lecturas de la crisis antropol\u00f3gica son convergentes, y plantean el siguiente interrogante: al eclipsarse el sujeto moderno, \u00bfqui\u00e9n ocupar\u00e1 ese lugar vac\u00edo? \u00bfQu\u00e9 nueva comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n del hombre? Dir\u00eda, con Francisco, que la posmodernidad no la ha encontrado a\u00fan y que, bajo el predominio de la racionalidad tecnocient\u00edfica, esa ausencia de interpretaci\u00f3n se intensifica y se instala culturalmente como dolorosa y profunda ausencia de identidad, so\u00f1ando tal vez \u2013\u00bfpero no se trata acaso de una pesadilla?\u2013con sue\u00f1os transhumanistas o poshumanistas, en el hombre-robot, un \u201ccasi humano\u201d, o tambi\u00e9n\u2026 con la extinci\u00f3n absoluta de la humanidad, para as\u00ed liberar al planeta de su implacable e imperdonable predador.<br \/>\nNuestro humanismo cristiano tiene que salir al encuentro, con respeto y humildad, de este nihilismo contempor\u00e1neo, mirarlo con misericordia \u2013como hizo el Buen Samaritano\u2013 e intentar establecer con \u00e9l un di\u00e1logo inaudito, inaudito tambi\u00e9n para el propio humanismo cristiano, que podr\u00eda reconocer en ese nihilismo\u2026 cierto parentesco paradojal.<\/p>\n<p><em>Fernando Jos\u00e9 Ortega es Doctor en Teolog\u00eda y ex decano de la Facultad de Teolog\u00eda de la UCA<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<ol>\n<li>FRANCISCO, Carta Enc\u00edclica <em>Laudato si\u2019<\/em>, 2015, n.203.<\/li>\n<li>ENRIQUE VALIENTE NOAILLES, \u00bfHacia una poshumanidad?, en <em>La Naci\u00f3n<\/em>, Secci\u00f3n Opini\u00f3n, 27 de diciembre 2009.<\/li>\n<li>Ibid.<\/li>\n<li>Ibid.<\/li>\n<li>GEORGE STEINER, La barbarie douce, en <em>Question de n\u00b0 123: Education et sagesse<\/em>, Albin Michel 2001, 323-324.<\/li>\n<li>En <em>Criterio<\/em> N\u00b0 2289, 2003, p.687.<\/li>\n<li>GHISLAIN LAFONT, <em>Que nous est-il permis d\u2019esp\u00e9rer?<\/em>, Cerf 2009, 228-229.<\/li>\n<li>Ibid, 232.<\/li>\n<li>LAFONT, <em>Imaginer l\u2019\u00c9glise catholique<\/em>, Cerf, Paris 1995, 31-32.<\/li>\n<li>HENRI, CARDINAL DE LUBAC, Entretien autor de <em>Vatican II<\/em>, Cerf, Paris, 2007, 71-72.<\/li>\n<li>N. del A.: Estas ideas sintetizan LAFONT, <em>Imaginer<\/em>, 33-35.<\/li>\n<li>FRANCISCO, <em>Laudato si\u2019<\/em>, n.102.106.107.<\/li>\n<li>MAURICE BELLET, <em>L\u2019avenir du communisme<\/em>, Bayard 2013, 78-79.<\/li>\n<li>JEAN-LUC MARION, Foi et raison, en <em>\u00c9tudes<\/em>, f\u00e9vrier 2014, n\u00ba4202, 68.<br \/>\nIbid., 71.<\/li>\n<li>HENRI-J\u00c9R\u00d4ME GAGEY, Une crise sans pr\u00e9c\u00e9dent, en AAVV: Trouble dans la definition de l\u2019humain, <em>R\u00e9vue Transversalit\u00e9s<\/em>, Suppl\u00e9ment N\u00ba1, Descl\u00e9e de Brouwer, Paris 2014, 26.<\/li>\n<li>N\u00c9STOR CORONA, <em>Verdades y sentido<\/em>, texto in\u00e9dito, 2013.<\/li>\n<li>R\u00c9MY BRAGUE, Le propre de l\u2019homme. <em>Sur une l\u00e9gitimit\u00e9 menac\u00e9e<\/em>, Flammarion, Paris 2013, 35, 21, 36.<\/li>\n<li>FABRICE HADJADJ, en <em>AAVV: Regards sur notre temps, Entretiens avec Anne Christine Fournier<\/em>, Mame 2013, 103.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicamos parte de una ponencia 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