{"id":16004,"date":"2020-05-25T15:50:02","date_gmt":"2020-05-25T18:50:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16004"},"modified":"2020-05-25T15:50:05","modified_gmt":"2020-05-25T18:50:05","slug":"el-companero-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16004","title":{"rendered":"El compa\u00f1ero invisible"},"content":{"rendered":"<p>Muchas cosas han cambiado durante las \u00faltimas semanas; primero en China, despu\u00e9s en otros pa\u00edses del sudeste de Asia y en Europa, y un poco m\u00e1s tarde, en buena parte del mundo. Y seg\u00fan nos dicen, estos cambios son, apenas, el principio. La llegada del coronavirus, o m\u00e1s bien, de la enfermedad que provoca, han dado pie a un sinn\u00famero de comentarios que anuncian transformaciones profundas, no s\u00f3lo en las pol\u00edticas sanitarias de los pa\u00edses m\u00e1s afectados, sino tambi\u00e9n en la manera en la que vamos a vincularnos con nuestros amigos, a trabajar, a tomar vacaciones, divertirnos o alimentarnos. Creo que, si se trata de anticipar el futuro, hay que ser cautos, y no puedo dejar de preguntarme c\u00f3mo vamos a poder distinguir los cambios provocados por el coronavirus de todos los dem\u00e1s que se producen cada d\u00eda. Existen, por supuesto, respuestas obvias: las cuarentenas, los controles de temperatura, y para citar el ejemplo trivial, las pruebas de coronavirus ser\u00e1n, sin duda, consecuencia de la enfermedad. Pero, \u00bfy el resto?<\/p>\n<p><strong>La revoluci\u00f3n alimentaria del neol\u00edtico<\/strong><\/p>\n<p>A efectos de anticipar \u2013en lo posible\u2013 el futuro, puede ser \u00fatil volver al pasado, y en este caso el pasado que cuenta parece ser el comprendido en los \u00faltimos 10 u 11 mil a\u00f1os. Ese es, poco m\u00e1s o menos, el tiempo transcurrido desde que algunos de nuestros antecesores iniciaron el proceso de domesticaci\u00f3n de una serie de plantas y animales y, con eso, dieron pie a lo que se podr\u00eda llamar, con justicia, la revoluci\u00f3n alimentaria del neol\u00edtico. Hasta entonces, los seres humanos se procuraban el sustento s\u00f3lo a trav\u00e9s de la caza y la recolecci\u00f3n. Las estrategias aplicadas por los distintos grupos pod\u00edan variar sustancialmente, y el resultado de cada una estaba determinado por las caracter\u00edsticas del ambiente que ocupaban. Pero el modelo de caza y recolecci\u00f3n tiene algunas limitaciones intr\u00ednsecas, y salvo alg\u00fan caso sumamente particular, el tama\u00f1o y la densidad de aquellas comunidades nunca pudo sobrepasar ciertos l\u00edmites.<br \/>\nLa domesticaci\u00f3n de especies silvestres produjo un aumento en la disposici\u00f3n, y quiz\u00e1s todav\u00eda m\u00e1s importante, en la previsibilidad de disposici\u00f3n de los alimentos. Y dio pie a una serie de cambios sustanciales entre los que pueden destacarse:<br \/>\n&#8211; el inicio de los modos de vida sedentarios,<br \/>\n&#8211; la producci\u00f3n estacional de un gran volumen de alimentos, y consecuentemente, la disponibilidad de excedentes que pod\u00edan \u2013deb\u00edan\u2013 ser almacenados para atender las necesidades del grupo durante los per\u00edodos de escasez,<br \/>\n&#8211; el aumento de la natalidad, y con \u00e9l, de la densidad de poblaci\u00f3n,<br \/>\n&#8211; el desarrollo de sistemas de organizaci\u00f3n social m\u00e1s complejos y capaces de organizar las actividades productivas y administrar los productos derivados de ellas,<br \/>\n&#8211; el surgimiento de \u201coficios\u201d especializados y no directamente vinculados a la obtenci\u00f3n o producci\u00f3n de alimentos y materias primas,<br \/>\n&#8211; y, asociada a los anteriores, la aparici\u00f3n de un abanico de enfermedades que no hubieran podido propagarse, o al menos, no hubieran podido subsistir entre cazadores n\u00f3mades.<\/p>\n<p><strong>De los unos a los otros<\/strong><\/p>\n<p>Existen varias teor\u00edas acerca del origen de los virus y de su relaci\u00f3n evolutiva con las c\u00e9lulas. Y, en un plano a\u00fan m\u00e1s general, tambi\u00e9n hay dudas a la hora de establecer si corresponde o no reconocer a los virus la condici\u00f3n de \u201cseres vivos\u201d. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de su historia y de la forma particular en la que est\u00e1n organizados, interact\u00faan con el medio que los rodea y se reproducen; est\u00e1 m\u00e1s que razonablemente probado que los virus est\u00e1n sujetos a los mismos mecanismos de selecci\u00f3n que determinan la supervivencia y la extinci\u00f3n de plantas y animales. Eso quiere decir que, en el curso del tiempo, cambian, y que seg\u00fan cu\u00e1n exitoso sea el resultado de esos cambios, se multiplican y se propagan o desaparecen. A modo de ejemplo, pensemos en un virus capaz de provocar estornudos y de \u201csobrevivir\u201d en los fluidos que acompa\u00f1an a eso estornudos. Si vivieran en una comunidad compuesta por un peque\u00f1o n\u00famero de cazadores recolectores, la historia ser\u00eda breve: en poco tiempo, todos los integrantes de la comunidad estar\u00edan infectados. Y despu\u00e9s, seg\u00fan las caracter\u00edsticas del virus y de la enfermedad que provoca, una proporci\u00f3n menor o mayor de esos infectados morir\u00eda y el resto desarrollar\u00eda alg\u00fan grado de inmunidad. Pero si, en cambio, la emergencia del virus se produjera en un ambiente densamente poblado y en donde \u2013por el clima, los h\u00e1bitos sociales, las caracter\u00edsticas de las viviendas o el modo de trabajo\u2013 los primeros infectados mantuvieran un contacto relativamente estrecho con otras personas, el virus tendr\u00eda muy buenas probabilidades de propagarse. Y si a eso sumamos la probabilidad de que algunos infectados viajasen a sitios en los que viven comunidades de caracter\u00edsticas parecidas\u2026 bueno, ya sabemos lo que seguir\u00eda.<br \/>\nEn este punto, uno podr\u00eda preguntarse c\u00f3mo se inicia el proceso; por qu\u00e9, de repente \u201cemerge\u201d un virus que hasta entonces no exist\u00eda o, si exist\u00eda, era tan poco frecuente que no se hab\u00eda dejado ver. Y, otra vez, la respuesta est\u00e1 vinculada a los cambios que hicimos en el curso de los \u00faltimos 10 mil a\u00f1os. Como se se\u00f1al\u00f3, la evoluci\u00f3n de los virus est\u00e1 sujeta a los mecanismos de la selecci\u00f3n natural. Y, en ocasiones, esos mecanismos provocan un cambio gen\u00e9tico que le permite a un virus \u201csaltar\u201d de la especie que constitu\u00eda su hu\u00e9sped original a una especie distinta. En condiciones naturales, lo m\u00e1s probable es que ese cambio no tenga mayores consecuencias, pero si se produce en un ambiente particular en el que una poblaci\u00f3n numerosa de la especie emisora (vacunos, ovejas, cabras, chanchos, aves de corral) est\u00e1 en contacto estrecho con una poblaci\u00f3n, tambi\u00e9n numerosa, de la especie receptora (la nuestra), el resultado puede ser otro. La inmunidad de los nuevos receptores es nula, o en todo caso, muy baja. Y si, a diferencia de lo que ocurr\u00eda con la especie emisora, no viven confinados, sino que se mueven m\u00e1s o menos libremente, la infecci\u00f3n se propagar\u00e1 a gran velocidad.<br \/>\nVistas las circunstancias actuales y la preocupaci\u00f3n que genera el COVID-19, uno podr\u00eda caer en la tentaci\u00f3n de cuestionar algunos aspectos de nuestro modo de vida. Pero la historia no sabe dar marcha atr\u00e1s, y adem\u00e1s, aunque se trate de una especulaci\u00f3n riesgosa y poco conducente, podr\u00eda pensarse que, si no vivi\u00e9ramos como vivimos y no sufri\u00e9ramos las enfermedades que trae aparejado, seguramente nos ver\u00edamos aquejados por otros males.<br \/>\nEn los ambientes naturales, las especies comestibles constituyen, en promedio, algo as\u00ed como el 0,1% de la biomasa. Y si no hubi\u00e9ramos desarrollado procedimientos de transformaci\u00f3n de esos ambientes, el n\u00famero de habitantes que nuestro planeta podr\u00eda sostener ser\u00eda sensiblemente menor al actual, y los riesgos derivados de alg\u00fan tipo de oscilaci\u00f3n en la disponibilidad de alimentos, sustancialmente mayores.<\/p>\n<p><strong>Lo que hicimos, lo que hacemos, lo que podemos hacer<\/strong><\/p>\n<p>No s\u00e9 si se trata de un proverbio, un refr\u00e1n, una sentencia o un adagio, pero todos hemos o\u00eddo alguna vez eso de que la vida, a diferencia de la escuela, nos somete al examen primero, y s\u00f3lo m\u00e1s tarde nos ofrece la lecci\u00f3n. Pero aun as\u00ed parece inevitable que, cuando nos enfrentamos a males inesperados, aparezca la tentaci\u00f3n de cuestionar las decisiones que se tomaron en el pasado, aun en los casos en los que no hab\u00eda manera de prever cu\u00e1les podr\u00edan ser sus consecuencias.<br \/>\nLa pandemia de COVID-19 ser\u00e1 controlada; eso es seguro. Cuando eso ocurra \u2013o quiz\u00e1s antes\u2013 se iniciar\u00e1 un debate acerca de las cosas que queremos y que podemos cambiar; sea para disminuir los riesgos de que vuelva a repetirse o, m\u00e1s modestamente, para aprovechar algo de lo que aprendimos durante los d\u00edas de encierro forzoso. Y, aunque no podemos \u2013ni debemos\u2013 anticipar el resultado, ser\u00eda deseable que la discusi\u00f3n no se oriente a identificar a los responsables, ya que algunos de ellos murieron hace m\u00e1s de diez mil a\u00f1os. Y, cuando actuaron como lo hicieron, ten\u00edan la mejor intenci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Alejandro Winograd es Bi\u00f3logo, escritor, editor y director de la editorial que lleva su apellido y de la Colecci\u00f3n Reservada del Museo del Fin del Mundo (EUDEBA).<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchas cosas han cambiado durante las \u00faltimas semanas; primero en China, despu\u00e9s en otros pa\u00edses del sudeste de Asia y en Europa, y un poco&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[2545,2546,2540,758],"class_list":["post-16004","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-alimentacion","tag-biologia","tag-pandemia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4a8","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16004","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16004"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16004\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16006,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16004\/revisions\/16006"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16004"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16004"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16004"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}