{"id":16039,"date":"2020-05-26T15:54:55","date_gmt":"2020-05-26T18:54:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16039"},"modified":"2020-05-26T15:54:56","modified_gmt":"2020-05-26T18:54:56","slug":"epidemias-para-cinefilos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16039","title":{"rendered":"Epidemias para cin\u00e9filos"},"content":{"rendered":"<p>D\u00eda de fiesta en un lindo pueblito medieval. Hay columpio, teatro infantil, un saltibamqui sobre el escenario. De pronto, enorme, m\u00e1s alto que la torre de la iglesia del pueblo, el Demonio todo lo oscurece. Tambi\u00e9n es oscura la nube que \u00e9l env\u00eda. El artista cae sobre su rostro. Unos comedidos lo dan vuelta y descubren las se\u00f1as de la peste. Todos huyen, y el infeliz se queda ah\u00ed solo, alzando el brazo en in\u00fatil pedido de auxilio.<br \/>\nD\u00eda silencioso en la gran ciudad de Londres. Las calles est\u00e1n desiertas, s\u00f3lo vemos se\u00f1ales de un abandono apresurado. Por ah\u00ed camina un joven con paso errabundo, buscando quien le explique lo que pas\u00f3. Y no fue el Diablo, sino la incursi\u00f3n de unos irresponsables en un laboratorio. Pretendiendo ser defensores de los derechos de los animales, causaron un da\u00f1o tal vez irreparable. \u00bfO quiz\u00e1s el da\u00f1o lo iniciaron los cient\u00edficos?<br \/>\nEstas escenas aparecen al comienzo de <em>Fausto<\/em> (F.W. Murnau, 1926) y de <em>Exterminio<\/em> (Danny Boyle, 2002). Ambas obras coinciden en el miedo a las epidemias y el empleo a fondo de los recursos cinematogr\u00e1ficos que hab\u00eda en sus respectivas \u00e9pocas. Y difieren en lo profundo: una nos habla de la debilidad humana bajo la eterna lucha entre la Luz y las Tinieblas, la otra s\u00f3lo hace un agitado espect\u00e1culo de debilidades y asquerosidades en tono apocal\u00edptico. Abundan las obras de esta clase en los tiempos que corren, tan propicios a la expansi\u00f3n de nuevas enfermedades por el mundo. Un experimento cient\u00edfico que se sale de cauce o es aplicado a conciencia contra \u201cel enemigo\u201d, una infecci\u00f3n transportada involuntariamente del espacio exterior o desde alg\u00fan lugar atrasado de la tierra, sirven de excusa para jugar con los miedos del p\u00fablico, lucir notables efectos especiales en enormes producciones de tipo cat\u00e1strofe, y hacer a veces la propaganda de ciertos h\u00e9roes y naciones, algo que los analistas odian y el p\u00fablico general disfruta y aplaude con una sonrisa. <em>Epidemia<\/em> (Wolfgang Petersen, 1995), y <em>La amenaza de Andr\u00f3meda<\/em> (Robert Wise, 1971), son dos buenos ejemplos de lo dicho, y buenas pel\u00edculas. Parejo al miedo a la muerte, o quiz\u00e1 mayor, es el miedo a la degradaci\u00f3n del cuerpo y la alteraci\u00f3n de las relaciones humanas. Esta es la base de dos subg\u00e9neros muy populares, apoyados en sendas epidemias de fantas\u00eda, harto contagiosas: la de los vampiros y la de zombies. Fantas\u00edas, claro, pero a veces ofrecen una interesante lectura sobre la sociedad, las autoridades, las enfermedades degradantes y, cosa singular, la amenaza de los parientes enfermos capaces de contagiar al inocente m\u00e1s cercano.<br \/>\nTambi\u00e9n aqu\u00ed el tiempo establece diferencias. El primer vampiro del cine, <em>Nosferatu<\/em>, con su barco lleno de ratas (de Murnau, 1922) s\u00f3lo sucumbe gracias al voluntario sacrificio de una noble mujer que lo retiene hasta que la luz del d\u00eda invade la habitaci\u00f3n. La \u00faltima gran invasi\u00f3n de zombies, <em>Guerra Mundial Z<\/em>, todos acelerados y siempre angurrientos (Marc Forster, 2013), s\u00f3lo ser\u00e1 detenida por un joven experto de la ONU que se larga a buscar el origen del virus y su imprescindible vacuna. Ya que est\u00e1, recordemos dos variantes cubanas, muy buenas, de estos subg\u00e9neros: el dibujo<em> Vampiros en La Habana<\/em> (Juan Padr\u00f3n, 1985), bonach\u00f3n y graciosamente \u201cantiimperialista\u201d en su conflicto por la patente de una f\u00f3rmula que les permitir\u00eda disfrutar del sol del Caribe, y la s\u00e1tira <em>Juan de los muertos<\/em> (Alejandro Brugu\u00e9s, 2011), \u00e1cida, claramente \u201cantirrevolucionaria\u201d en sus met\u00e1foras sobre un gobierno que niega la realidad, habitantes que parecen aut\u00f3matas y el eslogan de alguien que ofrece terminar con los muertos vivientes de cada casa: \u201cmatamos a sus seres queridos\u201d.<br \/>\nVolvamos a la realidad. \u00bfAgruparemos las pel\u00edculas por g\u00e9nero, por peste, plaga o epidemia, como quiera llamarse, o por su valor, y los valores que exalten?<br \/>\nEn <em>El s\u00e9ptimo sello<\/em> (Ingmar Bergman, 1957), las dudas religiosas y filos\u00f3ficas de un caballero cristiano tienen el trasfondo de la Peste Negra, que en s\u00f3lo un a\u00f1o destruy\u00f3 la mitad de la Europa Medieval. Buscando un remedio para esta epidemia los hombres de <em>Navigator<\/em> (Vincent Ward, 1988) cumplen un original\u00edsimo viaje en el tiempo que culmina con dos fuertes revelaciones. Tambi\u00e9n llamada bub\u00f3nica, esta desgracia inspir\u00f3 sendos libros de Daniel Defoe y Albert Camus, adaptados a los tiempos actuales por la mexicana <em>El a\u00f1o de la peste<\/em> (Felipe Cazals, 1979) y la franco-argentina <em>La peste<\/em> (Luis Puenzo, 1993), ambas centradas en conflictos morales y existenciales \u2013y en la necedad de los gobiernos\u2013.<br \/>\nEntretenida y levemente inc\u00f3moda, <em>El jinete en el tejado<\/em> (Jean-Paul Rappeneau, 1995) sigue el viaje de un militar y una joven se\u00f1ora, acuciados por la epidemia de c\u00f3lera de 1832 en Provenza, seg\u00fan la novela de Jean Giono basada en los recuerdos de su propio abuelo. La viruela se ilustra de modo cruel y apresurado en una secuencia del <em>Mart\u00edn Fierro<\/em> (L. Torre Nilsson, 1968) y con intensa y dram\u00e1tica poes\u00eda en una escena del Juan Moreira (Leonardo Favio, 1973). Pocos minutos antes, Moreira le jug\u00f3 a la Muerte una partida de truco. Se nota que Favio y su hermano y colibretista Zuhair Jury hab\u00edan visto <em>El s\u00e9ptimo sello<\/em> y supieron llevar al campo argentino la famosa partida de ajedrez del caballero con la Muerte. Pero el criollo est\u00e1 luchando por su vida, mientras el otro, sabedor de su destino, s\u00f3lo quiere una pr\u00f3rroga que le permita seguir buscando respuesta a sus profundas inquietudes.<br \/>\nA destacar: la singular aventura del doctor F.J. Balmis con 22 hu\u00e9rfanos difundiendo la vacuna contra la viruela por fin tuvo su homenaje, con el telefilm <em>22 \u00e1ngeles<\/em> (Miguel Bardem, 2016). Pero dif\u00edcilmente lo tenga el de\u00e1n Saturnino Segurola, que durante 20 a\u00f1os difundi\u00f3 gratuitamente esa vacuna entre nosotros. Ni siquiera se conserva el \u00e1rbol a cuya sombra se sentaba a vacunar, el famoso \u201cpacar\u00e1 de Segurola\u201d, all\u00e1 donde hoy es la esquina de Pu\u00e1n y Fern\u00e1ndez Moreno.<br \/>\nLa fiebre amarilla inspir\u00f3 como m\u00ednimo tres melodramas:<em> Jezabel la tempestuosa<\/em> (William Wyler, 1938), retrato de una malcriada que se redime ayudando a los internados en cuarentena, especialmente a uno de los internados, y los nacionales <em>En el viejo Buenos Aires<\/em> (Antonio Momplet, 1942), donde viejos odios quedan de lado en el esfuerzo por ayudar a los enfermos, y <em>La cuna vac\u00eda<\/em> (1949, Carlos Rinaldi), sobre el doctor Ricardo Guti\u00e9rrez, cuyo nombre lleva el primer Hospital de Ni\u00f1os. Agreguemos aqu\u00ed, ya que estamos, otro recuerdo: el dram\u00e1tico cuadro de Juan Manuel Blanes, \u201cUn episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires\u201d, que pinta un suceso real ocurrido en marzo de 1871. La mujer era una inmigrante italiana. Quienes entran son los doctores Roque P\u00e9rez y Manuel Argerich, miembros de la Comisi\u00f3n Popular de Salud P\u00fablica formada ante la crisis. Ambos murieron contagiados, poco tiempo despu\u00e9s. De los ni\u00f1os, nada sabemos.<br \/>\nTres buenas historias de m\u00e9dicos volcados a la investigaci\u00f3n: <em>Doctor Arrowsmith<\/em> (John Ford, 1931), sobre personaje medianamente ficticio, <em>Casas de fuego<\/em> (J.B. Stagnaro, 1995), sobre el doctor Salvador Mazza y su lucha contra el Mal de Chagas, y <em>Sonhos tropicais<\/em> (Andr\u00e9 Strum, 2001), dedicado al doctor Oswaldo Cruz, que tanto breg\u00f3 por la salud p\u00fablica de los brasileros, hace poco m\u00e1s de un siglo.<br \/>\nDe la peste neum\u00f3nica s\u00f3lo ha trascendido una pel\u00edcula, pero qu\u00e9 pel\u00edcula: <em>P\u00e1nico en las calles<\/em> (Elia Kazan, 1950), policial donde un m\u00e9dico y un inspector buscan a un delincuente que saben infectado, antes que contagie a la poblaci\u00f3n. La gripe espa\u00f1ola, con lo terrible que fue, tuvo limitada y tard\u00eda evocaci\u00f3n en el cine, con <em>1918<\/em> (Ken Harrison, 1985) y un par de telefilms en los \u201990. Para entonces la peste rosa ocupaba toda la atenci\u00f3n, inspirando como m\u00ednimo dos t\u00edtulos a se\u00f1alar: <em>Y la banda sigui\u00f3 tocando<\/em> (Roger Spottiswoode, 1993), eficaz historia de la aparici\u00f3n del virus, los esfuerzos de v\u00edctimas y cient\u00edficos y el desinter\u00e9s inicial de los gobiernos, y <em>Fotos del alma<\/em> (Diego Musiak, 1995), que, a trav\u00e9s de una pareja pr\u00f3xima a tener su primer hijo, expone miedos, prejuicios y esperanzas de los argentinos frente al sida.<br \/>\nRengl\u00f3n aparte, la metaf\u00f3rica <em>Ceguera<\/em> (Fernando Meirelles, 2008), sobre texto de Saramago, y <em>Ni\u00f1os del hombre<\/em> (Alfonso Cuar\u00f3n, 2006), que imagina un futuro de guerra y personas est\u00e9riles, donde un reci\u00e9n nacido llega a ser un verdadero tesoro.<br \/>\nNos tienta levantar el \u00e1nimo del lector con dos comedias picarescas: <em>La cigarra no es un bicho<\/em> (Daniel Tinayre, 1963), que pone en imprevista cuarentena a varias parejas clandestinas, y otra, inglesa, donde por el agua contaminada todos los hombres del mundo quedaron m\u00e1s que inf\u00e9rtiles, salvo uno que, v\u00edctima de un desenga\u00f1o amoroso, estuvo todos los \u00faltimos meses ahogando sus penas en champ\u00e1n. Olvidamos el t\u00edtulo, pero no olvidaremos anotar ese l\u00edquido elemento en nuestra lista de pedidos online para pasar estos d\u00edas en casa.<\/p>\n<p><em>Daniel Sendr\u00f3s es cronista de cine, periodista y profesor universitario<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda de fiesta en un lindo pueblito medieval. Hay columpio, teatro infantil, un saltibamqui sobre el escenario. 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