{"id":16090,"date":"2020-07-17T15:21:18","date_gmt":"2020-07-17T18:21:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16090"},"modified":"2020-07-17T15:21:22","modified_gmt":"2020-07-17T18:21:22","slug":"sam-el-escurridizo-vs-tom-el-bulldog","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16090","title":{"rendered":"Sam el escurridizo vs. Tom el bulldog"},"content":{"rendered":"<p>Muy pocas veces, un debate filos\u00f3fico se ha cargado tanto de pol\u00edtica y ha movilizado a la opini\u00f3n p\u00fablica como la disputa ideol\u00f3gica entre creacionistas y darwinianos, que en los Estados Unidos atraves\u00f3 todo el siglo XX. La primera escaramuza de esta guerra se hab\u00eda dado en Oxford, cuando a\u00fan viv\u00eda Darwin.<br \/>No hac\u00eda un a\u00f1o que se hab\u00eda publicado <em>El origen de las especies<\/em> cuando un debate p\u00fablico en el Museo de Historia Natural de Oxford sac\u00f3 a la evoluci\u00f3n del \u00e1mbito cient\u00edfico y la meti\u00f3 de lleno en una disputa ideol\u00f3gica. Desde entonces, el debate del 30 de junio de 1860, al cual asistieron varios centenares de personas, fue exaltado como una batalla entre la ciencia y la fe, el d\u00eda en que la elocuencia de Thomas Huxley hab\u00eda obligado a la religi\u00f3n a batirse en retirada.<br \/>Meses antes, los naturalistas del Museo ya hab\u00edan discutido pac\u00edficamente <em>El origen de las especies<\/em>. Con la misma sobriedad acad\u00e9mica, en los Estados Unidos Asa Gray acababa de debatirlo con Jean Louis Agassiz.<br \/>Pero en este debate se enfrentar\u00edan Samuel Wilberforce, el obispo de Oxford, (a quien asesoraba el bi\u00f3logo Sir William Owen) y el anatomista Thomas H. Huxley. Darwin no pudo asistir por estar gravemente enfermo, pero Hooker y Lyell lo representaron. Cabe suponer que de haber estado presente Darwin, el debate hubiera sido menos teatral (1).<br \/>Podemos reconstruir la escena, aunque no sepamos exactamente qu\u00e9 dijo cada uno. La sesi\u00f3n se abri\u00f3 con las exposiciones de un bot\u00e1nico y de Owen, a las que sigui\u00f3 una larga y sopor\u00edfera disertaci\u00f3n de John W. Draper. El historiador se hab\u00eda radicado en los Estados Unidos y no pod\u00eda disimular su acento yanqui, y el p\u00fablico se burlaba de su pronunciaci\u00f3n. Quiz\u00e1s esto explique por qu\u00e9 Draper ni siquiera mencionar\u00eda el debate en su <em>Historia del conflicto entre la ciencia y la religi\u00f3n<\/em>.<br \/>Por fin lleg\u00f3 la hora de la esperada pelea entre el obispo y Huxley. Una audiencia donde hab\u00eda m\u00e1s curiosos que hombres de ciencia aguardaba la confrontaci\u00f3n entre el obispo Sam, apodado <em>soapy<\/em> (escurridizo) por su habilidad dial\u00e9ctica, y Tom Huxley, a qui\u00e9n llamar\u00edan \u201cel bulldog de Darwin\u201d. El obispo ten\u00eda fama de sofista y Huxley no era nada sutil: a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando se enter\u00f3 de que Wilberforce hab\u00eda muerto al caerse del caballo, dijo que \u201cal fin su cabeza se hab\u00eda chocado con la dura realidad\u201d (2).<br \/>Lo cierto es que el obispo hizo una broma de p\u00e9simo gusto. Puesto a negar el origen animal del hombre, desafi\u00f3 a su contrincante a que dijese si descend\u00eda de un mono por la l\u00ednea paterna o bien materna. La inmediata respuesta de Huxley fue que hubiera preferido descender de un simio antes que de un hombre como el obispo, que desperdiciaba su talento para decir tonter\u00edas.<br \/>Cabe suponer que muchos lo aplaudieron, pero la leyenda habla de un incontrolable tumulto, durante el cual Lady Brewster se hab\u00eda desmayado y hab\u00edan visto al Capit\u00e1n Fitz Roy gritando y agitando su Biblia. Pero lo cierto es que poco despu\u00e9s Hooker retom\u00f3 la defensa de Darwin, con un estilo m\u00e1s acad\u00e9mico, y logr\u00f3 calmar los \u00e1nimos.<br \/>Darwin se enter\u00f3 de lo ocurrido y se lo cont\u00f3 a Asa Gray de manera bastante discreta. Le dijo que se hab\u00eda producido un encontronazo entre Wilberforce y Huxley, que \u201cel obispo de Oxford lo hab\u00eda puesto en rid\u00edculo\u201d a \u00e9l y que Hooker lo hab\u00eda defendido. Para Darwin, lo m\u00e1s notable no era la r\u00e9plica de Huxley sino que Draper hubiese hablado sin parar durante cuatro horas.<br \/>Cien a\u00f1os m\u00e1s tarde, Stephen Jay Gould estuvo en Oxford, y se le ocurri\u00f3 investigar qu\u00e9 hab\u00eda ocurrido realmente aqu\u00e9l d\u00eda. Puesto a interpretar los testimonios con el mismo rigor con que evaluaba los f\u00f3siles, descubri\u00f3 que el p\u00fablico hab\u00eda quedado convencido de que hab\u00eda ganado el obispo, aunque al agraviar a la madre de su rival no se hab\u00eda comportado como un caballero. Los aliados de Darwin, como el ornit\u00f3logo Henry Baker Tristram, hab\u00edan salido indignados, pero al d\u00eda siguiente el obispo Frederick Temple hab\u00eda pronunciado un serm\u00f3n muy ben\u00e9volo que abr\u00eda las puertas al evolucionismo.<br \/>Las escasas repercusiones que el debate despert\u00f3 en la audiencia parecer\u00edan sugerir que el contexto era m\u00e1s complejo de lo que se cree. M\u00e1s all\u00e1 de las posturas metaf\u00edsicas \u2013<br \/>Intervenci\u00f3n divina vs. Ceguera de la selecci\u00f3n natural\u2013 afloraban los conflictos generacionales y profesionales. El obispo ten\u00eda 54 a\u00f1os y Huxley, 35. Ambos eran naturalistas, pero uno era cl\u00e9rigo y el otro laico. Lo que el p\u00fablico estaba presenciando era el avance de los \u201ccient\u00edficos\u201d \u2013as\u00ed les hab\u00eda puesto Whewell\u2013 sobre los \u201cfil\u00f3sofos naturales\u201d. Los eclesi\u00e1sticos rend\u00edan cuentas a la Iglesia y \u00e9sta a la Corona, pero los cient\u00edficos s\u00f3lo admit\u00edan el juicio de pares y la izquierda impugnaba el poder pol\u00edtico de la Iglesia. M\u00e1s que un conflicto entre ciencia y religi\u00f3n, hab\u00eda una disputa por el poder intelectual y moral.<br \/>Eso que el p\u00fablico percibi\u00f3 como una mera groser\u00eda era el comienzo de un debate ideol\u00f3gico. Al retirarse, Huxley dijo que acababa de descubrir su vocaci\u00f3n de orador.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Anteriormente lamarckiano, desde que se hab\u00eda convertido al darwinismo Huxley lo defend\u00eda encarnizadamente en todos los debates. Darwin era reacio a las pol\u00e9micas: muy duro con la religi\u00f3n en su correspondencia privada, en p\u00fablico s\u00f3lo dejaba entrever una actitud agn\u00f3stica. Si bien no respetaba mucho a Huxley por su escasa educaci\u00f3n formal, lo adopt\u00f3 como defensor porque era un polemista nato.<br \/>Huxley fue quien acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino \u201cagn\u00f3stico\u201d. La palabra luego perdi\u00f3 contundencia, pero entonces implicaba ate\u00edsmo y materialismo. Era menos \u201cprogresista\u201d de lo que pudiera creerse: defend\u00eda abiertamente el colonialismo, el racismo y la inferioridad de las mujeres.<br \/>Sus seguidores lo llamaban \u201cPapa\u201d y atend\u00edan a sus \u201csermones laicos\u201d. Los bi\u00f3grafos, que no le ahorran calificativos como <em>Gran Sacerdote, ap\u00f3stol o profeta<\/em>, piensan que cre\u00eda ser un reformador y se sent\u00eda llamado a fundar una Iglesia independiente, que se inspirar\u00eda en la ciencia antes que en la teolog\u00eda. Sus contactos con Augusto Comte y Ernst Haeckel no hicieron m\u00e1s que consolidar su vocaci\u00f3n. Comte presid\u00eda una Iglesia Positiva con jerarqu\u00eda y rituales calcados del catolicismo y Haeckel lideraba a la Liga Monista, que ten\u00eda estructura eclesi\u00e1stica y celebraba multitudinarios rituales naturistas.<br \/>Con todo, Haeckel era respetuoso en el trato civilizado con los cient\u00edficos creyentes, y tras la muerte de su hijo mantuvo una larga correspondencia con el cl\u00e9rigo Kingsley.<br \/>En su \u00faltima obra, <em>Evoluci\u00f3n y \u00e9tica<\/em> (1894), tom\u00f3 distancia del \u201cdarwinismo social\u201d de Spencer y de la eugenesia, contra la opini\u00f3n de su hijo Leonard. Para entonces, sosten\u00eda que la moralidad no encontrar\u00eda respaldo en la naturaleza, y ten\u00eda que construirse sobre otras bases.<br \/>Su vocaci\u00f3n fundacional renaci\u00f3 en sus nietos, el bi\u00f3logo Julian y el novelista Aldous Huxley. Tras dirigir la UNESCO, Julian puso en marcha un ef\u00edmero \u201chumanismo evolutivo\u201d que sedujo a muchos intelectuales y Aldous fund\u00f3 su \u201cmovimiento del potencial humano\u201d. Ambos movimientos ten\u00edan connotaciones mesi\u00e1nicas. Los seguidores de Julian acabaron por crear el actual Transhumanismo (un nombre puesto por el propio Julian) y los de Aldous animaron la New Age de Esalen en los a\u00f1os Setenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>El Juicio del Mono<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">La batalla siguiente se dar\u00eda en los Estados Unidos y sus secuelas llegar\u00edan hasta hoy.<br \/>Los conservadores estadounidenses, aun cuando no sean expl\u00edcitamente \u201ccreacionistas\u201d, suelen ser hostiles hacia el darwinismo. Esa actitud indujo a sus adversarios a cerrar filas en torno a Darwin y levantarlo como emblema de progreso. El conflicto siempre estall\u00f3 en el campo de la educaci\u00f3n, cada vez que se disputaba por el contenido de planes y programas. Detr\u00e1s de este debate est\u00e1 la ingenuidad de pensar que un jurado, por informado y asistido que est\u00e9, pueda decidir acerca de las cuestiones filos\u00f3ficas suscitadas por el darwinismo.<br \/>El primer combate de esta guerra ocurri\u00f3 en 1925 en Dayton (Tennessee). La prensa le dio la mayor difusi\u00f3n posible para ese tiempo y lo llam\u00f3 \u201cel Juicio del Mono\u201d. El corresponsal del <em>Baltimore Sun<\/em>, el escritor H. L. Mencken (1880-1956), escribi\u00f3 las cr\u00f3nicas diarias del juicio y la estaci\u00f3n de radio del <em>Chicago Tribune<\/em> transmiti\u00f3 los momentos salientes por v\u00eda telef\u00f3nica.<br \/>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando los Estados Unidos reci\u00e9n estaban saliendo del macartismo, Jerome Lawrence y Robert E. Lee evocaron aquel hist\u00f3rico juicio en una obra de teatro, que Stanley Kramer llev\u00f3 al cine con la memorable pel\u00edcula <em>Heredar\u00e1s el viento<\/em> (1960) (4).<br \/>Para la ficci\u00f3n los nombres de los personajes y lugares fueron cambiados, pero los detalles del juicio estaban en la memoria de todos. En la pel\u00edcula, el maestro de una peque\u00f1a ciudad rural es detenido por ense\u00f1ar que el hombre desciende del mono, expresamente prohibido por la ley del Estado de Tennessee. La novia del maestro es hija de un pastor fundamentalista que atiza a los fan\u00e1ticos contra el darwinismo, al que condena como un engendro diab\u00f3lico.<br \/>Un periodista esc\u00e9ptico (Gene Kelly) se encarga de convertir al juicio en una contienda \u00e9pica entre ciencia y religi\u00f3n. El fiscal es un prestigioso orador pol\u00edtico (Frederic March). El defensor es un gran abogado de las causas progresistas (Spencer Tracy). El fiscal y el defensor se conocen y anta\u00f1o han sido amigos, pero ahora uno defiende la libertad de expresi\u00f3n y el otro desea \u201cque no le quiten la ilusi\u00f3n a esa buena gente\u201d.<br \/>Con tan excelentes actores, la audiencia es un verdadero torneo oratorio entre el fiscal y el defensor. Lo curioso es que en ning\u00fan momento se menciona a Darwin, a la selecci\u00f3n natural ni el origen del hombre, porque todo parece girar en torno de la Biblia. El defensor trae a colaci\u00f3n todos los milagros b\u00edblicos que no resisten la prueba de la ciencia y pone en aprietos al defensor hasta arrinconarlo.<br \/>Al culminar el debate, el tribunal se niega a escuchar la opini\u00f3n de los peritos cient\u00edficos y le impone una multa al maestro. El fiscal se apresta a pronunciar su alegato final, pero en ese momento sufre un infarto y muere en plena audiencia.<br \/>El ep\u00edlogo es bastante conciliatorio. Distanci\u00e1ndose del periodista, que pregona su ate\u00edsmo, el abogado defensor se marcha llev\u00e1ndose ambos libros (de Darwin y la Biblia), de ninguno de los cuales reniega.<br \/>El drama se presenta como una denuncia de la intolerancia, y era inevitable que la mayor\u00eda de los espectadores de esa \u00e9poca la asociara con el macartismo. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la intenci\u00f3n de sus realizadores, la pel\u00edcula vino a consolidar la idea de que la ciencia y la religi\u00f3n estaban y seguir\u00edan estando en guerra.<br \/>Es innegable que el hist\u00f3rico juicio que inspir\u00f3 <em>Heredar\u00e1s el viento<\/em> tuvo mucho que ver con la intolerancia y con la ignorancia, pero no hay que olvidar su contexto pol\u00edtico y el rol que jugaron los medios. Para completar el cuadro tambi\u00e9n pesaba el resentimiento del Sur derrotado en la guerra civil: la pel\u00edcula est\u00e1 llena de sarcasmos para ese abogado de Chicago que ha venido a burlarse de los retr\u00f3grados sure\u00f1os.<br \/>Obviamente, aunque estuviera basada en hechos reales, eso era una ficci\u00f3n. Los hechos hab\u00edan sido editados para resaltar el mensaje, y lo que ocurri\u00f3 no fue exactamente lo que se muestra.<br \/>Todo comenz\u00f3 cuando la legislatura del Estado de Tennessee aprob\u00f3 la ley Butler, que prohib\u00eda a los docentes ense\u00f1ar que el hombre proven\u00eda de animales inferiores, y les recomendaba respetar el relato b\u00edblico. Otros Estados como Mississippi, Arkansas, Oklahoma y Florida se sumaron a la campa\u00f1a, que en un momento lleg\u00f3 hasta el Congreso (5).<br \/>El promotor de esta cruzada era William Jennings Bryan, un pol\u00edtico populista que hab\u00eda sido ministro, legislador y tres veces candidato a la Presidencia. Bryan hac\u00eda responsable a Darwin de todos los agravios que recib\u00eda la dignidad humana con el belicismo, la sedici\u00f3n y el eugenismo. Pero Bryan no era un reaccionario: defend\u00eda la soberan\u00eda popular, a los obreros, el voto femenino y se hab\u00eda opuesto a que su pa\u00eds se comprometiera en la Primera Guerra Mundial. Si bien liberal en materia civil, Bryan era muy conservador en cuanto a religi\u00f3n. Su campa\u00f1a para apartar el evolucionismo de las escuelas estaba teniendo \u00e9xito en el Sur y tend\u00eda a nacionalizarse.<br \/>En esas circunstancias una organizaci\u00f3n no gubernamental, la ACLU (<em>American Civil Liberties Union<\/em>), decidi\u00f3 forzar el debate provocando un conflicto en uno de los Estados que hab\u00edan prohibido la ense\u00f1anza de Darwin. Con eso bastar\u00eda para abrir un debate en torno a la libertad de expresi\u00f3n y frenar la campa\u00f1a de Bryan.<br \/>Con ese fin, publicaron un aviso pidiendo un voluntario que estuviese dispuesto a violar la ley, garantiz\u00e1ndole que lo respaldar\u00edan cuando fuese llevado a los tribunales.<br \/>Algunos abogados de Dayton pensaron que esa era la ocasi\u00f3n ideal para atraer la atenci\u00f3n sobre su peque\u00f1a ciudad. Convencieron a John Scopes, un profesor de ciencias del colegio local, para que admitiera p\u00fablicamente que hab\u00eda ense\u00f1ado la teor\u00eda darwiniana. Pero despu\u00e9s del proceso, Scopes reconoci\u00f3 que la clase sobre evoluci\u00f3n la hab\u00eda dado un suplente, y que el libro que segu\u00eda era un texto autorizado por el gobierno de Tennessee.<br \/>La novia y el pastor s\u00f3lo existieron en la ficci\u00f3n. El gran promotor del debate fue H. L. Mencken, un ateo militante que aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para poner en rid\u00edculo a los fundamentalistas. En pocos d\u00edas, Dayton fue invadida por doscientos periodistas y miles de curiosos venidos de todo el pa\u00eds. Varias audiencias tuvieron que hacerse al aire libre porque hab\u00eda tanta gente en la sala que el piso estaba a punto de ceder. Se calcula que al juicio asistieron alrededor de tres mil personas, siendo la poblaci\u00f3n estable de Dayton de unas mil ochocientas.<br \/>Como defensor del profesor Scopes, la ACLU y los peri\u00f3dicos intentaron convocar al escritor H. G. Wells, quien se excus\u00f3, alegando que no era abogado. Por fin se decidieron por Clarence Darrow, un brillante profesional con una larga carrera en defensa de los derechos civiles. Darrow era un ateo que se hab\u00eda formado leyendo a Draper y White. Admiraba a Nietzsche y condenaba p\u00fablicamente al cristianismo como \u201cuna religi\u00f3n de esclavos\u201d, llena de error y enga\u00f1o.<br \/>Aquello que la prensa ya hab\u00eda calificado como \u201cjuicio del siglo\u201d dur\u00f3 una semana. La ciudad (que viv\u00eda uno de los veranos m\u00e1s t\u00f3rridos que se recordaran) entr\u00f3 en un clima de feria; en todas partes hab\u00eda caricaturas de monos y pancartas con textos b\u00edblicos.<br \/>En ning\u00fan momento se habl\u00f3 de Darwin. Toda la estrategia de Darrow apunt\u00f3 a poner en rid\u00edculo a Bryan. Lo llam\u00f3 a declarar como testigo y lo interrog\u00f3 durante dos horas para que explicara cient\u00edficamente los milagros de la Biblia.<br \/>Bryan sosten\u00eda que renunciar al origen divino del hombre ven\u00eda a justificar cualquier violaci\u00f3n de la dignidad humana, pero aun as\u00ed se ofreci\u00f3 a pagar la multa de Scopes. Su muerte repentina, que en realidad ocurri\u00f3 una semana despu\u00e9s del juicio, atrajo a verdaderas multitudes al paso del cortejo f\u00fanebre. Nadie pag\u00f3 la multa, porque por un error de procedimiento la causa qued\u00f3 sin efecto.<br \/>El oscurantismo parec\u00eda haber sido derrotado, al menos por un tiempo.<br \/>Pero las cosas no eran tan lineales. Stephen Jay Gould se tom\u00f3 el trabajo de consultar el libro de texto que usaba Scopes. Su examen de la <em>Civic Biology de Hunter<\/em> (1919) le depar\u00f3 algunas sorpresas. El texto no se limitaba a exponer las tesis del darwinismo; ensalzaba la eugenesia activa. Sosten\u00eda que la presencia de \u201cenfermos mentales, retardados, criminales inveterados y epil\u00e9pticos\u201d no deb\u00eda ser tolerada por la sociedad. Si fueran animales \u2013afirmaba\u2013 los matar\u00edamos, pero para ser humanitarios debemos encerrarlos en asilos y esterilizarlos para impedir que sigan reproduciendo su <em>raza de degenerados<\/em>. Esas eran precisamente las pol\u00edticas que a\u00f1os m\u00e1s tarde llevar\u00eda a cabo el nazismo, sin dejar de rendirle homenaje a los eugenistas estadounidenses.<br \/>Por otra parte, el sector que representaba Darrow se hab\u00eda puesto en movimiento porque cre\u00eda que el Hombre de Piltdown era el \u201ceslab\u00f3n perdido\u201d, la prueba definitiva de que el hombre derivaba del mono. El Hombre de Piltdown result\u00f3 ser un fraude y la ciencia se puso a buscar otro tipo de eslabones.<br \/>Al morir H. L. Mencken, que hab\u00eda sido el adalid del progreso y la libertad en el Juicio del Mono, se dieron a conocer sus escritos in\u00e9ditos. La gran sorpresa fue descubrir que hab\u00eda sido un furioso racista, antisemita y mis\u00f3gino.<br \/>Por si faltaba algo, los creacionistas se encargaron de recordar que un a\u00f1o antes del juicio de Scopes, Clarence Darrow hab\u00eda intervenido en el juicio Leopold-Loeb como defensor de dos j\u00f3venes ricos que hab\u00edan asesinado a otro por placer. El argumento de Darrow fue que la naturaleza es despiadada y que la sociedad los hab\u00eda hecho as\u00ed. Hasta lleg\u00f3 a sostener que los asesinos estaban bajo la influencia de un <em>darwinismo<\/em> social mal entendido.<br \/>Una investigaci\u00f3n hecha con la debida perspectiva hist\u00f3rica muestra que antes del Juicio del Mono no hab\u00eda un conflicto abierto entre los cient\u00edficos y las iglesias. La mayor\u00eda de \u00e9stas ni siquiera respaldaba a Bryan, cuya campa\u00f1a apuntaba ante todo contra la izquierda.<br \/>A casi cien a\u00f1os del Juicio del Mono, los \u00e1nimos no parecen haberse enfriado. En el 2005 el gobierno de Tennessee mand\u00f3 levantar una estatua de William Jennings Bryan frente al Palacio de Justicia de Dayton. Pero en el 2017 una fundaci\u00f3n privada puso al lado de Bryan otro monumento con la efigie de Clarence Darrow.<\/p>\n<p>Notas:<br \/>1. William Irvine. Apes, Angels and Victorians, New York, Mc.Graw Hill, 1955<br \/>2. \u201cHuxley vs. Wilberforce\u201d, por David L. Livingstone, en Numbers, op.cit.<br \/>3. Stephen Jay Gould, Bully for the Brontosaurus, New York, Norton 1992, cap.8<br \/>4. En 1999 hubo una remake dirigida por Daniel Petrie, jr., con Jack Lemmon, George C. Scott y Lane Smith en los papeles protag\u00f3nicos, que no aport\u00f3 nada nuevo.<br \/>5. Cfr. Adam Shapiro, \u201cThe Scopes trial beyond Science and Religion\u201d, en Science and Religion. New Historical perspectives. Ed.: Thomas Dixon, Geoffrey Cantor y Stephen Pumfrey. Cambridge, Cambridge University Press, 2010.<br \/>6. Edward J.Larson. Summer for the Gods. The Scopes Trial and American Comtinuing Debate over Science and Religion. New York, Harvard University Press, 1998.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muy pocas veces, un debate filos\u00f3fico se ha cargado tanto de pol\u00edtica y ha movilizado a la opini\u00f3n p\u00fablica como la disputa ideol\u00f3gica entre creacionistas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1456],"tags":[2567,310,2565,355,2566],"class_list":["post-16090","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-filosofia","tag-creacionismo","tag-darwin","tag-especies","tag-filosofia","tag-seleccion-natural"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4bw","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16090","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16090"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16090\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16092,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16090\/revisions\/16092"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16090"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16090"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16090"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}