{"id":16098,"date":"2020-07-17T17:09:50","date_gmt":"2020-07-17T20:09:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16098"},"modified":"2020-07-17T17:10:11","modified_gmt":"2020-07-17T20:10:11","slug":"esconder-la-luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16098","title":{"rendered":"Esconder la luz"},"content":{"rendered":"<p>C. S. Lewis, tan rico en la creaci\u00f3n de mundos e im\u00e1genes, escribe un sue\u00f1o, en el cual nos comparte un fragmento de su Divina Comedia (<em>El gran divorcio: Un sue\u00f1o<\/em>, 1945).<br \/>\nEn \u00e9l nos propone la imagen perturbadora de una Ciudad sin l\u00edmites, que cada d\u00eda se construye m\u00e1s alejada de su centro, donde siempre se est\u00e1 en una claridad contenida, nunca amanece lo suficiente como para disfrutar del sol. Como en la Narnia embrujada, donde siempre es invierno y nunca llega la Navidad.<\/p>\n<p><strong>De protagonistas a espectadores<\/strong><br \/>\nPara Arist\u00f3teles, si el hombre no era un dios, no ten\u00eda otra opci\u00f3n que vivir la ciudad para no ser una bestia. Estamos descubriendo que no es lo mismo tener comederos y dormideros pr\u00f3ximos que vivir la ciudad.<br \/>\nLa religi\u00f3n y la pol\u00edtica son previos humanos, pero la civilizaci\u00f3n tiene un inicio urbano (1). La Ciudad asegura un aqu\u00ed propicio para el surgimiento de un ahora, en que el ser humano pueda arraigar en la realidad. Arraigo surcado por la fragilidad y la ambig\u00fcedad de todo lo humano, incluida la sociabilidad, por lo que es tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n de toda idolatr\u00eda.<br \/>\nPara Simone Weil, \u201c<em>no se trata de lo social, se trata de un medio humano del que no se tiene conciencia mayor de la que se tiene del aire que se respira. Un contacto con la naturaleza, el pasado, la tradici\u00f3n. Echar ra\u00edces es distinto de lo social<\/em>\u201d (<em>La gravedad y la gracia<\/em>, 1947).<br \/>\nPa\u00eds (<em>pays<\/em>), pueblo (<em>pagus<\/em>), ciudad (<em>civitas &#8211; civitatis<\/em>), donde puede echar ra\u00edces el ser humano y ofrecer a los dem\u00e1s los frutos de su habitar: testimonio, labor, trabajo y tradici\u00f3n. Donde la relaci\u00f3n humana hace m\u00e1s f\u00e1cil, sino renunciar, ordenar y moderar la dominaci\u00f3n, y lo humano no puede convertirse en \u00eddolo.<br \/>\nPero lo social es ambiguo, y puede ser tambi\u00e9n un medio propicio para el desarraigo, es decir, un quiebre por donde penetra la desgracia en nuestra alma, una herida de desdicha y amargura que va ti\u00f1endo de gris toda nuestra existencia y la de aquellos con quienes convivimos.<br \/>\nAs\u00ed como C.S. Lewis utiliza la met\u00e1fora de una parada y un \u00f3mnibus urbano, Simone Weil nos habla desde una estaci\u00f3n y un tren: \u201c<em>Al margen de los lazos fraternales, tratar a los hombres como un espect\u00e1culo y no buscar jam\u00e1s su amistad. Vivir en medio de ellos como en aquel vag\u00f3n de tren de Saint Ettiene a Le Puy\u2026 Sobre todo, no permitirse jam\u00e1s so\u00f1ar la amistad. Todo se paga. No te esperes m\u00e1s que a ti mismo<\/em>\u201d.<br \/>\nLos sujetos se suceden cosificados a trav\u00e9s de las ventanas, del tren de <em>The Wall<\/em>, sin poder fijar en ellos una atenci\u00f3n que reconozca su car\u00e1cter de personas como yo soy. Esta sucesi\u00f3n sigue ininterrumpida cuando llego y me siento frente a las otras ventanas del mundo digital, ante una nueva sucesi\u00f3n de cosas que tienen conmigo una semejanza morfol\u00f3gica pero no espiritual. Los comederos y dormideros a lo que se va reduciendo la vida urbana (<em>The Matrix<\/em>) ser\u00edan as\u00ed la platea de espect\u00e1culos que favorece y refuerza nuestro h\u00e1bito de participar como espectadores.<\/p>\n<p><strong>Yuxtaposici\u00f3n de soledades<\/strong><br \/>\nEn el mundo, desde el a\u00f1o 2007 somos mayor\u00eda los habitantes de las Ciudades. La tasa de urbanizaci\u00f3n mundial ser\u00eda del 55% y en la Argentina ya habr\u00edamos pasado el 92% (2).<br \/>\nPero como la felicidad necesita no s\u00f3lo de la proximidad sino tambi\u00e9n la coincidencia temporal y el contacto f\u00edsico y el intercambio emocional, estar\u00edamos padeciendo ya una \u201c<em>epidemia de soledad<\/em>\u201d (Loneliness and Social Isolation as Risk Factors for Mortality: A Meta-Analytic Review, 2017, Universidad Brigham Young, Utah, EEUU).<br \/>\nNuestras Ciudades est\u00e1n caracterizadas por una suerte de orfandad espiritual: \u201c<em>La p\u00e9rdida de los lazos que nos unen, t\u00edpica de nuestra cultura fragmentada y dividida, hace que crezca ese sentimiento de orfandad y, por tanto, de gran vac\u00edo y soledad. La falta de contacto f\u00edsico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones<\/em> (cf. <em>Laudato si<\/em>, 49) <em>haci\u00e9ndolos perder la capacidad de la ternura y del asombro, de la piedad y de la compasi\u00f3n. La orfandad espiritual nos hace perder la memoria de lo que significa ser hijos, ser nietos, ser padres, ser abuelos, ser amigos, ser creyentes. Nos hace perder la memoria del valor del juego, del canto, de la risa, del descanso, de la gratuidad<\/em>\u201d (3).<br \/>\nNos hemos referido en otra parte (4) a la necesidad de ternura previa a nuestra libertad, pero tambi\u00e9n hay realidades posteriores muy elocuentes. Estudiando a adultos, en los Estados Unidos, Suecia y Finlandia, \u201c<em>tras controlar los efectos de la salud f\u00edsica, estatus socioecon\u00f3mico, h\u00e1bitos de fumar e ingerir alcohol, ejercicio, obesidad, etnia, satisfacci\u00f3n con la propia vida y cuidados sanitarios, los estudios descubrieron que aquellos con lazos sociales d\u00e9biles o escasos estaban predispuestos a morir mucho m\u00e1s que los que manten\u00edan fuertes lazos sociales<\/em>\u201d (Social Relationships and Health, <em>Science<\/em> 241 -4865-, 1988, James S. House, Karl R Landis, Debra Umberson, University of Texas, Austin).<br \/>\nLa soledad es mucho m\u00e1s que un dolor psicol\u00f3gico, un malestar del alma; es una herida biol\u00f3gica que provoca da\u00f1os concretos e identificables en nuestras c\u00e9lulas, aumentando la mortalidad de las personas solas en pr\u00e1cticamente un tercio.<br \/>\nLa Ciudad es un producto humano y todas las cosas que produce el hombre arrastran necesariamente la ambig\u00fcedad de su poder; si hacen su aparici\u00f3n dentro del campo de la libertad humana, tiene que pertenecer a un hombre y \u00e9ste ha de responder de ellas. \u201c<em>En caso de que el hombre en cuesti\u00f3n no cargue con esa responsabilidad, no se convierte de nuevo en &#8216;naturaleza&#8217;, hip\u00f3tesis imprudente con la cual se consuela m\u00e1s o menos conscientemente la Edad Moderna; no contin\u00faa siendo algo totalmente disponible, en reserva, por as\u00ed decirlo, sino que toma posesi\u00f3n de ello un elemento an\u00f3nimo. Dig\u00e1moslo en t\u00e9rminos psicol\u00f3gicos: Ser\u00e1 manejado por el inconsciente, que es algo ca\u00f3tico y cuyas posibilidades destructivas son tan poderosas por lo menos como las salvadoras y constructivas\u2026 mediante sus instintos, al parecer tan naturales, pero en realidad tan absurdos; por medio de su l\u00f3gica humana, tan consecuente en apariencia, pero en verdad tan f\u00e1cilmente sugestionable; mediante el ego\u00edsmo humano, que se abandona tan f\u00e1cilmente a toda clase de violencias. La forma de desarrollo del proceso hist\u00f3rico de los \u00faltimos a\u00f1os, contemplado sin prejuicios racionalistas y naturalistas, y las tendencias y actitudes espirituales y ps\u00edquicas que en ellos hicieron su aparici\u00f3n hablan con suficiente claridad<\/em>\u201d (Romano Guardini, <em>El ocaso de la edad moderna<\/em>, 1950).<br \/>\nMuy probablemente, las murallas de Babilonia no fueron para defender la Ciudad, sino para encausar los r\u00edos y el asentamiento humano. Los fil\u00f3sofos griegos ensayaron la idea de los l\u00edmites de la Ciudad para una vida buena; la modernidad fue cultivando la ausencia de l\u00edmites, hasta hacer de la ruptura del l\u00edmite una \u201cvirtud\u201d socialmente ensalzada.<\/p>\n<p><strong>La libertad como independencia<\/strong><br \/>\nLa experiencia de la edad evidencia que no podemos independizarnos de nuestra corporalidad. Progresivamente descubrimos que nuestra corporalidad impone dificultades en nuestro hacer, y desaf\u00edos que debemos asumir para ser. Del mismo modo, evidencia que nuestros v\u00ednculos extienden nuestra \u00e1rea de libertad. Con el correr de los a\u00f1os percibimos con claridad que el amigo que hemos conservado nos da la libertad de ser amigo, nuestra esposa la de ser esposo, nuestros hijos la de ser padres, y que al perder a nuestros padres, perdimos la libertad de ser hijos, al menos en esta vida.<br \/>\nMi cuerpo ocupa espacio y me vincula casi obligatoriamente. Una vida sin v\u00ednculos, para huir de todo l\u00edmite, es al mismo tiempo una vida no humana, o dicho de otro modo, inhumana.<br \/>\nEn <em>Fahrenheit 451<\/em> nos grita Ray Bradbury desde 1953: \u201c<em>\u00bfComprende ahora por qu\u00e9 los libros eran temidos y odiados? Revelaban poros en la cara de la vida. La gente s\u00f3lo quer\u00eda ver rostros de cera, sin vello, inexpresivos&#8230; Conocer\u00e1 usted la leyenda de H\u00e9rcules y Anteo, el luchador gigante, de fuerza incre\u00edble mientras pisase la tierra. Pero cuando H\u00e9rcules, abraz\u00e1ndolo, lo alz\u00f3 en el aire, pereci\u00f3 f\u00e1cilmente. Si no hay algo en esa leyenda que se refiere a nosotros, nuestra ciudad, nuestro tiempo, entonces estoy loco<\/em>\u201d; y m\u00e1s adelante, con relaci\u00f3n a la diversi\u00f3n que \u201cvierte fuera\u201d sin descanso que devuelva a la realidad: \u201c<em>Horas libres, s\u00ed, \u00bfpero tiempo para pensar? Cuando no conducen a ciento cincuenta kil\u00f3metros por hora, se entretienen en alg\u00fan juego, o en una sala, donde no es posible discutir con el televisor, en cuatro paredes<\/em>\u201d. Y en otra parte, refiri\u00e9ndose a la raz\u00f3n interior de la evasi\u00f3n: \u201c<em>V\u00e1yase a su casa \u2013dijo Montag mirando a la mujer serenamente\u2013. V\u00e1yase a su casa y piense en su primer marido, divorciado, y en su segundo marido, muerto en un autom\u00f3vil, y en su tercer marido, que se peg\u00f3 un tiro. V\u00e1yase a su casa y piense en su docena de abortos. V\u00e1yase a su casa y piense en sus malditas operaciones ces\u00e1reas, tambi\u00e9n, y en sus hijos, que la odian. V\u00e1yase a su casa y piense c\u00f3mo pas\u00f3 todo eso, qu\u00e9 hizo usted para que no se repitiera<\/em>\u201d. (5)<br \/>\nComo en Roma, sectores ociosos y opulentos coexisten con extensas poblaciones que viven al margen. Los sectores opulentos navegan en espiritualidades desencarnadas, la enso\u00f1aci\u00f3n gn\u00f3stica de auto salvaci\u00f3n individual \u2013que habilita modelos de la eterna juventud\/adolescencia\u2013, el nomadismo, el errante, y por qu\u00e9 no el de la \u201cclase no clase\u201d, la conciencia cr\u00edtica de la sociedad opulenta, que vive en la opulencia. Con su fama irradian sus mitos sobre poblaciones marginadas geogr\u00e1fica, econ\u00f3mica y socialmente, que sustituyen sus m\u00e1scaras de \u201cV de vendeta\u201d por las de <em>La casa de papel<\/em>, recibiendo la educaci\u00f3n de peor calidad ya que casi el 50% no sabe leer o no comprende lo que lee a los 10 a\u00f1os, pero s\u00ed con religiones pol\u00edticas, y una antigua ideolog\u00eda de conciencia de clase sin pisar la realidad.<br \/>\nLa pregunta de Len\u00edn resuena luego de la radicalizaci\u00f3n de su Modernidad: <strong><em>\u00bfQu\u00e9 hacer?<\/em><\/strong> C\u00f3mo crecer humanamente y no como meros objetos invitados a \u201cconsumir y ser consumidos\u201d. C\u00f3mo crecer sin convertirse en mercanc\u00eda intercambiable o terminales receptoras de informaci\u00f3n. Somos amigas, novios, esposas, hijos, madres que queremos reconocernos frente al espejo social, y no nos encontramos en nada mejor que lo que ya conocemos.<br \/>\nTanto Eric Voegelin como Simone Weil nos dicen que somos Metaxu, seres intermedios entre Dios y las bestias, y que \u201c<em>no hay que privar a ning\u00fan ser humano de su metax\u00fa (hogar, patria, tradiciones, cultura, etc.), que dan calor y nutren el alma y sin los cuales la vida \u2018humana\u2019 no es posible<\/em>\u201d (<em>La gravedad y la gracia<\/em>, 1947).<br \/>\nLa Ciudad aparece as\u00ed como un \u00e1mbito sagrado, donde podemos generar y cuidar lugares comunes que den sentido de pertenencia, de arraigo, de sentirse en casa, en comunidades que nos ayuden, nos acojan, nos eduquen, nos curen, sanen y salven. Las razones del arraigo parecen estar cambiando de la Modernidad \u2013patria y naci\u00f3n\u2013 a la Actualidad \u2013pa\u00eds (paisaje), lengua y religi\u00f3n\u2013, pero siempre nos ayudan a encontrar el propio sentido de la vida.<br \/>\nEn la Ciudad tiene lugar el hogar, el taller, la oficina, el laboratorio, tambi\u00e9n el mercado y el templo, como expresiones de car\u00e1cter intermedio, para un ser intermedio. Hist\u00f3ricamente el asalto a la Ciudad concluye cuando sus habitantes son confinados a la esclavitud o al exilio.<br \/>\nPara Byun-Chul Han, la sociedad del control (disciplinaria) descrita por Foucault ha sido sustituida por la sociedad del rendimiento, donde nos encontramos en guerra con nosotros mismos, s\u00f3lo estamos sometidos a nosotros mismos, de modo que \u201cel exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotaci\u00f3n\u201d. Una explotaci\u00f3n mucho m\u00e1s eficaz dado que el yo explotador le da al yo explotado \u201cun sentimiento de libertad\u201d; de modo que la sociedad de rendimiento se va convirtiendo \u201cpaulatinamente en una sociedad de dopaje\u201d (drogada).<br \/>\nPero lo que se extra\u00f1a en Byung-Chul Han (<em>La sociedad del cansancio<\/em>) es la vigorosa afirmaci\u00f3n que se encuentra al nivel del suelo, oculta tras la evidencia de lo cotidiano, que a\u00fan en la Matrix de la sacralizaci\u00f3n de la ciencia y la tecnolog\u00eda, con su capitalismo casino, y sus pol\u00edticos populistas que perpet\u00faan el espect\u00e1culo, la esclavitud o el exilio, tiene alternativa.<br \/>\n<em>La realidad se nos hace presente<\/em> en su ausencia, el bien luce en su ausencia, en la esclavitud y en el exilio perdura el deseo de ser, de reencontrar el car\u00e1cter sagrado del hogar, el taller, el hospital y el templo (6), del arraigo, de la reinvenci\u00f3n de la Ciudad actual.<\/p>\n<p><em>Roberto Est\u00e9vez es Profesor titular ordinario de Filosof\u00eda pol\u00edtica FCS\u2013UCA<\/em><\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<p>1. Con relojes que atrasan &#8211; Civilizaciones en nosotros, revista CRITERIO, 2459, junio de 2019, pp 20 a 23.<br \/>\n2. https:\/\/datos.bancomundial.org\/indicador\/SP.URB.TOTL.IN.ZS Extra\u00eddo 27\/11\/2019.<br \/>\n3. https:\/\/infovaticana.com\/2017\/01\/01\/no-somos-huerfanos-tenemos-una-madre\/ Extra\u00eddo 29.11.2019<br \/>\n4. De colectivos y peatones &#8211; La naturaleza de la luz, revista CRITERIO, 2467, marzo de 2020 pp 8 a 11.<br \/>\n5. Ray Bradbury en <em>Fahrenheit 451<\/em>, Minotauro, 6to, 1973, Buenos Aires, p. 78 y p. 94.<br \/>\n6. Para Giorgio La Pira, alcalde de Florencia activo contra la Guerra Fr\u00eda, la ciudad ten\u00eda que ser, m\u00e1s all\u00e1 de toda otra l\u00f3gica, un lugar para rezar (la iglesia), para amar (la casa), para trabajar (el taller), para restablecerse (el hospital). \u201cNo podr\u00e9 invocar \u2013escrib\u00eda\u2013 como excusa de mi inacci\u00f3n o de mi ineficiencia razones cient\u00edficas de un sistema econ\u00f3mico fundado sobre presuntas leyes\u201d. Giorgio La Pira, <em>L\u2019attesa della povera gente<\/em>, Cronache Sociali, 1, 1950.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C. S. 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