{"id":16108,"date":"2020-07-24T10:13:57","date_gmt":"2020-07-24T13:13:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16108"},"modified":"2020-07-24T10:13:59","modified_gmt":"2020-07-24T13:13:59","slug":"berlinale-fiel-a-sus-principios-fundadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16108","title":{"rendered":"Berlinale, fiel a sus principios fundadores"},"content":{"rendered":"<p>Para esta cronista ir a la Berlinale como periodista acreditada por CRITERIO constituye el zenit profesional del a\u00f1o. El Festival cumpli\u00f3 70 a\u00f1os, una cifra con significado hist\u00f3rico y pol\u00edtico, que quiero recordar porque integra su identidad. Fundado en 1951 en el Berl\u00edn de la Rep\u00fablica Federal Alemana, cuya capital se hab\u00eda desplazado a Bonn despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad era una isla de libertad cercada por las alambradas de la capital del Estado comunista creado en 1949. El doble muro de cemento se construy\u00f3 en 1961. Este Festival fue una maniobra de relaciones p\u00fablicas de las autoridades aliadas, apoyada en los estudios de cine norteamericanos, en el contexto de la Guerra Fr\u00eda, para sostener la moral de los habitantes y plantar una bandera desafiante en la cicatriz que dividi\u00f3 la Europa del este de las democracias del oeste hasta 1989. Con excepci\u00f3n de dos o tres a\u00f1os de ausencia, participo de la Berlinale desde 1985 \u2013toda la segunda mitad de sus flamante setenta a\u00f1os. Y durante m\u00e1s de tres d\u00e9cadas he observado que el dicho \u201c<em>Plus \u00e7a change, plus c\u2019est la m\u00eame chose<\/em>\u201d se aplica a la Berlinale como anillo al dedo: el \u00e1ngulo pol\u00edtico sigue intacto, aunque transformado por los cataclismos y evoluciones de las \u00faltimos tiempos \u2013ahora Ir\u00e1n y no Polonia, China todav\u00eda y Cuba tambi\u00e9n, y los restos del naufragio que fue el experimento\u2013, y est\u00e1 vivo en filmes rumanos y polacos dirigidos por nuevas generaciones.<\/p>\n<p>El Oso de Oro recay\u00f3 en un magn\u00edfico filme iran\u00ed, <em>There Is No Evil,<\/em> cuya traducci\u00f3n literal del farsi es \u201cSat\u00e1n no existe\u201d, un t\u00edtulo s\u00f3lo a medias ir\u00f3nico, porque el tratamiento de su contenido \u2013la pena de muerte en Ir\u00e1n, ejecutada por cuatro verdugos\u2013 est\u00e1 enraizado en un profundo humanismo. El Jurado del premio ecum\u00e9nico, integrado por cat\u00f3licos (vinculados a Signis, el nombre de otro organismo mutado, O.C.I.C.) y protestantes, tambi\u00e9n lo premi\u00f3. El director y guionista es Mohammad Rasoulof, un cineasta castigado por el r\u00e9gimen de su pa\u00eds, y que t\u00e9cnicamente tiene prohibido rodar all\u00ed. La explicaci\u00f3n de c\u00f3mo se film\u00f3 la pel\u00edcula qued\u00f3 semi revelada en la conferencia de prensa \u2013a la que el director, que vive en Teher\u00e1n, no pudo llegar por razones \u201cadministrativas\u201d: como se trata de cuatro historias encadenadas, pidi\u00f3 permiso de rodaje para cuatro cortos individuales; y el proyecto, al estar financiado por fondos alemanes, escapa al control de censura iran\u00ed. Paralelamente se supo, por entrevistas publicadas en ocasi\u00f3n del Festival, que el director tiene tambi\u00e9n residencia en Hamburgo. Ninguno de sus largometrajes anteriores se ha exhibido en Ir\u00e1n; el director ha logrado transcendencia gracias a los festivales y al manejo de financiaci\u00f3n de coproducci\u00f3n. Este trasfondo explica, a mi juicio, que <em>There Is No Evil<\/em> tenga un \u201csabor\u201d iran\u00ed, pero est\u00e9 pensada para el mercado internacional. De all\u00ed que no funcione como otras pel\u00edculas iran\u00edes que critican al r\u00e9gimen isl\u00e1mico m\u00e1s o menos veladamente \u2013el cine de Jafar Panahi, de Asghar Farhadi\u2013 sino que utilice las convenciones del relato cl\u00e1sico: personajes delineados psicol\u00f3gicamente, trama bien armada, suspenso, etc. En este caso, las cuatro historias desarrollan, con un notable <em>crescendo<\/em> dram\u00e1tico, c\u00f3mo enfrentan cuatro individuos el dilema moral de quienes tienen que ejecutar penas de muerte, y las diferentes respuestas, en una escala de menor a mayor. La vuelta de tuerca en los segundos finales de la primera historia reordena inesperadamente el curso del largometraje \u2013 parec\u00eda hasta ese momento la radiograf\u00eda de un funcionario de vida rutinaria. Esa revelaci\u00f3n sobre el tema de El mal no existe \u2013el valor de la vida, y c\u00f3mo se reacciona ante su destrucci\u00f3n\u2013 la conecta, en mi opini\u00f3n, con el <em>Dekalog 5<\/em> (1988) Krzysztof Kieslowski. En los dos casos, se salta de lo particular a una dimensi\u00f3n universal. El \u00faltimo episodio est\u00e1 casi desprovisto de color local en favor del drama del padre que espera a una universitaria alemana de origen iran\u00ed cuando visita Ir\u00e1n por primera vez para develar un misterio familiar.<br \/>\nUn email de la oficina de prensa del Festival \u2013que recibo antes de culminar este art\u00edculo\u2013 indica que el Gobierno iran\u00ed hizo efectiva el 4 de marzo, cuatro d\u00edas despu\u00e9s del premio, la sentencia para el director de un a\u00f1o de c\u00e1rcel y dos de prohibici\u00f3n para rodar, por hacer \u201cpropaganda contra el sistema\u201d.<br \/>\nMe gustar\u00eda destacar el premio a la Mejor Direcci\u00f3n: los hermanos Dario y Damiano D\u2019Innocenzo son unos mellizos que rondan los treinta a\u00f1os y no estudiaron en escuelas de cine. <em>Favolacce<\/em>, distribuido internacionalmente como Bad Tales, anuncia la llegada de dos narradores consumados. La pel\u00edcula desconcierta por su historia, entre absurda, exagerada y siniestra, hasta que una vuelta de tuerca final descubre la identidad del ignoto narrador en off del principio; la trama, hasta entonces m\u00e1s o menos omnisciente, deviene, implacable, una primera persona narrativa. El espectador advierte que algo no encaja en esta pintura costumbrista de familias de clase media durante un verano aciago, observando que la din\u00e1mica de padres autoritarios y preadolescentes sumisos se va saliendo de quicio, con resultados tr\u00e1gicos pero surrealistas. La \u201cfabulaci\u00f3n\u201d funciona como una telara\u00f1a, que atrapa a los j\u00f3venes protagonistas tanto como al p\u00fablico: es la \u201cfabricaci\u00f3n\u201d de la ficci\u00f3n impl\u00edcita en el t\u00edtulo italiano,<em> Favolacce<\/em>, \u201cfavola\u201d, f\u00e1bula en el sentido de \u201crelato\u201d, pero tambi\u00e9n un g\u00e9nero literario con moraleja. El t\u00e9rmino explica la ingeniosa construcci\u00f3n del gui\u00f3n \u2013perge\u00f1ado por los propios mellizos\u2013 y acrecienta el horror de la historia. El efecto se intuye similar al de <em>Relatos salvajes<\/em> (2014), de Dami\u00e1n Szifron. \u201cNosotros no inventamos nada \u2013dijeron los mellizos en la conferencia de prensa\u2013, s\u00f3lo observamos lo que ocurre a nuestro alrededor\u201d. La cr\u00edtica social es devastadora. <em>Favolacce<\/em>, ayudada por su premio, en alg\u00fan momento seguramente llegar\u00e1 a una pantalla local.<br \/>\nEn el polo opuesto a estos dos largometrajes contundentes, masculinos, por decirlo de alguna manera, contrast\u00f3 un filme independiente norteamericano que se llev\u00f3 el premio del Jurado: <em>Never Rarely Sometimes Always<\/em>, escrito y dirigido por Eliza Hittman, graduada de la prestigiosa Cal Arts en Los \u00c1ngeles y profesora de cine en Nueva York. Es una cr\u00f3nica breve y circunscripta a una chica de 17 a\u00f1os que viaja a Nueva York desde Pennsylvania con una prima, sin que sepan sus padres, para hacerse un aborto en una cl\u00ednica de Planned Parenthood. Deliberadamente, la cr\u00f3nica se queda en la superficie: el descubrimiento del embarazo, el viaje en \u00f3mnibus, la visita a la cl\u00ednica, el ultrasonido, el aborto y finalmente la vuelta a su casa. La protagonista es una muchachita triste, impenetrable para la c\u00e1mara, seg\u00fan un estilo visual despojado, consistente desde la primera toma. No hay ni estridencia ideol\u00f3gica pro-aborto, ni tampoco una postura a favor de la vida. La escena del ultrasonido revela que todos saben muy bien que la pantalla muestra un coraz\u00f3n palpitante. El Jurado internacional debe haber apreciado un proyecto minimalista, rodado en escenarios reales y perfil bajo, que busca superar la antinomia \u201cpro-choice\/ pro-life\u201d, al documentar los hechos, sin ofrecer un punto de vista. El desenlace de la historia proviene, sin embargo, de una visi\u00f3n feminista, que privilegia la autonom\u00eda de la mujer sobre la vida nueva que alberga en su seno. Me interesa destacar esta pel\u00edcula porque con un abordaje similar, que esquiva la controversia, se puede contar una historia con el resultado final opuesto.<br \/>\nFue seleccionado para la Competencia el segundo largometraje de nuestra compatriota Natalia Meta, <em>El pr\u00f3fugo<\/em>, un thriller atmosf\u00e9rico, donde la l\u00ednea entre lo real y lo imaginario no existe. Si el cine de Lucrecia Martel no fuera un referente \u2013con su manera magistral de entrar al mundo interior de personajes para documentar su derrumbamiento ps\u00edquico\u2013 la pel\u00edcula hubiera tenido perfil propio. Una directora en construcci\u00f3n.<br \/>\nOtro film argentino: en la secci\u00f3n Foro de la Berlinale vi con curiosidad el \u00faltimo documental de Jonathan Perel, <em>Responsabilidad empresarial<\/em>. Nacido en Buenos Aires en 1976, este director y guionista, quien tambi\u00e9n hace el montaje y la producci\u00f3n de su obra, tiene en su haber una serie de cortos, medio y largometrajes, de sesgo experimental, sobre la d\u00e9cada del setenta. Estas pel\u00edculas abordan, con c\u00e1mara fija y planos secuencia, lugares vinculados al gobierno militar, por ejemplo, la Escuela de Mec\u00e1nica de la Armada (<em>El predio<\/em>, 2010; <em>Tabula rasa<\/em> y <em>Las aguas del olvido<\/em>, 2013), otros centros de detenci\u00f3n (<em>Los murales<\/em>, 2011), y los sitios de memoria por el pa\u00eds. A Perel le interesa vincular el presente, a trav\u00e9s de edificios, prescindiendo de entrevistas, lo que queda f\u00edsicamente del pasado, para construir una memoria hist\u00f3rica. De esta obra dedicada a explorar la \u00e9poca militar s\u00f3lo he visto Responsabilidad empresarial; estuve tambi\u00e9n en el di\u00e1logo del director con el p\u00fablico, despu\u00e9s de la funci\u00f3n.<br \/>\nPerel bas\u00f3 el documental en una narrativa de investigaci\u00f3n publicada online en 2015 por el Ministerio de Justicia, al filo de terminar la gesti\u00f3n Kirchner: <em>Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represi\u00f3n a trabajadores durante el terrorismo de Estado. Tomo I<\/em>. Una introducci\u00f3n de 25 p\u00e1ginas contiene la g\u00e9nesis del proyecto, su metodolog\u00eda, fuentes e investigadores. Aunque hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os que no vivo en la Argentina, no se me escapa la base historiogr\u00e1fica e ideol\u00f3gica que informa el primer volumen \u2013el segundo no parece estar disponible online\u2013. A grandes rasgos es la narrativa de la izquierda: durante la dictadura c\u00edvico militar, civiles y grupos empresarios participaron en la concreci\u00f3n del golpe de marzo del 76; en f\u00e1bricas, ingenios, astilleros, siderurgias, los due\u00f1os marcaban elementos subversivos y contribu\u00edan a su desaparici\u00f3n por las fuerzas militares, facilitando listas y lugares de detenci\u00f3n y tortura; y se beneficiaron econ\u00f3micamente con esta alianza c\u00edvico-militar. Basado en el informe <em>Nunca M\u00e1s<\/em> y otras fuentes, el libro identifica 23 empresas, detallando su accionar. El documental, que toma el t\u00edtulo del libro, consiste en 23 planos secuencia, filmados durante el 2019, desde el auto del director, enfocando los edificios de esas empresas; su voz en off lee fragmentos del libro, conectados con esa empresa. As\u00ed, durante 68 minutos. El director invoc\u00f3 la influencia de <em>Shoah<\/em> (1985), de Claude Lanzmann, los documentales modernistas de Heinz Emigholz \u2013ambos directores cuya obra conoc\u00ed por primera vez en Berl\u00edn\u2013 y otros documentalistas ilustres.<br \/>\nResponsabilidad empresarial reemplaza la complejidad hist\u00f3rica por su simplificaci\u00f3n ideol\u00f3gica, en base a la cual el director arma una propuesta modernista: las juntas militares del \u201876 al \u201883 equivalen al gobierno nazi; el ej\u00e9rcito argentino funciona como las SS, y los empresarios nacionales son la contrapartida de IG Farben, Krupp, Thyssen y Volkswagen. Como la analog\u00eda hist\u00f3rica no se sostiene, el edificio documental es precario: los 23 planos secuencia aburrir\u00e1n a m\u00e1s de un espectador. El director explic\u00f3 que esta estrategia de tomas largas, falta de \u201cacci\u00f3n\u201d en sentido tradicional y ausencia de testimonios obliga al espectador a reflexionar sobre el pasado al escuchar su voz en off leyendo directamente del libro. \u00bfEl impacto de Responsabilidad empresarial? Predicar a los que ya comparten esa visi\u00f3n sesgada e incompleta de los a\u00f1os setenta, provocando el rechazo de quienes buscan una matriz diferente para entender lo que pas\u00f3. Si no se habla del peronismo, la militancia terrorista, Cuba, y el etc\u00e9tera ausente, no se entiende qu\u00e9 pas\u00f3. El director, por supuesto, est\u00e1 en su derecho de presentar su visi\u00f3n y consagrar su vida art\u00edstica a mantener fresca esta memoria selectiva. Pero al ser tan partidario, el documental deviene propaganda, y s\u00f3lo lo rescata su impulso cinematogr\u00e1fico \u2013las 23 tomas desde el parabrisas del auto.<br \/>\nEn contraste, un ejercicio de rescate hist\u00f3rico muy logrado fue el del director rumano Radu Jude, con <em>Uppercase Print<\/em>, <em>Imprenta may\u00fascula<\/em>. Resulta un documental absorbente por la manera de manejar el material hist\u00f3rico, combinando dos fuentes muy diferentes. La primera l\u00ednea narrativa muestra el funcionamiento del gobierno comunista en Rumania, bajo la f\u00e9rula de Nicolae Ceau\u0219escu en los a\u00f1os ochenta, a trav\u00e9s de programas de televisi\u00f3n \u2013infantilizantes o rid\u00edculos\u2013 y noticieros. La segunda es la escenificaci\u00f3n de un expediente de la polic\u00eda secreta, llevada al teatro hace unos a\u00f1os, y que ac\u00e1 preserva el minimalismo de la puesta en escena original.<br \/>\nLa intersecci\u00f3n de dos relatos \u2013el discurso patri\u00f3tico kitsch de la televisi\u00f3n oficial versus la hostigaci\u00f3n a un estudiante secundario por escuchar <em>La Voz de Am\u00e9rica<\/em> y pintar grafitis\u2013 resulta una experiencia surrealista para el espectador: Kafka sigue vivo y coleando en los vericuetos del denso expediente. La historia real, que culmin\u00f3 con la muerte prematura del estudiante, la hace entrar en el territorio tragic\u00f3mico de Milan Kundera.<br \/>\nSe quedan muchas pel\u00edculas en el tintero \u2013m\u00e1s de cuarenta vistas en diez d\u00edas. Esta profesora vuelve al aula entusiasmada, perge\u00f1ando estrategias para trasmitir a los alumnos la fascinaci\u00f3n de experimentar la capacidad del cine \u2013\u00a1el s\u00e9ptimo arte!\u2013 para plasma verdades emocionales en la pantalla.<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda Elena de las Carreras de Kuntz es docente y cr\u00edtica cinematogr\u00e1fica<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para esta cronista ir a la Berlinale como periodista acreditada por CRITERIO constituye el zenit profesional del a\u00f1o. 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