{"id":16111,"date":"2020-07-23T10:15:12","date_gmt":"2020-07-23T13:15:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16111"},"modified":"2020-07-24T10:19:03","modified_gmt":"2020-07-24T13:19:03","slug":"el-misterio-de-la-belleza-musical","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16111","title":{"rendered":"El misterio de la belleza musical"},"content":{"rendered":"<p>Cuando casi hab\u00edan pasado apenas dos a\u00f1os de comenzada la d\u00e9cada del \u00b470, el querid\u00edsimo profesor Nicomedes Igua\u00edn, en el colegio de La Salle, introduc\u00eda en las clases de m\u00fasica con su definici\u00f3n favorita: \u201cEs el arte de combinar los sonidos en el tiempo, con una finalidad est\u00e9tica\u201d. Y enseguida hac\u00eda subrayar y remarcar \u201carte\u201d, \u201csonidos\u201d, \u201ctiempo\u201d, \u201cest\u00e9tica\u201d, para destejer cada t\u00e9rmino por separado. Est\u00e9tica, \u201crelativo a la percepci\u00f3n de la belleza\u201d, era el que en ese momento nos parec\u00eda menos trascendente. Sin embargo, el tiempo fue llenando la palabra de un significado cada vez m\u00e1s profundo, a veces hasta enigm\u00e1tico e incomprensible.<br \/>\nSi el concepto de belleza es dif\u00edcilmente definible, aplicado a la m\u00fasica parece cargarse de una abstracci\u00f3n tal que lo vuelve varias veces m\u00e1s difuso. Una mezcla de objetividad y subjetividad manifiestas que en alg\u00fan punto convergen.<br \/>\nNo resulta posible hablar ni escribir sobre la belleza musical sin que cualquier afirmaci\u00f3n quede inmediatamente unida al menos a un interrogante: \u00bfPor qu\u00e9 hay obras musicales que gustan de manera especial a numerosos oyentes, mientras otras \u2013la gran mayor\u00eda\u2013 se perciben de un modo m\u00e1s o menos neutral, incluso a veces casi de manera inadvertida o intrascendente?<br \/>\nM\u00e1s a\u00fan, por qu\u00e9 unos pocos compases de una obra llegan a sumergir al oyente en un oc\u00e9ano inmenso de sensaciones que lo conectan con lo m\u00e1s profundo de algo que parece no tener parang\u00f3n en esta vida, al tiempo que otro sinn\u00famero de melod\u00edas adyacentes apenas despiertan un tenue sentimiento de alegr\u00eda o directamente cierta indiferencia silenciosa.<br \/>\nAquellos secretos pasajes son sin duda la sutil pero profund\u00edsima acci\u00f3n de Dios, a trav\u00e9s de la mente de un genio y de las manos de maestros que los interpretan con maravillosos instrumentos creados por el Hombre. Toda una sucesi\u00f3n, una conjunci\u00f3n de fuerzas que se funden en el misterioso encanto de la belleza musical.<br \/>\nY esto no se aplica s\u00f3lo a la com\u00fanmente \u2013y mal\u2013 llamada m\u00fasica cl\u00e1sica, sino a composiciones de todo g\u00e9nero y \u00e9poca: por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 magia escondida y misteriosa tiene <em>Yesterday<\/em>, de Paul Mc. McCartney, que llev\u00f3 a que se la tradujera a un sinn\u00famero de lenguas; su melod\u00eda no deja de emocionar el alma de millones de personas en todo el mundo despu\u00e9s de varias generaciones, mientras que muchas obras del mismo autor apenas se difunden y s\u00f3lo en su idioma original?<br \/>\nIndudablemente, la apreciaci\u00f3n de la belleza \u2013en cualquier \u00e1mbito y vista desde todo \u00e1ngulo\u2013 forma parte del complejo espectro de la subjetividad. As\u00ed y gracias a ello, una gran diversidad enriquece los gustos y el placer de escuchar composiciones muy distintas, de todo tipo de g\u00e9nero, de infinidad de autores. Por eso mismo no deja de sorprender que determinadas obras gocen de una singular popularidad, entendiendo el t\u00e9rmino como adhesi\u00f3n multitudinaria de quienes las califican de bellas, hermosas y no se cansan de reproducirlas ni difundirlas, a trav\u00e9s de d\u00e9cadas, elev\u00e1ndolas al podio de verdaderas piezas maestras. M\u00e1s a\u00fan, hay fragmentos, apenas un pu\u00f1ado de compases de obras de duraci\u00f3n considerable, que curiosamente y de un modo reservadamente oculto alcanzan a acariciar las enigm\u00e1ticas terminaciones sensitivas en alg\u00fan rec\u00f3ndito lugar del sistema nervioso y de repente sumergen al oyente en el placer sensorial m\u00e1s maravilloso.<br \/>\nOliver Sacks, neur\u00f3logo y escritor brit\u00e1nico fallecido en 2015, sosten\u00eda que la neurociencia de la m\u00fasica se concentr\u00f3 siempre y casi exclusivamente, en los mecanismos nerviosos mediante los que percibimos los tonos, los intervalos tonales, la melod\u00eda y su ritmo pero prestando muy poca atenci\u00f3n a los aspectos afectivos de la apreciaci\u00f3n musical. Y sin embargo la m\u00fasica, invocando sobre todo dos partes de nuestra naturaleza, es sustancialmente emocional y esencialmente intelectual.<br \/>\nSi el m\u00fasico profesional, o quien ejecuta un instrumento musical, se limitara s\u00f3lo a escuchar con o\u00eddo objetivo y cr\u00edtico para evaluar una interpretaci\u00f3n, le estar\u00eda faltando hurgar en la emoci\u00f3n de su sentimiento, de aquello que los compases de una obra despiertan en el oyente que ama la m\u00fasica. Entonces todo quedar\u00eda en un \u00e1rido virtuosismo, sin equilibrio alguno, sin una adecuada conjugaci\u00f3n.<br \/>\nSeguramente los grandes misterios se tocan en alg\u00fan punto y esto ocurre con la genialidad de una mente humana que se transcribe sobre un papel en el singular y apropiado lenguaje de las melod\u00edas infinitas y los fugaces destellos del Absoluto.<br \/>\nFinalmente y a modo de sugerencia, aunque consciente de mencionar s\u00f3lo lo que equivale a una gota en el amplio oc\u00e9ano de la \u201cmusicograf\u00eda\u201d universal, pongo a disposici\u00f3n del lector algunas de esas p\u00e1ginas memorables, de diferentes compositores y \u00e9pocas, que han hecho vibrar la cuerda m\u00e1s \u00edntimas del alma de varias generaciones:<\/p>\n<p>J. S. Bach (1685-1750): de la Pasi\u00f3n seg\u00fan San Mateo. BWV 244. Aria contralto, \u201cErbarme dich, mein Gott\u201d<br \/>\nW. A. Mozart (1756-1791): 2\u00ba movimiento, Adagio, del Concierto para piano y orquesta N\u00ba 23, K488. Aria llamada \u00abDer H\u00f6le Racht\u00bb, de la Reina de la Noche de la Flauta M\u00e1gica K620<br \/>\nL. van Beethoven (1770-1827): 2\u00ba movimiento, Adagio, del Concierto para piano N\u00ba 5, \u00d3p. 73<br \/>\nF. Chopin (1810-1849): Balada para piano N\u00ba1, \u00d3p. 23<br \/>\nR. Wagner (1813-1883): \u201cEntrada de los invitados\u201d de Tannh\u00e4user<\/p>\n<p><em>Enrique F. Capdevielle es di\u00e1cono permanente de la Di\u00f3cesis de San Isidro<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando casi hab\u00edan pasado apenas dos a\u00f1os de comenzada la d\u00e9cada del \u00b470, el querid\u00edsimo profesor Nicomedes Igua\u00edn, en el colegio de La Salle, introduc\u00eda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,1040,1295],"class_list":["post-16111","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-misterio","tag-musica-clasica"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4bR","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16111","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16111"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16111\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16113,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16111\/revisions\/16113"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}