{"id":16114,"date":"2020-07-24T10:25:47","date_gmt":"2020-07-24T13:25:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16114"},"modified":"2020-07-24T10:25:52","modified_gmt":"2020-07-24T13:25:52","slug":"un-enigma-llamado-majorana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16114","title":{"rendered":"Un enigma llamado Majorana"},"content":{"rendered":"<p>A veces, al advertir el creciente n\u00famero de a\u00f1os que uno celebra cada doce meses, debo decir que hay todav\u00eda muchos momentos gratificantes.<br \/>\nUno de ellos aconteci\u00f3 en pleno verano porte\u00f1o, cuando sal\u00ed casi corriendo para ir en busca de un libro del que no ten\u00eda noticias hasta minutos antes de ese juvenil ataque de impaciencia.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/majorana-libro.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16116 alignleft\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/majorana-libro.jpg\" alt=\"\" width=\"252\" height=\"392\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/majorana-libro.jpg 252w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/majorana-libro-193x300.jpg 193w\" sizes=\"auto, (max-width: 252px) 100vw, 252px\" \/><\/a>En resumen, al leer los comentarios sobre libros en un suplemento cultural de los domingos (en este caso el del diario <em>Perfil<\/em>), me interes\u00f3 vivamente la cr\u00edtica acerca de un fascinante trabajo de Leonardo Sciascia (se pronuncia Shasha) titulado <em>La desaparici\u00f3n de Majorana<\/em> (pronunciar Maiorana).<br \/>\nNo hab\u00eda transcurrido una hora y ya ten\u00eda en mis manos un peque\u00f1o y bello volumen (que apenas supera las 100 p\u00e1ginas), muy bien dise\u00f1ado y con un contenido que ratifica las cualidades de Sciacia como escritor y como cronista documental.<br \/>\nPorque de eso se trata, aunque la historia parezca el gui\u00f3n de una serie de misterio o un filme de suspenso, es el relato documental de lo que define el t\u00edtulo desde la portada: la desaparici\u00f3n de Majorana.<br \/>\nLleg\u00f3 la hora de aclarar que \u00c9ttore Majorana era un f\u00edsico siciliano \u2013seg\u00fan todos los testimonios, un genio de primer nivel\u2013 que a los 31 a\u00f1os desapareci\u00f3.<br \/>\nEn las primeras tres l\u00edneas del Pr\u00f3logo, Juan Forn resume: \u201cEntre los meses de julio y diciembre de 1938, en la secci\u00f3n \u2018Personas buscadas\u2019 de todos los diarios italianos, se ped\u00eda informaci\u00f3n sobre el paradero de Ettore Majorana, siciliano de 31 a\u00f1os\u201d.<br \/>\nHay una frase de Enrico Fermi citada por Forn y que sirve, a mi parecer, para que el lector sepa qu\u00e9 intentan expresar estas l\u00edneas que escribo: \u201cHay varias clases de cient\u00edficos. Est\u00e1n los de segundo y tercer orden, que hacen correctamente su trabajo. Est\u00e1n los de primer orden, que hacen descubrimientos que abonan el progreso de la ciencia. Y luego est\u00e1n los genios como Galileo y Newton. \u00c9ttore Majorana era uno de ellos\u201d.<br \/>\nConviene destacar, porque hay con los a\u00f1os una erosi\u00f3n de la memoria, que el autor de esas l\u00edneas fue Premio Nobel en 1938 y se exili\u00f3 poco despu\u00e9s en los Estados Unidos para trabajar en el equipo de cient\u00edficos que desarroll\u00f3 la bomba at\u00f3mica. Y no es casual que sea la foto del siniestro artefacto el \u00fanico motivo que ilustra, sobre el claroscuro, la tapa y contratapa del volumen.<br \/>\n<strong>El origen de la tragedia<\/strong><br \/>\nEn Roma, y como una suerte de seleccionado de talentos cautivados por una disciplina (la f\u00edsica), se reun\u00eda para desarrollar sus investigaciones un grupo de j\u00f3venes universitarios bajo la conducci\u00f3n acad\u00e9mica de Enrico Fermi. Todos ellos se distingu\u00edan por su juventud, ya que el maestro Fermi s\u00f3lo ten\u00eda cinco a\u00f1os m\u00e1s que Majorana y siete sobre el m\u00e1s joven, Edoardo Amaldi.<br \/>\nTodos, sin excepci\u00f3n, reverenciaban la asombrosa destreza de \u00c9ttore para resolver los m\u00e1s complicados problemas, y es precisamente Amaldi quien evoca algunos rasgos infantiles de Majorana y su rara precocidad. Mientras la mayor\u00eda de los ni\u00f1os de esa \u00e9poca ten\u00edan que recitar alg\u00fan poema delante de las visitas, en la casa de Majorana otro era el desaf\u00edo: a los cuatro a\u00f1os se le ped\u00eda resolver mentalmente una multiplicaci\u00f3n de dos n\u00fameros de tres cifras. Cuentan que entonces el chico se met\u00eda debajo de la mesa y a los pocos segundos asomaba la cabeza y dec\u00eda un n\u00famero que, invariablemente, era el resultado correcto. Hab\u00eda ya entonces una caracter\u00edstica que ostent\u00f3 durante su trayectoria: esa actitud introspectiva (que a veces era verg\u00fcenza) para dar a la luz sus cavilaciones. A tal punto que la publicaci\u00f3n de sus trabajos sobre <em>La teor\u00eda cu\u00e1ntica de los n\u00facleos radiactivos<\/em> (1929) se debi\u00f3 m\u00e1s a la insistencia de sus colegas que a su deseo. Porque la diferencia entre \u00e9l y los Ragazzi del grupo, era que Fermi y ellos buscaban, y \u00e9l encontraba.<br \/>\nEl c\u00edrculo en torno de Fermi se reun\u00eda en el Instituto de F\u00edsica de la calle Panisperna, lo que le dio nombre al conjunto, al que llamaban \u201cI Ragazzi dalla V\u00eda Panisperna\u201d. En ese grupo era f\u00e1cil distinguir a \u00c9ttore por sus cabellos negros con un mech\u00f3n sobre la frente y sus ojos oscuros, su rostro serio y su natural elegancia.<br \/>\nEn las numerosas fotograf\u00edas que pude ver, no recuerdo haberlo visto sonriendo, siendo que eran todos, menos su conductor, menores de treinta a\u00f1os. Esta erudita juventud se revel\u00f3 cuando Enrico Fermi gan\u00f3 el Premio Nobel (en una ciencia dura) a los 37 a\u00f1os. Para entonces, \u00c9ttore ya se hab\u00eda esfumado, pero mientras estuvo \u00e9l, era el \u00fanico que pod\u00eda plantarse frente a Fermi y hablar de igual a igual.<br \/>\nHubo un episodio que, a mi modo de ver, puede ser la charnela donde se produce un giro en la vida del joven f\u00edsico: su viaje a Alemania para estudiar y meditar con Werner Heisenberg, el l\u00edder de los f\u00edsicos en su pa\u00eds. Majorana lleg\u00f3 a Leipzig en enero de 1933, tom\u00f3 contacto con el Instituto de F\u00edsica (que, como apunta con gracia en una carta, estaba situado entre un cementerio y un manicomio) y al encontrarse con Heisenberg (de igual edad que Fermi) se produjo una corriente armoniosa entre ambos, lo que hizo que incluso se trataran como amigos, ya que la dificultad idiom\u00e1tica era salvada por el alem\u00e1n con clases de idioma para su colega italiano.<br \/>\nHeisenberg ya era una celebridad por su teor\u00eda del Principio de Incertidumbre, lo que no impidi\u00f3 que aceptara algunas correcciones formuladas por \u00c9ttore, t\u00edmidamente. Incluso se coment\u00f3 que en un seminario sobre energ\u00eda nuclear, frente a cien personas, Heisenberg mencion\u00f3 un aporte de Majorana y lo invit\u00f3 a hablar a la audiencia, cosa que, por supuesto, el italiano no hizo.<br \/>\nHubiera sido fenomenal conservar el texto de las charlas (Majorana usa ese verbo: <em>chiacchierare<\/em>) entre los dos. T\u00e9ngase en cuenta que Heisenberg era el cient\u00edfico m\u00e1s atendido por los nazis para alcanzar antes la construcci\u00f3n de un arma nuclear.<br \/>\nPor eso, si es cierto lo que muchos afirman acerca de las ideas filos\u00f3ficas de Heisenberg, as\u00ed como el humanismo en las reflexiones del italiano, puede suponerse que ambos fueran reacios a la realizaci\u00f3n de la bomba. Y eso pod\u00eda leerse en la expresi\u00f3n de sus rostros. Pude entrever, en la actitud de los dos, algo muy parecido al miedo.<br \/>\nDespu\u00e9s de siete meses en Leipzig (con algunos viajes en el medio), Majorana regresa a Roma, donde permanecer\u00e1 cuatro a\u00f1os trabajando puertas adentro y en soledad. Ni siquiera habla de f\u00edsica cuando se re\u00fane o se encuentra con colegas. De todo este per\u00edodo s\u00f3lo se conocieron dos publicaciones sobre sendas teor\u00edas. Algunos dijeron que estaba \u201ctrabajando en algo muy importante, de lo que evitaba hablar\u201d.<\/p>\n<p><strong>Sin conclusi\u00f3n<\/strong><br \/>\nLa desaparici\u00f3n de Majorana es un tema que no pudo ser descifrado, y habiendo transcurrido m\u00e1s de 80 a\u00f1os, ser\u00e1 dif\u00edcil ponerle un colof\u00f3n a lo escrito hasta ahora. Entraremos en el territorio de lo imaginario, lo que llamamos \u201cexpresi\u00f3n de deseos\u201d, o aceptaremos lo sugerido por la burocracia policial.<br \/>\nLa polic\u00eda italiana dio por cerrado el caso antes de terminar el a\u00f1o 1938 (a pesar de que Mussolini hab\u00eda expresado su deseo de pu\u00f1o y letra: Quiero que lo encuentren), para demostrar que con la burocracia ni el Duce pod\u00eda.<br \/>\nEn la noche del 25 de marzo viaj\u00f3 en el vapor que un\u00eda a diario Palermo y N\u00e1poles y nunca m\u00e1s se lo vio. Dej\u00f3 dos cartas, una para su familia y otra para el profesor Corelli, colega en la universidad. He le\u00eddo las dos y pueden interpretarse con la ambig\u00fcedad de quien sugiere incluso un suicidio o se propone simplemente \u201cdesaparecer\u201d.<br \/>\nLa versi\u00f3n policial habla de muerte o locura, dos chances que no terminan de explicar la evaporaci\u00f3n de una persona que fue vista horas antes de esfumarse.<br \/>\nLa tercera hip\u00f3tesis es sostenida por Sciascia: \u201cUn hombre inteligent\u00edsimo que hab\u00eda decidido desaparecer y que hab\u00eda calculado con matem\u00e1tica exactitud c\u00f3mo hacerlo\u201d. El propio Fermi dijo: \u201cCon lo inteligent\u00edsimo que era, si hubiera decidido desaparecer o hacer desaparecer su cad\u00e1ver, lo habr\u00eda conseguido sin ninguna duda\u201d.<br \/>\nHubo versiones de gente que asegur\u00f3 haberlo visto, con el atuendo de un monje, en un monasterio de clausura, y all\u00ed fue Sciascia en busca de informaci\u00f3n. En las \u00faltimas p\u00e1ginas de este libro cautivante, cuyas cualidades literarias no puedo describir ahora, el autor relata su pesar ante el mutismo del monje que lo recibe. Cuando le pregunta por un gran cient\u00edfico alojado en silencio en ese monasterio, como cuando lo interroga acerca de la presencia de un norteamericano, la respuesta es: \u201cEn este momento, no\u201d. Por una iron\u00eda del destino, o una jugada de quien \u201cno juega a los dados\u201d, en ese convento estuvo el abrumado oficial estadounidense tripulante del avi\u00f3n que arroj\u00f3 la primera bomba at\u00f3mica.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1l era el origen de esa congoja reflejada en sus dos \u00faltimas cartas? \u00bfQu\u00e9 presagios asediaban a \u00c9ttore y no lo dejaban salir de debajo de la mesa?<br \/>\nPara m\u00ed, ese hombre de grand\u00edsimo valor en el campo de la f\u00edsica, nos mira con una leve sonrisa que reprime una enorme felicidad interior, la de haber podido ensanchar, sin da\u00f1ar a nadie, los l\u00edmites del saber frente al gran Misterio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces, al advertir el creciente n\u00famero de a\u00f1os que uno celebra cada doce meses, debo decir que hay todav\u00eda muchos momentos gratificantes. 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