{"id":16118,"date":"2020-07-25T10:33:11","date_gmt":"2020-07-25T13:33:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16118"},"modified":"2020-07-25T10:33:14","modified_gmt":"2020-07-25T13:33:14","slug":"una-tarde-en-tierra-de-dioses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16118","title":{"rendered":"Una tarde en tierra de dioses"},"content":{"rendered":"<p>Una invitaci\u00f3n de la<em> Universit\u00e0 degli Studi di Palermo<\/em> para participar de un ciclo de conferencias en la Facolt\u00e0 di Lettere de esa alta casa de estudios me permiti\u00f3, en mayo del 2009, volver a esa ciudad palaciega que Giuseppe Tomasi di Lampedusa evoca en una novela magistral: <em>Il Gattopardo<\/em> (en esa visita a Sicilia, me acompa\u00f1\u00f3 mi mujer). Al concluir la segunda de mis exposiciones, mientras conversaba con algunos colegas, uno de ellos me pregunt\u00f3 hacia d\u00f3nde pensaba dirigirme en mi periplo por la isla. Le coment\u00e9 que nuestro prop\u00f3sito inclu\u00eda permanecer un par de d\u00edas en Siracusa, hacia donde partir\u00edamos al d\u00eda siguiente; dese\u00e1bamos, entre otros prop\u00f3sitos, visitar su antiguo teatro y su museo arqueol\u00f3gico. Mientras est\u00e1bamos conversando, este se\u00f1or sac\u00f3 su <em>cellulare<\/em> y se puso a hablar, lo que me pareci\u00f3 una descortes\u00eda. Cuando hubo terminado su llamado me dijo: \u201cHo appena prenotato due bigliettti per vedere Edipo a Colono che \u00e8 messo in scena al Teatro Greco di Siracusa\u201d (L<em>e he reservado dos entradas para ver Edipo en Colono, que se est\u00e1 representado en el Teatro Griego de Siracusa<\/em>). \u201cE Lei, chi \u00e8?\u201d (<em>\u00bfY usted qui\u00e9n es?<\/em>), fue mi pregunta inmediata. \u201cIl Direttore de l\u2019Istituto Nazionale del Dramma Antico\u201d, me respondi\u00f3 (este Instituto es la entidad que diligencia las actividades del teatro citado).<br \/>\nMi sorpresa y emoci\u00f3n me dejaron sin palabras: asistir a la representaci\u00f3n de un memorable drama sofocleo en uno de los teatros m\u00e1s famosos del mundo en el que, entre otros ilustres, el propio Esquilo desempe\u00f1\u00f3 papeles de autor, actor, m\u00fasico y <em>mettre en sc\u00e8ne<\/em> de alguna de sus piezas m\u00e1s celebradas (en la representaci\u00f3n de las tragedias griegas, siempre escritas en verso, sus partes corales se ofrec\u00edan musicalizadas).<br \/>\nDos d\u00edas m\u00e1s tarde est\u00e1bamos en la ciudad inmortalizada por Te\u00f3crito en sus Idilios y en la que Hier\u00f3n I, entonces su <em>tyrannos<\/em> \u201cgobernante\u201d, mecenas de artistas, invit\u00f3 a su corte a ilustres pensadores y poetas, as\u00ed, al citado Esquilo, a P\u00edndaro, a Baqu\u00edlides y, entre otros, a Sim\u00f3nides. Siracusa es tambi\u00e9n la p\u00f3lis a la que se dirigi\u00f3 Plat\u00f3n invitado, en el 367 a.C., por Dionisio I para poner en pr\u00e1ctica una educaci\u00f3n filos\u00f3fica pero de la que, por intrigas palaciegas, fue expulsado. M\u00e1s tarde, en el 361 a.C., tras la muerte del monarca, el fil\u00f3sofo fue llamado por Dionisio II, hijo del anterior, regresando pronto a Atenas tras abandonar la isla de la que debi\u00f3 huir en condiciones poco felices. (En ese entonces, frente a Siracusa, se alzaba la peque\u00f1a isla de Ortigia en la que, seg\u00fan tradici\u00f3n m\u00edtica, naci\u00f3 la diosa \u00c1rtemis; hoy, mediante un puente, los sicilianos, al enlazarla con Siracusa, parecen haberla despojado de su sacralidad originaria).<br \/>\nEl teatro siracusano es obra del arquitecto Damokopos. Fue construido con grandes bloques calc\u00e1reos y su ejecuci\u00f3n se remonta al siglo V a.C., vale decir, al floreciente per\u00edodo de Hier\u00f3n II; sus revestimientos marm\u00f3reos fueron reutilizados en el siglo XVI por los espa\u00f1oles de Carlos V para construir los bastiones de la citada isla de Ortigia. Es uno de los complejos arquitect\u00f3nicos m\u00e1s grandes de Grecia y en el que, como en todo teatro griego cl\u00e1sico, sus representaciones se hac\u00edan al aire libre. Desde hace varios a\u00f1os, fiel a una vieja tradici\u00f3n, durante los meses primaverales en dicho espacio esc\u00e9nico se realizan representaciones teatrales en griego cl\u00e1sico (lo mismo sucede en los de Taormina, Epidauro, Atenas y otras ciudades hel\u00e9nicas). Tiene capacidad para unas 15.000 personas (para tener idea de su dimensi\u00f3n pensemos, por ejemplo, que nuestro Teatro Col\u00f3n, cerrado \u201ca la italiana\u201d, puede albergar unas 3.000). Posee una ac\u00fastica natural sorprendente al extremo de que no es necesario que los actores utilicen micr\u00f3fonos. En \u00e9poca arcaica estaba ornado con un p\u00f3rtico provisto de un Mousa\u00eeon, \u201ctemplo dedicado a las Musas\u201d, que \u2013se comentaba\u2013 custodiaba la lira, las tablillas y el stylos, es decir, el punz\u00f3n con el que Eur\u00edpides cincelaba las tablillas donde escribir, objetos sublimes adquiridos por Dionisio I, seg\u00fan memora la an\u00f3nima <em>Vita di Euripide<\/em>. En ese recinto, en el 472 a.C., Esquilo represent\u00f3 Los persas, seg\u00fan nos anoticia un escolio a <em>Las ranas de Arist\u00f3fanes<\/em> (v. 1028); tambi\u00e9n puso en escena <em>El Etna,<\/em> pieza hoy perdida, que habr\u00eda compuesto en homenaje a Hier\u00f3n luego de la fundaci\u00f3n de la colonia del mismo nombre situada al pie del legendario volc\u00e1n.<br \/>\nLa helenista Eva Cantarella estima que en el siglo V a.C. ninguna ciudad griega en territorio it\u00e1lico pod\u00eda competir con Siracusa ni cultural, ni militarmente. Su centro c\u00edvico por excelencia era el teatro, lugar no s\u00f3lo de recreaci\u00f3n y culto a Dioniso, dios del \u00e9xtasis y del frenes\u00ed, en cuyo honor se desarrollaban estas festividades dram\u00e1ticas, sino tambi\u00e9n una suerte de \u201claboratorio pol\u00edtico\u201d, como sostiene Charles Segal (1), dado que all\u00ed, sobre las tablas, se ventilaban los asuntos que concern\u00edan a la <em>p\u00f3lis<\/em> y a sus ciudadanos. Las piezas dram\u00e1ticas, mediante su tramado, dejaban traslucir el perpetuo bascular entre sistemas de valores contrapuestos y tensiones sociales encubiertas, aspecto sobre el que insiste Jean-Pierre Vernant (2)cuando entiende la tragedia como el terreno de lo problem\u00e1tico donde los conceptos morales se vuelven ambiguos en tanto pone en escena, m\u00e1s que el equilibrio y la armon\u00eda, las desavenencias y contradicciones que operan en el cuerpo social.<br \/>\nBueno, resulta que a ese m\u00edtico teatro concurrimos una tarde primaveral para asistir a la representaci\u00f3n de <em>Oid\u00edopous ep\u00ec Kol\u00f4noi<\/em> (Edipo en Colono), a la que se nos hab\u00eda invitado. Se trataba de la tragedia que S\u00f3focles ide\u00f3 en su tard\u00eda vejez como homenaje a Colono, su aldea natal, y al \u00c1tica (vv. 668-719). En ella, una suerte de continuidad tem\u00e1tica de su <em>Edipo rey<\/em>, aun cuando se trata de una pieza independiente, se teatralizan las circunstancias acaecidas al desgraciado monarca cuando, tras descubrir lo tr\u00e1gico de su sino, voluntariamente encamin\u00f3 sus pasos al exilio junto a su hija Ant\u00edgona, y donde pone foco, en especial, en los acontecimientos extraordinarios que le sucedieron como prenuncio de una muerte sobrenatural (3). Sobre esta pieza notable Cicer\u00f3n, en su tratado <em>Acerca de la vejez<\/em>, am\u00e9n de alabar la excelsitud de su arte, pone \u00e9nfasis en la vitalidad creativa del dramaturgo que la compuso siendo octogenario (4); esta tragedia fue representada en el 401 a.C., es decir, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de su autor.<br \/>\nTodos sabemos que esta pieza comienza con un parlamento en que el infortunado Edipo, autodesterrado en un suburbio del \u00c1tica, se dirige a Ant\u00edgona dici\u00e9ndole: \u201cHija de un anciano ciego, Ant\u00edgona, \u00bfa qu\u00e9 tierra hemos llegado? \u00bfQu\u00e9 hombres la habitan? \u00bfA qui\u00e9n toca hoy acoger al errabundo Edipo que no lleva sino pobreza?\u201d (vv. 1-4).<br \/>\nPero sucedi\u00f3 que cuando ingresamos al teatro, poblado entonces casi en su totalidad por j\u00f3venes estudiantes que, m\u00e1s tarde, con texto biling\u00fce (griego cl\u00e1sico-italiano) en mano, seguir\u00edan atentamente la pieza, nos encontramos con un actor \u2013que luego har\u00eda de Edipo\u2013, y no con el ciego con su hija, tal como ocurre en la pieza sofoclea. Esta mudanza de situaci\u00f3n contraven\u00eda el texto original, lo que nos produjo cierto desconcierto ante la eventual modificaci\u00f3n de su trama. Mas todo se aclar\u00f3 cuando el actor tom\u00f3 la palabra y refiri\u00f3 que Salvatore (no recuerdo su apellido), el sonidista del teatro, acababa de tener un accidente automovil\u00edstico que le hab\u00eda costado la vida. Entonces, en su memoria, tras pedir un minuto de silencio, explic\u00f3 que como el teatro es una manera de conculcar la muerte, representar\u00edan la pieza en homenaje al desdichado joven.<br \/>\nEs obvio referir que un silencio majestuoso pobl\u00f3 el recinto sirviendo de pre\u00e1mbulo f\u00fanebre a una pieza cuyo tramado remite a la sacralidad de la muerte, silencio s\u00f3lo interrumpido por p\u00e1jaros que, al atardecer \u2013vale decir, cuando empieza a morir el d\u00eda\u2013, alborotados, inundan el aire con sus cantos. El silencio, a causa de tan sordo, parad\u00f3jicamente parec\u00eda taladrar nuestros o\u00eddos (el silencio, en ocasiones como \u00e9sta, se impone como un camino a lo sublime). Todos, todos de pie mir\u00e1bamos como hipnotizados al actor que, desde la escena, se ergu\u00eda inmortal, en tanto su voz se perd\u00eda entre las auras. Estaba como en trance. Fue un momento de recogimiento y unci\u00f3n, de esos en que uno, de golpe y sin propon\u00e9rselo, toma conciencia de la fugacidad de la vida junto al misterioso sentido de lo eterno (conviene insistir en que S\u00f3focles, en su vejez, fue honrado con el sacerdocio de Colono como reconocimiento por haber compuesto <em>Ant\u00edgona<\/em>).<br \/>\nEvoco tambi\u00e9n de esa tarde \u201cm\u00e1gica\u201d un hecho que en su momento nos sorprendi\u00f3 por lo atrevido pero que, pensado a la distancia, tiene cierta explicaci\u00f3n; \u00e9ste tiene que ver con la verosimilitud de la obra de arte, cuesti\u00f3n que se viene discutiendo desde la <em>Po\u00e9tica<\/em> de Arist\u00f3teles hasta nuestros d\u00edas.<br \/>\nEn el texto sofocleo los habitantes de Colono, horrorizados porque el espurio Edipo se hab\u00eda refugiado en un sitio sagrado como lo era el bosque de las Eum\u00e9nides, lo instan a que se retire de inmediato de ese recinto pues viola un espacio sagrado. Mas el m\u00edsero desterrado dice que lo har\u00e1 s\u00f3lo cuando venga el rey Teseo, a quien debe revelarle el secreto sobre un prodigio que acaecer\u00e1 tras su muerte (un or\u00e1culo hab\u00eda vaticinado que \u201cmuerto o vivo, te han de estar deseando los de aquella tierra para la prosperidad de su patria\u201d, vv. 389-390). As\u00ed, pues, los colonenses mandan llamar al monarca, seg\u00fan refiere la pieza de S\u00f3focles. Lo inesperado y original\u00edsimo de esta puesta fue que Teseo lleg\u00f3 al teatro en un brioso caballo blanco secundado por j\u00f3venes palafreneros; si pensamos que Colono es una aldea del \u00c1tica apartada pocos kil\u00f3metros de Atenas, no resulta descabellado que el rey hubiera recorrido ese trecho a caballo dadas la distancia y la premura del caso. Lo curioso y hasta \u201cpintoresco\u201d de la situaci\u00f3n fue que quien hac\u00eda de Teseo era un joven catapultado al estrellato por sus actuaciones televisivas; su aparici\u00f3n en escena provoc\u00f3 un alarido estent\u00f3reo entre los presentes, que lo ten\u00edan como \u00eddolo.<br \/>\nLa presencia del caballo en el marco de la escena, lo que resulta inveros\u00edmil en un teatro discursivo como lo fue el griego, me lleva a pensar en las diversas maneras de representar lo cl\u00e1sico, cuyo mensaje vive siempre resemantizado. Entiendo que Roland Barthes habr\u00eda aplaudido esta puesta si nos atenemos a lo que explica en su l\u00facido ensayo <em>\u00bfC\u00f3mo representar lo antiguo? (5)<\/em>, donde critica enf\u00e1ticamente la representaci\u00f3n de una pieza cl\u00e1sica de Esquilo en el Th\u00e9\u00e2tre Marigny debida a Jean-Louis Barrault. Este estudioso considera esa puesta inveros\u00edmil a causa de su deliberado af\u00e1n arcaizante (por ejemplo, el uso de coturnos y m\u00e1scaras). Ese prop\u00f3sito la volv\u00eda una pieza arqueol\u00f3gica y, por tanto, inactual. Bajo la lente de R. Barthes, la representaci\u00f3n de Edipo en Colono del Teatro Griego de Siracusa, motivo de esta nota, ser\u00eda, en cambio, veros\u00edmil. En tal sentido recordamos el parecer de Milan Kundera, para quien es preciso representar la obra de arte \u201cno s\u00f3lo a la antigua, te\u00f3ricamente, sino tambi\u00e9n en un sentido moderno: a trav\u00e9s de la praxis, del acto, del happening\u201d (6). Como colof\u00f3n, a la conocida sentencia unamuniana \u2013 \u201cPara novedades, los cl\u00e1sicos\u201d \u2013 a\u00f1adimos la atinada reflexi\u00f3n de Borges, \u201cS\u00ed, pero para recrearlos\u201d.<\/p>\n<p><em>Hugo Francisco Bauz\u00e1 es ensayista, Doctor en Filosof\u00eda y Letras, investigador Principal del Conicet, profesor consulto en la UBA y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires.<\/em><\/p>\n<p>Notas:<br \/>\n1. <em>El mundo tr\u00e1gico de S\u00f3focles. Divinidad, naturaleza, sociedad<\/em>, Madrid, Gredos, 2013.<br \/>\n2. Cf. Jean-Pierre Vernant \/ Pierre Vidal-Naquet, <em>Mythe et Trag\u00e9die en Gr\u00e8ce ancienne<\/em>, Par\u00eds, Librairie Fr. Maspero, 1972.<br \/>\n3. A la idea tradicional, magistralmente explicada por W. Jaeger en su Paideia, de que en el Edipo rey se da el proceso de crimen\/expiaci\u00f3n\/conocimiento, habr\u00eda que a\u00f1adirle la redenci\u00f3n del personaje a causa del sufrimiento que le depar\u00f3 el haber cometido, sin saberlo, actos monstruosos.<br \/>\n4. Cuenta Cicer\u00f3n (<em>De senectute<\/em>, VII 22) que S\u00f3focles fue acusado por sus hijos de descuidar los bienes de la familia ya que, en su vejez, empleaba casi todo su tiempo en componer piezas dram\u00e1ticas. Citado por el tribunal se present\u00f3 llevando en sus manos la tragedia Edipo en Colono que acaba de componer. La ley\u00f3 ante los jueces, pregunt\u00e1ndoles si quien hab\u00eda compuesto aquel poema (<em>illud carmen<\/em>) pod\u00eda ser considerado un enajenado debido a lo avanzado de su edad (el texto dice quaesisseque \u201cde un hombre que chochease\u201d). Los magistrados, tras escuchar tales versos de boca del ilustre anciano, lo absolvieron de la acusaci\u00f3n. En l\u00edneas generales los clasicistas consideran que esta an\u00e9cdota parece inventada (tengamos en cuenta, por ejemplo, que S\u00f3focles, en su vejez, era respetad\u00edsimo al punto de haber sido designado sacerdote de Colono; entonces, en Atenas, el sacerdocio no era una consagraci\u00f3n voluntariamente escogida, sino una distinci\u00f3n que le era conferida a un ciudadano en m\u00e9rito a un acto honroso). Independientemente de la veracidad o no de la an\u00e9cdota, esta vale por su valor simb\u00f3lico.<br \/>\n5. En <em>Ensayos cr\u00edticos<\/em>, Barcelona, Seix Barral, 1967, pp. 87-96.<br \/>\n6. <em>El libro de la risa y el olvido<\/em>, Buenos Aires, Seix Barral, 2007, pp. 106-107.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una invitaci\u00f3n de la Universit\u00e0 degli Studi di Palermo para participar de un ciclo de conferencias en la Facolt\u00e0 di Lettere de esa alta casa&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,2582,2581,2583],"class_list":["post-16118","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-edipo-en-colono","tag-siracusa","tag-teatro-griego"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4bY","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16118"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16120,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16118\/revisions\/16120"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}