{"id":16121,"date":"2020-07-25T08:35:00","date_gmt":"2020-07-25T11:35:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16121"},"modified":"2020-07-25T10:43:32","modified_gmt":"2020-07-25T13:43:32","slug":"olga-orozco-el-centenario-en-la-sombra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16121","title":{"rendered":"Olga Orozco, el centenario en la sombra"},"content":{"rendered":"<p>Su departamento del 9\u00b0 piso de la calle Arenales ten\u00eda un peque\u00f1o balc\u00f3n repleto de plantas. Eran tantas que casi no pod\u00eda verse hacia al exterior desde un interior dominado por muebles de noble madera y m\u00e1s plantas con flores. No alcanz\u00f3 la fama que permiten las instant\u00e1neas y las aglomeraciones aunque tiene el sitial reservado de una de las grandes poetas argentinas y, quiz\u00e1s, la \u00faltima de gran jerarqu\u00eda del siglo XX. Olga Orozco perteneci\u00f3 a mundo para iniciados donde est\u00e1 presente lo inasible, el tiempo, la memoria, la b\u00fasqueda de Dios y, con seguridad, la muerte como la acechanza m\u00e1s evidente de su magistral po\u00e9tica. Muri\u00f3 el 15 de agosto de 1999 lejos de su pampeana Toay natal, que hoy la evoca como la hija pr\u00f3diga de un mundo alucinado, repleto de fantasmas y sombras, y que la vio nacer el 17 de marzo de 1920. En 1928 la familia se traslad\u00f3 a Bah\u00eda Blanca, donde una sombrerera italiana le ense\u00f1ar\u00eda los secretos del tarot, y de all\u00ed, a Buenos Aires hacia 1936. Su llegada a la gran ciudad le permiti\u00f3 cursar estudios en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UBA (en la revista del Centro de Estudiantes publicaron por primera vez un poema suyo) as\u00ed como aproximarse al surrealismo argentino, donde descollaba la personalidad chispeante de Oliverio Girondo. \u201cLo conoc\u00ed en 1939 en una comida de escritores donde \u00e9l devoraba una polenta con pajaritos. No pude evitar una l\u00e1grima piadosa con esos fr\u00e1giles huecesitos que cruj\u00edan en sus fauces. De pronto rechaz\u00f3 el plato y exclam\u00f3: \u2018No puedo comer cuando una ninfa llora\u2019\u201d, recordar\u00eda Orozco a prop\u00f3sito de su primer encuentro con el autor de <em>Espantap\u00e1jaros<\/em>, el inicio de una amistad que se prologar\u00eda toda la vida. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde formar\u00e1 parte de la revista <em>Canto<\/em>, acompa\u00f1ando a su esposo Miguel \u00c1ngel G\u00f3mez, que fue el director junto a Julio Marsagot y Eduardo Calamaro (s\u00f3lo hubieron dos ediciones).<br \/>\nPublic\u00f3 su primer libro a instancias de Rafael Alberti, que ley\u00f3 en una fiesta la revista y la se\u00f1al\u00f3 entre los mejores escritores de la publicaci\u00f3n, as\u00ed como a Enrique Molina (con quien Orozco vivi\u00f3 un apasionado romance entre 1944 y 1948). En esa tertulia estaba tambi\u00e9n Gonzalo Jos\u00e9 Bernardo Juan Losada Ben\u00edtez, que confi\u00f3 en la recomendaci\u00f3n y en 1946 edit\u00f3 en Losada su primer libro titulado <em>Desde lejos<\/em>. Pese a la gran agitaci\u00f3n pol\u00edtica del momento, que se reflejaba en el campo de las artes, ser\u00e1 la muerte la protagonista de su escritura. Pero no la muerte heroica del campo de batalla, el sacrificio ante el ideal o la tragedia que se impone, sino el mundo espectral de seres conocidos que se acercan susurrando desde otro plano, con la muerte como alteridad y entendimiento dentro de un camino presente desde la vida: \u201cEsperadme, esperadme, inasibles criaturas del roc\u00edo, porque despertar\u00e9 \/ y hermoso ser\u00e1 subir, bajo id\u00e9ntico tiempo, \/ las altas grader\u00edas de la ciudad del sol y las tormentas, \/ y repetir a\u00fan, sin desamparo, las radiantes edades que la tierra enamora\u201d. (\u201cQuienes rondan la niebla\u201d).<br \/>\nAl v\u00ednculo on\u00edrico de las im\u00e1genes del surrealismo, la autora a\u00f1ade la dimensi\u00f3n metaf\u00edsica en un di\u00e1logo permanente con Dios. La met\u00e1fora simb\u00f3lica del m\u00e1s all\u00e1 se profundizar\u00e1 en Las muertes (1952), donde subyace el poema hom\u00f3nimo y desde donde pueden resumirse las constantes po\u00e9ticas: la muerte, la metaf\u00edsica del ser, lo on\u00edrico, el ritual y el paso del tiempo con anclaje en el pasado. Esa obra de juventud es el catalizador de toda su literatura posterior.<br \/>\nPero hab\u00eda en paralelo otra Olga Orozco. Con su gravitante voz hac\u00eda comentarios sobre teatro cl\u00e1sico espa\u00f1ol y argentino y participaba de radioteatros en Radio Municipal, y luego tambi\u00e9n en Radio Splendid, en la compa\u00f1\u00eda de Nydia Reynal y H\u00e9ctor Coire. Seguramente all\u00ed conoci\u00f3 al actor Jos\u00e9 Mar\u00eda Guti\u00e9rrez, quien fue su pareja, y juntos tuvieron un bar-happening denominado \u201cLa Fantasma\u201d en San Telmo, epicentro de tertulias de los poetas, donde se paseaba disfrazada de fantasma. En ese bar se producir\u00e1 el encuentro entre Olga Orozco y Alejandra Pizarnik, quien le entreg\u00f3 algunos poemas que luego aparecer\u00edan en La tierra m\u00e1s ajena, y sellaron una amistad inquebrantable hasta el suicidio de Pizarnik en 1972. Pese a los direccionamientos diferentes, estaban emparentadas creativamente en lo metaf\u00edsico, con un mismo punto de partida, lo apocal\u00edptico y el deseo; en un caso el deseo ante la p\u00e9rdida (Orozco) y en el otro, como escape de la pulsi\u00f3n sexual (Pizarnik).<br \/>\nEn 1979, ya con varios libros publicados, en <em>Mutaciones de la realidad<\/em> dedic\u00f3 \u201cPavana para una infanta difunta\u201d a Alejandra Pizarnik: \u201c\u00a1Ah los estragos de la poes\u00eda cort\u00e1ndote las venas con el filo del alba, \/ y esos labios exang\u00fces sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra! \/ Y de pronto no hay m\u00e1s. \/ Se rompieron los frascos. \/ Se astillaron las luces y los l\u00e1pices. \/ Se desgarr\u00f3 el papel con la desgarradura que te desliza en otro laberinto. \/ Todas las puertas son para salir. \/ Ya todo es el rev\u00e9s de los espejos\u201d. Curiosamente un fin concreto que no observa atisbos desde otro mundo y para el cual no hay retornos ni mitificaciones.<br \/>\nEntre <em>Las muertes<\/em>, cuya edici\u00f3n original cuenta con ilustraciones de Juan Battle Planas, y <em>Los juegos peligrosos<\/em>, su siguiente trabajo, existe una pausa de diez a\u00f1os. Este libro explicita un mundo interior donde est\u00e1n presentes la cartomancia, la astrolog\u00eda e incluso el peligroso juego del amor. Es un libro de fractura del mundo tangible, donde lo desconocido e inasible toma posesi\u00f3n, invadiendo el \u00e1mbito de lo real. Este libro expande los l\u00edmites del verso de 13 a incre\u00edbles 112, entre el poema m\u00e1s corto y el m\u00e1s largo, y Los juegos peligrosos convierte a Olga Orozco en una poeta dentro del canon porque gana el entonces influyente Primer Premio Municipal de Poes\u00eda en 1962. A partir de ese libro el surrealismo de algunos primeros poemas es abandonado de pleno a favor de la obra org\u00e1nica que indaga el misterio personal y no existen fronteras entre la realidad y la b\u00fasqueda ontol\u00f3gica de Dios. No casualmente su siguiente libro de poemas, <em>Museo salvaje<\/em> (1974) \u2013escribe en 1967 La oscuridad es otro sol como aproximaci\u00f3n a una narrativa po\u00e9tica autobiogr\u00e1fica\u2013 desnude el artificio literario y lo exponga sin miramientos.<br \/>\nLos \u201860 tambi\u00e9n fueron para Olga Orozco una aproximaci\u00f3n al periodismo, como redactora de la revista femenina <em>Claudia<\/em>, donde lleg\u00f3 a utilizar ocho seud\u00f3nimos escribiendo sobre los temas m\u00e1s variados: \u201cConsultorio sentimental\u201d por Valeria Guzm\u00e1n, \u201cLibros\u201d por Mart\u00edn Y\u00e1nez; \u201cComentarios cient\u00edficos\u201d por Jorge Videla; \u201cOcultismo\u201d por Richard Reiner; Temas varios por Sergio Medina; notas fr\u00edvolas por Carlota Ezcurra; \u201cModa\u201d por Elena Prado y las biogr\u00e1ficas por Valent\u00edn Charpentier. La directora de <em>Claudia<\/em> quiso compilar sus notas period\u00edsticas pero ella se neg\u00f3. Asimismo, entre 1968 y 1974 trabaj\u00f3 junto a Mar\u00eda Julia Onetti (prima de Juan Carlos Onetti), en el hor\u00f3scopo del diario <em>Clar\u00edn<\/em>, donde compart\u00edan la firma \u201cCanopus\u201d.<br \/>\nEsa d\u00e9cada signific\u00f3 tambi\u00e9n la llegada del amor. En un viaje a Par\u00eds conoci\u00f3 al arquitecto Valerio Peluffo, al que reencontr\u00f3 en una reuni\u00f3n de amigos en Buenos Aires y donde la due\u00f1a de casa pidi\u00f3 una tirada de tarot; y \u00e9l tambi\u00e9n: \u201cLe dije que estaba muy deprimido porque acababa de tener una ruptura de car\u00e1cter afectivo. Pero que no se preocupara, que la mujer de su vida estaba a sus puertas. Que era una mujer morena, de ojos claros, que era artista, una mujer muy sensible, muy inteligente, generosa, comprensiva\u2026 una mujer fant\u00e1stica. Y \u00e9l anotaba absolutamente todo. Despu\u00e9s me llev\u00f3 a casa, sigui\u00f3 llam\u00e1ndome por tel\u00e9fono, fuimos a comer, vimos Bonino aclara ciertas dudas, fuimos al teatro, bueno, despu\u00e9s nos casamos. Cuando yo hac\u00eda algo que no le gustaba sacaba el papel y me dec\u00eda: \u2018Mir\u00e1 el retrato que te hiciste\u2019, y yo no pensaba para nada que estaba hablando de m\u00ed\u201d, confi\u00f3 en una entrevista televisiva. Vivieron juntos hasta la muerte de Peluffo en 1990. Cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde el libro Con esta boca, en este mundo lo recuerda: \u201cAh, si pudiera encontrar en las paredes blancas de la hora m\u00e1s cruel \/ esa larga fisura por donde te fuiste, \/ ese tajo que atraves\u00f3 el pasado y cort\u00f3 el porvenir\u201d (\u201cEn la brisa, un momento\u201d). En 1971 Olga recibi\u00f3 en Buenos Aires el Gran Premio de Honor de la Fundaci\u00f3n Argentina para la Poes\u00eda.<br \/>\nPero 1977 ser\u00e1 el a\u00f1o de uno de sus trabajos m\u00e1s importantes con <em>Cartas a Berenice<\/em>. Berenice proviene de un poema de Cal\u00edmaco (La cabellera de Berenice), y si bien a su autor se lo reconoce como \u201cpadre de la bibliotecolog\u00eda\u201d, en el caso del poema donde Berenice ofrece su cabellera a Afrodita relucen los astros, tanto es as\u00ed que una constelaci\u00f3n luego fue bautizada de tal modo. Aunque el nombre tambi\u00e9n puede rastrearse en un cuento de Edgar Allan Poe vinculado al horror de ultratumba. Pero tambi\u00e9n el nombre griego Berenice significa \u201cportadora de la victoria\u201d.<br \/>\nSeguramente demasiada referencia hist\u00f3rica y literaria para la aut\u00e9ntica depositaria del nombre y la dedicatoria: una peque\u00f1a gatita vagabunda que lleg\u00f3 a la ventana de Olga Orozco a trav\u00e9s de una tabla que ella extendi\u00f3 sobre un patio, y que cri\u00f3 con infinito amor durante 15 a\u00f1os y medio. Como suerte de t\u00f3tem sagrado para la escritora trascend\u00eda el perfil de una simple mascota y era todo un universo de sentido. En sus conversaciones con Gloria Alcorta para el libro <em>Traves\u00edas<\/em>, resume: \u201cCuando yo trabajaba y ten\u00eda un horario para levantarme o me quedaba dormida, Berenice me tiraba de la manta a la hora se\u00f1alada; se trepaba a la cama y yo me despertaba como con un zorro alrededor del cuello. Le escrib\u00ed un libro cuando muri\u00f3, los <em>Cantos a Berenice<\/em>, que son diecisiete cantos\u201d, el libro a trav\u00e9s de Berenice resulta una meditaci\u00f3n contemplativa de las fuerzas ocultas y tambi\u00e9n sobre las variaciones del tiempo.<br \/>\n<em>Cantos a Berenice<\/em> es un libro plurifac\u00e9tico. Est\u00e1 dedicado a una relaci\u00f3n tempo-espacial ejemplificada en una suerte de diario sobre la relaci\u00f3n de la escritora con su gata, que se convierte asimismo en sujeto depositario de un halo de leyenda. Pero es un destinatario con una relaci\u00f3n sujeto-objeto en permanente transmutaci\u00f3n a trav\u00e9s de todo el libro, lo cual sirve para reafirmar el desdoblamiento metaf\u00edsico de la protagonista dentro del v\u00ednculo interno del relato entre destinatario-hablante.<br \/>\nLos a\u00f1os \u201980 ser\u00e1n de reconocimiento pleno, principalmente desde el Gran Premio del Fondo Nacional de la Artes en 1980, al que suceder\u00e1n el Primer Premio de Poes\u00eda Esteban Echeverr\u00eda (1981), Primer Premio de la Fundaci\u00f3n Fortabat (1987), Primer Premio Nacional de Poes\u00eda (1988), Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1989), as\u00ed como la L\u00e1urea de Poes\u00eda de la Universidad de Tur\u00edn (1989). Esos a\u00f1os felices se encuentran enmarcados en la producci\u00f3n de <em>Mutaciones de la realidad<\/em> (1979) y <em>En el rev\u00e9s del cielo<\/em> (1987), existiendo entre ambos tambi\u00e9n <em>La noche boca arriba<\/em> (1984), que confirma un balance de dos libros por d\u00e9cada producidos por la autora, a excepci\u00f3n de los setentas, sin duda los m\u00e1s prol\u00edficos de su carrera.<br \/>\n<em>Mutaciones de la realidad<\/em> (1979) es el libro que m\u00e1s condensa su po\u00e9tica sobre el tiempo, en relaci\u00f3n al an\u00e1lisis del fluir de la cronolog\u00eda, a trav\u00e9s de una perspectiva autoconsciente. En Variaciones sobre el tiempo demuestra que el car\u00e1cter dual de la dimensi\u00f3n metaf\u00edsica de anta\u00f1o ha cambiado. El tiempo se agota y no ofrece la seguridad de la alteridad. Es la herida sin alternativas pero tambi\u00e9n a lo que debe ofrec\u00e9rsele resistencia, y adquiere la dimensi\u00f3n de una pregunta que todo lo envuelve. El tiempo es destructor y la muerte una presencia.<br \/>\nEl sentido religioso, en cambio, se impone en <em>La noche a la deriva<\/em> (1984), y aquilata la despedida terrena en <em>En el rev\u00e9s del cielo<\/em> (1987), con una voz constante en la b\u00fasqueda de Dios. En <em>Traves\u00edas<\/em>, con la oportuna coordinaci\u00f3n de Antonio Requeni, confirma esta reflexi\u00f3n: \u201cYo soy absolutamente religiosa. Tengo tal vez un exceso de fe y creo m\u00e1s en lo que no veo que en lo que veo\u201d, dijo. Las huellas del catolicismo mariano de su infancia y juventud se funden con los ritos orientales y el culto pagano, lo cual permite situar su trabajo en la consumaci\u00f3n de cierto gnosticismo que crea diversos perfiles de su obra y de su entendimiento con la fe.<br \/>\nEn 1990 recibi\u00f3 el Premio \u201cSan Mart\u00edn de Tours\u201d al m\u00e9rito literario; un a\u00f1o m\u00e1s tarde viaja a Espa\u00f1a invitada por la Universidad de Salamanca para un encuentro del que tambi\u00e9n participaron el chileno Gonzalo Rojas, el colombiano \u00c1lvaro Mutis, el peruano Emilio Adolfo Westphalen y el puertorrique\u00f1o Francisco Matos Paoli. Dos a\u00f1os despu\u00e9s recibi\u00f3 el Gran Premio de Honor de la Fundaci\u00f3n Alejandro Shaw y en 1994 el Premio K\u00f3nex de Platino de la Fundaci\u00f3n Konex. En 1995 viaj\u00f3 a Washington para recibir el Premio Gabriela Mistral de la OEA, y aqu\u00ed gan\u00f3 el Premio Fundaci\u00f3n El Libro (1995) y el Premio de Honor de la Academia Argentina de Letras (1995).<br \/>\nEn 1993 la tambi\u00e9n poeta Alina Diacon\u00fa la convoca para un libro en homenaje a Alberto Girri, a quien Orozco dedic\u00f3 el poema \u201cEspejo en lo alto\u201d, que luego incluy\u00f3 en su \u00faltimo libro publicado en vida, <em>Con esta boca, en este mundo<\/em> (1994). Sus otros libros, con poemas in\u00e9ditos, relatos de infancia, antolog\u00edas y compilaciones, fueron <em>El cerco de Tamarindo<\/em> (1995), <em>Tambi\u00e9n la luz es un abismo<\/em> (1995), <em>Eclipses y fulgores<\/em> (1998) y <em>Rel\u00e1mpagos de lo invisible<\/em> (1998).<br \/>\nGustaba de los chocolates con churros de la confiter\u00eda El Cervatillo, de las plantas de su balc\u00f3n, de haber regresado luego de muchos a\u00f1os a la casa de Suipacha 1444, donde hab\u00edan vivido Oliverio Girondo y Norah Lange y sus infinitas tertulias hasta el amanecer. \u201cAll\u00ed conoc\u00ed a Lysandro Galtier, de quien fui muy amiga, a Xul Solar, Rojas Paz, C\u00f3rdova Iturburu y Evar M\u00e9ndez. A Molinari lo reencontr\u00e9, porque ya lo conoc\u00eda. Tambi\u00e9n conoc\u00ed all\u00ed a Ulyses Petit de Murat, de quien fui muy amiga, y a Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, que era muy gracioso\u201d, se\u00f1alar\u00eda en Traves\u00edas.<br \/>\nEl final f\u00edsico no tuvo poes\u00eda: la necesidad de un by-pass, un debilitamiento que preanunciaba el adi\u00f3s, papeles en orden para un camino a la cl\u00ednica sin retorno y una mano sostenida por la de Andrea Guti\u00e9rrez, ante la perduraci\u00f3n del misterio.<br \/>\nEn 1998, al recibir el premio de literatura de Am\u00e9rica Latina y el Caribe Juan Rulfo en M\u00e9xico, en un ejemplificador discurso de aceptaci\u00f3n Olga Orozco se\u00f1al\u00f3: \u201cLa poes\u00eda no admite otros compromisos ni otras presiones que los que la ley impone a su existencia o a su naturaleza misma, y que var\u00edan de acuerdo con los reglamentos interiores de cada poeta. En cambio, sus posibilidades de liberaci\u00f3n son incalculables\u201d.<\/p>\n<p><em>Pablo De Vita es cr\u00edtico cinematogr\u00e1fico, profesor universitario y periodista cultural<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su departamento del 9\u00b0 piso de la calle Arenales ten\u00eda un peque\u00f1o balc\u00f3n repleto de plantas. 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