{"id":16237,"date":"2020-09-29T20:12:36","date_gmt":"2020-09-29T23:12:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16237"},"modified":"2020-09-29T20:12:39","modified_gmt":"2020-09-29T23:12:39","slug":"la-misa-despues-de-la-pandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16237","title":{"rendered":"La misa despu\u00e9s de la pandemia"},"content":{"rendered":"<p>Finalmente est\u00e1n por retomarse las misas en Italia, y volver\u00e9 a participar de la liturgia con alegr\u00eda. No pertenezco al n\u00famero de cat\u00f3licos practicantes que sufrieron mucho esta ausencia y consideraron que significaba un grave vac\u00edo en la vida espiritual. Creo m\u00e1s bien que la pandemia, al obligarnos a renunciar a las misas pero permiti\u00e9ndonos visitar las iglesias abiertas y vac\u00edas, ha sacudido oportunamente una frecuentaci\u00f3n religiosa a menudo resultado del h\u00e1bito, en algunos casos vivida como una ocasi\u00f3n social, signada en muchos fieles por una participaci\u00f3n superficial, algo tediosa. Esperemos tambi\u00e9n que con el reanudar de las misas mejoren las homil\u00edas, que eran cada vez m\u00e1s pobres, deshilvanadas, previsibles y a menudo largas.<br \/>\nCuriosamente, las misas online han puesto al fiel en contacto directo con el sacerdote, le permitieron seguir de cerca la liturgia, con menos ocasiones de distracci\u00f3n y una mayor comprensi\u00f3n de la celebraci\u00f3n. Claro est\u00e1 que faltaba la comunidad, ya no m\u00e1s el sentido de pertenencia advertido sobre todo en el saludo de la paz; pero esa ausencia significaba de todos modos la exigencia de formar parte de algo m\u00e1s grande, que antes d\u00e1bamos por descontado. Ahora ya no hay nada que pueda darse por descontado.<br \/>\nLa brusca interrupci\u00f3n de las acostumbradas misas dominicales \u2013con participaci\u00f3n de numerosas personas mayores\u2013 ha puesto en primer plano un problema de fondo. \u00bfQu\u00e9 es una pertenencia religiosa? \u00bfEn qu\u00e9 consiste creer, y c\u00f3mo podemos demostrarlo primero a nosotros mismos antes que a los dem\u00e1s?<br \/>\nLa cuesti\u00f3n no tuvo tanto que ver con la ausencia de las misas. Mientras sacerdotes y te\u00f3logos discut\u00edan sobre la comuni\u00f3n espiritual o la necesidad de participar f\u00edsicamente de los ritos, para todos nosotros \u2013creyentes y no creyentes\u2013 la muerte se convert\u00eda en un fantasma de categ\u00f3rica y temerosa actualidad; y a la religi\u00f3n se le ped\u00eda nuevamente lo que s\u00f3lo la religi\u00f3n puede dar: una respuesta ante la muerte y sobre lo que suceder\u00e1 despu\u00e9s.<br \/>\nEn esto pensaba al entrar en las iglesias abiertas pero silenciosas y vac\u00edas, que nos constre\u00f1\u00edan \u2013como la larga soledad dom\u00e9stica a la cual estamos obligados\u2013 a mirar dentro de nosotros mismos, a preguntarnos cu\u00e1l es nuestra relaci\u00f3n con la muerte, y por lo tanto con Dios. Una relaci\u00f3n \u00edntima e intensa, finalmente afrontada al abrirnos a una voz interior que acaso ya no est\u00e1bamos acostumbrados a escuchar. Una relaci\u00f3n ya no mediada por un sacerdote con la propuesta de reglas morales ni por la experiencia concreta de los sacramentos, sino por un trato directo, que apunta al centro de la cuesti\u00f3n: en efecto, las religiones siempre han servido para pensar la muerte, para mirarla de frente, para tornarla rito, de manera de transformar un hecho natural en un evento cultural que nos ayude a vivir nuestros miedos.<br \/>\nYa no est\u00e1bamos acostumbrados a pensar en la muerte, expulsada de la vida cotidiana. Los cementerios, a menudo desiertos y abandonados; los funerales organizados en horas de improbable participaci\u00f3n, de manera casi clandestina. Durante el rito religioso, cuando lo hab\u00eda, el sacerdote se cuidaba de no referirse a la muerte o a la vida eterna, hablaba sobre todo de amor, palabra tan repetidamente evocada que hab\u00eda perdido significado. Ciertamente tambi\u00e9n en esos casos nos encontr\u00e1bamos frente a nuestra muerte, pero todo estaba predispuesto para que pudi\u00e9ramos regresar lo antes posible a una cotidianidad donde ella no tiene espacio.<br \/>\nCon la epidemia, en cambio, la muerte vuelve a nuestras fantas\u00edas, a nuestros miedos. Los moribundos que exhalan su \u00faltimo suspiro solos, sin la compa\u00f1\u00eda de sus seres queridos, nos recuerdan la funci\u00f3n de los ritos de pasaje y del acompa\u00f1amiento en el \u00faltimo momento de quienes mueren. Los ata\u00fades trasladados sin funerales, en camiones militares, a cementerios alejados, ayudan a comprender, m\u00e1s que muchas palabras, qu\u00e9 importantes son los rituales del adi\u00f3s y poder visitar las tumbas. La muerte, que hab\u00edamos relegado a los hospitales y que pretend\u00edamos mantener lejos, ha vuelto a plantearnos las misteriosas preguntas de siempre. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene la vida humana? \u00bfEl amor permanece despu\u00e9s de la muerte? \u00bfEse pasaje del tiempo que termina al tiempo del infinito no necesita rituales para ayudar al alma de quien muere?<br \/>\nPor lo general, ninguna palabra en este sentido surgi\u00f3 de las jerarqu\u00edas eclesiales, que se limitaron a discutir sobre las misas y a invocar ayudas para los m\u00e1s pobres, que sin duda ser\u00e1n dram\u00e1ticamente m\u00e1s numerosos. Como si ir a misa y ser solidarios pudieran constituir la respuesta a todo problema, y sobre todo al tema central de la muerte.<br \/>\nLas \u00fanicas palabras a este prop\u00f3sito, simples pero llenas de antigua sabidur\u00eda, se dieron en Italia gracias al obispo de B\u00e9rgamo, cuando les pidi\u00f3 a m\u00e9dicos y enfermeros, comprometidos en una lucha sin cuartel contra el virus, creyentes y no creyentes, que bendijeran a los tantos que mor\u00edan solos en las salas de los hospitales. Record\u00f3 de esta manera que basta estar bautizados para poder bendecir a quien muere, para poder ayudarlo a realizar el paso del m\u00e1s all\u00e1 sin sentirse abandonado.<br \/>\nMuchos cristianos recordaron entonces algo que ya no suele evocarse: el esc\u00e1ndalo de la resurrecci\u00f3n, a trav\u00e9s del cual Jes\u00fas ha vencido la muerte. Sin esta novedad, escrib\u00eda Wittgenstein, hubiera sido solamente un l\u00edder pol\u00edtico como tantos otros.<br \/>\nLos acontecimientos de estos meses, las desgracias en las que estamos todos involucrados, han tenido y seguir\u00e1n teniendo un efecto en la vida de la Iglesia, pero ese efecto no se detallar\u00e1 seguramente con las estad\u00edsticas de la participaci\u00f3n a las misas. Porque se trata de un cambio interior, ya que cada uno ha estado frente a la muerte y a su relaci\u00f3n con Dios en una soledad que aliment\u00f3 su vida espiritual, aunque no tenga todav\u00eda plena conciencia. No s\u00e9 si aumentar\u00e1n los participantes de las misas. Creo que ser\u00e1n m\u00e1s los que entrar\u00e1n en las iglesias vac\u00edas, tal como aprendieron en estos meses. Para un instante de reflexi\u00f3n, para escuchar dentro de s\u00ed si puede hallar una posible respuesta, si poseemos a\u00fan en nosotros lugar para una audaz esperanza en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Lucetta Scaraffia es historiadora, periodista, dirigi\u00f3 durante siete a\u00f1os el suplemento femenino de L&#8217;Osservatore Romano.<\/em><\/p>\n<p><em>Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Mar\u00eda Poirier<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Finalmente est\u00e1n por retomarse las misas en Italia, y volver\u00e9 a participar de la liturgia con alegr\u00eda. 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