{"id":16240,"date":"2020-09-29T20:18:04","date_gmt":"2020-09-29T23:18:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16240"},"modified":"2020-09-29T20:18:05","modified_gmt":"2020-09-29T23:18:05","slug":"producir-o-perecer-el-mandato-de-la-academia-contemporanea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16240","title":{"rendered":"Producir o perecer: el mandato de la academia contempor\u00e1nea"},"content":{"rendered":"<p>Escuch\u00e9 por primera vez la expresi\u00f3n <em>publish or perish<\/em> (\u201cpublica o perece\u201d) en un taller de escritura acad\u00e9mica durante mi primer a\u00f1o de doctorado sobre Estudios Isl\u00e1micos en la Universidad Libre de Berl\u00edn. Si bien la expresi\u00f3n me era nueva, no me hac\u00edan falta explicaciones para comprender su significado. En el mundo acad\u00e9mico de hoy escribir es, antes que nada, una estrategia de supervivencia, no s\u00f3lo en el sentido metaf\u00f3rico de mantenerse activo como miembro del gremio cient\u00edfico sino en el mucho m\u00e1s concreto de conseguir los recursos m\u00ednimos para pagar una renta modesta y una alimentaci\u00f3n digna. Las aspiraciones de consumo de un acad\u00e9mico sin plaza (es decir, la mayor\u00eda de los acad\u00e9micos que sostienen las labores de docencia e investigaci\u00f3n en las universidades contempor\u00e1neas) cada vez se parecen menos a las de la clase media y m\u00e1s a las de la clase trabajadora. Esa precarizaci\u00f3n del trabajo acad\u00e9mico no es producto de la falta de recursos econ\u00f3micos sino de pol\u00edticas concretas para transformar a las universidades en el mundo contempor\u00e1neo. En efecto, las universidades con peores condiciones laborales de la mayor parte de la planta docente son a su vez las m\u00e1s prestigiosas del mundo occidental: las antiguas universidades brit\u00e1nicas (Oxford y Cambridge) y las famosas instituciones de la llamada \u201cIVY league\u201d en los Estados Unidos. En la lucha por la supervivencia dentro de ese sistema deliberadamente precarizado, la escritura tiene un papel central porque se la entiende como el producto mensurable del m\u00e9rito acad\u00e9mico. Una vez dentro de ese sistema, hay que escribir o perecer porque despu\u00e9s de m\u00e1s de una d\u00e9cada de especializaci\u00f3n en una disciplina cient\u00edfica o human\u00edstica, dif\u00edcilmente se cuenta con la preparaci\u00f3n para desempe\u00f1arse en otro \u00e1mbito laboral y, de hacerlo, nos acompa\u00f1a el oprobio del fracaso. Pero no s\u00f3lo nos sostiene el miedo al fracaso o el deseo del \u00e9xito \u2013alcanzar la estabilidad laboral y el prestigio de una plaza permanente en alguna universidad\u2013; lo que nos mantiene trabajando en un entorno cada vez m\u00e1s hostil y con menos esperanzas de futuro es el amor por el trabajo intelectual, por la educaci\u00f3n y por la escritura en s\u00ed.<br \/>\nParticularmente en los cada vez m\u00e1s defenestrados \u00e1mbitos de las ciencias sociales y las humanidades, aunque tambi\u00e9n en las llamadas ciencias \u201cduras\u201d (pienso en los divulgadores de la ciencia cuyos libros despertaron mi inter\u00e9s por la f\u00edsica y la biolog\u00eda) quienes elegimos profesiones cuya tarea m\u00e1s visible es escribir lo hicimos porque amamos la escritura, porque escribir es un acto que nos vincula, nos coloca en un mundo en donde leemos y nos leen, y hallamos en el texto una posibilidad m\u00e1s profunda para el encuentro con los otros de lo que normalmente permite la comunicaci\u00f3n oral: volvemos a los textos que nos conmovieron o nos hicieron pensar para reencontrarnos con nuestras reflexiones y para re-crearlas. Bien dec\u00eda Borges que el libro es una extensi\u00f3n de la memoria, yo a\u00f1adir\u00eda que no es una memoria individual sino compartida en ese \u00e1mbito misterioso y f\u00e9rtil que une y separa simult\u00e1neamente al escritor y al lector. Para quien ama la escritura (de cualquier g\u00e9nero), escribir es tambi\u00e9n una necesidad personal, escribimos muchas cosas que nadie m\u00e1s lee porque escribir es una manera de pensar, de ordenar y reinventar el mundo interior, de formar proyectos que dotan de sentido a la vida.<br \/>\nEntendida as\u00ed, en la b\u00fasqueda personal del sentido de la vida y en el encuentro con los otros, la escritura existe como acto creativo, no como acto productivo. Sin embargo, desde hace algunas d\u00e9cadas el modelo neoliberal de \u201cexcelencia acad\u00e9mica\u201d que impera en las universidades occidentales (y en muchas de las periferias del occidente) nos ha sometido a sistemas de evaluaci\u00f3n que se basan en el volumen m\u00e1s que en el contenido de nuestra escritura (cu\u00e1ntas publicaciones ostenta nuestro CV), que determinan la calidad del texto no por sus aportaciones sino por su aceptaci\u00f3n en revistas y editoriales prestigiosas, y que reducen al m\u00ednimo indispensable la comunicaci\u00f3n con nuestros pares: la presentaci\u00f3n de un art\u00edculo en un congreso internacional, por ejemplo, no suele durar m\u00e1s de quince o veinte minutos en que dif\u00edcilmente se puede transmitir el trabajo de meses, a veces a\u00f1os, detr\u00e1s del texto que, si tenemos suerte, acaba en compilaciones y memorias que anhelamos no por la posibilidad de intercambiar ideas con otros colegas sino por los puntos que nos puede aportar esa publicaci\u00f3n para mantener o solicitar el financiamiento que sostiene no s\u00f3lo nuestra investigaci\u00f3n, sino nuestra vida. Publica o perece.<br \/>\nEntendido como producto, el texto acad\u00e9mico est\u00e1 hueco, se vuelve un mero signo de estatus en un sistema jer\u00e1rquico que promete prestigio y una m\u00ednima seguridad laboral en un entorno cada vez m\u00e1s precario. Al mismo tiempo que se ha ido forjando la idea de la productividad acad\u00e9mica, las universidades e institutos se han convertido en espacios laborales m\u00e1s hostiles, cuyo funcionamiento depende ya en su mayor parte de profesores temporales con magros contratos. La lectura arbitrada que permite una de las pocas formas de evaluaci\u00f3n cualitativa que persisten en la academia contempor\u00e1nea se ha vuelto un trabajo sin paga (mal llamado \u201chonorario\u201d) que abruma a los ya sobrecargados profesores e investigadores y a menudo intuimos el fardo de la amargura en sus respuestas; de ah\u00ed la innumerable cantidad de chistes entre acad\u00e9micos sobre la maldad del \u201csegundo \u00e1rbitro\u201d (en ingl\u00e9s, <em>reviewer number two<\/em>) que obstaculiza las publicaciones que necesitamos desesperadamente.<br \/>\nPara alcanzar el \u00e9xito en la academia contempor\u00e1nea es preciso acostumbrarnos a pasar por la balanza de la productividad, a sobrevivir a los constantes filtros del sistema, a convertirnos en sus operadores vengativos y a ser los \u00e1rbitros m\u00e1s crueles de nuestra propia carencia productiva cuando el amor por la escritura, las ciencias y las artes no alcanza para vencer a la desesperanza y la soledad de este sistema. Esa costumbre inculca una moral del trabajo que nos hace sentirnos culpables del inconfesable pecado de la procrastinaci\u00f3n, ese s\u00edntoma de una enfermedad que nos supera y de la que no tendr\u00edamos que culparnos porque emerge de la necesidad de distanciarnos de una labor acelerada, precarizada y cada vez m\u00e1s carente de sentido propio. En la medida en la que normalizamos el sentimiento de culpa por necesitar pausas para poner nuestra labor en perspectiva, nos volvemos menos cr\u00edticos con las pr\u00e1cticas de simulaci\u00f3n de una producci\u00f3n acad\u00e9mica abundante que rozan, cuando no violan, los l\u00edmites de la \u00e9tica profesional: la publicaci\u00f3n de investigaciones a medio desarrollar, la apropiaci\u00f3n del trabajo de estudiantes y asistentes de investigaci\u00f3n en publicaciones de coautor\u00eda, la publicaci\u00f3n innecesariamente repetida del mismo trabajo con cambios de forma. La moral productiva y la \u00e9tica profesional se ven cada vez m\u00e1s enfrentadas. Nada de esto ser\u00eda necesario si acept\u00e1ramos que la escritura creativa no se puede juzgar con los mismos par\u00e1metros que la producci\u00f3n de mercanc\u00edas. Lo que anhelamos no es mucho: derechos laborales elementales y una comunidad de colegas que tengan tiempo de leernos y a los que podamos leer con el gusto y la calma que son condiciones indispensables para la cr\u00edtica constructiva. Cuando los escritores apasionados que dedicaron por lo menos una d\u00e9cada de su vida al sue\u00f1o de crear y comunicar ideas complejas huyen de la escritura y temen a sus lectores, sabemos que algo no est\u00e1 funcionando bien en la academia. El desaf\u00edo no es el \u00e9xito dentro del sistema actual, sino la recuperaci\u00f3n y reinvenci\u00f3n de entornos significativos para la escritura.<\/p>\n<p><em>Luc\u00eda Cirianni Salazar es Licenciada en Etnolog\u00eda y en Letras por la ENAH de M\u00e9xico, Master en Estudios de Asia con especialidad en el Medio Oriente<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escuch\u00e9 por primera vez la expresi\u00f3n publish or perish (\u201cpublica o perece\u201d) en un taller de escritura acad\u00e9mica durante mi primer a\u00f1o de doctorado sobre&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[389,914,2605],"class_list":["post-16240","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-academia","tag-investigacion","tag-texto-academico"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4dW","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16240","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16240"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16240\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16242,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16240\/revisions\/16242"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16240"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16240"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16240"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}