{"id":16243,"date":"2020-09-30T13:07:30","date_gmt":"2020-09-30T16:07:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16243"},"modified":"2020-09-30T19:59:58","modified_gmt":"2020-09-30T22:59:58","slug":"nuestro-orden-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16243","title":{"rendered":"Nuestro orden social"},"content":{"rendered":"<p>El orden social es una trama de v\u00ednculos de pertenencia y convivencia regidos por un cierto orden normativo. A este orden se suma un entramado de h\u00e1bitos que est\u00e1n vigentes en la pr\u00e1ctica m\u00e1s all\u00e1 de las leyes. Pr\u00e1cticas que condicionan nuestras opciones y decisiones, sean o no conformes a la \u00e9tica.<br \/>\nEl bien de todos depende de ese orden social, que se acrecienta en el respeto de las normas justas y se deteriora cuando las normas justas son violadas o se privilegia las pr\u00e1cticas por izquierda. Hoy en d\u00eda el orden mundial y el orden de los argentinos se ven alterados por la pandemia y cuando haya pasado esta crisis, nos encontraremos probablemente con un orden empeorado<br \/>\nLa Argentina lleg\u00f3 a 1983 con un consenso nuevo: los argentinos no quisimos nunca m\u00e1s gobiernos militares. Pero entre 1983 y 2020 no hemos alcanzado todav\u00eda un orden democr\u00e1tico pujante.<br \/>\nEl orden pol\u00edtico desde hace tiempo parece no diferenciar al Estado del Gobierno. A ello se suma una crisis de representaci\u00f3n en la medida en que no est\u00e1 claro qui\u00e9n es en realidad el primer mandatario. Los representados no estamos seguros de qui\u00e9n nos est\u00e1 representando.<br \/>\nNuestro orden federal est\u00e1 en deuda desde 1994. Todav\u00eda esperamos la ley de coparticipaci\u00f3n que la reforma de la Constituci\u00f3n dispuso que fuera promulgada unos meses despu\u00e9s, algo que no sucedi\u00f3.<br \/>\nPor su parte, nuestro orden judicial padece de la enfermedad de la procrastinaci\u00f3n. Una justicia lenta no es justa. El origen est\u00e1 muchas veces en la politizaci\u00f3n de la justicia o la juridizaci\u00f3n de la pol\u00edtica, y en algunos fueros \u2013y casos\u2013, en la corrupci\u00f3n.<br \/>\nNuestro orden p\u00fablico est\u00e1 atravesado por \u00edndices crecientes de criminalidad, incluyendo el narcotr\u00e1fico.<br \/>\nNuestro orden econ\u00f3mico financiero es el de un pa\u00eds endeudado en exceso, con inflaci\u00f3n desproporcionada y altos \u00edndices de desempleo, sin que conozcamos todav\u00eda el camino de salida.<br \/>\nNuestra historia econ\u00f3mica durante d\u00e9cadas nos ha habituado como sociedad a generar una demanda que supera la oferta disponible en cada momento.<br \/>\nNuestro orden impositivo es distorsionado y perjudicial directamente para el trabajo y los inversores, e indirectamente para el mismo Estado.<br \/>\nNuestro orden social muestra una alt\u00edsima proporci\u00f3n de j\u00f3venes en la categor\u00eda de \u201cni ni\u201d, sin una perspectiva de futuro o de realizaci\u00f3n de su potencial de personas.<br \/>\nPodr\u00edamos seguir con datos de nuestro orden precario en materia de educaci\u00f3n, salud, medio ambiente\u2026<br \/>\nEste orden desordenado que ostentamos es tambi\u00e9n parte de nuestra cultura, la cultura peculiar de los argentinos, que padece de anomia; el pobre acatamiento a las normas que es a la vez causa y efecto de nuestros problemas de convivencia.<br \/>\nSi rastre\u00e1ramos un poco nuestro pasado, podr\u00edamos encontrar una matriz de relativismo \u00e9tico subyacente.<br \/>\nCon el proceso de secularizaci\u00f3n llegaron pautas culturales que redujeron la noci\u00f3n del derecho natural y lo reemplazaron por el derecho del m\u00e1s fuerte. En este clima cultural se confunden viejas oposiciones como las de liberalismo y socialismo. Ambos pueden ser autoritarios y justificados por el positivismo jur\u00eddico.<br \/>\nEn este clima florece una cultura del relativismo \u00e9tico, donde la responsabilidad se diluye y la verg\u00fcenza y la culpa desaparecen. Es una cultura de principios cambiantes, a lo Groucho Marx.<br \/>\nNuestra cultura inflacionaria es en parte coherente con ese relativismo: nos conden\u00f3 a un presente arrastrado y fue una de las causas que hizo imposible imaginar y proyectar un futuro mejor, conden\u00e1ndonos al cepo del cortoplacismo.<br \/>\nNuestros propios defectos nos llevaron a un orden de pobreza del 40% de la poblaci\u00f3n, porcentaje que con la pandemia no dej\u00f3 de crecer y no sabemos a d\u00f3nde llegar\u00e1 dentro de algunos meses.<br \/>\nEsta larga lista de des\u00f3rdenes no es de \u201cellos\u201d, o de \u201cotros\u201d; es nuestra, la hicimos o la dejamos hacer nosotros. En parte, por algo que dice Juan Jos\u00e9 Sebreli: \u201cLa sociedad argentina est\u00e1 acostumbrada a vivir de mentiras\u201d.<br \/>\nUna de las mentiras que desordena la sociedad consiste en una lectura sesgada del pasado. Dice Norma Morandini: \u201cEl pasado\u2026 se ha convertido en problema\u201d. \u201cPor la tergiversaci\u00f3n, por las mentiras, por las interpretaciones ideol\u00f3gicas, no terminamos de entender que en una democracia, definida por su pluralidad, la memoria tambi\u00e9n debe ser plural para caminar hacia lo que es esquivo para los argentinos, la reconciliaci\u00f3n\u201d.<br \/>\nEn el orden que tenemos, la reconciliaci\u00f3n se ha convertido en una mala palabra para muchos argentinos. Y hay interesados en que esto siga as\u00ed.<br \/>\nEn parte de nuestra sociedad existe la convicci\u00f3n de un relato hist\u00f3rico sesgado ideol\u00f3gicamente, a partir del cual se quiere orientar el futuro en un cierto sentido y que se transmite en parte por los medios y los programas oficiales de educaci\u00f3n.<br \/>\nNuestra cultura inconstante, con algo de an\u00e1rquica, lleg\u00f3 a decir \u201cque se vayan todos\u201d. Por ese camino encontramos una palabra que mejor describe nuestra situaci\u00f3n de hoy: la grieta. Nuestro orden social est\u00e1 cruzado por una grieta.<br \/>\nEl ex presidente \u201cPepe\u201d Mugica, que como buen uruguayo nos conoce bien, dec\u00eda hace unas semanas: \u00abLa Argentina va a salir, pero el peor problema que tienen es la grieta, el odio que se tienen\u201d. Nuestra grieta no se produjo por sedimentaci\u00f3n o por accidente, es intencional. Es una grieta que venimos arrastrando hace tiempo porque desde dirigencias opuestas se busc\u00f3 polarizar a la ciudadan\u00eda con prop\u00f3sitos electorales.<br \/>\nLa voluntad popular es cambiante y de ambos lados de la grieta se supone ser representantes de una voluntad popular \u201cverdadera\u201d, r\u00edgida y eterna. Unos y otros nos sentimos \u201cargentinos de bien\u201d y consideramos ap\u00e1tridas o vendepatrias a los del otro lado. En esa intolerancia anida la voluntad o la a\u00f1oranza de un r\u00e9gimen de facci\u00f3n que no es aut\u00e9nticamente democr\u00e1tico.<br \/>\nLa grieta se muestra en falsas polarizaciones, por ejemplo, en las palabras de un ministro, que recientemente dijo: \u00abLa derecha del mundo se ampara en los derechos individuales. Nosotros los respetamos pero tenemos la obligaci\u00f3n de defender los derechos colectivos\u00bb. Ser\u00eda mejor decir que todos los derechos, individuales y colectivos, est\u00e1n para ser respetados y defendidos, sin grieta entre unos y otros.<br \/>\nAdem\u00e1s de la grieta, tenemos otro desorden: la corrupci\u00f3n, y en algunos casos el Poder Judicial tambi\u00e9n es sospechado. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda no crecer la corrupci\u00f3n si desde que se cre\u00f3 la Oficina de Anticorrupci\u00f3n ning\u00fan Gobierno dispuso que dependiera de una autoridad distinta del mismo Poder Ejecutivo que deb\u00eda ser auditado?<br \/>\nOtro desorden que nos caracteriza es la desproporci\u00f3n de los desarrollos entre las provincias y regiones del interior y el gigantismo de la megal\u00f3polis del AMBA, y las provincias son rehenes del Gobierno federal de turno. En medio de este desorden, no es de extra\u00f1ar que haya quienes se transformen en \u201cocupas\u201d de terrenos, sin importarles de qui\u00e9n son los t\u00edtulos de propiedad.<br \/>\nAdem\u00e1s de la grieta y la corrupci\u00f3n, hay una tercera distorsi\u00f3n en nuestro orden y es la que lleva el nombre de populismo, que, de derecha o izquierda, confunde al prejuzgar que todo lo que viene del pueblo es en principio bueno y santo. Como recuerda Natalio Botana, la gente quiere que haya populismo: \u201cAntes de ser una causa, las instituciones pol\u00edticas son un efecto; la sociedad las produce antes de ser modificada por ellas\u00bb. En efecto, el denostado populismo es una creaci\u00f3n de la propia sociedad.<br \/>\nLa nuestra es una cultura gregaria, con rasgos predemocr\u00e1ticos, refractaria a las reglas, una cultura del que \u201csi pasa, pasa\u201d, que envidia el \u00e9xito y sospecha del m\u00e9rito.<br \/>\nEl orden que ostentamos los argentinos deja mucho que desear, por lo tanto, \u00bfqu\u00e9 lugar ocupan los valores en nuestro orden?<br \/>\nLos valores son el m\u00f3vil que condiciona y orienta las convicciones, las opiniones, las decisiones y en definitiva las conductas, lo que queremos y esperamos de un orden social. Si eso son los valores, en nuestro orden la vigencia cultural de valores comunes es d\u00e9bil. Hay un creciente relativismo moral en la Argentina.<\/p>\n<p>Las encuestas con las que trabaja Marita Carballo, de Voices Research, se\u00f1alan que s\u00f3lo para un tercio de los argentinos las l\u00edneas directrices sobre el bien y el mal son claras y las reglas \u00e9ticas a seguir son indiscutibles; los dem\u00e1s se ubican en un escenario de incertidumbre o bien reconocen directamente que no hay br\u00fajula moral.<\/p>\n<p>El deterioro \u00e9tico de nuestra sociedad coincide con el deterioro econ\u00f3mico y pol\u00edtico registrado en lo que va del siglo. Nuestro orden \u00e9tico muestra la imagen de Jano, que al mismo tiempo tiene una cara virtuosa del deber ser y la otra cara de la realidad execrable. Entonces, \u00bfcu\u00e1l es la \u00e9tica, la de la mayor\u00eda? \u00bfCu\u00e1l es la \u201cmoralidad promedio\u201d?<br \/>\nJuan Grabois dijo: \u201cNo es culpa de Alberto ni de nadie, es un problema cultural de la pol\u00edtica\u201d. Las cosas que nos pasan, las que queremos que nos pasen y las que dejamos que nos pasen son parte de la cultura general y la cultura pol\u00edtica que hacemos nosotros mismos. Ahora bien, el orden, por desordenado que sea, se sostiene en el tiempo en la medida en que las conductas se alinean en torno de ciertos consensos b\u00e1sicos expl\u00edcitos o impl\u00edcitos, que de no ser cuestionados, se mantienen en vigencia.<br \/>\nEl mal humor y las tensiones pol\u00edticas y sociales preced\u00edan a la pandemia, pero \u00e9sta los acent\u00faa. As\u00ed llegamos al orden sui generis de hoy a partir de la convicci\u00f3n de que ciertas normas no ser\u00e1n respetadas y que eso no generar\u00e1 ni verg\u00fcenza ni sanciones.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 orden queremos vivir?<br \/>\nQueremos vivir en un pa\u00eds donde las conductas de los ciudadanos de a pie y sus dirigentes en todos los \u00f3rdenes, no solamente en la pol\u00edtica, se gu\u00eden por la vigencia efectiva de los valores comunes: la verdad, la libertad, la justicia y la paz.<br \/>\nQue para ello nuestros hijos y nietos sean educados en la fidelidad con esos valores.<br \/>\nQue elijamos dirigentes que se distingan por su compromiso con esos valores.<br \/>\nQue el discurso y el debate pol\u00edtico se ejerzan en el respeto y la exaltaci\u00f3n de esos valores.<br \/>\nQue la violaci\u00f3n de esos valores sea sancionada por la Justicia seg\u00fan las leyes y por la verg\u00fcenza de quienes los violan.<br \/>\nQueremos vivir en un orden donde pueda reinar la confianza: confianza en que nuestros pol\u00edticos fundar\u00e1n sus propuestas en estudios serios, en que sus promesas ser\u00e1n mantenidas cuando llegan al gobierno, en que ser\u00e1n veraces en las informaciones que nos brindan.<br \/>\nQueremos un orden econ\u00f3mico donde la confianza que no se mida en d\u00f3lares, en que el n\u00famero impreso en el billete ser\u00e1 siempre el mismo, sin cambiar de valor por la inflaci\u00f3n.<br \/>\nQueremos vivir en nuestra polis sin necesidad de salir a las calles como piqueteros o como manifestantes, confiando en la gesti\u00f3n de nuestras instituciones y nuestras dirigencias. Y que los ciudadanos designados como funcionarios o elegidos como representantes puedan generar confianza, porque han llegado por su idoneidad y no por acomodo.<br \/>\nOtra noci\u00f3n clave del orden que necesitamos es el consenso social y pol\u00edtico, cuya base fundamental no puede ser otra que la Constituci\u00f3n Nacional. Y no debemos equivocarnos, porque en el humus cultural que hemos creado abundan las confusiones. As\u00ed, por ejemplo, un ex ministro del Interior pudo decir: \u201cUnir a los argentinos no quiere decir que todos pensemos lo mismo, ni que tengamos los mismos valores, sino unirnos en pos de un objetivo\u201d. Creo que est\u00e1 en parte equivocado. Porque todos los argentinos s\u00ed debemos tener los mismos valores, los valores de la Constituci\u00f3n Nacional, aunque podamos diferir en los objetivos y los medios que se deciden en los debates parlamentarios. Nos ayudar\u00eda retomar el clima que se gener\u00f3 a comienzos de siglo con el consenso del Di\u00e1logo Argentino.<br \/>\nNecesitamos perseverancia y paciencia para renovar el consenso que desmienta la grieta y a quienes entre nosotros tienen inter\u00e9s en profundizarla. La pandemia est\u00e1 afectando la confianza en la pol\u00edtica y los consensos sociales en todo el mundo, y los efectos nos dejar\u00e1n una opci\u00f3n mejor que consensuar el camino de salida de la crisis. Cuando pase esta crisis global necesitaremos un consenso de consistencia \u00e9tica, sobre los valores, para un orden renovado. \u00bfC\u00f3mo podemos lograrlo? La palabra que mejor lo expresa es el cambio.<br \/>\nEs bueno ser conservador en lo que preserva el bien com\u00fan y ser reformista en lo que pudo haber sido bien com\u00fan en una \u00e9poca, pero ahora ya no lo es. Necesitamos el coraje colectivo para sacudir las falsas seguridades del \u201csiempre se hizo as\u00ed\u201d, despertar nuestra imaginaci\u00f3n y asumir la aventura de labrar el futuro. El mismo coraje para ponernos en actitud autocr\u00edtica respecto de nuestra cultura autocomplaciente.<br \/>\nSi la historia nos trajo al orden actual, necesitamos como el pan imaginar un orden del futuro, con etapas progresivas y un camino de consensos sobre pol\u00edticas de cambio que nos lleven a una Argentina confiable, sin grieta y sin corrupci\u00f3n.<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de los cambios que se producen espont\u00e1neamente, debemos acordar, generar y provocar los cambios virtuosos necesarios para el bien com\u00fan. No se trata de cualquier cambio, porque la tentaci\u00f3n del orden nuevo puede esconder atajos y trampas no democr\u00e1ticas, como alguno que se est\u00e1 intentando en el \u00e1mbito de la Justicia.<br \/>\nEn la Europa de la primera mitad del siglo XX era cierta la necesidad de cambiar el orden viejo. Pero las ideolog\u00edas que fomentaban la violencia no eran el mejor camino. No queremos el orden de una polarizaci\u00f3n antidemocr\u00e1tica, de la elecci\u00f3n de l\u00edderes por aclamaci\u00f3n, el orden de Carl Schmitt, \u201cal amigo todo, al enemigo ni justicia\u201d, un falso orden a costa de la libertad de pensamiento, opini\u00f3n y de prensa.<br \/>\nLos cambios en la pol\u00edtica, en la econom\u00eda y en la sociedad suponen focalizarse tambi\u00e9n en nuestra cultura, que ha sido, es y seguir\u00e1 siendo factura nuestra y que por tanto debemos asumir y cambiar como ciudadanos. Monse\u00f1or Stanovnik, en su reciente entrevista en esta revista, dec\u00eda que entre nosotros hay una suerte de colonizaci\u00f3n cultural que nos impide escuchar a todas las voces. El primer paso que podemos dar consiste en cultivar la cultura de la escucha, que es el paso natural previo al encuentro y al di\u00e1logo. La cultura de la escucha nos llevar\u00e1 a resignificar viejos slogans como los de \u201cliberaci\u00f3n o dependencia\u201d. Con ellos se pretendi\u00f3 justificar la violencia.<br \/>\nDe lo que se trata ahora es de liberarnos de falsos valores como el pragmatismo y el dogmatismo, que tienen alg\u00fan grado de vigencia y adherentes entre nosotros. Son como dos enfermedades que compiten entre s\u00ed para ver cu\u00e1l hace m\u00e1s da\u00f1o a un mismo cuerpo enfermo. Pragmatismo y dogmatismo son parte de la dependencia cultural de lo pol\u00edticamente correcto, que sirve para ocultar lo que no se quiere ver y para hacer propaganda de lo que le conviene a algunos.<br \/>\nHoy por hoy, nuestra cultura pol\u00edtica se asienta sobre las bases de la crisis de la representatividad pol\u00edtica que se verifica tambi\u00e9n en otras partes del mundo. Pr\u00e1cticas pol\u00edticas como la de legisladores que no son fieles al mandato de sus votantes, o que violan la incompatibilidad de ser a la vez legisladores y funcionarios, cuando la ley expresamente lo proh\u00edbe, o las \u201c candidaturas testimoniales\u201d, que son una burla a la confianza de los electores.<br \/>\nEn la Argentina hay m\u00e1s de 33 millones de ciudadanos inscriptos en el padr\u00f3n electoral. Si bien la gran mayor\u00eda vota a conciencia en las elecciones, tambi\u00e9n hay muchos que \u201cmiran la pol\u00edtica desde los hogares\u201d o con superficialidad. As\u00ed se da el fen\u00f3meno de \u201cla llave\u201d, nombre que se da al voto indeciso de cerca de 5 millones de ciudadanos que entre elecci\u00f3n y elecci\u00f3n saltan de un polo pol\u00edtico al otro extremo.<br \/>\nPero a pesar de estas experiencias, la pandemia, que nos ha privado por un tiempo de las reuniones presenciales, ha llevado a multiplicar los debates virtuales, con una participaci\u00f3n inusitadamente alta. Estas nuevas pr\u00e1cticas pueden convertirse en h\u00e1bitos que faciliten una lectura m\u00e1s profunda y m\u00e1s comprensiva de los signos de la Argentina de hoy y den luz a una voluntad de di\u00e1logo y compromiso que generen nuevos consensos.<br \/>\nEn agosto pasado, los Gremios Confederados y las organizaciones de la Econom\u00eda Popular publicaron un documento donde afirman que \u201cLa Argentina tiene un solo camino para salir adelante: el camino de la Unidad Nacional\u201d. Esto es muy cierto, siempre que se busque la unidad en torno de los valores constitucionales, la unidad de consenso y no la uniformidad impuesta desde cualquier poder de facto, estatal o social.<br \/>\nEl gran cambio cultural que debemos alentar es el de la cultura de la escucha, la cultura del reencuentro, la cultura de la reconciliaci\u00f3n. Nos debemos el pensar juntos, dialogar, y tambi\u00e9n negociar y acordar con otros que pueden no compartir nuestra visi\u00f3n sobre la realidad. El desaf\u00edo es enorme pero en vez de amedrentarnos debe entusiasmarnos: se trata de pensar y dialogar sobre el futuro al mismo tiempo que se van desarrollando los hechos.<br \/>\nEl agente del cambio con el que podemos contar es la sociedad civil, porque all\u00ed se gestan los cambios culturales. La sociedad civil puede frenar la tentaci\u00f3n totalitaria del monopolio de la opini\u00f3n p\u00fablica del partido hegem\u00f3nico o del Estado absorbente en manos de un partido paternalista.<br \/>\nLa Argentina tiene una sociedad civil fuerte, es un pa\u00eds con muchas instituciones que no nacen ni dependen del Estado, sino de sus miembros. Hay millares de asociaciones profesionales, vecinales, deportivas, de socorros mutuos, fundaciones, centros de estudios, clubes, cooperativas, foros, movimientos, redes, uniones, colegios profesionales y todo tipo de entidades a lo largo y lo ancho del pa\u00eds. El periodista Ignacio Zuleta recuerda que \u201cesta Argentina est\u00e1 por encima de la debilidad de sus gobernantes. Asume las consignas con docilidad cuando entiende que pueden beneficiar al conjunto. Tambi\u00e9n est\u00e1 dispuesta a modificar la conducta cuando cree que pueden ser un l\u00edmite a su libertad y a su bolsillo\u201d.<br \/>\nPor su parte, Fernando J. Ruiz dice \u201cHoy el pa\u00eds necesita que sus cuerpos profesionales realicen esa discusi\u00f3n autocr\u00edtica profunda y establezcan mejores c\u00f3digos de acci\u00f3n y, sobre todo, que los cumplan. M\u00e9dicos, abogados, ingenieros, polic\u00edas, educadores y periodistas no son testigos inocuos de una clase pol\u00edtica que nos gobierna, sino columnas vertebrales del funcionamiento privado y p\u00fablico de la m\u00e1quina social\u201d.<br \/>\nLa toma de conciencia del propio peso como sociedad civil puede llevarnos a mejorar nuestra participaci\u00f3n pol\u00edtica de manera que pasemos de ser meros habitantes para asumirnos como ciudadanos. La sociedad civil puede asumir un rol m\u00e1s activo en el ejercicio de la subsidiariedad en la conformaci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica sobre los temas que hacen al bien com\u00fan. Y puede hacerlo m\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n que cumplen los medios, que leg\u00edtimamente pueden estar en algunos casos asociados a ideolog\u00edas o intereses econ\u00f3micos particulares.<br \/>\nLas decisiones y los discursos del Gobierno deben ser seguidos m\u00e1s de cerca, con mayor inter\u00e9s anal\u00edtico y cr\u00edtico por las instituciones de la sociedad civil. No se trata de una politizaci\u00f3n de la sociedad civil, sino de una mayor toma de conciencia ciudadana. La fortaleza de nuestra sociedad civil puede ser la base desde donde alcancemos una participaci\u00f3n c\u00edvica m\u00e1s comprometida, m\u00e1s l\u00facida, m\u00e1s responsable.<br \/>\nEn una reciente audiencia general Francisco dec\u00eda que los demagogos dicen \u201ctodo para el pueblo\u201d pero sin o\u00edr a la sociedad y recordaba el principio de la subsidiariedad del que hablan las ense\u00f1anzas sociales de la Iglesia. Un principio que obliga al Estado a hacer lo que la sociedad no puede, pero tambi\u00e9n obliga a la sociedad a ocuparse de lo que el Estado no hace o hace mal. Afortunadamente, adem\u00e1s, en nuestra sociedad civil la mujer argentina tiene una participaci\u00f3n que es cada vez m\u00e1s significativa. Monse\u00f1or V\u00edctor Fern\u00e1ndez, arzobispo de La Plata, hablaba hace unos d\u00edas de \u201clas din\u00e1micas sociales que puedan surgir en las bases y que en ellas las mujeres tendr\u00e1n que liderar los cambios hacia un enfoque m\u00e1s materno de la eficiencia y de la vida social. Ellas pueden abrir camino a nuevas solidaridades y a otras formas de pensar la sociedad, e inventan ingeniosas maneras de vivir y convivir. Porque hasta ahora lo que predomin\u00f3 es un proyecto masculino de triunfo, dominaci\u00f3n y pretendido control de la realidad\u201d.<br \/>\nEn este cambio cultural los creyentes tenemos una responsabilidad indelegable. Nosotros, como cristianos, \u00bfqu\u00e9 orden \u00e9tico mostramos? Dice el fil\u00f3sofo y te\u00f3logo Michel Schooyans que \u201cno es raro que hombres pol\u00edticos u hombres de negocios cristianos tengan un comportamiento social en el cual es dif\u00edcil reconocer la influencia de la fe a la que afirman adherirse\u201d. Entre nosotros no faltan quienes citan la Doctrina Social de la Iglesia o del Papa y al mismo tiempo hacen la vista gorda a las inconductas o las mentiras en la pol\u00edtica, la econom\u00eda o los medios.<br \/>\nHay un camino mejor: Hagamos una lectura profunda, rezada y colectiva de los signos de los tiempos y no nos equivocaremos en las prioridades. Hagamos del Estado la expresi\u00f3n de una comunidad pol\u00edtica, m\u00e1s que un aparato an\u00f3nimo y hostil.<br \/>\nPreservemos a la prensa, los medios y la opini\u00f3n p\u00fablica como un espacio de libertad, como un foro de di\u00e1logo, de informaciones veraces, de opini\u00f3n. Dejemos de lado presunciones, imputaciones, rumores, escraches y el law fare. \u201cEs el momento de convertirnos profundamente como ciudadanos\u201d, dec\u00eda el inolvidable Monse\u00f1or Carmelo Giaquinta.<br \/>\nDejemos seducirnos por los valores del coraz\u00f3n, que son la misericordia, la fidelidad y la belleza.<br \/>\nDesterremos el mal humor, el desasosiego y el pesimismo\u2026<br \/>\nCultivemos nuestra escucha antes que nuestro discurso.<br \/>\nAdmitamos que nos hemos empobrecidos todos en nuestra Argentina, pobres en ingresos, vivienda, trabajo, pobres en humildad, pobres en sabidur\u00eda, pobres en fidelidad, pobres en confianza entre nosotros.<br \/>\nJos\u00e9 Nun usa una met\u00e1fora adecuada para ilustrar nuestro tiempo: dice que estamos \u201cen un dif\u00edcil tiempo de siembra y no de cosecha\u201d. En la siembra muchos tenemos que empezar por pedir perd\u00f3n para que podamos cosechar reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El orden social es una trama de v\u00ednculos de pertenencia y convivencia regidos por un cierto orden normativo. 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