{"id":16248,"date":"2020-10-01T10:34:15","date_gmt":"2020-10-01T13:34:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16248"},"modified":"2020-10-01T10:34:17","modified_gmt":"2020-10-01T13:34:17","slug":"mujeres-con-grandes-historias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16248","title":{"rendered":"Mujeres con grandes historias"},"content":{"rendered":"<p>Alguna vez G.K. Chesterton, que adem\u00e1s de escritor era periodista, dijo \u201cEl periodismo consiste esencialmente en decir que Lord Jones ha muerto, a toda la gente que no sab\u00eda que Lord Jones estaba vivo\u201d. Por alguna raz\u00f3n atribuible a la edad y el oficio, acostumbramos comenzar el d\u00eda leyendo las necrol\u00f3gicas. Y nos enteramos, y queremos contarle a todo el mundo, cuando ya no hay remedio, que ha muerto gente que apenas conoc\u00edamos, ni sab\u00edamos que segu\u00eda viva, y que tendr\u00edamos, realmente, que haberla conocido de veras. Aqu\u00ed hablaremos de tres de esas personas. Por empezar, la muchacha que aparece en <em>La jet\u00e9e<\/em>, de Chris Marker, 1962, famoso mediometraje donde el protagonista, en un momento imborrable de su vida, advierte su presencia en la terraza de un aeropuerto. Es un pu\u00f1ado de segundos, y un misterio. El protagonista nunca sabr\u00e1 qui\u00e9n era ella. Nosotros nunca nos preocupamos en saber qui\u00e9n era la int\u00e9rprete. Cuando muri\u00f3, el pasado 11 de abril, reci\u00e9n supimos que se llamaba H\u00e9lene Chatelain, actriz circunstancial de cine pero sobre todo escritora, traductora, libretista y directora de documentales importantes, y tambi\u00e9n respetada actriz de teatro. Integr\u00f3 el famoso Th\u00e9atre National Populaire de Jean Vilar, fue disc\u00edpula de Michel Foucault en sus investigaciones sobre los manicomios, y mano derecha del dramaturgo Armand Gatti, muerto hace dos a\u00f1os. Fiel a sus padres, rusos exiliados, fue tambi\u00e9n una consecuente luchadora contra la propaganda sovi\u00e9tica, lo que no le imped\u00eda tener el coraz\u00f3n a la izquierda. Escribi\u00f3 y film\u00f3 sobre los obreros de Peugeot, los institutos psiqui\u00e1tricos, la pena de muerte, los anarquistas ucranianos que intentaron rebelarse contra el soviet, tambi\u00e9n sobre pueblos, m\u00fasicos y escritores ignorados, y difundi\u00f3 la obra de Ekaterina Olitskaia, socialista que, parad\u00f3jicamente, pas\u00f3 casi toda su vida en las c\u00e1rceles comunistas. Dos d\u00edas despu\u00e9s, muri\u00f3 Sarah Maldoror, nacida Sarah Durados, mulata parisina hija de un inmigrante de las islas Guadalupe. Jovencita, se apod\u00f3 Maldoror, como el personaje que se rebela contra todo, inventado por el (otro seud\u00f3nimo) \u201cconde de Lautr\u00e9amont\u201d. As\u00ed tambi\u00e9n se hizo socialista, cofund\u00f3 una compa\u00f1\u00eda de teatro de gente de color, trabaj\u00f3 con Chris Marker y Alain Resnais en el corto anticolonialista Las estatuas tambi\u00e9n mueren, estudi\u00f3 en la escuela m\u00e1s antigua de cine del mundo, la moscovita Vgik, particip\u00f3 como ayudante ad honorem del maestro Gillo Pontecorvo en La batalla de Argelia, y en 1969 se convirti\u00f3 en la primera mujer negra que ha dirigido una pel\u00edcula en el cine africano. Apenas un corto, pero hizo \u00e9poca. A partir de ese momento hizo m\u00e1s de 40 producciones de cine y televisi\u00f3n, did\u00e1cticas, culturales, pol\u00edticas, entre las que sobresale Sambizanga, un drama \u00e9pico franco-congo-angole\u00f1o, sobre las luchas de liberaci\u00f3n contra el dominio portugu\u00e9s. Panafricanista, desarroll\u00f3 su labor en diversos pa\u00edses del continente negro, particularmente Guinea-Bis\u00e1u. En los comienzos de este pa\u00eds, 1973, ella acompa\u00f1\u00f3 mucho a su primer ministro de Cultura, el poeta angole\u00f1o Mario Pinto de Andrade, y \u00e9l a ella. Novios desde los a\u00f1os de estudiantes, se dice que fueron tambi\u00e9n un matrimonio ejemplar.<br \/>\nH\u00e9lene Chatelain y Sarah Maldoror, de 84 y 90 a\u00f1os respectivamente, murieron a causa del coronavirus. La tercera persona de este relato muri\u00f3 de causas naturales, cuando apenas le faltaban dos semanas para cumplir cien a\u00f1os. Se llamaba Else (con e final) Blangsted. Su nombre figura en decenas de cr\u00e9ditos finales de pel\u00edculas harto conocidas, como editora de m\u00fasica de pel\u00edculas harto populares como <em>Los goonies<\/em>, <em>Tootsie<\/em>, <em>El color p\u00farpura<\/em>, <em>Enamor\u00e1ndose<\/em> y muchas otras. \u00bfQui\u00e9n se fija en los cr\u00e9ditos finales? Pero la gente del negocio la conoc\u00eda y la amaba. Digamos, Steven Spielberg, Sidney Pollack, Stanley Kramer, Carl Reiner, Brian De Palma, Quincy Jones, que la llamaba \u201cmy prusian princess\u201d, o Robert Redford, que la defin\u00eda como \u201cla editora con mente de artista y alma de santa\u201d. Y sus colegas, que la ovacionaron cuando recibi\u00f3 el premio de la Motion Pictures Sound Editors a la Trayectoria a los 88 a\u00f1os. Y ella bailaba y canturreaba valses austr\u00edacos en la isla de edici\u00f3n, era una mujer de buen humor, que nunca se quejaba de nada. Desde 1955, cuando entr\u00f3 de ayudante en la edici\u00f3n de Picnic, era feliz con su trabajo. \u00bfY antes de 1955?<br \/>\nAntes, mucho antes, naci\u00f3 en Wurzburg, Alemania, 1920, en el seno de una familia jud\u00eda. Era una buena chica, pero a los 16 qued\u00f3 embarazada. Jud\u00eda, madre soltera y con los nazis cada vez m\u00e1s fuertes en todo el pa\u00eds, quiso matarse. Los padres decidieron su destino. La criatura naci\u00f3 muerta, le dijeron. Le compraron un pasaje en barco a Los \u00c1ngeles, le dieron un osito de peluche con plata y joyas en la pancita, y la despidieron en el puerto. Para llegar a Los \u00c1ngeles hab\u00eda que pasar por el Canal de Panam\u00e1. All\u00ed, en la Aduana, el osito adelgaz\u00f3 r\u00e1pidamente. As\u00ed, Else lleg\u00f3 a los EEUU pr\u00e1cticamente con lo puesto, y sin conocer a nadie. De puerta en puerta, consigui\u00f3 un trabajo de dom\u00e9stica. M\u00e1s tarde se afirm\u00f3 como ni\u00f1era en casa de un director y productor de cine, Mervyn LeRoy, el de <em>\u00bfQuo Vadis?<\/em>, que le consigui\u00f3 un trabajito como extra en el Sans\u00f3n y Dalila de Cecil B. De Mille. Pero eso no era lo suyo. Busc\u00f3, sigui\u00f3 buscando, encontr\u00f3 su lugar, y lo convirti\u00f3 en su peque\u00f1o reino.<br \/>\nDespu\u00e9s se cas\u00f3, la familia de su marido la rode\u00f3 de amor, tuvo su propia familia, su casa, hijos, nietos, biznietos. Y un d\u00eda, cuando ya pasaba los 64 a\u00f1os, alguien lleg\u00f3 de Alemania, llam\u00f3 a su puerta y la abraz\u00f3 muy fuerte. Era su hija, que nunca se hab\u00eda muerto, y siempre la hab\u00eda estado buscando.<br \/>\nSobre Chatelain y Maldoror pueden hacerse buenos documentales. Sobre Else Blangsted, un hermoso melodrama de sue\u00f1o americano. Qu\u00e9 bueno es leer a veces las notas necrol\u00f3gicas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez G.K. 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