{"id":16270,"date":"2020-10-26T20:19:09","date_gmt":"2020-10-26T23:19:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16270"},"modified":"2020-10-26T20:19:13","modified_gmt":"2020-10-26T23:19:13","slug":"la-incertidumbre-y-la-angustia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16270","title":{"rendered":"La incertidumbre y la angustia"},"content":{"rendered":"<p><em>En el contexto de la pandemia actual, la incertidumbre y la angustia son dos compa\u00f1eros que pueden jugarnos una mala pasada si no los escuchamos.<\/em><\/p>\n<p>Los invito a que nos detengamos para prestar atenci\u00f3n a un aspecto de nuestro malestar. Se los propongo porque estamos bombardeados de informaciones y an\u00e1lisis de situaci\u00f3n que, aunque muy importantes, pueden apartarnos de lo que vivimos cada uno. Como decimos en el t\u00edtulo, el malestar \u201cpuede jugarnos una mala pasada si no lo escuchamos\u201d.<br \/>Seguramente le\u00edmos estudios que se publican en los medios que describen de distintas maneras lo que llaman emociones negativas: preocupaci\u00f3n, ansiedad, incertidumbre, depresi\u00f3n, p\u00e9rdida del sentido de la vida. As\u00ed, se afirma que la cuarentena puede desencadenar problemas como trastornos emocionales, depresi\u00f3n, irritabilidad, insomnio, s\u00edntomas de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, confusi\u00f3n y enojo. Cuando se especifica en forma m\u00e1s concreta, se habla del temor al contagio, el miedo a la muerte, a la p\u00e9rdida de un ser querido, el aislamiento en soledad, el distanciamiento de los familiares y amigos, el colapso de la econom\u00eda familiar, la p\u00e9rdida de un trabajo, la desinformaci\u00f3n, el sufrimiento por la violencia dom\u00e9stica\u2026 Podr\u00edamos reconocernos a nosotros mismos o a algunos de nuestros seres queridos en estas listas.<br \/>Partamos de una pregunta que me resulta m\u00e1s significativa: \u00bfMe dice algo el malestar que siento? \u00bfQu\u00e9 nos muestra el malestar?<br \/>Despejemos r\u00e1pidamente algo que puede generarnos una distracci\u00f3n. El malestar no es lo contrario del bienestar, no es tampoco su ausencia. Es un estado de \u00e1nimo que me muestra el modo afectivo en que estoy viviendo esta situaci\u00f3n. C\u00f3mo estoy conmigo mismo, c\u00f3mo estoy encontr\u00e1ndome, c\u00f3mo estoy siendo.<br \/>Yo no soy ajeno a mi malestar y lo que me dice, lo que me muestra, es una extra\u00f1eza, una imposibilidad de sentirme en casa conmigo mismo. Una familiaridad conmigo se ha visto alterada y no estoy c\u00f3modo. Es como si me hubieran desalojado de m\u00ed mismo, no reconozco un horizonte que delimite mi habitar. Me siento molesto, y aunque quiera sacudirme esto que me pasa, estoy implicado en la extra\u00f1eza que siento. Me faltan las referencias que habitualmente permiten que me maneje en la vida.<br \/>\u00bfCu\u00e1ndo aparece la angustia? Cuando vivimos situaciones problem\u00e1ticas donde no encontramos respuesta a una pregunta que nos hace la realidad. La realidad siempre me demanda algo porque ella misma es una pregunta. El car\u00e1cter ag\u00f3nico de algunas situaciones est\u00e1 en que, ante las dificultades, se resaltan las desavenencias y vicisitudes propias de las encrucijadas, que nos llevan a la necesidad de elegir.<br \/>Cuando se introduce la irrupci\u00f3n inesperada de una novedad, crea una inestabilidad que nos pone ante la posibilidad de generar una nueva organizaci\u00f3n de nuestra vida. Pero si se genera un conflicto que no podemos elaborar, lo que provoca es una desorganizaci\u00f3n en nuestra vida.<br \/>Esto puede parecer tambi\u00e9n lejano porque estamos tomados por un estilo de vida que r\u00e1pidamente rechaza el malestar. La misma palabra viene asociada a la publicidad: para el \u201cmalestar estomacal\u201d, tom\u00e1 tal medicamento; cuando no pod\u00e9s dormir, tal otro.<br \/>Hace ya casi 100 a\u00f1os Freud advert\u00eda que solemos recurrir a intoxicarnos con sustancias diversas para alcanzar la felicidad y alejarnos de las miserias. Destacaba que esos esfuerzos dilapidan energ\u00edas que podr\u00edan utilizarse para mejorar la suerte de muchos seres humanos.<br \/>Lo dec\u00eda en un texto que titul\u00f3 El malestar en la cultura; all\u00ed podemos advertir que dice \u201cen\u201d la cultura, mostrando que el malestar no depende de una cultura particular, sino de algo propio de lo humano, ya que somos seres culturales. En ese mismo libro muestra que no se puede prescindir del dolor y la angustia. Tienen una condici\u00f3n muy especial para lo que estamos conversando: son se\u00f1ales de alarma.<br \/>Tomemos esta idea. La incertidumbre y la angustia no son el problema sino lo que nos ayuda a ubicar el problema que cada uno de nosotros vive. Cuando suena la alarma el peligro no se soluciona porque la ahoguemos, porque la apaguemos, sino que suena como advertencia para que nos ocupemos de aquello para lo que la instalamos. La alarma nos se\u00f1ala que algo ocurre, tenemos que escucharla para hacernos cargo del problema.<br \/>Comencemos por diferenciar los dos malestares que nos ocupan hoy. Sentimos incertidumbre cuando no tenemos claro lo que est\u00e1 ocurriendo o va a ocurrir. Sucede porque no contamos con los datos necesarios, o los que disponemos no alcanzan para resolverlo. Lo vivimos en el plano del conocimiento.<br \/>Nos puede paralizar porque reduce e inhibe la capacidad de controlar y actuar. Ante lo incierto, uno se puede volver impotente, sin certezas con las que actuar. Tengamos en cuenta, tambi\u00e9n, que hay quienes se refugian detr\u00e1s de incertidumbres aparentes o reales para justificar su inacci\u00f3n.<br \/>Somos criaturas m\u00e1s fr\u00e1giles de lo que solemos pensar. Cuando estamos confiados en la ciencia y la tecnolog\u00eda, quiz\u00e1s sea un indicio del modo en que ocultamos nuestra fragilidad m\u00e1s que una muestra de poder\u00edo como humanidad. La debilidad que ha puesto de manifiesto la emergencia del coronavirus tal vez no es tanto s\u00edntoma de nuestra mortalidad individual sino de la falibilidad de nuestra civilizaci\u00f3n. Nuestro malestar en la cultura.<br \/>Se ha planteado que en nuestra \u00e9poca los peligros no acechan desde el poder de la negatividad, sino desde el exceso de positividad. Puede verse en las consecuencias del exceso de rendimiento, de producci\u00f3n, de innovaci\u00f3n, de comunicaci\u00f3n, de consumo.<br \/>Queda claro que somos vulnerables y no somos sin los otros. Es en ese contexto que se nos plantea el problema del mal, el sentido de la vida, nuestra condici\u00f3n de mortales.<br \/>En este tiempo nos acostumbramos a movernos con un c\u00f3digo de supervivencia basado en el control: evitar el contagio, toser en el codo, lavarse las manos, usar barbijo, no salir de casa\u2026 Con esa misma finalidad, en el \u00e1mbito social entregamos voluntariamente, aunque a veces sin saber que tantos, datos propios. Algo que sucede desde antes de la pandemia con lo subido a las redes sociales y los sistemas contratados de seguridad. No obstante, hoy se lo hace a los Estados para que nos cuiden\u2013controlen. El recurrir al control tambi\u00e9n sucede en lo personal, ya sea con t\u00e9cnicas mentales o emocionales.<br \/>Hasta aqu\u00ed nos hemos referido a la incertidumbre, con relaci\u00f3n a lo que creemos que es necesario conocer. Sin embargo, el control no la quita, ya que no es el deseo que enhebra la vida personal. Ahora bien, antes de llegar a plantar la importancia del deseo vamos a diferenciar la incertidumbre del miedo, ya que a veces los confundimos.<br \/>El miedo es aquello que sentimos ante un peligro delimitado, tanto real como imaginado. Lo vivimos en el mundo que nos rodea, aunque cada uno lo lee desde sus fantas\u00edas. A diferencia de la incertidumbre, en el miedo nos acecha un peligro localizado, viene de \u201cafuera\u201d. Por eso, son distintas las maneras de tomar precauciones y de evitar el posible contagio. Tanto es as\u00ed que nos puede llevar a considerar al pr\u00f3jimo como un potencial riesgo si pasa a nuestro lado. Entonces, un miedo es un objeto definible que ubicamos en la realidad. Por ejemplo, para los cient\u00edficos el coronavirus es un miedo espec\u00edfico. Para todo el resto, es un temor m\u00e1s difuso que puede llevarnos a la angustia, porque puede presentificar el enigma de la muerte.<br \/>Entonces, la angustia es lo que sentimos cuando nos acecha un peligro que no podemos delimitar. Lo vivimos comprometidos en nuestro cuerpo, con desaz\u00f3n e inquietud. Se puede manifestar con temblor, sensaci\u00f3n de ca\u00edda, asco, ahogo, nausea o pesadez; v\u00e9rtigo ante la propia libertad, incluso hasta con desesperaci\u00f3n. Genera una tendencia a fugarse de esa sensaci\u00f3n de nada que nos invade.<br \/>Es mucho lo que se ha trabajado al respecto. Por mencionarlo simplemente, desde el ser-para-la-muerte heideggeriano a los estudios psicoanal\u00edticos sobre la sensaci\u00f3n de la presencia de un deseo del Otro sobre m\u00ed, sin que yo pueda localizar el objeto que \u201cme\u201d demanda. Por eso la experiencia tiene que ver con la propia integridad que est\u00e1 en peligro. Si no s\u00e9 cu\u00e1l es la parte que me pide, estoy en riesgo todo yo. De manera que se vivencia un vac\u00edo innombrable, algo imposible de apresar con la imaginaci\u00f3n o de poder simbolizarlo, que nos remite a la indefensi\u00f3n con que llegamos al mundo.<br \/>Hasta aqu\u00ed diferenciamos la incertidumbre con relaci\u00f3n a los datos incompletos, el miedo ante un peligro localizado y la angustia ante una nada, como objeto no localizable, vac\u00edo innombrable que nos remite al origen. Antes hab\u00edamos mencionado el lugar del dolor como se\u00f1al.<br \/>Avancemos un paso m\u00e1s a partir de tomar nota de esta se\u00f1al de alarma. El dolor muestra un l\u00edmite en las posibilidades de la existencia. Por eso, se puede hablar del dolor de existir. Nos referimos a esos momentos de la vida de exceso de sufrimiento, donde parece abolirse el deseo de vivir. Se pone de manifiesto en esas situaciones l\u00edmite cuando el deseo se desvanece y la existencia aparece en su desnudez, m\u00e1s all\u00e1 de lo que pueda sostenerla. Se siente estar ante un abismo, con un v\u00e9rtigo ante lo que puede ser el fin de la vida, donde lo que permite salir es aferrarse a un deseo concreto.<br \/>Mencionamos situaciones que nos remiten a los momentos iniciales de nuestra vida, a la condici\u00f3n indefensa con que nacimos, de desamparo, como origen de la vivencia de angustia, que servir\u00e1 como se\u00f1al m\u00e1s adelante. \u00bfPero eso basta para tener una actitud de confianza en la vida?<br \/>Para ello es preciso construir posibles bordes a ese momento inicial, para poder delimitar esa carencia, la de esos momentos en que nos recibieron en nuestra llegada al mundo. Nacimos en condiciones mucho m\u00e1s menesterosas que otros mam\u00edferos; basta ver nacer a un potrillo, por ejemplo: enseguida se para y busca alimento. Los humanos tardamos un a\u00f1o en caminar.<br \/>Debimos ser alojados por alguien, y arropados en canciones de cuna. Afirmamos que nos remite a un momento inicial, recordando tambi\u00e9n que fue el encuentro con un deseo que nos acogi\u00f3 en la prematurez con que nacimos. Si fuimos hablados con palabras de amor y fuimos nombrados, podremos hacer algo desde nuestro desamparo inicial. Sabemos la importancia que tiene c\u00f3mo fuimos albergados a partir de tal desvalimiento, en ese primer encuentro con el Otro primordial, con la madre.<br \/>Comenzamos refiri\u00e9ndonos a la sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza, la falta de familiaridad con lo que vivo, luego a la incertidumbre y llegamos al dolor de existir. Podemos preguntarnos si se trata de una excepci\u00f3n propia del momento presente o si es algo de nuestra condici\u00f3n humana. La pregunta es s\u00f3lo ret\u00f3rica, pues es \u00ednsito a lo humano saber hacer desde el l\u00edmite. Entonces lo que hoy vivimos como excepci\u00f3n es una oportunidad para enterarnos de aspectos que desconocemos de nuestra vida. Veamos el alcance de esto.<br \/>Si nos referimos a estar desalojados de nosotros mismos, es porque se alter\u00f3 el modo como habitamos la situaci\u00f3n. No es lo mismo hospedarnos circunstancialmente en un hotel que habitar nuestro hogar. Para hacernos cargo de nuestra morada (interior), es necesario tener un horizonte para ese \u00e1mbito que creamos. Ah\u00ed echamos ra\u00edces, esperamos que nos sostenga como un fundamento de nuestra vida. As\u00ed vamos inscribiendo en el trayecto que recorremos, al ir habitando esa querencia. Esto significa que hacemos propias las notas de la realidad que vamos construyendo. Para ello elaboramos las situaciones problem\u00e1ticas que se presentan, y que nos llevan a ir optando en ese transcurso. Como el camino, en nuestro hacer estamos siendo en esas situaciones, con los otros con quienes las construimos.<br \/>Para este andar, no basta el empuje de una fuerza moviente. En estos momentos de aislamiento, cabe recordar que la capacidad para estar solo se constituye en la infancia a partir de la experiencia de estar s\u00f3lo en presencia de la madre. El \u201cestar-con\u201d permite estructurar la confianza en la praxis de personalizaci\u00f3n. Fue estudiado tambi\u00e9n como sentimiento de confianza b\u00e1sica, donde se destac\u00f3 la importancia del grupo de pertenencia. Al respecto vale tener en cuenta tanto la confianza que el ni\u00f1o tiene en la madre como en su propia capacidad de espera. Lo que se destaca es que se constituye en un marco de relaci\u00f3n, dado desde el presente, pero en funci\u00f3n de algo ausente, prometido, que es valioso para la persona. Implica entregar el presente a manos de otro, y esto ocurre tanto cuando conf\u00edo \u201cen\u201d otro o \u201ca\u201d otro.<br \/>Es necesaria esta confianza para poder estar solos. Para entender el alcance de esto, a partir de las diferencias que se muestran en su presentaci\u00f3n temporal, mencionaremos otras dos situaciones con las que suele confund\u00edrsela. La de seguridad, que est\u00e1 dada por los datos del presente; la siento por la silla en la que estoy sentado, que me sostiene. Tambi\u00e9n es distinta la de certeza, que est\u00e1 en funci\u00f3n del pasa\u00acdo: si veo una foto tengo certeza que esas personas estuvieron ah\u00ed.<br \/>Ya destacamos que la confianza implica la participaci\u00f3n del Otro. Queda abierta a posibles respuestas \u2013no seguras ni certeras\u2013. Por eso es un acto creencial y al mismo tiempo est\u00e1 dirigido a lo que a\u00fan-no-es. Por lo tanto, forma parte de la esperanza antropol\u00f3gica.<br \/>No lo confundamos con una espera pasiva, ni con una ilusi\u00f3n. Al mencionar esperanza antropol\u00f3gica, estamos haci\u00e9ndolo desde una actitud activa. Nos referimos a una relaci\u00f3n, donde es una respuesta. En un hermoso libro, Persona y personalizaci\u00f3n, Jorge Saur\u00ed se explaya en ello a partir del llamado de Yahv\u00e9 a Abrah\u00e1n, el cual escuch\u00f3 el llamado y en pos de una promesa \u2013una nueva tierra, un pueblo&#8230;\u2013 respondi\u00f3 inscribiendo un nuevo trayecto en su vida, dando un salto. Por eso la define como una respuesta a un llamado en funci\u00f3n de una promesa.<\/p>\n<p>El malestar nos afecta a todos, pero de manera diferente. Seg\u00fan nuestra historia y c\u00f3mo estemos posicionada ante ella. Estamos transitando uno nuevo, pero tambi\u00e9n se trata de un modo distinto en que se muestra lo que es condici\u00f3n de nuestra vida humana.<br \/>En lo personal, nos da la ocasi\u00f3n de hacernos cargo de nuestra historia como una respuesta esperanzadora. Que sea un acontecimiento y no s\u00f3lo un suceso m\u00e1s.<br \/>Cuando ya no se puede escapar, nos confrontarnos con nuestros peores fantasmas y se nos plantea una alternativa. Podemos \u201chacer\u201d s\u00edntomas, desde una posici\u00f3n sufriente y huyendo de nosotros mismos.<br \/>Podemos inventamos a partir de lo que nos es dado, como una oportunidad para ser m\u00e1s libres. Libertad no como ilusi\u00f3n, sino en el \u201cdevenir\u201d como tarea. Podemos hacernos cargo de nosotros, a partir de lo que aparece sorprendi\u00e9ndonos.<\/p>\n<p><em>J. Manuel Rubio es m\u00e9dico y psicoanalista<\/em><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el contexto de la pandemia actual, la incertidumbre y la angustia son dos compa\u00f1eros que pueden jugarnos una mala pasada si no los escuchamos&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[100,758],"class_list":["post-16270","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad","tag-psicologia","tag-sociedad"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4eq","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16270","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16270"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16270\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16272,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16270\/revisions\/16272"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16270"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16270"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16270"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}