{"id":16295,"date":"2020-11-09T17:46:04","date_gmt":"2020-11-09T20:46:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16295"},"modified":"2020-11-09T17:46:05","modified_gmt":"2020-11-09T20:46:05","slug":"ortega-y-gasset-el-liberalismo-y-la-democracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16295","title":{"rendered":"Ortega y Gasset. El liberalismo y la democracia*"},"content":{"rendered":"<p>En la introducci\u00f3n a su edici\u00f3n cr\u00edtica de <em>La rebeli\u00f3n de las masas (<\/em>Madrid: Castalia, 1998), Thomas Mermall (1937-2011) resumi\u00f3 en estos t\u00e9rminos lo que esta obra, publicada en agosto de 1930, significa: \u201c<em>La rebeli\u00f3n<\/em> es, entre otras cosas, un an\u00e1lisis hist\u00f3rico de la relaci\u00f3n entre masas y minor\u00edas, una obra de pensamiento social y de cr\u00edtica cultural, un diagn\u00f3stico de la vida p\u00fablica, un ejercicio de antropolog\u00eda filos\u00f3fica o caracterolog\u00eda, una serie de profec\u00edas cumplidas con pasmosa exactitud y un <em>tour de force<\/em> ensay\u00edstico. Por a\u00f1adidura, es la exploraci\u00f3n fenomenol\u00f3gica de una dimensi\u00f3n nueva de la sociedad moderna, as\u00ed como la configuraci\u00f3n de un nuevo tipo de persona; por \u00faltimo, es una condena del nacionalismo y una llamada a la Uni\u00f3n Europea\u201d.<br \/>\nQuiz\u00e1 el tema de este art\u00edculo no se inscriba directamente en ninguna de las facetas se\u00f1aladas por Mermall, si bien podr\u00eda caber dentro del referido \u201cdiagn\u00f3stico\u201d de la vida p\u00fablica, o ser parte de esas \u201cotras cosas\u201d omitidas en su certera s\u00edntesis. Como sea, no parece desacertado afirmar que la relaci\u00f3n entre liberalismo y democracia cruza todas las p\u00e1ginas de <em>La rebeli\u00f3n<\/em>, de manera m\u00e1s o menos impl\u00edcita, incluido por cierto su revelador \u201cPr\u00f3logo para franceses\u201d (1937). En lo que sigue, procurar\u00e9 considerarla en el contexto m\u00e1s amplio de la propia evoluci\u00f3n del ideario liberal de Ortega.<br \/>\nEn un trabajo imprescindible, Pedro Cerezo Gal\u00e1n propuso interpretar esta evoluci\u00f3n distinguiendo tres etapas o \u201cnavegaciones\u201d, orientada la primera a una propuesta de integraci\u00f3n entre socialismo y liberalismo. Un texto clave a este respecto es el art\u00edculo \u201cLa Reforma liberal\u201d (1908), donde Ortega define al liberalismo como \u201caquel pensamiento pol\u00edtico que antepone la realizaci\u00f3n del ideal moral a cuanto exija la utilidad de una porci\u00f3n humana, sea esta una casta, una clase o una naci\u00f3n\u201d.<br \/>\nLo dicho significaba que el liberalismo, \u201cso pena de esfumarse en una vaga doctrina de tolerancia\u201d y en nombre de una \u201cley \u00e9tica que condena todo estancamiento de la ley pol\u00edtica\u201d, deb\u00eda ser capaz de trascender las constituciones escritas con miras al reconocimiento de aquellos derechos todav\u00eda no reconocidos, como ocurr\u00eda entonces con los llamados derechos sociales. A tal fin, \u201clos sedientos\u201d de esta \u201cemoci\u00f3n liberal\u201d pod\u00edan abrevar en la Alemania del socialismo de c\u00e1tedra neokantiano o, en suelo ingl\u00e9s, en autores como Thomas Hill Green o Leonard Hobhouse, unidos por la com\u00fan convicci\u00f3n de que la teor\u00eda liberal deb\u00eda someter a revisi\u00f3n sus suspicacias contra el Estado, promoviendo su presencia en la creaci\u00f3n de condiciones m\u00e1s equitativas.<br \/>\nSon numerosos los escritos en los que Ortega subraya esta dimensi\u00f3n \u00e9tica y progresista del liberalismo que \u201cespera siempre, y en todo orden, de nuevas formas sociales, mayor bien que de las pret\u00e9ritas\u201d, seg\u00fan dir\u00e1 en la conferencia \u201cVieja y nueva pol\u00edtica, de 1914. Sin embargo, esta \u00faltima fecha marcar\u00eda el comienzo de una \u201csegunda navegaci\u00f3n\u201d: momento de inflexi\u00f3n elocuentemente expresado en este p\u00e1rrafo tomado de las <em>Meditaciones del Quijote<\/em>: \u201cTodas nuestras potencias de seriedad las hemos gastado en la administraci\u00f3n de la sociedad, en el robustecimiento del Estado, en la cultura social, en las luchas sociales, en la ciencia en cuanto t\u00e9cnica que enriquece la vida colectiva. Nos hubiera parecido fr\u00edvolo dedicar una parte de nuestras mejores energ\u00edas \u2013y no solamente los residuos\u2013 a organizar en torno nuestro la amistad, a construir un amor perfecto, a ver en el goce de las cosas una dimensi\u00f3n de la vida que merece ser cultivada con los procedimientos superiores. Y como \u00e9sta, multitud de necesidades privadas que ocultan avergonzados sus rostros en los rincones del \u00e1nimo porque no se les quiere otorgar ciudadan\u00eda; quiero decir, sentido cultural\u201d.<br \/>\nEn 1915, en el art\u00edculo titulado \u201c\u00a1Libertad, tesoro!\u201d, Ortega confesar\u00e1 su inquietud por el avance del \u201cpensamiento excesivo del Estado\u201d y el hecho de que la guerra hubiese sorprendido a los europeos \u201ccon m\u00e1s capacidad para ser buenos siervos de sus Estados respectivos, que buenos individuos, due\u00f1os y se\u00f1ores cada cual de s\u00ed mismo\u201d. La aseveraci\u00f3n pon\u00eda al descubierto una filosof\u00eda de la libertad inclinada ahora a ver en el Estado un instrumento al servicio de la sociedad civil y a acentuar la supremac\u00eda del individuo por sobre las diversas formas de colectivismo que, al invertirla, pervierten esa relaci\u00f3n absorbiendo el dinamismo y la creatividad de la vida privada. Volviendo sobre una distinci\u00f3n ya hecha en \u201cVieja y nueva pol\u00edtica\u201d, escribir\u00e1 tambi\u00e9n en ese a\u00f1o: \u201cProclamad la supremac\u00eda del poder vital \u2013trabajar, saber y gozar\u2013 sobre todo otro poder. Aprendamos a esperarlo todo de nosotros mismos y a temerlo todo del Estado. En suma, pol\u00edtica de naci\u00f3n frente a pol\u00edtica de Estado\u201d.<br \/>\nEn la misma vena, cabe mencionar la serie \u201cIdeas de los castillos\u201d (1925) y el ensayo \u201cSocializaci\u00f3n del hombre\u201d (1930). \u201cCada cual tiene que vivir por s\u00ed su vida \u2013afirma aqu\u00ed Ortega\u2013, apurarla con sus \u00fanicos labios, como una copa llena de lo dulce y lo agrio. A uno le pasa hallarse acompa\u00f1ado; pero el pasarle a uno no admite copart\u00edcipes\u201d. Esta noci\u00f3n de la vida entendida como \u201cconciencia de unicidad\u201d era sostenida por Ortega mientras gran cantidad de europeos experimentaba \u201cuna lujuriosa fruici\u00f3n en dejar de ser individuos y disolverse en lo colectivo\u201d. Para nuestro autor, la situaci\u00f3n remedaba el pasado grecolatino cuando no se conced\u00eda al hombre \u201clibertad para vivir por s\u00ed y para s\u00ed\u201d, teniendo el Estado derecho a su existencia entera. Sin entrar en el debate sobre el estatus de la libertad individual en tiempos antiguos, la referencia a un reba\u00f1o de hombres marchando por la vida bien juntos, \u201clana contra lana y la cabeza ca\u00edda buscando un pastor y un mast\u00edn\u201d, ilustraba el mismo diagn\u00f3stico al que Ortega consagr\u00f3 ese \u201censayo de serenidad en medio de la tormenta\u201d que fue <em>La rebeli\u00f3n de las masas<\/em>.<br \/>\nPara entonces, la pol\u00edtica ya no se revelaba a los ojos de Ortega como una praxis pedag\u00f3gica y factor de vertebraci\u00f3n social, sino como un orden \u201cinstrumental y adjetivo de la vida\u201d frente al cual ven\u00eda reclamando, desde las p\u00e1ginas de <em>El Espectador<\/em>, un espacio para la contemplaci\u00f3n. Como escribe Cerezo, \u201cel pensamiento orteguiano se desplaza consecuentemente desde el plano normativo del Estado educador y socializador hacia el plano creativo de la sociedad civil. El Estado debe ser el \u00f3rgano para esta potenciaci\u00f3n y dinamismo de una sociedad civil, en posesi\u00f3n de s\u00ed misma, pero nunca debe procurar absorberla. El liberalismo aparece as\u00ed en su genuino perfil hist\u00f3rico como l\u00edmite del poder del Estado\u201d.<br \/>\nEste cambio de perspectiva llevar\u00e1 a Ortega a considerar la relaci\u00f3n entre liberalismo y democracia desde una posici\u00f3n que, si bien restringe el significado de esta \u00faltima a una respuesta sobre la titularidad de la soberan\u00eda, fue refractaria a cualquier credo que la radicase en manos distintas de las del pueblo entendido como su \u201c\u00fanica fuente originaria\u201d. Sin embargo, la democracia en s\u00ed misma (es decir, etimol\u00f3gicamente considerada y sin ninguna connotaci\u00f3n adicional) no aseguraba para Ortega la limitaci\u00f3n del poder (n\u00facleo definitorio del liberalismo) y la preservaci\u00f3n, por consiguiente, de los derechos individuales. De ah\u00ed seguramente su preferencia por delimitar los alcances de cada vocablo en lugar de justificar una s\u00edntesis integradora.<br \/>\nLa distinci\u00f3n entre liberalismo y democracia pod\u00eda respaldarse en f\u00f3rmulas m\u00e1s o menos esquivas, como la que propon\u00eda Montesquieu al disociar \u201cel poder del pueblo\u201d de \u201cla libertad del pueblo\u201d, o Benjamin Constant cuando separaba \u201cel primer principio de Rousseau\u201d (la soberan\u00eda del pueblo) de sus condiciones de ejercicio. En cualquier caso, cabe afirmar que, en Ortega, no s\u00f3lo se trataba de un postulado te\u00f3rico sino de una imposici\u00f3n de la realidad europea en circunstancias en que el \u201cpoliticismo integral\u201d, la \u201cabsorci\u00f3n de todas las cosas y de todo el hombre por la pol\u00edtica\u201d, junto con la estadolatr\u00eda, la divinizaci\u00f3n de lo colectivo y, por encima de todo, las aventuras totalitarias, lo obligaban a proclamar la \u201cirrevocable verdad\u201d del liberalismo: \u201cuna verdad de destino\u201d, indeleblemente inscrita en la sensibilidad europea que, por una \u201cuna cronolog\u00eda vital inexorable\u201d, no pod\u00eda verse suplantada por el antiliberalismo en ninguna de sus formas.<br \/>\nEn <em>La rebeli\u00f3n<\/em> sostiene tambi\u00e9n Ortega que la democracia liberal es el \u201cprototipo de la acci\u00f3n indirecta\u201d. Un ejercicio opuesto a la acci\u00f3n directa (esa que acaba con las discusiones en todos los \u00e1mbitos, desde el peri\u00f3dico al Parlamento), a la convivencia sin normas y la cultura de la imposici\u00f3n, frente a lo cual reivindic\u00f3 a libertad y la pluralidad como nociones correlativas. \u201cExistir es resistir \u2013escribi\u00f3\u2013, hincar los talones en tierra para oponerse a la corriente\u201d. As\u00ed resisti\u00f3 Ortega al triunfo de la homogeneidad y de una \u201casfixiante monoton\u00eda\u201d, males que, como los antedichos, atribuy\u00f3 en parte al \u201cescepticismo de liberales y dem\u00f3cratas\u201d, carentes de fe en sus propios ideales e indulgentes hacia los efectos pol\u00edticos y sociales de la masificaci\u00f3n.<br \/>\nSu voz no se sumaba a ese escepticismo, pero se hac\u00eda cargo de las \u201cconstitutivas insuficiencias\u201d del liberalismo por no haber sido capaz de renovarse, pese a todos sus aciertos, adapt\u00e1ndose doctrinal e institucionalmente a la nueva sensibilidad del siglo XX con una actitud m\u00e1s receptiva de las reivindicaciones igualitarias. As\u00ed sostuvo: \u201cEl pasado tiene raz\u00f3n, la suya. Si no se le da esa que tiene, volver\u00e1 a reclamarla, y de paso a imponer la que no tiene. El liberalismo ten\u00eda una raz\u00f3n, y \u00e9sa hay que d\u00e1rsela per saecula saeculorum. Pero no ten\u00eda toda la raz\u00f3n, y \u00e9sa que no ten\u00eda es la que hay que quitarle. Europa necesita conservar su esencial liberalismo. Esta es la condici\u00f3n para superarlo\u201d.<br \/>\nEn rigor, algunas de las referencias precedentes corresponden a lo que Cerezo llama \u201cLa tercera navegaci\u00f3n: hacia un liberalismo esencial\u201d, contempor\u00e1nea a la fundaci\u00f3n \u2013por parte de Ortega, Gregorio Mara\u00f1\u00f3n y Ram\u00f3n P\u00e9rez de Ayala\u2013, de la Agrupaci\u00f3n al Servicio de la Rep\u00fablica (1931) con rumbo a \u201cun nuevo y al parecer definitivo puerto, la ciudad republicana y solidaria de los hombres libres\u201d. Con respecto al liberalismo, se trat\u00f3, como acabamos de ver, de una etapa de relativo cuestionamiento en la convicci\u00f3n de que la defensa del liberalismo cl\u00e1sico contra sus \u201cdetractores colectivistas\u201d no significaba (como consigna Ortega en una nota al pie de La rebeli\u00f3n) la renuncia \u201ca una plena libertad frente a ese propio liberalismo\u201d. Desde ya, la cr\u00edtica no era lanzada desde los presupuestos del idealismo social, pero llevaba consigo el reclamo de un papel m\u00e1s activo del Estado en materia econ\u00f3mica (por ejemplo con propuestas de progresividad impositiva, control gubernamental sobre las relaciones laborales, provisi\u00f3n de infraestructura, etc.), como respuesta a los requerimientos del presente a los que deb\u00eda subvenirse con las herramientas de un \u201cliberalismo de estilo radicalmente nuevo, menos ingenuo y de m\u00e1s diestra beligerancia\u201d, que Ortega crey\u00f3 germinar y \u201cpr\u00f3ximo a florecer, en la l\u00ednea misma del horizonte\u201d. Como lo expresar\u00e1 en 1931: \u201cEl liberalismo tiene que integrarse (y por lo tanto limitarse) con el Estado social. Cada nueva \u00e9poca acierta cuando encuentra la ecuaci\u00f3n exacta correspondiente al tiempo, en el reparto de fronteras que siempre hay que hacer de nuevo entre el individuo y la sociedad\u201d.<br \/>\nNo obstante, Ortega era plenamente consciente del peligro que implicaba la presencia de un Estado fuerte al que dedic\u00f3, entre otras p\u00e1ginas, un cap\u00edtulo entero de <em>La rebeli\u00f3n<\/em>, donde alert\u00f3 contra la tentaci\u00f3n de recurrir al poder p\u00fablico ante cualquier problema colectivo y las consecuencias no queridas de esa consentida hipertrofia. Bolchevismo y fascismo pod\u00edan servir de ilustraci\u00f3n: dos soluciones elementales y anacr\u00f3nicas, dos \u201cseudoalboradas\u201d, \u201cejemplos de primitivismo pol\u00edtico \u2013como nos dijo a los argentinos en su ensayo \u201cIntimidades\u201d\u2013 que irrumpe en una civilizaci\u00f3n donde los problemas son de madurez y de alta matem\u00e1tica\u201d.<br \/>\nA esta tercera navegaci\u00f3n le suceder\u00eda, seg\u00fan Cerezo, una etapa de \u201cnaufragio\u201d y \u201csilencio\u201d, de resultas de la malograda \u201crectificaci\u00f3n de la rep\u00fablica\u201d que reclam\u00f3 Ortega en diciembre de 1931 invitando a \u201cuna liberaci\u00f3n del Poder p\u00fablico detentado por unos cuantos grupos\u201d para su consecuente entrega \u201ca la totalidad cordial de los espa\u00f1oles\u201d. Sus juicios contra el estatismo se agudizaron durante esos a\u00f1os, quiz\u00e1 porque su propuesta de intervenci\u00f3n moderada (surgida, como vimos, de la renovaci\u00f3n del liberalismo mediante la aceptaci\u00f3n parcial de la cr\u00edtica socialista) no hab\u00eda podido consolidarse como alternativa. De ah\u00ed que en el \u201cPr\u00f3logo para franceses\u201d se lamentara de que el t\u00e9rmino \u201cjusticia social\u201d se hubiera degradado a impulsos de una \u201cmiserable socializaci\u00f3n\u201d, hasta convertirse en un \u201cret\u00f3rico e insincero suspiro rom\u00e1ntico\u201d<br \/>\nEn este sentido, el liberalismo esencial que Ortega rescat\u00f3, ese \u201cliberalismo estricto\u201d que, junto con su moderaci\u00f3n pol\u00edtica, presidi\u00f3 sus escritos, contin\u00faa siendo una conquista que reivindicar y custodiar, frente a las viejas y nuevas formas de servidumbre siempre al acecho. Para Ortega, la forma que en pol\u00edtica represent\u00f3 \u201cla m\u00e1s alta voluntad de convivencia\u201d fue la democracia liberal, que \u201clleva al extremo\u201d la decisi\u00f3n de contar con los dem\u00e1s y, especialmente, con quienes no piensan como la mayor\u00eda Lamentablemente, hoy nos sentimos interpelados por su mismo interrogante que acusa tambi\u00e9n la \u201cfisonom\u00eda\u201d de nuestro presente: \u201c\u00a1Convivir con el enemigo! \u00a1Gobernar con la oposici\u00f3n! \u00bfNo empieza ser ya incompresible semejante ternura?\u201d.<\/p>\n<p><em>* Con algunas supresiones y\/o modificaciones, este art\u00edculo recoge las palabras pronunciadas el 2 de junio pasado, en el ciclo \u201c90 a\u00f1os de La rebeli\u00f3n de las masas\u201d, organizado por la Fundaci\u00f3n Ortega y Gasset Argentina.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la introducci\u00f3n a su edici\u00f3n cr\u00edtica de La rebeli\u00f3n de las masas (Madrid: Castalia, 1998), Thomas Mermall (1937-2011) resumi\u00f3 en estos t\u00e9rminos lo que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[986],"tags":[120,370,2617,876,999,211],"class_list":["post-16295","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-politica","tag-democracia","tag-derechos","tag-la-rebelion-de-las-masas","tag-ortega-y-gasset","tag-poder","tag-politica"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4eP","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16295","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16295"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16295\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16297,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16295\/revisions\/16297"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16295"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16295"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16295"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}