{"id":16333,"date":"2020-11-27T11:50:30","date_gmt":"2020-11-27T14:50:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16333"},"modified":"2020-11-27T11:52:29","modified_gmt":"2020-11-27T14:52:29","slug":"el-mozart-de-fernando-ortega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16333","title":{"rendered":"El Mozart de Fernando Ortega"},"content":{"rendered":"<p>Los trabajos sobre Mozart de Fernando Ortega, desarrollados a lo largo de varias d\u00e9cadas (1), bucean, entre otros temas, en las profundidades espirituales de la culpa que bloquea nuestra capacidad vital y creativa y ofrecen pistas imprescindibles para su liberaci\u00f3n. Pero, \u00bfno es precisamente Mozart el arquetipo de la espontaneidad y la libertad creativas, el contra-ejemplo de la solemnidad, la rigidez y la inhibici\u00f3n? \u00bfNo podemos reconocer en \u00e9l \u2013con sana envidia\u2013 uno de los pocos elegidos de la historia de la m\u00fasica y del arte que jam\u00e1s \u2013o pr\u00e1cticamente jam\u00e1s\u2013 corrigi\u00f3 ninguna de sus partituras porque la Belleza bajaba hasta su esp\u00edritu casi directamente, sin impedimentos ni resistencias, de la propia Fuente? Todos los c\u00e9lebres caprichos y juegos de Mozart, sus ni\u00f1er\u00edas, su adolescencia permanente, que en otros seres humanos corrientes podr\u00edan ser criticables, fueron en \u00e9l caminos por los cuales se manten\u00eda siempre en contacto con su ni\u00f1o interno, su yo creativo. \u201cSi no vuelven a ser como ni\u00f1os\u2026\u201d Pero detr\u00e1s de esta libertad creativa, que parece inacabable y completamente espont\u00e1nea \u2013y en gran medida lo es\u2013 tambi\u00e9n puede reconocerse un conflicto y un largo y esforzado camino de superaci\u00f3n. El Mozart de Fernando Ortega va revelando eso.<\/p>\n<p>Existe, en efecto, a lo largo de la vida de Mozart, un ominoso obst\u00e1culo, una barrera que amenaza con bloquear el fluir de su prodigiosa comunicaci\u00f3n con la Fuente: su imagen del Padre. El descubrimiento de Fernando Ortega es haber detectado, a lo largo de las siete \u00faltimas \u00f3peras de Mozart, y entrelazado con otras tem\u00e1ticas (el amor, la muerte, el perd\u00f3n), la evoluci\u00f3n de la imagen del Padre como un hilo de oro que nos permite entender su alma y tal vez, tambi\u00e9n, la nuestra. De <em>Idomeneo, rey de Creta<\/em> a la <em>Clemencia de Tito<\/em> \u2013pasando por <em>El rapto en el serallo, Las bodas de F\u00edgaro, Don Giovanni, Cos\u00ec fan tutte<\/em> y <em>La flauta m\u00e1gica<\/em>\u2013 Ortega despliega el movimiento de la vida interior de Mozart imaginando que transita, como Dante, del Infierno al Purgatorio hasta llegar, finalmente, al Para\u00edso; itinerario que parece recorrer dos veces. El infierno de Mozart, manifestado especialmente en <em>Idomeneo<\/em> y<em> Don Giovanni<\/em>, evoca una imagen m\u00edtica del Padre (Neptuno, la Estatua del Comendador) como Poder ciego, absoluto, inclinado a someter a su hijo al sacrificio. \u00bfQui\u00e9n no aloja en su interior ese D\u00e9spota inclemente que se hace pasar por ser, nada menos, que el mismo Padre divino? Una vez que las fauces de esa solemne seriedad lo devoran a uno \u2013la seriedad en la que nos encierra nuestro propio Juez pseudo-divino fabricado por nosotros mismos, un juez carente de amor cuya \u00fanica obsesi\u00f3n es la de acusarnos\u2013 todo se vuelve tan tenso, tan cerrado, que el alma queda inmediatamente incomunicada. La seriedad completa \u2013resultado de esa acusaci\u00f3n\u2013 es el lugar del infierno. Tal es el estado del alma de muchos de los principales personajes de esas \u00f3peras de Mozart y de sus v\u00edctimas \u2013nunca tampoco del todo inocentes\u2013. Tambi\u00e9n es el estado de todos los que nos sentimos todav\u00eda atrapados parcial o totalmente en un mundo donde reina el desamor y no aparece en el horizonte la posibilidad del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>En el caso de Mozart, Ortega nos muestra \u2013a trav\u00e9s de una profusa documentaci\u00f3n epistolar desarrollada especialmente en su \u00faltimo libro (2)\u2013 c\u00f3mo la relaci\u00f3n con su padre, Leopoldo, resulta, a este respecto, decisiva. Imbuido de un amor tan fuerte como posesivo por su hijo, Leopoldo le retace\u00f3 en momentos clave de su vida (como el de la muerte de su madre), la ternura y la comprensi\u00f3n que Mozart ardientemente necesitaba. Pero a pesar de que esta sombra amenazante del rigor paterno se ve claramente reflejada en sus \u00f3peras, hay un hecho fundamental que Fernando Ortega siempre destaca: Mozart no sucumbi\u00f3 a la tentaci\u00f3n de creer en el triunfo final de esa sombra. Aunque la filiaci\u00f3n no fue un v\u00ednculo f\u00e1cil para \u00e9l, nunca dej\u00f3 de sentir un profundo amor por su padre y jam\u00e1s lo identific\u00f3 completamente con un Juez severo e impiadoso. Por eso pudo crear y tambi\u00e9n, a su modo, amar.<\/p>\n<p>Otra cosa es la contra-figura imaginaria de Mozart, Salieri, que Fernando Ortega analiza especialmente en su libro dedicado al filme <em>Amadeus<\/em>, del director Milos Forman. Este s\u00ed est\u00e1 totalmente tomado por el resentimiento, la culpa y el consiguiente auto-desprecio, que vive como resultado de no haber podido experimentar el amor del padre. La llegada de Mozart a Viena se convierte en su tr\u00e1gica oportunidad para confirmar y profundizar su itinerario de desconfianza, envidia y autodestrucci\u00f3n. Pero su enorme rencor, que encuentra un chivo expiatorio en Mozart \u2013y tambi\u00e9n en s\u00ed mismo\u2013 tiene como objetivo final la figura de Dios Padre. Este supuesto Padre que ama a los hombres es para \u00e9l una completa impostura. \u00bfC\u00f3mo puede ser llamado \u201cPadre\u201d y \u201cAmor\u201d un Dios que regala arbitrariamente ese torrente de belleza a un caprichoso adolescente sin ning\u00fan m\u00e9rito y se lo niega a \u00e9l luego de haber trabajado tanto para obtener, sin lograrlo, esa misma belleza durante a\u00f1os?<\/p>\n<p>Muy distinta es la elecci\u00f3n de Mozart, quien canaliza el conflicto con su padre por medio de un camino siempre creciente de creatividad, amor y perd\u00f3n. Tal como lo muestra Ortega a trav\u00e9s de m\u00faltiples elementos, en la vida y las \u00f3peras de Mozart va emergiendo cada vez con m\u00e1s fuerza otra Voz, muy diferente a la de un Padre impiadoso. Por un lado, en algunas figuras femeninas: Ilia, Constanza, la Condesa de Almaviva. De acuerdo a Ortega, son sobre todo las mujeres \u2013especialmente en las primeras tres \u00f3peras de Mozart de las siete que analiza\u2013 las portadoras idealizadas de la gran posibilidad para aquellos que se hallan presos del infernal c\u00edrculo m\u00edtico: la posibilidad del perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, el perd\u00f3n que ofrece la apertura y generosidad femeninas \u2013en buena medida expresi\u00f3n de la incondicionalidad del amor materno\u2013 no resuelve completamente el mayor problema: el conflicto con el Padre. La ternura femenina puede conducir a esa experiencia oce\u00e1nica, tan bien descrita por Freud, que nos permite regresar por un tiempo al para\u00edso primordial \u2013ese seno materno en el que somos de nuevo cobijados y al que todos los seres humanos querr\u00edamos volver\u2013. Pero \u00bfc\u00f3mo terminar de sentir verdadera alegr\u00eda si fuera de ese protegido para\u00edso reina todav\u00eda un Poder paterno vengativo e implacable?<\/p>\n<p>Es en el ciclo de las cuatro \u00f3peras siguientes, a partir de <em>Don Giovanni<\/em>, donde Ortega muestra c\u00f3mo es posible salir de esa \u00faltima esfera del dominio de la oscuridad a trav\u00e9s de un segundo itinerario que va tambi\u00e9n del Infierno al Para\u00edso, pero en una clave diferente a la de las primeras tres \u00f3peras. Mientras que de <em>Idomeneo<\/em> a <em>Las bodas de F\u00edgaro<\/em> se pasa del encierro de un mundo m\u00edtico a una especie de humanismo reconciliado por la gracia del amor femenino, en el ciclo que va de <em>Don Giovanni<\/em> a <em>La Clemencia de Tito<\/em> se supera esta reconciliaci\u00f3n y se llega a lo impensado: la venida del Reino de un Padre que abandona la ferocidad de su rostro m\u00edtico. En tanto en el primer ciclo Mozart todav\u00eda se apoya en una teolog\u00eda en cierto modo inmanente en la que todo apunta \u2013de un modo a\u00fan rom\u00e1ntico\u2013 a un regreso al para\u00edso original perdido, en la segunda parte logra vislumbrar, de una manera \u00fanica, un tipo de reconciliaci\u00f3n infinitamente m\u00e1s profunda, inesperada y trascendente.<\/p>\n<p>Probablemente el abismo m\u00e1s profundo del infierno humano est\u00e1 representado en Mozart por la figura de <em>Don Giovanni<\/em>. Este parece un ser dotado de una enorme potencia en su capacidad amatoria, pero padece, en realidad, de una radical impotencia (una tesis que, por lo dem\u00e1s, ya sosten\u00eda Gregorio Mara\u00f1\u00f3n) (3). En sus pasiones desmedidas, sus infidelidades, su ego\u00edsmo cruel y violento, Don Juan demuestra todo lo contrario de la abundancia. M\u00e1s bien sufre una tremenda escasez espiritual y, por consiguiente, tambi\u00e9n una radical incapacidad para amar. Pero esta incapacidad de dar y recibir amor tiene un origen mucho m\u00e1s profundo y oscuro que el puro temor m\u00edtico que sufren las figuras de otras \u00f3peras anteriores y que puede precipitarlo a un encierro tr\u00e1gico y definitivo: el de un odio secreto hacia s\u00ed mismo. \u201c\u00bfC\u00f3mo soportar el amor de otro cuando uno es objeto de odio para s\u00ed mismo?\u201d. Este odio a s\u00ed mismo puede curarse s\u00f3lo de una manera: volviendo a vivir la experiencia de ser amado.<\/p>\n<p>Aunque en <em>Cos\u00ec fan tutte<\/em> y en <em>La flauta m\u00e1gica<\/em> aparecen elementos purificatorios para el inicio de un cambio en el alma que pueda permitirle acceder a la reconciliaci\u00f3n, es s\u00f3lo en <em>La clemencia de Tito<\/em> donde Ortega sit\u00faa la escena central de la salvaci\u00f3n humana. Si bien Tito, el emperador, es atravesado en su coraz\u00f3n por la terrible traici\u00f3n de su \u00edntimo amigo Sexto, su reacci\u00f3n no ser\u00e1 emitir una sentencia implacable y cruel como la de Neptuno en <em>Idomeneo<\/em>. Por el contrario, la decisi\u00f3n de Tito, representaci\u00f3n de Dios Padre \u2013y tambi\u00e9n del Hijo del hombre\u2013 ser\u00e1, como la de los anteriores personajes femeninos de Mozart, la de perdonar. Pero ya no se trata de un perd\u00f3n limitado a una situaci\u00f3n excepcional. En medio de un mundo dominado por el ego\u00edsmo, el perd\u00f3n de Tito es un perd\u00f3n divino-humano, un perd\u00f3n que lo abarca todo, lo redime todo, lo reconcilia todo. Lo que sigue a la experiencia del perd\u00f3n y el amor de ese Padre no ser\u00e1 entonces ya un para\u00edso humanista o social fabricado por la imaginaci\u00f3n humana \u2013como en el final de <em>Las bodas de F\u00edgaro<\/em>\u2013 sino el advenimiento de la realidad inveros\u00edmil que constituye el n\u00facleo mismo del Evangelio: la noticia de la efectiva llegada del Reino de Dios (5).<\/p>\n<p>Si bien Mozart parece \u2013a primera vista\u2013 alejado de las cosas religiosas, de los contenidos y las pr\u00e1cticas de la fe, es obvio que en su vida y en su arte demuestra estar profundamente comunicado con la Fuente. La lectura en clave humana y teologal de la vida y la obra de Mozart realizada por Ortega nos lleva, sin embargo, a un descubrimiento todav\u00eda mayor: que la Fuente de la vida y tambi\u00e9n de la creatividad en cualquier campo s\u00f3lo se abre para quien es capaz de reconocer y vivir el perd\u00f3n y el amor del Padre. \u00bfDe qui\u00e9n sino de un Padre amoroso podr\u00eda haber obtenido Mozart tanta belleza? Cuando el coraz\u00f3n se siente perdonado, se vuelve a la vez capaz de perdonar, de dar y recibir amor y de experimentar la verdadera alegr\u00eda. As\u00ed puede tambi\u00e9n volver a jugar, re\u00edr, bailar, crear, vivir. Junto al Mozart de Fernando Ortega se aprende fundamentalmente eso.<\/p>\n<p><em>Carlos Hoevel es Doctor en Filosof\u00eda. Investigador y profesor en la UCA<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1. Los principales libros de Fernando Ortega sobre Mozart son: La voz oculta. Di\u00e1logos teol\u00f3gicos acerca de Mozart (2006, con Claire Coleman); Junto a Mozart. Una lectura espiritual de sus grandes \u00f3peras (2011, con Claire Coleman); Mozart, el triunfo divino de la m\u00fasica (2013, con Claire Coleman); Amadeus. Una lectura teol\u00f3gica del film de Milos Forman (2014); El Dios de Mozart. El Mozart de Dios (2018). Todos ellos fueron editados por la editorial argentina Agape (los tres primeros fueron editados tambi\u00e9n en Francia, en tanto Junto a Mozart fue publicado tambi\u00e9n en Italia y El Dios de Mozart. El Mozart de Dios tambi\u00e9n en Espa\u00f1a).<\/p>\n<p>2. Fernando Ortega, El Dios de Mozart. El Mozart de Dios. Agape, 2018, especialmente en pp.34 a 38 y 193 a 224.<br \/>\n3. Gregorio Mara\u00f1\u00f3n, Don Juan: ensayos sobre el origen de su leyenda. Madrid, Espasa-Calpe, 1987.<br \/>\n4. Claire Coleman y Fernando Ortega, Junto a Mozart\u2026, Agape, 2011, 70.<br \/>\n5. \u201cMozart, el \u00abMozart de Dios\u00bb -concluye Ortega- interiorizo\u0301 progresivamente el gran secreto del Evangelio: el coraz\u00f3n del Padre\u201d en Fernando Ortega El Dios de Mozart. El Mozart de Dios. Agape, 2018, 224.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los trabajos sobre Mozart de Fernando Ortega, desarrollados a lo largo de varias d\u00e9cadas (1), bucean, entre otros temas, en las profundidades espirituales de la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[1462,129,28],"class_list":["post-16333","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cultura","tag-mozart","tag-musica"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4fr","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16333","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16333"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16333\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16335,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16333\/revisions\/16335"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16333"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16333"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16333"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}