{"id":16340,"date":"2020-11-30T20:29:18","date_gmt":"2020-11-30T23:29:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16340"},"modified":"2020-11-30T20:29:19","modified_gmt":"2020-11-30T23:29:19","slug":"sobre-el-mal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16340","title":{"rendered":"Sobre el mal"},"content":{"rendered":"<p>La belleza de la vida se ve inexorablemente amenazada por la presencia de una sombra. Vivimos tratando de no mirar hacia un \u00e1ngulo de nuestro paisaje vital, habitado por fantasmas. Somos conscientes de que sobre toda luz se cierne una sombra que puede apagar su brillo: mientras gozamos de la vida, de la belleza, de la alegr\u00eda, del amor, inexorable, asoma siempre esa sombra. El dolor de la enfermedad, del abandono, del fracaso, del error, de la traici\u00f3n, del ego\u00edsmo, del miedo. La culpa y la muerte. Una realidad que se har\u00e1 presente, tarde o temprano, que exigir\u00e1 atenci\u00f3n. Y no ser\u00e1 cada uno el que fije la fecha ni el horario de esa cita.<br \/>\nEn una charla sobre esta dimensi\u00f3n oscura de la vida, una voz joven afirmaba, convencida, el mal que era necesario porque no habr\u00eda espesor en el bien si no hubiera lo que le da contrapunto: <em>ying-yang<\/em>. Ese argumento, mientras desaf\u00eda con toda su m\u00edstica oriental, no convence: ante la presencia del mal, en la propia vida y alrededor, en aquellos que se aman, una afirmaci\u00f3n abstracta no resuelve el conflicto. Permanece la contradicci\u00f3n que encierra la presencia de algo que no se puede aceptar como real. El mal produce rechazo, repugnancia, rebeli\u00f3n. Se concreta en una pregunta: <em>\u00bfPor qu\u00e9?<\/em> Entendemos desde lo m\u00e1s profundo de nuestro ser que no estamos hechos para el dolor.<br \/>\nMuchos se han enfrentado a Dios con ese mismo grito, cuando el mal muerde sus entra\u00f1as, su historia, sus amores. La Iglesia no ha evadido esa pregunta; la toma en toda su densidad. Si Dios Padre Todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, \u00bfpor qu\u00e9 existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta (\u2026). \u201cNo hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuesti\u00f3n del mal\u201d (Catecismo de Iglesia Cat\u00f3lica, 309).<br \/>\nLa respuesta de la Iglesia matiza \u00e1mbitos distintos donde puede percibirse. El mundo no ha sido creado perfecto: este no es el \u201cmundo m\u00e1s perfecto posible\u201d, como suger\u00eda Leibniz\u2026 Ha sido creado incompleto, en <em>devenir<\/em>. \u201cEste devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparici\u00f3n de ciertos seres, la desaparici\u00f3n de otros; junto con lo m\u00e1s perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza tambi\u00e9n las destrucciones\u201d (Catecismo, 310). Es el \u00e1mbito del mal f\u00edsico: en su desplegarse de vida y fuerza, los elementos, los continentes, los mismos seres vivos, chocan y se avasallan\u2026 Eso forma parte de un designio divino del que no tengo la regla ni la raz\u00f3n. Como en muchas dimensiones de la vida, sabemos el c\u00f3mo, pero no el porqu\u00e9. Podr\u00eda, tal vez, aceptarlo como parte de un paisaje que me viene impuesto.<br \/>\nPero la pregunta se hace mucho m\u00e1s apremiante en el encuentro con otra dimensi\u00f3n del mal: el \u201cmal moral, incomparablemente m\u00e1s grave\u201d que el f\u00edsico (Catecismo, 311). No s\u00f3lo existe el mal an\u00f3nimo de las fuerzas naturales, del mundo animal, sino que hace su presencia la maldad encarnada en hombres y mujeres que hacen sentir su violencia, su poder, sobre otros. Violencia, atropellos, humillaci\u00f3n y muerte con un rostro humano. M\u00e1s dif\u00edcil es entender que \u201clos hombres, criaturas inteligentes y libres, deben caminar hacia su destino \u00faltimo por elecci\u00f3n libre y amor de preferencia. Por ello pueden desviarse. (\u2026) Dios no es de ninguna manera\u2026 la causa del mal moral. Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura\u201d (Ibidem).<br \/>\nToda la revelaci\u00f3n judeo-cristiana lleva en el seno rico de su tradici\u00f3n la historia del mal: el hombre ha sido la criatura llamada a la existencia por un Dios-Amor, y ha sido invitada a una respuesta de amor, y por eso es libre. Misteriosamente respondi\u00f3 de un modo absurdo: decidi\u00f3 tratar de \u201cser como Dios\u201d sin Dios, contra Dios (G\u00e9nesis 3,5) y, como consecuencia, introdujo en el mundo toda desarmon\u00eda. A partir de ah\u00ed, el mal hizo su entrada en el mundo (cf. Romanos 5, 12). No sabemos por qu\u00e9, s\u00ed sabemos el c\u00f3mo. El porqu\u00e9 queda encerrado en el coraz\u00f3n libre del hombre. La soberbia, la rebeli\u00f3n, el deseo de autonom\u00eda de la criatura es ese <em>mysterium iniquitatis<\/em> que nos interpela. Dios hubiera podido cerrar all\u00ed la Historia, y acabar con todo, como con un intento fallido, pero, misteriosamente para nosotros, deja que la historia siga su curso, con el mal como compa\u00f1ero de ruta: la muerte, el dolor y la culpa.<br \/>\nEn a\u00f1os cercanos, el existencialismo consideraba que no era l\u00edcito intentar responder a preguntas inadecuadas: no hay respuestas en una existencia que se perfila \u2013que se define\u2013 como <em>absurda<\/em>. Consideraba que no era pertinente una \u201cpregunta\u201d, porque no hay \u201csentido\u201d. <em>Devant le mur il ne faut pas sauter<\/em>, alerta Cam\u00fas. No me es l\u00edcito preguntarme sobre lo que est\u00e1 \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d. <em>Un muro cierra la vista: no intentes saltarlo, qu\u00e9date<\/em> \u201cde este lado\u201d. Pero esa pregunta vuelve a aparecer, obstinada, en los labios de los que hemos sobrevivido al nihilismo, porque algo dentro nuestro nos impulsa, a los gritos, a rechazar la oscuridad, porque intuye que hay sentido en las cosas\u2026<br \/>\nEl Catecismo no avanza mucho m\u00e1s: s\u00ed deja en claro que el mal no supone que Dios ha perdido el control de la Historia. Dios Todopoderoso (no es banal la repetici\u00f3n del adjetivo en casi cada p\u00e1rrafo) sabr\u00e1 c\u00f3mo sacar el bien de todo ese mal. Incluso del mayor mal pensable,<em> la muerte del Hijo de Dios por parte de su creaci\u00f3n<\/em>, sac\u00f3 el mayor bien pensable, <em>llegar a ser hijos de Dios<\/em>. Adem\u00e1s, el mal desaparecer\u00e1 en la otra vida, para los que crean en el amor de Dios. El Catecismo se\u00f1ala con radical realismo que puedo, por la fe, comprender que al final se impondr\u00e1 el bien, \u201cpero no por esto el mal se convierte en un bien\u201d (n. 314). Seguir\u00e1 mordiendo con su tentaci\u00f3n de absurdo y de esc\u00e1ndalo.<br \/>\nEn un momento del todo particular, \u00fanico, de la vida de la Iglesia, como lo fue el Concilio Vaticano II, esa pregunta reson\u00f3 en las profundas conversaciones que la fe entreten\u00eda con el mundo contempor\u00e1neo. Los pastores de toda la Iglesia, asesorados por multitud de expertos fil\u00f3sofos, te\u00f3logos, especialistas de todas las ciencias humanas, acompa\u00f1ados por la oraci\u00f3n de todo el pueblo cristiano, no fueron capaces de \u201cdar una respuesta\u201d que cerrara el \u201cproblema\u201d. S\u00ed fue capaz de marcar la dimensi\u00f3n en la que se encuentra el problema del dolor. Hubiera podido utilizar una palabra que, muchos, fuera y dentro de la Iglesia, consideran un subterfugio para no responder: misterio. Pero arriesg\u00f3 a decir algo m\u00e1s, mucho m\u00e1s. Introdujo otro t\u00e9rmino que nos desaf\u00eda. Habla del mal, del dolor y la muerte como un <em>enigma<\/em> (<em>Gaudium et Spes<\/em>, 22). Algo que no se puede comprender, explicar o agotar. La intenci\u00f3n del texto se ve en las variantes que adoptan las distintas traducciones: en la versi\u00f3n francesa, <em>\u00e9nigme<\/em>; <em>R\u00e4tzel<\/em>, en alem\u00e1n; <em>enigma<\/em> en italiano; <em>riddles<\/em> en ingl\u00e9s\u2026 Al problema del dolor no se le puede pedir \u201cexplicaci\u00f3n\u201d, porque excede nuestra capacidad de objetivarlo, de conceptualizarlo, de entender su \u00faltimo sentido. El diccionario agrega que tal vez no se pueda comprender por qu\u00e9 el significado ha sido artificiosamente encubierto (1) \u2026 La apuesta del Concilio es alta. El dolor, dice, para quien no tiene fe, es decir <em>\u201cfuera del evangelio\u201d, \u201cnos envuelve en absoluta oscuridad\u201d<\/em>. Sin la luz de la fe ese camino est\u00e1 cerrado.<br \/>\nEs ah\u00ed donde est\u00e1 la otra cara de la respuesta del Concilio: ese enigma tiene una luz que me gu\u00eda en una direcci\u00f3n inesperada. \u201cEste es el gran misterio del hombre que la Revelaci\u00f3n cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte\u201d (\u00eddem). La revelaci\u00f3n esclarece. Da una tenue luz que no \u201cresuelve\u201d\u2026, pero ilumina. No \u201centiendo\u201d, pero descubro con asombro que forma parte de un camino, un designio, un plan, que Dios realiz\u00f3 por Cristo, con \u00c9l y en \u00c9l, para salvar al hombre del pecado.<br \/>\nLa reflexi\u00f3n cristiana entiende que Dios, el imputado, se acerca a cada dolor, para beber hasta la \u00faltima gota del mismo c\u00e1liz que se rechaza. No cabe ante Dios un grito airado, porque entiendo que Dios parece decir \u201cno me grites, como si yo no entendiera lo que est\u00e1s viviendo. Lo entiendo perfectamente, porque lo viv\u00ed a tu lado\u201d. Dios no me deja colocarlo \u201cen la vereda de enfrente\u201d, acus\u00e1ndolo de ser insensible al sufrimiento \u201cinocente\u201d. Dios, \u00fanico inocente, se muestra junto a nosotros en el dolor. Es Jes\u00fas quien dice: \u201c\u00bfQu\u00e9 dir\u00e9? \u00a1Padre, l\u00edbrame de esta hora! \u00a1Si para esto he venido!\u201d (Juan 12). <em>No escapo del dolor o de la muerte<\/em>: \u201cEste es mi cuerpo entregado\u2026 y esta es mi sangre derramada\u201d (Mateo 26, 26-28). Asombrosamente, Jes\u00fas se hace dolor con nosotros. Dios hubiera podido borrar el dolor, pero decide no hacerlo y, entonces, cambia el centro de gravedad de la pregunta: ahora puedo preguntar \u00bfpor qu\u00e9 el dolor de Dios? Y la pregunta sobre el mal alcanza un nuevo espesor, una nueva densidad.<br \/>\n\u201cSi alguno quiere seguirme, que tome su cruz cada d\u00eda y me siga\u201d (Lucas 9,23). El dolor es algo que se hace camino hacia Jes\u00fas, o camino con Jes\u00fas. Tal vez por eso no siempre el dolor ha sido esc\u00e1ndalo que aleja de Dios sino que, por el contrario, muchos han encontrado a Dios justamente all\u00ed, recorriendo el camino que tal vez ni siquiera buscaban. Pero ese encuentro inopinado con la Cruz de Cristo de convierte para ellos en luz\u2026 no en \u201cexplicaci\u00f3n\u201d. Camino de luz\u2026<br \/>\nComo dec\u00eda Dani\u00e9lou, los problemas l\u00edmite no tienen una explicaci\u00f3n: \u201cLa raz\u00f3n no los puede abarcar y obliga al esp\u00edritu humano a abrirse a una revelaci\u00f3n que es la \u00fanica que puede introducirla en los secretos \u00faltimos de la existencia y de la historia\u201d (2) . \u201cLos problemas l\u00edmite se caracterizan tambi\u00e9n por el hecho de no poder ser abordados desde el simple punto de vista del proceso discursivo, sino que exigen una postura total, una conversi\u00f3n existencial\u201d (3) . La \u00fanica forma de \u201cresponder\u201d al mal es abraz\u00e1ndolo, recorri\u00e9ndolo, contempl\u00e1ndolo, rez\u00e1ndolo\u2026<br \/>\nNo por eso dejar\u00e1 de ser mal, no por eso dejar\u00e1 de desafiar, de tentar de rebeli\u00f3n, pero al menos ahora se sabe qu\u00e9 esperar: fuera de evangelio, nada; dentro del evangelio, un poco de luz en un camino, y adem\u00e1s, la fuerza para responder a la invitaci\u00f3n de Cristo, porque adem\u00e1s lo reconozco compa\u00f1ero. Dec\u00eda Juan Pablo II que con los brazos abiertos en la cruz, Cristo abre su dolor a todo dolor humano (4). El cristiano tiene un camino que recorrer all\u00ed donde toda otra persona s\u00f3lo encontrar\u00e1 un enigma. Jes\u00fas en la Cruz se hizo solidario con nuestro dolor. Lo hizo por nosotros, por nuestra Salvaci\u00f3n (Catecismo, 456). Y lo que m\u00e1s brilla en la Pasi\u00f3n no es el dolor, sino su amor por nosotros.<br \/>\nDesde una mirada de fe, tal vez la <em>Gaudium et Spes<\/em> gu\u00ede a renunciar a \u201cexplicar\u201d el problema del dolor. El camino es \u201ccontemplarlo\u201d, y \u201crecorrerlo\u201d en oraci\u00f3n, personalmente y junto al que sufre. Podr\u00e1 encontrar trazos en los que no se lee un sentido, pero <em>iluminar\u00e1, esclarecer\u00e1<\/em> esa trama que ahora se nos niega, que ahora est\u00e1 <em>artificiosamente encubierta<\/em>.<br \/>\nEl dolor, la muerte, no son la \u00faltima palabra, porque hay Resurrecci\u00f3n. Hay vida despu\u00e9s de esta vida, despu\u00e9s del dolor y de la muerte. \u201cAhora veo en enigma \u2013dice San Pablo\u2013. Entonces ver\u00e9 cara a cara\u201d (1 Corintios 13,12); entender\u00e9 lo que ahora se me oculta.<\/p>\n<p><em>Manuel de El\u00eda es sacerdote, ingeniero y profesor en la Universidad Austral<\/em><\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p>1. As\u00ed el Diccionario de la Real Academia.<br \/>\n2. J. Dani\u00e9lou, Dios y nosotros, Ed. Taurus, Madrid 1966, p. 57.<br \/>\n3. Ibid. p. 72.<br \/>\n4. Tal vez fuera en San Juan Pablo II, Salvifici doloris, 24 (1984): \u201cen ese sufrimiento redentor a trav\u00e9s del cual se ha obrado la redenci\u00f3n del mundo, Cristo se ha abierto desde el comienzo, y constantemente se abre, a cada sufrimiento humano\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La belleza de la vida se ve inexorablemente amenazada por la presencia de una sombra. 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