{"id":16389,"date":"2020-12-08T12:17:48","date_gmt":"2020-12-08T15:17:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16389"},"modified":"2020-12-08T12:17:49","modified_gmt":"2020-12-08T15:17:49","slug":"adviento-tiempo-de-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16389","title":{"rendered":"Adviento: Tiempo de Esperanza"},"content":{"rendered":"<p>La situaci\u00f3n sin precedentes que hemos vivido este a\u00f1o a ra\u00edz de la pandemia, con sus profundas repercusiones en nuestro entorno y en nosotros mismos, somete a dura prueba nuestra vida cristiana y, de un modo especial, nuestra esperanza. Y \u00e9ste es un desaf\u00edo que debemos encarar con toda firmeza y coraje, porque la virtud de la esperanza es la aspiraci\u00f3n profunda que nos abre y nos orienta a Dios, y es la fuente de nuestra energ\u00eda interior para seguir caminando, confiados en que nuestra perseverancia tiene un sentido. Este Adviento tendr\u00e1 para nosotros un significado muy especial, porque es un tiempo de gracia para renovarnos en la esperanza.<\/p>\n<p>El Adviento es, precisamente, un llamado a la esperanza. Pero ese llamado, a lo largo de las cuatro semanas que nos separan de la Navidad, reviste dos formas distintas, aunque complementarias. En una primera etapa, el Adviento nos exhorta a una profunda conversi\u00f3n para disponernos a recibir la visita del Se\u00f1or. Debemos entrar en nosotros mismos, entender cu\u00e1l es nuestra verdadera situaci\u00f3n y cu\u00e1nto necesitamos de Dios. Es una etapa que podemos llamar asc\u00e9tica, porque nos llama a un esfuerzo personal de purificaci\u00f3n interior. Es comprensible que la figura central de estos primeros d\u00edas sea Juan el Bautista.<br \/>\u201cComo est\u00e1 escrito en el libro del profeta Isa\u00edas: \u00abMira, yo env\u00edo a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Se\u00f1or, allanen sus senderos\u00bb, as\u00ed se present\u00f3 Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversi\u00f3n para el perd\u00f3n de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusal\u00e9n acud\u00edan a \u00e9l, y se hac\u00edan bautizar en las aguas del Jord\u00e1n, confesando sus pecados. (\u2026) Juan estaba vestido con una piel de camello y un cintur\u00f3n de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre.\u201d (Marcos 1,2-6)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/San_Juan_Bautista_-El_Greco.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16390 alignright\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/San_Juan_Bautista_-El_Greco.jpg\" alt=\"\" width=\"235\" height=\"312\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/San_Juan_Bautista_-El_Greco.jpg 603w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/San_Juan_Bautista_-El_Greco-226x300.jpg 226w\" sizes=\"auto, (max-width: 235px) 100vw, 235px\" \/><\/a>Juan es un hombre del desierto, solitario, duro, \u00e1spero, esencial, como se refleja en este retrato, obra de El Greco (1597-1607). \u00c9l nos exhorta a adentrarnos en nuestro desierto interior, y volver a tomar contacto con nuestro anhelo m\u00e1s profundo: nuestro deseo de Dios. Sus palabras evocan las del profeta Isa\u00edas:<br \/>Una voz proclama: \u00a1Preparen en el desierto el camino del Se\u00f1or, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! \u00a1Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las monta\u00f1as y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies! (Isa\u00edas 40, 3-4)<br \/>Para entender el sentido concreto de este llamado, la Tradici\u00f3n de la Iglesia lo ha interpretado en un sentido aleg\u00f3rico. Las monta\u00f1as y colinas representan nuestro orgullo, que debe ser abajado; los valles son imagen de nuestras depresiones, nuestra indiferencia, nuestra cobard\u00eda, que deben ser superados por una nueva actitud en\u00e9rgica y valiente; los terrenos escarpados, dif\u00edciles de transitar, pueden representar la tortuosidad de nuestros sentimientos y pasiones, que deben ser transformados por la simplicidad y la pureza de coraz\u00f3n. Entonces s\u00ed que nuestro coraz\u00f3n podr\u00e1 abrirse y permitir que el Se\u00f1or llegue a nosotros.<br \/>Pero \u00e9sta, por importante que sea, es s\u00f3lo la primera etapa, aquella que pone en primer plano nuestro esfuerzo por preparar los caminos del Se\u00f1or. Es, como dijimos, la etapa asc\u00e9tica de nuestra esperanza. Pero ella no podr\u00eda llevarnos por s\u00ed misma a Dios. Si no desembocara en algo nuevo y superior, nuestro esfuerzo quedar\u00eda en la nada, la esperanza se transformar\u00eda en impotencia. Pero el Adviento, desde la tercera semana, nos invitar\u00e1 a ingresar en una nueva etapa, en la cual la esperanza deja de estar centrada en nuestro esfuerzo y se transforma en la apertura al don y a la alegr\u00eda. Es la etapa contemplativa del encuentro con Dios, que finalmente se nos hace visible y accesible, naciendo como uno de nosotros, del seno de Mar\u00eda. La figura de Juan el Bautista deja lugar, consiguientemente, a la de Mar\u00eda.<br \/>Y tal vez la obra m\u00e1s adecuada para comprender el sentido de esta etapa es La Anunciaci\u00f3n de Fra Angelico (1426-1428), el maravilloso retablo fue realizada para el altar derecho de la iglesia del convento de Santo Domingo en Fiesole, Florencia, y que se exhibe en el Museo del Prado.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/fra-angelico-la-anunciacion.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16391\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/fra-angelico-la-anunciacion.jpg\" alt=\"\" width=\"1008\" height=\"794\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/fra-angelico-la-anunciacion.jpg 1008w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/fra-angelico-la-anunciacion-300x236.jpg 300w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/fra-angelico-la-anunciacion-768x605.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1008px) 100vw, 1008px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Guido di Pietro, m\u00e1s conocido como Fra o Fray Ang\u00e9lico, (1395 &#8211; 1455) fue un fraile dominico que supo combinar la vida religiosa con su actividad como pintor eximio (1). El sobrenombre de Fra Angelico le fue dado de forma p\u00f3stuma, por la religiosidad que irradi\u00f3 en su vida y en su arte. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982.<br \/>En esta obra, Fra Angelico representa dos escenas distintas, pero \u00edntimamente ligadas. Por un lado, en la parte derecha, ocupando la mayor parte de la tabla, encontramos a la Virgen Mar\u00eda y el arc\u00e1ngel Gabriel, en una escena inspirada en el Evangelio de San Lucas. La Virgen, hab\u00eda estado sentada en silencio, leyendo, meditando, orando, un silencio que no es vac\u00edo, sino deseo de saber, de aprender, de recibir, de contemplar.<br \/>Al llegar el \u00e1ngel abandona sorprendida el libro de las Sagradas Escrituras en su regazo, y con las manos cruzadas sobre su pecho se inclina para realizar una reverencia a su visitante, mientras baja su mirada con timidez, modestia y turbaci\u00f3n. El arc\u00e1ngel, con una expresi\u00f3n seria, ocupa el centro de la escena y en respuesta est\u00e1 iniciando su genuflexi\u00f3n.<br \/>La t\u00fanica del \u00e1ngel es rosa, es decir, del mismo color de nuestra carne, cuya apariencia ha tomado para cumplir su misi\u00f3n, pero por el pliegue abierto de su t\u00fanica asoma su verdadera naturaleza: una camisola larga azul cielo denota quien es y de d\u00f3nde viene. Los colores del atuendo de Mar\u00eda est\u00e1n invertidos: una t\u00fanica rosa representa su humanidad, pero el manto azul que la envuelve, simboliza el modo en que ha sido \u201carropada\u201d por la divinidad del Verbo.<\/p>\n<p>En la parte izquierda de la tabla est\u00e1 representada la expulsi\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva del Para\u00edso. Ellos aparecen saliendo de un jard\u00edn maravilloso, donde han sido pintadas escrupulosamente m\u00e1s de 300 variedades bot\u00e1nicas, incluida la palmera s\u00edmbolo de la inmortalidad. Ambos est\u00e1n ya vestidos con pieles, reflejo de su condici\u00f3n ca\u00edda, y se muestran profundamente avergonzados mientras se alejan del Para\u00edso bajo la mirada del \u00e1ngel. Eva dirige una mirada furtiva a su abogada (Mar\u00eda). Ad\u00e1n no, mira al suelo ensimismado en su culpa.<br \/>La situaci\u00f3n de ambos es tr\u00e1gica, y su contemplaci\u00f3n suscita la compasi\u00f3n del espectador. Pero hay en esta escena un detalle significativo. A los pies de Ad\u00e1n y Eva, el Beato Ang\u00e9lico ha colocado tres rosas, que constituyen una clara alusi\u00f3n a Mar\u00eda. San Bernardo ya hab\u00eda popularizado por ese entonces el t\u00edtulo de \u201cRosa m\u00edstica\u201d aplicado a Mar\u00eda. En medio de la oscuridad del pecado y sus consecuencias, late ya el germen de la esperanza.<\/p>\n<p>Por encima de ellos, en la esquina superior derecha, las manos de Dios asoman resplandecientes enviando un haz de luz, y dentro de \u00e9l, en forma de una paloma blanca, al Esp\u00edritu Santo, el cual, atravesando todo el recorrido de la historia de la Salvaci\u00f3n, apunta al coraz\u00f3n de Mar\u00eda. El significado de la obra surge con claridad: con Ad\u00e1n y Eva, nuestros primeros padres, se produce la ca\u00edda del hombre y comienza la historia del pecado. En Mar\u00eda, en cambio, se inicia el tiempo del cumplimiento de las promesas divinas, cuando acepta ser la Madre del Salvador por obra del Esp\u00edritu Santo.<br \/>Como detalle exquisito, vemos posada, por encima de la cabeza del \u00c1ngel y de la Virgen, una golondrina, que durante el Renacimiento fue un s\u00edmbolo habitual de la Encarnaci\u00f3n de Cristo. Pero hay tambi\u00e9n otro significado en la intenci\u00f3n de este pintor dominico:<br \/>\u201cLa golondrina, con su cuerpo negro azulado por encima, y blanco por debajo, recuerda el h\u00e1bito dominico. Fray Juan la ha puesto ah\u00ed, contemplando como \u00fanico testigo el acontecimiento de los siglos. Cumpliendo el lema dominico Contemplata tradere (\u201cllevar a los dem\u00e1s lo contemplado\u201d). S\u00ed, parece una golondrina dominica. \u00bfHabr\u00e1 querido representarse en ella a s\u00ed mismo y a sus hermanos del convento de Fiesole?\u201d (2)<\/p>\n<p>La Anunciaci\u00f3n de Fra Angelico nos ayuda no s\u00f3lo a contemplar la Historia de la Salvaci\u00f3n en una mirada panor\u00e1mica, sino que nos invita a descubrir nuestra vida actual, reflejada en las escenas que representa. Podemos sentirnos identificados con la primera pareja humana, que es expulsada del Para\u00edso. Nosotros, si bien hemos sido liberados en el bautismo del pecado original, seguimos cargando en nuestra vida con muchas de sus consecuencias. Por eso mismo, podemos reconocernos en la verg\u00fcenza y la culpa de nuestros primeros padres; en la tristeza de haber arruinado por nuestros actos y omisiones la posibilidad de vivir en la amistad y la intimidad con Dios, representada en ese jard\u00edn exuberante que hubiera debido ser nuestro hogar, y hoy es s\u00f3lo una dolorosa nostalgia. Sin embargo, a nuestros pies, en el mismo camino del destierro, encontramos esas tres rosas, los signos discretos de que no estamos abandonados a nuestra suerte. Por encima de nuestras cabezas, y de nuestra comprensi\u00f3n, el rayo del amor misericordioso de Dios atraviesa nuestra historia para redimirla y brindarnos el don de su Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Mar\u00eda encarna la actitud del creyente esperanzado. Ella ha preparado pacientemente su coraz\u00f3n en el silencio, creyendo y confiando en la Palabra de Dios, esperando en las promesas dirigidas a su Pueblo, aun sin conocer todav\u00eda el llamado de Dios, pero dispuesta a dar su \u201cs\u00ed\u201d cuando Dios se lo requiriera. As\u00ed nosotros debemos velar atentos en este tiempo disponiendo nuestro coraz\u00f3n para un acontecimiento que es puro don y, por lo tanto, no podemos producir por nosotros mismos, pero al cual nos podemos preparar. En otras palabras, nos disponemos para recibir la Visita del Se\u00f1or, que en cada Navidad toma para nosotros una forma nueva, y tenemos que estar en condiciones interiores de reconocerla, acogerla y vivirla con gratitud.<br \/>Y esa gracia para nosotros, lo es tambi\u00e9n para el mundo. El \u00c1ngel nos anunciar\u00e1 que Cristo quiere venir a nuestro coraz\u00f3n y nacer en \u00e9l de un modo nuevo por el Esp\u00edritu, para hacernos instrumento de su redenci\u00f3n. Depende de m\u00ed, de mi libertad, creer o no. Es mi oportunidad de superar la historia de mi pecado que me aleja de Dios por una historia de gracia; de dejar atr\u00e1s la culpa, la verg\u00fcenza y el desencanto, para abrir el coraz\u00f3n a la alegr\u00eda, la acci\u00f3n de gracias y la fecundidad del amor.<br \/>Como dec\u00edamos al principio, la primera etapa del Adviento junto a Juan el Bautista tiene un car\u00e1cter asc\u00e9tico, es un llamado al esfuerzo por convertirnos y preparar \u201cel camino del Se\u00f1or\u201d. La segunda etapa que vivimos, en cambio, unidos a Mar\u00eda es contemplativa, porque reclama de nosotros la capacidad de abrir los ojos del coraz\u00f3n, alegrarnos, recibir, agradecer, comunicar la vida que recibimos. Ambas etapas son necesarias. La primera es el presupuesto, que apela a nuestra libertad, la segunda es la coronaci\u00f3n, que es pura obra de la gracia.<br \/>Pidamos que en estos tiempos dif\u00edciles, lejos de bajar los brazos desalentados, sepamos dar un testimonio de nuestra esperanza inquebrantable, fundada en la fidelidad y la misericordia de Dios, que ha querido hacerse hombre \u201cy poner su morada entre nosotros\u201d (Juan 1,14).<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>1. En 1418 ingres\u00f3 en un convento dominico en Fiesole y alrededor de 1425 se convirti\u00f3 en fraile de la orden con el nombre de Juan da Fiesole.<br \/>2. J. M. SALAVERRI, La Anunciaci\u00f3n. Conversaciones con Fray Ang\u00e9lico. Madrid, PPC, 1998, 216-217.<\/p>\n<p>Para meditar:<br \/>\u00bfHe sabido vivir este dif\u00edcil a\u00f1o en la esperanza?<br \/>\u00bfHe logrado mantener mi confianza en las promesas de Dios?<br \/>\u00bfEstoy preparando activamente el camino para que el Se\u00f1or venga a mi coraz\u00f3n?<br \/>\u00bfCreo en la Navidad no s\u00f3lo como un acontecimiento pasado sino como la Venida del Se\u00f1or en el \u201choy\u201d de mi vida y la vida del mundo?<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/ORAR.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16392\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/ORAR.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"360\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/ORAR.jpg 640w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/ORAR-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La situaci\u00f3n sin precedentes que hemos vivido este a\u00f1o a ra\u00edz de la pandemia, con sus profundas repercusiones en nuestro entorno y en nosotros mismos,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[958,8],"tags":[1765,14,1658],"class_list":["post-16389","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-criterio-digital-2","category-iglesia","tag-adviento","tag-iglesia","tag-meditacion"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4gl","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16389","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16389"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16389\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16393,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16389\/revisions\/16393"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16389"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16389"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16389"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}