{"id":16420,"date":"2020-12-08T15:02:10","date_gmt":"2020-12-08T18:02:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16420"},"modified":"2020-12-08T15:02:10","modified_gmt":"2020-12-08T18:02:10","slug":"diplomaticos-en-tiempos-de-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16420","title":{"rendered":"Diplom\u00e1ticos en tiempos de guerra"},"content":{"rendered":"<p>Entre las muchas historias curiosas de la Segunda Guerra Mundial, hay una en la que, gracias a pasaportes falsificados, de un d\u00eda para otro muchos jud\u00edos de Amsterdam, Varsovia y hasta Berl\u00edn se convirtieron en nativos haitianos y bolivianos. Si eso suena gracioso, vamos al detalle. Los sovi\u00e9ticos de un lado y los nazis del otro, hab\u00edan invadido Polonia. El gobierno casi entero estaba exiliado en Londres. Su representante en Suiza, Aleksandr Lados, no pod\u00eda usar t\u00edtulo de embajador, pero s\u00ed de encargado de negocios. En 1940, alentado por su canciller y \u201calterando\u201d documentos, salv\u00f3 unas treinta personas en riesgo de muerte bajo la ocupaci\u00f3n sovi\u00e9tica. Y entre 1942-43, su \u201cGrupo de Berna\u201d se agenci\u00f3 papeles en blanco de diversos pa\u00edses americanos, los llen\u00f3 a su gusto y los reenvi\u00f3 a unos 3.000 jud\u00edos con sus familias. El c\u00f3nsul honorario de Paraguay (un suizo) cobr\u00f3 500 marcos cada documento firmado, sellado y legalizado en su oficina. El embajador de El Salvador, en cambio, colabor\u00f3 gratuitamente. Con esos pasaportes, los beneficiados se salvaban de ir a un campo de concentraci\u00f3n. Pero algo les sonaba raro a los nazis: \u00bfdesde cu\u00e1ndo viv\u00edan tantos jud\u00edos sudamericanos en Sosnowiec y Varsovia? R\u00e1pidamente hubo que confesar el delito a los embajadores de los pa\u00edses afectados, y encima rogarles complicidad para que certificaran que esos papeles eran enteramente legales. Monse\u00f1or Filipo Bernardini, amigo de la causa, convenci\u00f3 sobre todo al gobierno paraguayo. Despu\u00e9s de la guerra, Polonia cay\u00f3 en manos comunistas. Lados volvi\u00f3 a su pa\u00eds solo cuando ya se sent\u00eda morir. Sus colaboradores prefirieron tomar otros rumbos, como el asesor Stefan Ryniewicz, que termin\u00f3 sus d\u00edas en 1988 como argentino naturalizado, empresario y directivo del Club Polaco de calle Serrano de Buenos Aires. As\u00ed lo cuenta el documental de Robert Kaczmarek <em>Pasaporte paraguayo,<\/em> que Cine Club N\u00facleo difundi\u00f3 este a\u00f1o gratuitamente.<br \/>\nCabe recordar aqu\u00ed a otros embajadores que se arriesgaron para salvar vidas en aquellas \u00e9pocas, como el portugu\u00e9s Ar\u00edstides de Souza Mendes, que salv\u00f3 a miles de jud\u00edos pese a las \u00f3rdenes del dictador Salazar, y luego muri\u00f3 pobre, o el mexicano Gilberto Bosques Sald\u00edvar, que salv\u00f3 a cientos de republicanos y jud\u00edos, y luego fue honrado por su gobierno, evocados en sendos documentales: <em>O c\u00f3nsul de Bordeus<\/em> (Correa y Manso, 2011) y <em>Visa al Para\u00edso<\/em> (Lilian Lieberman, 2010). O el c\u00f3nsul sueco Raoul Nordling, que apelando al don de la palabra, los contactos y el savoir-faire convenci\u00f3 al general Dietrich von Choltitz de entregar Par\u00eds a los Aliados sin hacerla saltar en pedazos como ordenaba Hitler. Ese hecho fue debidamente representado por Orson Welles y Gert Froebe en <em>\u00bfArde Par\u00eds?<\/em> (Ren\u00e9 Clement, 1966), y con m\u00e1s detalle por Andr\u00e9 Dussolier y Niels Arestrup en <em>Diplomatie<\/em> (Volker Schlondorff, 2014). Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 pel\u00edcula podr\u00edamos hacer con las historias de nuestros diplom\u00e1ticos en aquellos a\u00f1os de guerra? No hay un solo documental sobre los varios viajes del crucero \u201c25 de Mayo\u201d y la torpedera \u201cTucum\u00e1n\u201d que desde agosto de 1936 hasta casi marzo de 1937, plena Guerra Civil Espa\u00f1ola, embarcaron 1.526 refugiados de Alicante a Marsella, desde donde pudieron viajar a Buenos Aires. O los esfuerzos de nuestras autoridades para informar a las familias sobre los muchos argentinos que fueron all\u00ed a pelear, por un bando u otro. Y a\u00fan m\u00e1s, las voluntades para evitar que los milicianos de la Rep\u00fablica entraran a la embajada o los consulados para llevarse a la gente, como hicieron en la embajada del Per\u00fa, arrastrando a unos a la c\u00e1rcel por mon\u00e1rquicos y a otros al frente como \u201cvoluntarios\u201d.<br \/>\nEl escritor espa\u00f1ol Victoriano Redondo Ledo cuenta que en una ocasi\u00f3n el entonces encargado de negocios don Ram\u00f3n de Oliveira C\u00e9sar, para frenar a los milicianos, extendi\u00f3 la bandera argentina sobre el suelo de la entrada, sac\u00f3 una pistola y amenaz\u00f3 con dispararle al primero que llegara a pisarla. La historia es realmente digna de una pel\u00edcula. El problema es que en este caso los \u201cmalos\u201d eran los republicanos, y hoy acusarlos de algo todav\u00eda es \u201cpol\u00edticamente incorrecto\u201d. El mismo diplom\u00e1tico fue c\u00f3nsul general en la Francia de la Ocupaci\u00f3n. Tiempos dif\u00edciles, porque el gobierno argentino de aquel entonces simpatizaba con el Eje. S\u00f3lo Julio A. Roca (hijo) y otros pocos funcionarios de la Canciller\u00eda miraban con simpat\u00eda a los Aliados (y no duraron mucho tiempo). Y aunque varios representantes hab\u00edan enviado m\u00e1s de un informe sobre las crueldades del r\u00e9gimen nazi, denunciando incluso la existencia de campos de concentraci\u00f3n, el Palacio San Mart\u00edn ordenaba brindar la menor ayuda posible a los necesitados. Quienes actuaron de modo cristiano, otorgando visas y otras formas de salvaci\u00f3n, lo hicieron por su propia cuenta y riesgo, generalmente sin informar a sus superiores, cosa de evitar sanciones o desplazamientos. El diplom\u00e1tico e historiador Jos\u00e9 Sanchiz Mu\u00f1oz recuerda entre ellos a sus antecesores Jos\u00e9 Carelos Ponti (quien incluso salv\u00f3 a una ni\u00f1a haci\u00e9ndola pasar por su hija), Roberto Levillier, Manuel Malbr\u00e1n, H\u00e9ctor M\u00e9ndez, Miguel \u00c1ngel de Lamas, Jacobo Laub, Jos\u00e9 Caballero, que desde Bulgaria \u201clleg\u00f3 a discrepar expresamente con la posici\u00f3n oficial de la Canciller\u00eda\u201d, Alberto Saubidet, Le\u00f3n Schapiera, Ricardo Olivera y varios otros cuyas decisiones bien podr\u00edan inspirar una buena pel\u00edcula. Por ejemplo, Juan Giraldes, c\u00f3nsul en Viena desde 1938, que protegi\u00f3 a tantos perseguidos que el famoso coronel de la SS Adolf Eichmann lo bautiz\u00f3 como \u201chebre\u00f3filo\u201d. Probablemente no lo mand\u00f3 matar s\u00f3lo por aquello de la inmunidad diplom\u00e1tica y la amistad de aquel momento entre ambos gobiernos. \u00bfSe habr\u00e1n cruzado a\u00f1os despu\u00e9s en alguna calle del Gran Buenos Aires, cuando uno ya estaba gozando tranquilamente de su retiro y el otro estaba reducido a empleado de f\u00e1brica, con una identidad falsa y el Mosad pis\u00e1ndole los talones? Hay otro tema digno de una pel\u00edcula, pero no tiene final feliz. En enero de 1944, presionada por las circunstancias, nuestra Canciller\u00eda rompi\u00f3 relaciones con el Eje pero olvid\u00f3 anticiparles esa decisi\u00f3n a sus embajadas. Como resultado, \u00e9stas no pudieron poner sobre aviso a los jud\u00edos argentinos que hasta ese momento viv\u00edan m\u00e1s o menos tranquilos en Europa. Muchos de ellos no s\u00f3lo perdieron su inmunidad, sino tambi\u00e9n sus bienes y hasta sus vidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre las muchas historias curiosas de la Segunda Guerra Mundial, hay una en la que, gracias a pasaportes falsificados, de un d\u00eda para otro muchos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[32,1462,204,780],"class_list":["post-16420","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","tag-cine","tag-cultura","tag-diplomacia","tag-guerra"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4gQ","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16420","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16420"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16420\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16422,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16420\/revisions\/16422"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16420"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16420"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16420"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}