{"id":16449,"date":"2020-12-26T09:01:42","date_gmt":"2020-12-26T12:01:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16449"},"modified":"2020-12-26T09:01:43","modified_gmt":"2020-12-26T12:01:43","slug":"pesebres-distintos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16449","title":{"rendered":"Pesebres distintos"},"content":{"rendered":"<p>Adem\u00e1s del pesebre cl\u00e1sico, que es una estampa con sus personajes acostumbrados, hay infinidad de peque\u00f1os \u00e1mbitos donde algunas pocas personas gozan o sufren juntas bajo la mirada de Dios. Y tambi\u00e9n dejan una imagen.<\/p>\n<p>En 1897, un Pablo Picasso casi ni\u00f1o pinta un cuadro que titula \u201cCiencia y Caridad\u201d. En una pieza pobre, iluminada con una luz tenue, un m\u00e9dico, sentado a un lado de la cama, toma el pulso a una paciente que refleja en su rostro una gran debilidad y aflicci\u00f3n. En el otro lado de la cama, una monja con un ni\u00f1o en brazos ofrece a la enferma una taza para que beba. Todos se amparan unos a otros. Porque si bien el centro del cuadro es el rostro dolido de la mujer, su mirada se dirige hacia el ni\u00f1o, sin duda su hijo, por quien teme m\u00e1s que por ella misma. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de \u00e9l? De modo que el peque\u00f1o tambi\u00e9n es el centro del cuadro. La monja mira a la mujer, est\u00e1 pendiente de ella. El m\u00e9dico mira su reloj de bolsillo, midiendo el tiempo de esa salud tan fr\u00e1gil. El centro, pues, es todo el cuadro, su forma: el valor inmenso y delicado de la condici\u00f3n humana.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-4.-THE-DOCTOR.-Sir-Luke-Fildes.-Tate-Gallery.-Londres.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16451 alignleft\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-4.-THE-DOCTOR.-Sir-Luke-Fildes.-Tate-Gallery.-Londres.jpg\" alt=\"\" width=\"412\" height=\"277\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-4.-THE-DOCTOR.-Sir-Luke-Fildes.-Tate-Gallery.-Londres.jpg 620w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-4.-THE-DOCTOR.-Sir-Luke-Fildes.-Tate-Gallery.-Londres-300x202.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 412px) 100vw, 412px\" \/><\/a>Pocos a\u00f1os antes que Picasso, en 1891, Luke Fildes pinta su famoso cuadro \u201cThe Doctor\u201d. El hijo del pintor hab\u00eda muerto, con s\u00f3lo un a\u00f1o, en 1877, y Fildes, no obstante ese doloroso final, qued\u00f3 muy impresionado y agradecido por el cuidado y los desvelos dispensados por el m\u00e9dico para con su hijo. Este m\u00e9dico se llamaba Gustav Murray; es bueno saberlo. El cuadro es dram\u00e1tico y sereno a la vez, conmovedor. Ya no estamos en un dormitorio sino en el rinc\u00f3n de una casa, tambi\u00e9n pobre, donde se ha improvisado una cama con dos sillas. All\u00ed est\u00e1 acostada una ni\u00f1a. El doctor contempla, con atenci\u00f3n y paciencia, el rostro de la peque\u00f1a enferma, que est\u00e1 iluminado por una l\u00e1mpara que hay en una mesa cercana. El rostro de la ni\u00f1a, que parece dormir, est\u00e1 sereno. Detr\u00e1s de las sillas y al lado de una mesa cercana a una ventana est\u00e1 el padre, de pie. A su lado est\u00e1 sentada su mujer, inclinada sobre la mesa, con el rostro escondido entre sus brazos. Tiene las manos entrelazadas, en un gesto de dolor extremo, o de plegaria, que aqu\u00ed es lo mismo. El padre est\u00e1 mirando al m\u00e9dico, mientras tiene puesta una mano sobre el hombro de su mujer; el m\u00e9dico mira a la ni\u00f1a; la mujer mira algo m\u00e1s all\u00e1, o m\u00e1s interior. Otra vez, las miradas componen una imagen donde todos son una sola figura de fragilidad y tambi\u00e9n de mutuo amparo. La ventana muestra que est\u00e1 amaneciendo. En esto, Fildes instal\u00f3 una esperanza m\u00e1s all\u00e1 de su experiencia terrible cuando la muerte de su hijo. \u00c9l mismo escribi\u00f3, acerca del cuadro: \u201cEn la ventana de la habitaci\u00f3n el amanecer est\u00e1 llegando \u2013el amanecer es el tiempo cr\u00edtico de toda enfermedad mortal\u2013 y con \u00e9l los padres recobran esperanzas en sus corazones, la madre ocultando su rostro para no mostrar su emoci\u00f3n, y el padre apoyando su mano en el hombro de su esposa como para dar confianza en los primeros atisbos de la alegr\u00eda por la esperada recuperaci\u00f3n de su hija\u201d.<\/p>\n<p>Volvamos a la estampa del pesebre, o a sus representaciones. All\u00ed vemos que ese espacio \u00edntimo fue lugar de amor y de cobijo, de esperanza y gozo, de alegr\u00eda cantada por los \u00e1ngeles y atesorada por los pastores. Ciertamente. Pero sabemos por el relato evang\u00e9lico que fue tambi\u00e9n un \u00e1mbito testigo de un momento de incertidumbre, de inseguridad ante el futuro, de intemperie, de temor\u2026 El Ni\u00f1o ha nacido para tener una vida que ofrecer.<br \/>\nAlgunos pintores ten\u00edan la costumbre de expresar este horizonte sacrificial, que tuvo su punto de partida en el pesebre, pintando disimuladamente en el fondo de ese establo un crucifijo prof\u00e9tico, o haciendo aparecer al pie de la cuna un cordero con las patas atadas, preparado para la ofrenda. Hay muchos cuadros con este tema. Uno de los m\u00e1s n\u00edtidos es una \u201cAdoraci\u00f3n de los pastores\u201d, del Greco (no el cuadro famoso, que est\u00e1 en el Museo del Prado, sino otro). Impresiona la composici\u00f3n: san Jos\u00e9 mira y alaba al Ni\u00f1o. <a href=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-5.-GRECO.-Adoraci\u00f3n-de-los-pastores-Museo-Nacional-de-Arte-de-Rumania.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16452 alignleft\" src=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-5.-GRECO.-Adoraci\u00f3n-de-los-pastores-Museo-Nacional-de-Arte-de-Rumania.jpg\" alt=\"\" width=\"409\" height=\"295\" srcset=\"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-5.-GRECO.-Adoraci\u00f3n-de-los-pastores-Museo-Nacional-de-Arte-de-Rumania.jpg 620w, https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/NAVIDAD-2020.-5.-GRECO.-Adoraci\u00f3n-de-los-pastores-Museo-Nacional-de-Arte-de-Rumania-300x216.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 409px) 100vw, 409px\" \/><\/a>La Virgen lo muestra a los pastores, que lo adoran. Pero en un primer plano, con una blancura que llama a la mirada, est\u00e1 el cordero que anticipa el sacrificio del Ni\u00f1ito. Lo notable es que esa blancura est\u00e1 en sinton\u00eda con la de la s\u00e1bana de la cuna, hacia donde tambi\u00e9n es atra\u00edda la mirada, que puede ascender por ese camino blanco, que se prolonga en las vestimentas de un pastor, el \u00fanico que no est\u00e1 en actitud de recogimiento ante el Ni\u00f1o, sino que, con los brazos abiertos y elevados, celebrando, mira por la entrada del pesebre a los pastores que afuera todav\u00eda se alegran con el anuncio y el canto del \u00e1ngel, tambi\u00e9n blanco. (Dentro del pesebre ya hay tambi\u00e9n algunos \u00e1ngeles que, en la parte superior, glorifican al Ni\u00f1o). Desde el cordero blanco hasta el Cielo blanco, en la noche. La profec\u00eda del sacrificio no apaga la alegr\u00eda de la mirada luminosa de Dios sobre los hombres.<br \/>\nEl rezo o el canto lit\u00fargico del \u201cGloria\u201d, en parte tomado de la alabanza de los \u00e1ngeles ante los pastores, ha tenido, y tiene, distintas versiones. Pero las m\u00e1s notables aparecen en el final: \u201cy en la tierra paz a los hombres\u201d\u2026 \u201cde buena voluntad\u201d, \u201cque ama el Se\u00f1or\u201d, \u201cen quienes Dios se complace\u201d\u2026 Lo que pasa es que se traduce aqu\u00ed una palabra griega (eudok\u00edas, que literalmente ser\u00eda \u201cde buena opini\u00f3n\u201d) de acepci\u00f3n muy amplia y variada. Pero, en todo caso, tiene aqu\u00ed el sentido de que el amor de Dios reposa de modo particular sobre los hombres. Es interesante ver que esta palabra que aqu\u00ed anota Lucas es la exacta palabra que recoge Mateo en el episodio de la transfiguraci\u00f3n del Se\u00f1or (Mt. 17, 5). Cuando se dice: \u201cEste es mi Hijo muy amado\u201d, sigue <em>eudok\u00edas<\/em>, que suele traducirse como \u201cen quien me complazco\u201d, o \u201cen quien pongo mi predilecci\u00f3n\u201d, o \u201cmi predilecto\u201d. No es descabellado tomar esta traducci\u00f3n habitual de la palabra referida al Hijo por Mateo y trasladarla al canto de los \u00e1ngeles en Lucas. Ahora, en el <em>Predilecto<\/em> que acaba de nacer, que se ha unido a toda la condici\u00f3n humana, todos se tornan <em>predilectos<\/em>. Y hay j\u00fabilo.<br \/>\nCuando la enfermedad o la muerte aparecen, hay que organizar un pesebre. Quienes se re\u00fanen as\u00ed en la fe, saben de la enorme necesidad de ser salvados, y, a la vez, de la voluntad de Dios de salvar. Crece entonces la esperanza y el consuelo. \u201cEnfermo\u201d es una palabra latina elocuente: <em>in-firmus<\/em>, el que no est\u00e1 firme, el d\u00e9bil, el necesitado de atenci\u00f3n y cuidado. \u00bfY qui\u00e9n, en \u00faltimo t\u00e9rmino, no se reconocer\u00e1 en esta fragilidad? Cada uno a su modo. Ser\u00e1n pesebres distintos, pero han de ser todos pesebres de predilectos.<\/p>\n<p><em>Poes\u00eda: \u00abEl predilecto\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Lo mira desde lejos<\/p>\n<p>porque es indescifrable.<\/p>\n<p>Adivina,<\/p>\n<p>a trav\u00e9s de la gar\u00faa,<\/p>\n<p>que a ese peregrinar por los umbrales<\/p>\n<p>no lo nutre ninguna esperanza de cobijo.<\/p>\n<p>Cansado, sucio,<\/p>\n<p>sin honor posible<\/p>\n<p>ni forma de disimular<\/p>\n<p>que se esconde de la verg\u00fcenza<\/p>\n<p>de los otros.<\/p>\n<p>S\u00f3lo le queda un cuerpo acabado,<\/p>\n<p>pedazos enfermos,<\/p>\n<p>sin alma.<\/p>\n<p>\u00c9l lo mira desde lejos<\/p>\n<p>y lo sabe indigno, irremediable,<\/p>\n<p>portador del miedo y del asco<\/p>\n<p>del r\u00edo que pasa sin tocarlo.<\/p>\n<p>Ahora se acerca y lo elige<\/p>\n<p>ya casi roz\u00e1ndolo:<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ah, si volviera a encarnarme!\u201d<\/p>\n<p><em>Ignacio J. Navarro es sacerdote y poeta<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adem\u00e1s del pesebre cl\u00e1sico, que es una estampa con sus personajes acostumbrados, hay infinidad de peque\u00f1os \u00e1mbitos donde algunas pocas personas gozan o sufren juntas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8,6],"tags":[2665,2664,14,1015,116,304],"class_list":["post-16449","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","category-nota-tapa","tag-fildes","tag-greco","tag-iglesia","tag-maria","tag-navidad","tag-picasso"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4hj","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16449","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16449"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16449\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16453,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16449\/revisions\/16453"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16449"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16449"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16449"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}