{"id":16475,"date":"2021-01-12T12:54:23","date_gmt":"2021-01-12T15:54:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16475"},"modified":"2021-01-12T12:54:25","modified_gmt":"2021-01-12T15:54:25","slug":"nuestro-orden-social-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16475","title":{"rendered":"Nuestro orden social"},"content":{"rendered":"<p>El orden social es una trama de v\u00ednculos de pertenencia y convivencia regidos por un cierto orden normativo. A este orden se suma un entramado de h\u00e1bitos que est\u00e1n vigentes en la pr\u00e1ctica m\u00e1s all\u00e1 de las leyes. Pr\u00e1cticas que condicionan nuestras opciones y decisiones, sean o no conformes a la \u00e9tica.<br \/>\nEl bien de todos depende de ese orden social, que se acrecienta en el respeto de las normas justas y se deteriora cuando las normas justas son violadas o se privilegian las pr\u00e1cticas por izquierda. Hoy en d\u00eda el orden mundial y el orden de los argentinos se ven alterados por la pandemia y cuando haya pasado esta crisis, nos encontraremos probablemente con un orden empeorado.<br \/>\nLa Argentina lleg\u00f3 a 1983 con un consenso nuevo: los argentinos no quisimos nunca m\u00e1s gobiernos militares. Pero entre 1983 y 2020 no hemos alcanzado todav\u00eda un orden democr\u00e1tico pujante.<br \/>\nEl orden pol\u00edtico desde hace tiempo parece no diferenciar al Estado del Gobierno. A ello se suma una crisis de representaci\u00f3n en la medida en que no est\u00e1 claro qui\u00e9n es en realidad el primer mandatario.<br \/>\nNuestro orden federal nos debe desde 1994 la ley de coparticipaci\u00f3n dispuesta por la Constituci\u00f3n.<br \/>\nNuestro orden judicial padece de la enfermedad de la procrastinaci\u00f3n. Una justicia lenta no es justa. Se ha la politizado la justicia o juridizado la pol\u00edtica, y en algunos fueros y casos, hubo corrupci\u00f3n.<br \/>\nNuestro orden p\u00fablico est\u00e1 atravesado por la criminalidad y el narcotr\u00e1fico.<br \/>\nNuestro orden econ\u00f3mico financiero es el de un pa\u00eds endeudado en exceso, con inflaci\u00f3n desproporcionada y altos \u00edndices de desempleo, sin que conozcamos todav\u00eda el camino de salida. Durante d\u00e9cadas nos habituamos a generar una demanda que supera la oferta disponible en cada momento.<br \/>\nNuestro orden impositivo es distorsionado y perjudicial directamente para el trabajo y los inversores, e indirectamente para el mismo Estado.<br \/>\nNuestro orden social muestra una alt\u00edsima proporci\u00f3n de j\u00f3venes en la categor\u00eda de \u201cni ni\u201d, sin una perspectiva de futuro o de realizaci\u00f3n de su potencial de personas.<br \/>\nPodr\u00edamos seguir con datos de nuestro orden precario en materia de educaci\u00f3n, salud, medio ambiente\u2026<br \/>\nEste orden desordenado que ostentamos es tambi\u00e9n parte de nuestra cultura an\u00f3mica, a la vez causa y efecto de nuestros problemas de convivencia. Si rastre\u00e1ramos un poco nuestro pasado, podr\u00edamos encontrar una matriz de relativismo \u00e9tico subyacente.<br \/>\nCon el proceso de secularizaci\u00f3n floreci\u00f3 una cultura del relativismo \u00e9tico, donde la responsabilidad se diluye y la verg\u00fcenza y la culpa desaparecen. Una cultura de principios cambiantes, seg\u00fan la conveniencia.<br \/>\nNuestra cultura inflacionaria es en parte coherente con ese relativismo: nos conden\u00f3 a un eterno presente y fue una de las causas que hizo imposible imaginar y proyectar un futuro mejor, conden\u00e1ndonos al cepo del cortoplacismo.<br \/>\nNuestros propios defectos nos llevaron a un orden de pobreza del 40% de la poblaci\u00f3n, porcentaje que con la pandemia no dej\u00f3 de crecer y no sabemos a d\u00f3nde llegar\u00e1 dentro de algunos meses.<br \/>\nLa cultura argentina la hicimos y hacemos nosotros. Juan Jos\u00e9 Sebreli nos recuerda que \u201cLa sociedad argentina est\u00e1 acostumbrada a vivir de mentiras\u201d. Norma Morandini agrega: \u201cPor la tergiversaci\u00f3n, por las mentiras, por las interpretaciones ideol\u00f3gicas, no terminamos de entender que en una democracia, definida por su pluralidad, la memoria tambi\u00e9n debe ser plural para caminar hacia lo que es esquivo para los argentinos, la reconciliaci\u00f3n\u201d.<br \/>\nEn el orden que tenemos, la reconciliaci\u00f3n se ha convertido en una mala palabra para muchos argentinos. Y hay interesados en que siga si\u00e9ndolo.<br \/>\nNuestra cultura inconstante, con algo de an\u00e1rquica, lleg\u00f3 a decir \u201cque se vayan todos\u201d. Hoy nuestro orden social est\u00e1 cruzado por una grieta. Nuestra grieta no se produjo por sedimentaci\u00f3n o por accidente, es intencional. Es una grieta que venimos arrastrando porque desde dirigencias opuestas se busc\u00f3 polarizar a la ciudadan\u00eda con prop\u00f3sitos electorales. De ambos lados de la grieta se supone ser representantes de una voluntad popular \u201cverdadera\u201d, r\u00edgida y eterna. Unos y otros nos sentimos \u201cargentinos de bien\u201d y consideramos ap\u00e1tridas o vendepatrias a los del otro lado. En esa intolerancia anida la voluntad o la a\u00f1oranza de un r\u00e9gimen de facci\u00f3n que no es aut\u00e9nticamente democr\u00e1tico.<br \/>\nLa grieta se muestra en falsas polarizaciones, como la contraposici\u00f3n entre derechos individuales y colectivos, ya que todos los derechos est\u00e1n para ser respetados y defendidos.<br \/>\nA la grieta sumamos el desorden de la corrupci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda no crecer la corrupci\u00f3n si desde que se cre\u00f3 la Oficina de Anticorrupci\u00f3n ning\u00fan Gobierno dispuso que dependiera de una autoridad distinta del mismo Poder Ejecutivo que deb\u00eda ser auditado?<br \/>\nTambi\u00e9n es desordenado el desarrollo entre las provincias y regiones del interior y el gigantismo de la megal\u00f3polis del AMBA. Las provincias son rehenes del Gobierno federal de turno. En medio de este desorden, prolifera la ocupaci\u00f3n ilegal de terrenos.<br \/>\nLa grieta y la corrupci\u00f3n son alimentadas por el populismo, que, de derecha o izquierda, confunde al prejuzgar que todo lo que viene del pueblo es en principio bueno y santo. Natalio Botana recuerda que la gente quiere que haya populismo, el denostado populismo es una creaci\u00f3n de la propia sociedad.<br \/>\nLa nuestra es una cultura gregaria, con rasgos predemocr\u00e1ticos, refractaria a las reglas, una cultura del que \u201csi pasa, pasa\u201d, que envidia el \u00e9xito y sospecha del m\u00e9rito. Juan Grabois dijo: \u201cNo es culpa de Alberto ni de nadie, es un problema cultural de la pol\u00edtica\u201d.<br \/>\nEntonces, \u00bfqu\u00e9 lugar ocupan los valores en nuestro orden?<br \/>\nLos valores son el m\u00f3vil que condiciona y orienta las convicciones, las opiniones, las decisiones y en definitiva las conductas, lo que queremos y esperamos de un orden social.<\/p>\n<p>En nuestro orden la vigencia cultural de valores comunes es d\u00e9bil. Nuestra \u201cmoralidad promedio\u201d es baja. Hay relativismo moral en la Argentina. Las encuestas con las que trabaja Marita Carballo, de VoicesResearch, se\u00f1alan que s\u00f3lo para un tercio de los argentinos las l\u00edneas directrices sobre el bien y el mal son claras y las reglas \u00e9ticas a seguir son indiscutibles; los dem\u00e1s se ubican en un escenario de incertidumbre o bien reconocen directamente que no hay br\u00fajula moral.<\/p>\n<p>El deterioro \u00e9tico de nuestra sociedad coincide con el deterioro econ\u00f3mico y pol\u00edtico registrado en lo que va del siglo. El mal humor y las tensiones pol\u00edticas y sociales preced\u00edan a la pandemia, pero \u00e9sta los acent\u00faa. As\u00ed llegamos al orden sui generis de hoy a partir de la convicci\u00f3n de que ciertas normas no ser\u00e1n respetadas y que eso no generar\u00e1 ni verg\u00fcenza ni sanciones.<br \/>\n\u00bfEn qu\u00e9 orden queremos vivir?<br \/>\nQueremos vivir en un pa\u00eds donde las conductas de los ciudadanos de a pie y sus dirigentes en todos los \u00f3rdenes, no solamente en la pol\u00edtica, se gu\u00eden por la vigencia efectiva de los valores comunes: la verdad, la libertad, la justicia y la paz.<br \/>\nQue para ello nuestros hijos y nietos sean educados en la fidelidad con esos valores.<br \/>\nQue elijamos dirigentes que se distingan por su compromiso con esos valores.<br \/>\nQue el discurso y el debate pol\u00edtico se ejerzan en el respeto y la exaltaci\u00f3n de esos valores.<br \/>\nQue la violaci\u00f3n de esos valores sea sancionada por la Justicia seg\u00fan las leyes y por la verg\u00fcenza de quienes los violan.<br \/>\nQueremos vivir en un orden donde pueda reinar la confianza: confianza en que nuestros pol\u00edticos fundar\u00e1n sus propuestas en estudios serios, en que sus promesas ser\u00e1n mantenidas cuando llegan al gobierno, en que ser\u00e1n veraces en las informaciones que nos brindan.<br \/>\nQueremos un orden econ\u00f3mico donde la confianza no se mida en d\u00f3lares.<br \/>\nQueremos vivir en nuestra polis sin necesidad de salir a las calles como piqueteros o como manifestantes.<br \/>\nQueremos que los ciudadanos designados como funcionarios o elegidos como representantes puedan generar confianza, porque han llegado por su idoneidad y no por acomodo.<br \/>\nEl orden que necesitamos es el consenso social y pol\u00edtico, basado en la Constituci\u00f3n Nacional.<br \/>\n<strong>\u00bfC\u00f3mo haremos para reordenarnos?<\/strong><br \/>\nLa pandemia est\u00e1 afectando la confianza en la pol\u00edtica y los consensos sociales en todo el mundo. Cuando pase esta crisis global necesitaremos cambiar hacia un consenso de consistencia \u00e9tica, para un orden renovado.<br \/>\nNecesitamos perseverancia y paciencia para renovar el consenso que se gener\u00f3 a comienzos de siglo con el consenso del Di\u00e1logo Argentino. Un consenso que desmienta la grieta y a quienes entre nosotros tienen inter\u00e9s en profundizarla.<br \/>\nNecesitamos el coraje colectivo para sacudir las falsas seguridades del \u201csiempre se hizo as\u00ed\u201d, despertar nuestra imaginaci\u00f3n y asumir la aventura de labrar el futuro. El mismo coraje para ponernos en actitud autocr\u00edtica respecto de nuestra cultura autocomplaciente.<br \/>\nSi la historia nos trajo al orden actual, necesitamos imaginar un orden del futuro, con etapas progresivas y un camino de consensos sobre pol\u00edticas de cambio que nos lleven a una Argentina confiable, sin grieta y sin corrupci\u00f3n.<br \/>\nJos\u00e9 Nun usa una met\u00e1fora adecuada para ilustrar nuestro tiempo: dice que estamos \u201cen un dif\u00edcil tiempo de siembra y no de cosecha\u201d.<br \/>\nNos debemos acordar, generar y provocar los cambios virtuosos necesarios para el bien com\u00fan. No se trata de cualquier cambio, porque la tentaci\u00f3n del orden nuevo puede esconder atajos y trampas no democr\u00e1ticas, como alguno que se intenta en el \u00e1mbito de la Justicia.<br \/>\nNo queremos el orden de una polarizaci\u00f3n antidemocr\u00e1tica, de la elecci\u00f3n de l\u00edderes por aclamaci\u00f3n, un falso orden a costa de la libertad de pensamiento, opini\u00f3n y de prensa.<br \/>\nNos debemos encarar los cambios en nuestra cultura pol\u00edtica, econ\u00f3mica y social. Monse\u00f1or Stanovnik, en su reciente entrevista en esta revista, dec\u00eda que entre nosotros hay una suerte de colonizaci\u00f3n cultural que nos impide escuchar a todas las voces. El primer paso que podemos dar consiste en cultivar la cultura de la escucha, que es el paso natural previo al encuentro y al di\u00e1logo. La cultura de la escucha nos llevar\u00e1 a resignificar viejos slogans como los de \u201cliberaci\u00f3n o dependencia\u201d. Con ellos se pretendi\u00f3 justificar la violencia.<br \/>\nDe lo que se trata ahora es de liberarnos de falsos valores como el pragmatismo y el dogmatismo, que tienen alg\u00fan grado de vigencia y adherentes entre nosotros. Son como dos enfermedades que compiten entre s\u00ed para ver cu\u00e1l hace m\u00e1s da\u00f1o a un mismo cuerpo enfermo. Pragmatismo y dogmatismo son parte de la dependencia cultural de lo pol\u00edticamente correcto, que sirve para ocultar lo que no se quiere ver y para hacer propaganda de lo que le conviene a algunos.<br \/>\nHoy por hoy, nuestra cultura pol\u00edtica se asienta sobre las bases de la crisis de la representatividad pol\u00edtica que se verifica tambi\u00e9n en otras partes del mundo. Pr\u00e1cticas pol\u00edticas como la de legisladores que no son fieles al mandato de sus votantes, o que violan la incompatibilidad de ser a la vez legisladores y funcionarios, cuando la ley expresamente lo proh\u00edbe, o las \u201c candidaturas testimoniales\u201d, que son una burla a la confianza de los electores.<br \/>\nLa pandemia, que nos ha privado por un tiempo de las reuniones presenciales, ha llevado a multiplicar los debates virtuales, con una participaci\u00f3n inusitadamente alta. Estas nuevas pr\u00e1cticas pueden convertirse en h\u00e1bitos que faciliten una lectura m\u00e1s profunda y m\u00e1s comprensiva de los signos de la Argentina de hoy y den luz a una voluntad de di\u00e1logo y compromiso que generen nuevos consensos.<br \/>\nEn agosto pasado, los Gremios Confederados y las organizaciones de la Econom\u00eda Popular publicaron un documento donde afirman que \u201cLa Argentina tiene un solo camino para salir adelante: el camino de la Unidad Nacional\u201d. Lo que es muy cierto.<br \/>\nEl gran cambio cultural que debemos alentar es el de la cultura de la escucha, la cultura del reencuentro, la cultura de la reconciliaci\u00f3n. Nos debemos el pensar juntos, dialogar, y tambi\u00e9n negociar y acordar con otros que pueden no compartir nuestra visi\u00f3n sobre la realidad. Se trata de pensar y dialogar sobre el futuro al mismo tiempo que se van desarrollando los hechos.<br \/>\nEl agente del cambio con el que podemos contar es la sociedad civil. La Argentina tiene una sociedad civil fuerte, es un pa\u00eds con muchas instituciones que no nacen ni dependen del Estado, sino de sus miembros. Hay millares de asociaciones de la sociedad civil a lo largo y lo ancho del pa\u00eds En la sociedad civil se gestan los cambios culturales. Ella puede frenar la tentaci\u00f3n totalitaria del monopolio de la opini\u00f3n p\u00fablica del partido hegem\u00f3nico o del Estado absorbente en manos de un partido paternalista.<br \/>\nLa toma de conciencia del propio peso como sociedad civil puede llevarnos a mejorar nuestra participaci\u00f3n p\u00fablica de manera que pasemos de ser meros habitantes para asumirnos como ciudadanos. La fortaleza de nuestra sociedad civil puede ser la base desde donde alcancemos una participaci\u00f3n c\u00edvica m\u00e1s comprometida, m\u00e1s l\u00facida, m\u00e1s responsable.<br \/>\nEn una reciente audiencia general Francisco afirm\u00f3 que los demagogos dicen \u201ctodo para el pueblo\u201d pero sin o\u00edr a la sociedad y recordaba el principio de la subsidiariedad del que hablan las ense\u00f1anzas sociales de la Iglesia. Un principio que tambi\u00e9n obliga a la sociedad a ocuparse de lo que el Estado no hace o hace mal.<br \/>\nAfortunadamente, adem\u00e1s, en nuestra sociedad civil la mujer argentina tiene una participaci\u00f3n que es cada vez m\u00e1s significativa. Monse\u00f1or V\u00edctor Fern\u00e1ndez, puso de relieve recientemente la necesidad de que la mujer lidere \u201clos cambios hacia un enfoque m\u00e1s materno de la eficiencia y de la vida social (\u2026) abriendo el camino a nuevas solidaridades y a otras formas de pensar la sociedad, ya que hasta ahora predomin\u00f3 un proyecto masculino de triunfo, dominaci\u00f3n y pretendido control de la realidad\u201d.<br \/>\nEn este cambio cultural los creyentes tenemos una responsabilidad indelegable. Entre nosotros no faltan quienes citan la Doctrina Social de la Iglesia o del Papa y al mismo tiempo hacen la vista gorda a las inconductas o las mentiras en la pol\u00edtica, la econom\u00eda o los medios.<br \/>\nHay un camino mejor: hagamos una lectura profunda, rezada y colectiva de los signos de los tiempos y no nos equivocaremos en las prioridades. Hagamos del Estado la expresi\u00f3n de una comunidad pol\u00edtica, m\u00e1s que un aparato an\u00f3nimo y hostil.<br \/>\nPreservemos a la prensa, los medios y la opini\u00f3n p\u00fablica como un espacio de libertad, como un foro de di\u00e1logo, de informaciones veraces, de opini\u00f3n. Dejemos de lado presunciones, imputaciones, rumores, escraches y el lawfare. \u201cEs el momento de convertirnos profundamente como ciudadanos\u201d, dec\u00eda el inolvidable Monse\u00f1or Carmelo Giaquinta.<br \/>\nDejemos seducirnos por los valores del coraz\u00f3n, que son la misericordia, la fidelidad y la belleza.<br \/>\nDesterremos el mal humor, el desasosiego y el pesimismo\u2026<br \/>\nCultivemos nuestra escucha antes que nuestro discurso.<br \/>\nAdmitamos que nos hemos empobrecidos todos en nuestra Argentina,<br \/>\npobres en ingresos, vivienda y trabajo,<br \/>\npobres en humildad, pobres en sabidur\u00eda, pobres en fidelidad,<br \/>\npobres en confianza entre nosotros.<br \/>\nEn la siembra muchos tenemos que empezar por pedir perd\u00f3n para que podamos cosechar reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El orden social es una trama de v\u00ednculos de pertenencia y convivencia regidos por un cierto orden normativo. 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