{"id":16490,"date":"2021-01-12T13:21:46","date_gmt":"2021-01-12T16:21:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16490"},"modified":"2021-01-12T13:21:47","modified_gmt":"2021-01-12T16:21:47","slug":"el-proceso-de-morir-una-pasada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/?p=16490","title":{"rendered":"El proceso de morir: \u00a1una pasada!"},"content":{"rendered":"<p>Cuando una ni\u00f1a o un ni\u00f1o viene al mundo, no sabemos pr\u00e1cticamente nada de \u00e9l, no conocemos nada en concreto: ignoramos si se parecer\u00e1 a su madre o a su padre o tal vez a alg\u00fan abuelo; si ser\u00e1 buena deportista, estudioso o m\u00e1s bien vago; si seguir\u00e1 tal o cual carrera, o ninguna; si ser\u00e1 amigable y extrovertida o todo lo contrario. Desconocemos pr\u00e1cticamente todo, s\u00f3lo hay tres cosas de \u00e9l que podemos afirmar sin posibilidad de error: la primera, que ese beb\u00e9 cuando crezca y desde que comience a desenvolverse en la vida, muchas veces va a acertar, pero casi otras tantas se va a equivocar. La segunda: ser\u00e1 una persona que seguramente va a gozar, a disfrutar de muchas cosas, pero a quien tambi\u00e9n le tocar\u00e1 sufrir, tendr\u00e1 que atravesar momentos de dolor y de tristeza de intensidad diversa. Y la tercera, que un d\u00eda \u2013imposible predecir cu\u00e1ndo\u2013 esa ni\u00f1a, ese ni\u00f1o, se va a morir.<br \/>\nA pesar de saberlo, inclusive siendo personas de fe, cuando rozamos la muerte (el inminente resultado de un an\u00e1lisis cl\u00ednico, la enfermedad de alg\u00fan ser querido, el fallecimiento de alguien por accidentes o cat\u00e1strofes, etc\u2026) se nos mueve toda la estanter\u00eda y comenzamos a preguntarnos: \u00bfpor qu\u00e9?, \u00bfpor qu\u00e9 a m\u00ed o a aquel? \u00bfpor qu\u00e9 as\u00ed? \u00bfpor qu\u00e9 ahora?, por qu\u00e9, por qu\u00e9, por qu\u00e9\u2026<br \/>\nY sin embargo, la respuesta a tantos porqu\u00e9s es sumamente sencilla: \u201cPorque un d\u00eda fuimos concebidos y nueve meses despu\u00e9s, nacimos\u201d. A partir del momento de nuestro nacimiento \u2013en realidad, m\u00e1s exactamente de la concepci\u00f3n\u2013 ya tenemos edad para morir; no hay una edad, no hay un momento espec\u00edfico para morir. Esto nos incluye a todos.<br \/>\nAunque no lo advertimos, la muerte, con su certeza insoslayable, le da verdadero valor a la vida: amamos lo que amamos, valoramos lo que valoramos, desarrollamos proyectos, construimos sue\u00f1os e ilusiones, re\u00edmos, gozamos, gracias a que permanentemente nos acompa\u00f1a la innegable certidumbre de nuestra finitud.<br \/>\nTodas las tradiciones de sabidur\u00eda, todas las religiones, se han ocupado del tema desde los tiempos m\u00e1s remotos, intentando de alg\u00fan modo responder las preguntas que desde siempre el ser humano se ha planteado: \u00bfqu\u00e9 es el sufrimiento?, \u00bfpor qu\u00e9 tenemos que sufrir?, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene?, \u00bfpor qu\u00e9 tenemos que morir?<br \/>\nDesde tiempos remotos, los seres humanos han demostrado un inter\u00e9s particular en el intrigante proceso de morir. Hoy d\u00eda es habitual la b\u00fasqueda de informaci\u00f3n en Google, pero debemos saber que desde \u00e9pocas lejanas hay much\u00edsima sabidur\u00eda en antiguos escritos, como el Libro Tibetanos de los Muertos, Los Necrosales, el Libro Egipcio de los Muertos, El <em>Ars moriendis<\/em> (El Arte del Buen Morir, del siglo XIV).<br \/>\nEn el siglo XVII Spinoza dec\u00eda \u201cSabemos y experimentamos que somos eternos\u201d. Lo sabemos, lo intuimos, desde las \u00e9pocas m\u00e1s remotas de la humanidad el Hombre percibe que no todo se termina con la muerte.<br \/>\nY ya en el siglo XIX, el fil\u00f3sofo Max Scheler aseguraba: \u201cAunque no vi\u00e9ramos morir a nadie sabr\u00edamos que somos mortales\u201d, a lo que podr\u00edamos agregar reemplazando las palabras: aunque no veamos resucitar a nadie, sabemos, intuimos que somos inmortales.<br \/>\nNada hay m\u00e1s certero para todo ser humano que la muerte. Nada m\u00e1s certero y a la vez, nada m\u00e1s incierto: todos sabemos con seguridad que un d\u00eda moriremos, pero nadie con exactitud cu\u00e1ndo, ni c\u00f3mo, ni en qu\u00e9 condiciones.<br \/>\nLa muerte es una experiencia \u00fanica \u2013que como toda experiencia sobrepasa lo explicable\u2013 de la que sabemos poco; simplemente tenemos la seguridad y la confianza de que todos vamos a conocerla, probablemente antes de los que muchos de nosotros desear\u00edamos.<br \/>\nLa muerte no es un fracaso, ni un absurdo. La muerte es una transici\u00f3n, un proceso muy bien organizado. Morirse es normal y siempre acaba bien. Como dec\u00eda Borges: \u201cEs una costumbre que tiene la gente\u201d. Y morir bien es de vital importancia porque cada uno se muere como ha vivido. Muere bien quien ha vivido plenamente, quien ha descubierto qui\u00e9n era y ha dado sentido a lo que hab\u00eda venido a hacer; quien supo compartir lo que ten\u00eda cuando le lleg\u00f3 el momento de cerrar su biograf\u00eda.<br \/>\nMorir bien es importante adem\u00e1s, porque cuando uno muere, en alguna medida, nunca muere completamente solo, mueren con \u00e9l tambi\u00e9n un poco, sus seres queridos, sobre todo los m\u00e1s cercanos. Y ellos quedar\u00e1n profundamente impresionados por la manera de morirnos. Si uno muere bien, deja un legado de confianza y de coraje de que eso que llamamos \u201cla muerte\u201d, a veces hasta con p\u00e1nico, no es para tanto. Quien en cambio muere chirriando, rechinando y asustado suele dejar a su alrededor un impacto nada deseable. Por eso, en alguna medida, tenemos, para con las personas que mucho queremos, la responsabilidad y el compromiso de morir bien.<br \/>\nLa muerte es un proceso bien interesante, probablemente el viaje m\u00e1s apasionante que haremos en la vida. Al mismo tiempo, inclusive en personas de fe, es un proceso cargado de interrogantes, de rechazo, de emociones negativas.<br \/>\nMucho m\u00e1s all\u00e1 de nuestras creencias religiosas, desde una perspectiva espiritual, todos formamos parte de algo que nos contiene y nos sostiene; algo a lo que pertenecemos, que nunca est\u00e1 amenazado. Y en general no somos conscientes de esto pero en los momentos de crisis, fragilidad y vulnerabilidad, cuando uno \u201cse rompe\u201d, entra en contacto con esa profundidad que lo sostiene y entonces puede intuir, percibir o atisbar esa dimensi\u00f3n de la que estamos hablando.<br \/>\nCuando morimos \u2013dice el Dr. Enric Benito, m\u00e9dico catal\u00e1n, especialista en Oncolog\u00eda y en cuidados paliativos\u2013 el personaje con el que nos hemos identificado, esa visi\u00f3n auto-centrada en nosotros mismos, es la que se disuelve y nos permite entrar en contacto con la profundidad que nos ha sostenido siempre. Ingresamos entonces en espacios de consciencia ampliados, donde todo tiene otra perspectiva que no se puede entender s\u00f3lo desde un punto de vista mental.<br \/>\nLa muerte no es un problema. Si lo fuera, podr\u00edamos aspirar a resolverlo. La muerte es un misterio, un gran misterio. Y los misterios le dan a la vida profundidad, trascendencia y grandeza. Para nosotros, adem\u00e1s, este misterio ha sido develado, al menos en parte, por Cristo con la Pascua: paso de la muerte a la Vida.<br \/>\nQuienes creemos en Dios formulamos esto mismo de una manera algo m\u00e1s simple pero no por ello menos profunda: morir es hacerlo en los brazos de Dios, entrar hacia el interior de Dios, entrar en su plenitud, resucitar en Dios. \u201cDios es Dios de vivos y no de muertos\u201d (Marcos 12:27; Lucas 20:38).<br \/>\nConsiderar a la muerte s\u00f3lo como punto final de la vida es reducirla casi a un accidente. Es \u00fanicamente al morir que una persona puede ser apreciada en toda su verdadera dimensi\u00f3n. Antes, nunca estamos terminados, nunca hechos. Durante la vida no \u201csomos\u201d, \u201cestamos siendo\u201d. Solamente en la muerte se puede decir que \u201chemos sido\u201d, que \u201chemos hecho\u201d nuestra vida.<br \/>\nEs necesario acercarse al final, con actitud de no-miedo, confianza, coraje, con ganas de entender (y eventualmente, de acompa\u00f1ar) ese proceso. Muchas veces esto no ocurre, porque seguimos viendo la muerte como un desastre, una cat\u00e1strofe, como algo que no nos gusta y nos perdemos la parte m\u00e1s interesante de la pel\u00edcula.<br \/>\nEl Dr. Benito suele contar en sus conferencias esta an\u00e9cdota: \u201cA los pies de la cama de un enfermo terminal con quien ya hab\u00eda adquirido cierta confianza, le pregunt\u00e9:<br \/>\n\u2013 \u00bfCrees que hay algo m\u00e1s despu\u00e9s de esto?<br \/>\n\u2013 Yo creo que no, doctor.<br \/>\n\u2013 Pues, menuda sorpresa te vas a llevar.<br \/>\n\u2013 Y usted, \u00bfc\u00f3mo lo sabe si nunca se ha muerto?<br \/>\n\u2013 Y\u2026 \u00a1hombre!, como yo no tengo miedo y me acerco mucho\u2026 Mira: el que estaba en esta cama antes de ti y se fue, dej\u00f3 abierta la ventana por donde sali\u00f3, me lleg\u00f3 un perfume de donde estaba y verdaderamente \u00a1es una pasada!\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando una ni\u00f1a o un ni\u00f1o viene al mundo, no sabemos pr\u00e1cticamente nada de \u00e9l, no conocemos nada en concreto: ignoramos si se parecer\u00e1 a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[2675,14,235],"class_list":["post-16490","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-iglesia","tag-eternidad","tag-iglesia","tag-muerte"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6FC4i-4hY","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16490","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=16490"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16490\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16491,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/16490\/revisions\/16491"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=16490"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=16490"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.revistacriterio.com.ar\/bloginst_new\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=16490"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}